Posteado por: mvmspanish | diciembre 17, 2014

Navidad – Un regalo de Amor, Perdón y Sanación

Christmas message 2014 (S)

Fue unos días antes de Navidad. Una noche el Dr. Paulo Young se estaba preparando para salir del hospital después de un día agotador de operaciones en la sala de emergencias. Mientras se preparaba para salir del hospital, recibió una solicitud urgente para volver a la sala de emergencias. 

Se le dijo que había un accidente grave y que el paciente se encontraba en estado crítico. Él se preparó rápidamente para una otra cirugía, pero él no estaba preparado para lo que vio cuando entró en la sala de emergencias. 

Acostado en una camilla estaba María, su hija de 18 años a quien no había hablado ni visto por 5 meses. Su rostro estaba roto y cortado, ella tenía un brazo roto, dos piernas rotas y hemorragia interna grave. 

Hace cinco meses, María había decidido que los valores y enseñanzas cristianas de sus padres eran demasiado restrictivos y ella quería divertirse y vivir su vida como ella quería, así que empacó su coche y se fue de casa. Ella huyo de su casa y lejos de Dios y de la verdad que sus padres le habían enseñado. 

El Dr. Young no había estado ansioso para celebrar esta Navidad. ¿Quien quiere celebrar y abrir regalos, cuando tu única hija ha desaparecido? 

La condición de María era muy crítica, por lo que el Dr. Young fue inmediatamente a trabajar, tratando de estabilizar sus sistemas vitales para que ella pudiera sobrevivir. 

Trabajó través de la noche tratando de salvar la vida de su hija, el personal sabía que el había estado trabajando en la sala de emergencia durante 14 horas y ellos lo instaron a ir a su casa y descansar. Pero el les agradeció por su preocupación, y compartió algunas de sus pensamientos. Ella es mi hija, ella es mi vida, esta es la niña que vino corriendo a saludarme con grandes abrazos cuando llegaba a casa. Esta niña que cocía galletas para nosotros y nos trajo tanta felicidad con sus dulces maneras infantiles. 

Alrededor del amanecer los signos vitales de María comenzaron a estabilizarse. Dr. Young había operado tanto como pudo, teniendo en cuenta su condición frágil. Permaneció junto a la cama de María hasta que venció a los efectos sedativos. 

Entonces, Dr. Young tomó la mano de su hija y le aseguró que estaría de vuelta en un par de horas para ver cómo estaba, y que el y su madre estarían orando por ella. 

El día de Navidad, el doctor y la señora Young fueron a visitar a María en el hospital y llevaron regalos para María porque querían celebrar la Navidad con su hija. Tan pronto como entraron en su cuarto, María preguntó: “¿Papá, por qué lo hiciste, por qué usted quedo y trabajo en mí todas esas largas horas después de que ya se habían agotado?” 

Después de la forma en que he sido tan descortés e irrespetuosa con usted y mamá, he sido tan rebelde y una hija pródiga, ¿por qué te importa? 

El Dr. Young se acercó a la cama de su hija y le tomó su mano y dijo, “porque tú eres mi hija, usted es una parte muy importante de nuestras vidas – todo está perdonado, usted está bienvenida a tu casa, querida.” 

Dr. Young compartió con María y el personal se reunió alrededor de su cama, cómo Dios tomó tres clavos y la sangre preciosa de Jesús y escribió la mayor historia de amor que el mundo ha escuchado alguna vez. 

El amor, el perdón, la esperanza y la curación – este es el maravilloso mensaje de la Navidad. 

En una noche silenciosa y Santa, sucedió un milagro. Los ángeles anunciaron la alegre noticia. 

Un regalo especial de Dios – El nacimiento de Jesús – Esto es Amor – Este es la verdadera Navidad. 

La Navidad es una expresión del Amor Santo y la cuna se vio ensombrecida por la cruz. Las manos que forman el universo fueron traspasados por los clavos en el Calvario; es por eso que los hombres y mujeres sabios todavía Lo buscan y Lo adoran. Estamos orando para que usted experimentará el maravilloso milagro de la Navidad y de conocer la alegría y la paz, que sólo el Salvador puede traer. 

Le deseamos una Navidad feliz y bendecida. 

David y Elena

 

Lucas 12 vs 52 (S)

“He venido a traer fuego a la tierra, y ¡cómo quisiera que ya estuviera ardiendo! 50 Pero tengo que pasar por la prueba de un bautismo, y ¡cuánta angustia siento hasta que se cumpla! 51 ¿Creen ustedes que vine a traer paz a la tierra? ¡Les digo que no, sino división! 52 De ahora en adelante estarán divididos cinco en una familia, tres contra dos, y dos contra tres. 53 Se enfrentarán el padre contra su hijo y el hijo contra su padre, la madre contra su hija y la hija contra su madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.” (Lucas 12 : 49-53) 

Cuando primero leemos este pasaje parece una contradicción. Hay muchos pasajes en la Biblia donde Cristo se refiere a traer la paz. En Isaías 9:6, Jesús es descrito como el “Príncipe de paz”. Lucas 2:14 se refiere a su venida como un tiempo en la tierra donde habrá paz a aquellos sobre los cuales descansa Su favor. Juan 14:27 registra las palabras reconfortantes de Jesús, “la paz les dejo; mi paz les doy”. Aunque es verdad que Cristo vino a traer la paz entre el creyente y Dios, Él vino a traer conflictos entre la luz y la oscuridad, entre los hijos de Dios y los hijos del diablo. Jesús deja claro en este pasaje que este conflicto puede ocurrir incluso entre los miembros de una familia (vs. 52-53). 

El fuego a menudo se utiliza, ya sea simbólicamente o literalmente, como un instrumento de la ira divina, contra los pecadores. El “fuego” de que Jesús habló es el mismo fuego que hablaron los profetas, el fuego de la ira divina. (Jeremías 15:14, Lamentaciones 4:11-13, Ezequiel 20:47-48, Joel 2:1-3, Amos 2:4-5, Malaquías 4:1, Apocalipsis 20:9). Cuando Jesús dijo que Él vino a “encender un fuego” dice que vino a traer el derramamiento de la ira de Dios sobre la nación pecaminosa de Israel. 

Sí, Jesús vino la primera vez para salvar a los hombres (Juan 3:16-17), pero para todos los que lo rechazan no hay otro medio de salvación. Cuando Él vuelve, Él vendrá a juzgar y condenar a los incrédulos al lago de fuego eterno. 

¿Cómo puede nuestro Señor estar tan ansioso para que este “fuego” ya estuviera ardiendo, como Sus palabras indican? Si Él va a traer el juicio de Dios sobre los pecadores, y si esto no es una obra en la que Él toma placer, ¿por qué está ansioso para el “fuego” ser encendido? El derramamiento de la ira es un prerrequisito y una condición preliminar para el establecimiento del Reino de Dios. Para que el Reino de Dios se establezca, los pecadores deben ser castigados y el pecado eliminado. 

Jesús dijo que antes de que Él echase fuego sobre la tierra que Él tenía que pasar por la prueba de un bautismo. Este bautismo es claramente la muerte que iba a morir en la cruz del Calvario. Su muerte en la cruz puso en marcha una serie de eventos, que tendrá éxito en el derramamiento de la ira de Dios sobre los pecadores. La triste realidad es que no es realmente necesario, ya que Jesús pasó por la ira de la plenitud de Dios en la cruz. Para aquellos que confían en Él, este es el pago completo por sus pecados, pero para aquellos que lo rechazan, aún está por venir el derramamiento de la ira de Dios en el Día del Juicio. 

“¿Creen ustedes que vine a traer paz a la tierra? ¡Les digo que no, sino división! 52 De ahora en adelante estarán divididos cinco en una familia, tres contra dos, y dos contra tres. 53 Se enfrentarán el padre contra su hijo y el hijo contra su padre, la madre contra su hija y la hija contra su madre, la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.” (Lucas 12:51 -53). 

La división que Jesús habla aquí tiene varios aspectos interesantes. En primer lugar, hay una división que se produce dentro de la familia. La historia ha dado testimonio al hecho de que el Evangelio divide a los hombres y mujeres, esposos y esposas, padres e hijos, porque la fe en Cristo requiere última lealtad a Él. Y el orgullo siempre divide. 

En segundo lugar, aquellos que han llegado a la fe en Cristo se unirán como la verdadera familia de Dios. Mientras que aquellos que han rechazado a Cristo también encontrarán a sus aliados, una nueva base de la unidad, en oposición a Cristo. Esto es cómo los fariseos y los saduceos se unieron al rechazar Cristo y en oponerse a Él y en última instancia en orquestar su muerte. 

Pablo señala que la fe en Jesús producirá persecución (2 Timoteo 3:12). Habrá alegría insondable en el cielo, pero también habrá dolor y la persecución de los cristianos en la tierra. 

No hay manera de que podamos evitar el dolor y el sufrimiento. El que sigue a Cristo sufrirá ahora, y renunciará a ciertos placeres de la vida, pero experimentará las alegrías infinitas del cielo más tarde (Hebreos 11: 24-26). Seguir a nuestro Señor Jesucristo seguramente dividirá muchas familias y la reconciliación, en este caso, es imposible, a menos que vengan todos a la fe en Cristo. 

Si Jesús viene a la tierra a traer fuego sobre ella, el fuego de la ira divina (versículo 49), y si los hombres son responsables de sus decisiones acerca de Él (versículos 54-56), entonces es mejor buscar reconciliación con Dios antes de que llegue ese día del juicio final, cuando será demasiado tarde. 

Que ninguno de ustedes sea parte de este segundo grupo. Jesús en Su primera venida ya sufrió el “fuego” de la ira de Dios. Él ya murió por los pecados de los hombres. Confía en Él y nunca tendrá que temer a Su segunda venida. Sea reconciliado con Dios a través de Cristo (2 Corintios 5:20-21), y lo hagas antes de que te enfrentas a Él como su Juez, y antes de que usted de cara al fuego de Su ira. Hazlo con decisión. Hazlo rápido. ¡Hazlo ahora! 

Porque, “los rebeldes y pecadores a una serán quebrantados, y perecerán los que abandonan al Señor.” (Isaías 1:28) 

Señor, te pedimos que trabajes en corazones a través de Su poderoso Espíritu Santo. Que usted Señor llame a aquellos que aún no se han unido a Cristo para responder ahora mientras que todavía existe la oportunidad.

Posteado por: mvmspanish | diciembre 7, 2014

EL SEÑOR SABE TODO ACERCA DE NOSOTROS – Salmo 139:1

Jehová tú me has examinado

“Jehová, tú me has examinado y conocido”. (Salmo 139:1) 

Quizás el atributo más asombroso de Dios es que él sabe todo sobre nosotros. ¡Todo! Él “examina” y “conoce”. 

Ya que Dios es omnisciente y omnipresente, es obvio que nada escapa de su conocimiento consciente de nosotros. Él observa nuestras actividades ordinarias y todo lo que hacemos y conoce nuestros pensamientos más íntimos (v. 2). “Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos” (v. 3). “Pues aún no está la palabra en mi lengua y ya tú, Jehová, la sabes toda.” (v. 4). Eso significa que somos transparentes y no podemos engañarlo de alguna manera. Él sabe lo que vamos a pensar; no podemos esconder nada de Él. Dios sabe lo que solo nosotros sabemos y las cosas que no admitimos a nosotros mismos. 

Además, está en todas partes alrededor de cada uno de nosotros (VV. 7-10), donde estamos o podríamos estar. Llena todo el espacio, y no hay forma de escapar. No podemos escondernos de Dios. Él está dondequiera que vayamos. 

David, el escritor de este salmo está echando un vistazo a sí mismo y su relación con Dios. Él hace un profundo auto-examen, algo que tenemos que hacer también. Tenemos que examinar nuestro comportamiento, nuestros motivos y nuestras prioridades. David Le preguntó, “Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno.” (V. 23-24) 

Es reconfortante saber que Dios nos conoce por nuestro nombre y nos ama. También es importante tener en cuenta que no hay nada que podemos esconder de Dios y que Él nos conoce mucho mejor que nosotros mismos. 

Cuando confesamos nuestros pecados, Dios nos perdona; como Juan escribe, “Él es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad,” (1 Juan 1:9). Y Isaías escribe: “Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18). No podemos sacar nuestro propio pecado, sólo Dios puede hacer eso. Por lo tanto, necesitamos llevar nuestros pecados ocultos a la luz para que podemos reconocerlos, arrepentirnos de ellos, pedir perdón y lo más importante, es aceptar el perdón de Dios. 

Cuando estamos caminando con Dios podemos esperar que nuestra vida sea diferente porque nuestra culpa y vergüenza se retiran y tenemos un espíritu de alegría y podemos caminar en total comunión in-interrumpida con Dios. 

Físicamente somos la misma persona, pero espiritualmente somos una persona nueva. Pablo dice que somos una nueva creación en Jesucristo – “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Corintios 5:17). Por medio de Jesucristo nos ha dado el don del espíritu de Dios, porque “nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido.” (1 Corintios 2:12). 

Debemos examinarnos, arrepentirse, pedir perdón y caminar con alegría en espíritu y en verdad con nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 

Jeremias 33 vs 3 (s)

Las palabras que el Señor habló a Jeremías también son aplicables para nosotros: “Clama a mí y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”  (Jeremías 33:3) 

¿Qué necesitamos hacer para oír a Dios? Escuchar a Dios es un proceso de aprendizaje que toma tiempo. El Espíritu Santo ayuda a los creyentes a discernir entre lo que es verdadero y falso, sabio y necio, bueno y mal y conduce a los creyentes a la verdad. Lo más importante es que debemos ser humildes y tener un deseo de obedecer la palabra de Dios y tener comunión con Él. 

Dios está disponible para todos los que Lo buscan; sin embargo es necesario tomarse tiempo para leer Su palabra y pasar tiempo con nuestro Padre y llegar a conocerlo. Debemos recordar que Dios nos creó para que podamos tener una relación especial de Padre-hijo con Él. Jesús tomó tiempo a solas con el Padre (Marcos 6:46), y también necesitamos un lugar tranquilo libre de distracción para estar a solas con Él. ¿Y una vez que hacemos estas cosas cómo oímos de Dios y sabemos que es Él quien nos está hablando? 

Aquí hay algunas cosas que podemos preguntarnos para determinar si es Dios quien nos habla: Lo que escuchamos, 

  • ¿Es consistente con las escrituras? 
  • ¿Es coherente con el carácter de Dios? 
  • ¿Hace llevar a cambio o crecimiento en nuestra vida? 
  • ¿Hace conducir a la restauración de las relaciones? 
  • ¿Existe un sentido de la curación? 
  • ¿Existe una sensación de paz. 
  • ¿Hace llevar a convicción en lugar de culpabilidad? 

Hay una clara diferencia entre la convicción del Espíritu Santo y la condenación del diablo, porque los dos hablan diferentes idiomas.

Así que vamos a echar un vistazo a las diferencias:

SATANÁS SE COMUNICA DE LA  SIGUIENTE FORMA

LA COMUNICACIÓN DEL ESPÍRITU SANTO ES EXACTAMENTE LO CONTRARIO

SU TONO ES: Acusador y persistente. Genera miedo y confusión. SU TONO ES: Amable, cariñoso y nos insta a volver a Dios. (1 Pedro 2:9-10)
ÉL ES VAGO: Genera una sensación general de culpabilidad. Crea sentimientos de desesperanza y debilidad. ÉL ES ESPECÍFICO: Nos asegura que si confesamos y arrepentirnos de nuestros pecados; libertad sigue. (Hechos 3:19)
ÉL NOS DESALIENTA: Ataca, nos dice que somos débiles y carentes de valor. ÉL NOS ALIENTA: Nos exhorta a confiar en Su poder, y no en nuestra propia fuerza. (Proverbios 3:5-6)
ÉL NOS RECUERDA DEL PASADO: Nos hace recordar de nuestros pecados y vergüenza, nos recuerda de nuestras malas decisiones. ÉL NOS LIBERA DEL PASADO: Nos dice que nuestros pecados son perdonados, y que nunca se vuélvela contra nosotros. (Romanos 4:8)
ÉL PRODUCE RECHAZO: Produce la sensación de que Dios nos ha rechazado porque no tenemos valor y no hay ninguna esperanza. ÉL NOS ATRAE: Con amor y bondad y da nos esperanza. (Jeremías 29:11)
ÉL NOS AÍSLA: Causas que se retire de los demás debido a nuestra culpa y vergüenza. ÉL NOS LLAMA: Para el compañerismo con otros creyentes que nos aseguran de Su misericordia y perdón a través de la sangre de Jesucristo. (Salmo 86:15 y Juan 3:16)
ÉL ES NEGATIVO: Nos dice que somos inútiles y que no hay esperanza. ÉL ES POSITIVO: Nos dice que podemos llegar a ser Su hijo y tener, esperanza, alegría y paz. (Romanos 15:13)

 

Jesús dijo: “El ladrón (Satanás) no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia. (Juan 10:10) 

La Biblia es clara sobre el hecho de que Dios persigue activamente una relación personal con Sus hijos. Él se deleita en nosotros y desea traer restauración al dolor en nuestra vida. Se ofrece como un refugio del miedo y de la ansiedad, (Salmo 91). Da fuerza a aquellos que son débiles. Está ahí para nosotros, cada vez que venimos a Él con un corazón humilde y limpio. 

Sin embargo, recuerda: “Si considero iniquidad en mi corazón, el Señor no oirá.” (Salmos 66:18)

 

Posteado por: mvmspanish | noviembre 25, 2014

DIOS NO QUIRE QUE NADIE PEREZCA – 2 Pedro 3:9

2 Pedro 3 vs 9 (S)

El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan. 2 Pedro 3:9 

Nuestro Dios misericordioso desea que todos conozcan a Cristo a través del arrepentimiento, perdón, fe y una vida intima con Él. Jesús vino la primera vez a la tierra como nuestro Salvador. Antes de ser crucificado, prometió que Él prepararía un lugar para nosotros en la casa de Su Padre y que Él volverá y nos llevará a estar con Él para que también podemos estar donde Él está. (Juan 14:2-3) 

Cristo vendrá otra vez como nuestro juez. Sin embargo, nuestro Padre celestial que es paciente y misericordioso retrasa el retorno de Su Hijo. Jesús espera, para que los incrédulos tengan tiempo para creer y convertirse en hijos  de Dios. La voluntad de Dios es salvación en Jesús y no una eternidad en el infierno aparte de Él. 

Como la puerta del Arca de Noé finalmente cerró, así también la oportunidad de confiar en Cristo poco a poco va escapando para muchos. Las aguas del diluvio, que significan muerte nos ahogará un día. ¿Estaremos listos? La salvación y seguridad sólo pueden encontrarse en nuestro Salvador y Señor Jesucristo. “El Señor es clemente y compasivo, lento para la ira y grande en amor” (Salmo 103:8). Sí, el amor del Señor es paciente y nos invita a arrepentirse, confiar y no perecer, pero también dice que aunque Él perdona la maldad y la rebeldía, jamás dejará impune al culpable. (Números 14:18) 

Sí, todavía tenemos tiempo para advertir a otros del juicio venidero. Algunos se burlarán, otros actuarán indiferentes, pero algunos buscaran refugio en Jesús. La mayoría “despreciará las riquezas de la bondad de Dios, de Su tolerancia y de Su paciencia, al no reconocer que Su bondad quiere llevar todos al arrepentimiento.” (Romanos 2:4) 

Miles de millones de personas que han hecho cosas religiosas, “oraron la oración de los pecadores”, han dado dinero, sirvieron en las iglesias, pero se perderán eternamente; porque nunca ha hecho Jesucristo el Señor de su vida. 

“Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que acaban por ser caminos de muerte.” (Proverbios 14:12) 

Hay verdaderos y falsos discípulos. Jesús dijo: “No todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino sólo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!” (Mateo 7:21-23) 

La paciencia de nuestro Padre celestial es el modelo que debemos seguir. Estamos rodeados por un mar de personas que necesitan la salvación. Ellos están ahogándose en sus pecados. Ofreciéndoles el salvavidas de fe, esperanza y amor por Jesús podemos rescatar a los perdidos. Un salvavidas sin embargo es inútil a menos que se lanza a las aguas y es alcanzado por aquellos que se están ahogando. 

Debe ser nuestra oración diaria pedirle al Padre para despertar a los perdidos a través del Espíritu Santo. Y que nos diera Su sabiduría para conducir a los que Él ha puesto en nuestros caminos para que podemos a enseñarles de la Escritura acerca de la salvación que recibimos a través de la sangre salvadora de Cristo. Una vez salvado, les ayudamos a crecer en su fe y en el conocimiento de lo que enseña la Biblia, para que puedan vivir una vida fructífera para el Señor. 

Dios nos ama y no quiere que nadie perezca. Jesús enseñó el amor a lo largo de Su ministerio, pero también conocía aquellos que no lo seguiría. 

Un día cuando estaba hablando de los fariseos les dice: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.  En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas.” (Mateo 15:8-9) 

Y continuó: “Déjenlos; son guías ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, ambos caerán en un hoyo.” (Mateo 15:14) 

Aunque Dios quiere que todos se salven y vengan al conocimiento de la verdad (1 Timoteo 2:4). Jesús dijo: “Toda planta que mi Padre celestial no haya plantado será arrancada de raíz.” (Mateo 15:13) 

Es la esperanza de nuestro Padre que ninguno perezca así que debemos agradecerle por Su paciencia y seguir obedeciendo el orden que el Señor dejó para nosotros antes de ascender al cielo. 

“Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Y les aseguro que estaré con ustedes siempre, hasta el fin del mundo.” (Mateo 28:19-20)

 

Posteado por: mvmspanish | noviembre 17, 2014

MARÍA LA MADRE DE JESÚS AQUÍ EN LA TIERRA

Mary, Joseph and Jesus

En el principio del Nuevo Testamento, María es revelada como una joven virgen, a través de la cual Jesús Cristo nació (Lucas 1:27). Ella había hallado gracia delante de Dios (Lucas 1:28, 30), y como resultado fue escogida para concebir “el Mesías, el Hijo del Altísimo” (Lucas 1:31-33). 

María era una joven mujer judía de gran carácter moral y espiritual. Al igual que Daniel, que era un hombre muy amado por Dios (Daniel 9:23, 10:11). La Biblia muestra que Dios valoró mucho la reverencia humilde y obediente a Él de María y de Daniel. 

La Biblia habla de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y que son eternos. Dios nunca fue “nacido” y nunca he tenido una “madre”. Sin embargo, Jesús tuvo un inicio en Su ministerio terrenal, cuando fue concebido en el vientre de María y nació; pero desde la eternidad pasada Él siempre ha sido el Hijo de Dios. (Juan 1:1-5) 

Filipenses 2:6-7 nos da un poco más de conocimiento sobre lo que ocurrió cuando Jesús dejó el cielo para convertirse en hombre. “Aunque Él era Dios, Él no pensó en ser igual a Dios como algo a qué aferrarse. En su lugar, Él renunció a Sus privilegios divinos; Él tomó la posición humilde de un siervo y nació como un ser humano”. 

El deseo de ser la madre del prometido Mesías era común entre las mujeres jóvenes en Israel. Así que la elección de María, de veras demostró que Dios la estaba bendiciendo a ella. Pero no debemos considerar más que el hecho de que era un gran privilegio para ella. 

Es bíblico para decir que María fue la madre del Señor Jesucristo durante Su encarnación en la tierra. El lado humano de Jesús vino de María, el lado divino vino del Espíritu Santo. Así, mientras que Aquel a quien ella dio a luz era Dios, Su divinidad no vino través del proceso humano de nacimiento. Ella no fue la madre de Su divinidad que siempre ha existido. 

Cuando se estudia la historia aprendemos que la iglesia primitiva, cuando se habla de este asunto en el Concilio de Éfeso (431 dC), llegó a la decisión de que María no debería ser llamada ‘la madre de Dios’, sino más bien la ‘portadora de Dios’ (Theotokos). Pero incluso esto lleva consigo el peligro de ver a María como de alguna manera trayendo a Dios al mundo, mientras que fue el Espíritu Santo quien trajo a Dios al mundo, en unión con el ser humano y fue concebido por María. María no podía de ninguna manera concebir a Jesús que era eterno, sólo por un acto de Dios por intermedio del Espíritu Santo que esto fue posible. 

Nunca encontramos en la Escritura donde Jesús se dirigió a María como madre y en ocasiones Jesús recordó a María de la distinción entre la relación humana y Su origen divino y misión. 

María y José llevaron a Jesús a Jerusalén cuando tenía 12 años para celebrar la Pascua. Después que la fiesta había terminado, y comenzaron su viaje de regreso a casa descubrieron que Jesús no estaba con ellos, se volvieron a Jerusalén, y lo buscaron. Ellos lo encontraron en el templo escuchando a los grandes maestros, y haciéndoles preguntas. Cuando Sus padres le vieron, se quedaron atónitos. Su madre le dijo: Hijo, ¿por qué te has portado así con nosotros? ¡Mira que tu padre y yo te hemos estado buscando angustiados! ¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que tengo que estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no entendieron lo que les decía. (Lucas 2:41-51). Está claro que María estaba muy perpleja. Sin embargo, como madre, ella guardó todo y muy probablemente recordó lo que Él había dicho y finalmente entendió después de Su resurrección. 

En las bodas de Caná (Juan 2) Jesús la llama “mujer”. Esto no era falta de respeto, pero era como dirigiéndose a ella como “Señora”. María dijo a los sirvientes: “Haced lo que Él os ordene” (Juan 2:5). Eso fue el sólo mandamiento de María. 

A pesar de que María sabía la verdadera identidad de su primogénito, leemos acerca de una ocasión en la que se dejó influir por los incrédulos hermanos de Jesús (Marcos 3:20-21). 

Sí, María tuvo otros hijos como la Biblia señala. Ella no sigue siendo un “virgen perpetua.” Jesús tenía cuatro hermanos: Santiago, José, Simón y Judas (Mateo 13:55). La Biblia también nos dice que Jesús tuvo hermanas, pero no se nombran (Mateo 13:56). En Juan 7:1-10, Sus hermanos van a la fiesta, mientras que Jesús se queda atrás. En Hechos 1:14, Sus hermanos y madre perseveraban unánimes en oración y ruego con los discípulos. Y en Gálatas 1:19 es mencionado que Santiago era el hermano de Jesús. 

Sí, Jesús tenía medios hermanos, que eran los hijos de José y María. Esa es la enseñanza clara e incuestionable de la Palabra de Dios. 

No hay ninguna razón bíblica para creer que estos hermanos son nada más que los hijos reales de José y María. Quienes se oponen a la idea de que Jesús tenía medio hermanos lo hacen, no a partir de una lectura de la Escritura, sino de un concepto preconcebido de la perpetua virginidad de María, que es claramente antibíblico: “Pero (José) no la conoció (María) hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS” (Mateo 1:25). 

En la cruz, vemos una vez más Jesús dirigiéndose a Su madre como “mujer”. “Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo a Juan: He ahí tu madre” (Juan 19:26-27). En este punto, Jesús rompió todos los lazos filiales con María y los transfirió a Juan.

La última vez que leemos de María en la Biblia, ella obedeció el mandato de Jesús y se encontraba en el aposento alto, a la espera de la promesa del Espíritu Santo (Hechos 1:14). 

Cuando estudiamos acerca de María nos damos cuenta de lo humilde y dedicada a Dios que era, de haber sido elegida para ser el vientre que concebiría su Salvador. Aquí leemos sus palabras, “Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Lucas 1:47). Sí, María sabía de la profecía de que el Mesías iba a venir y también sabía que ella necesitaba el Salvador; al igual que nosotros lo necesitamos. 

Como todos nosotros María fue salvada por la sangre de Cristo y encontró perdón en Su nombre. Ella comparte con todos los ‘santos’, (verdaderos creyentes y seguidores de Jesucristo) los beneficios de los méritos de Su muerte, resurrección e intercesión en el cielo para nosotros. 

Es importante recordar las últimas palabras de Jesús registradas en la Biblia, que son: Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: si alguien añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro.  Y si alguien quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro. El que testifica de estas cosas dice: “Sí, vengo pronto.” Amén. Ven, Señor Jesús. 

La gracia del Señor Jesús sea con todos. Amén. (Apocalipsis 22:18-21)

Posteado por: mvmspanish | noviembre 9, 2014

VIVIR EN ARMONÍA – Efesios 4:32

Efesios 4

La Biblia nos dice: “Sean buenos y compasivos los unos con los otros, y perdónense, así como Dios los perdonó a ustedes por medio de Cristo.” (Efesios 4:32) 

UN MENSAJE PODEROSO PARA CONSIDERAR

Esta historia, de un autor desconocido fue publicada en la sección “Rincón de los Niños – Estudios Bíblicos”, y enseña una gran lección de la cual todos podemos aprender, no importa la edad que tengamos. 

Que este mensaje de amor toque su corazón, como tocó lo nuestro.

* * * * * * *

Había una vez dos hermanos. Su padre tenía una granja muy grande y cuando él llegó a ser demasiado viejo para trabajar, llamó a sus dos hijos y les dijo.

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“Soy demasiado viejo para continuar trabajando, voy a dividir mi granja en medio y dar a cada uno de ustedes la mitad. Sé que siempre trabajarán juntos y van a ser siempre buenos amigos.”

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Cuando los hermanos empezaron a cultivar en su pedazo de la granja, eran los mejores amigos y compartían todo.

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Entonces, un día hubo un desacuerdo entre los dos hermanos y dejaran de hablar él uno al otro.

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Durante muchos años, no se habló una palabra entre ellos.

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Un día, temprano en la mañana, uno de los hermanos estaba en su casa cuando un carpintero le vino a la puerta y dijo: “Me gustaría hacer algo de trabajo. ¿Tiene usted algún trabajo que yo puedo hacer?”

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El hermano pensó por un momento y luego respondió: “Me gustaría que usted construya una cerca en mi propiedad. Constrúyalo allí abajo cerca del arroyo que separa mi granja de la propiedad de mi hermano.

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No quiero ver a mi hermano más y me gustaría que usted construya una cerca alta allí por favor. Me voy a la ciudad y volveré esta tarde.

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Cuando regresó aquella tarde, se sorprendió al ver que el carpintero no había seguido sus instrucciones. En lugar de construir un cerca alta, el había construido un puente sobre el arroyo.

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El hombre se acercó a echar un vistazo en el puente, y mientras lo hacía, su hermano, que se preguntaba lo que estaba siendo construido caminó hasta el puente para ver lo que estaba sucediendo. Cuando vio a su hermano, se dirigió hacia él desde el otro lado y dijo: “Después de todas las cosas terribles que he hecho a usted todos estes años, no puedo creer que usted desea construir un puente y darme la bienvenida.”

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Él se acercó a su hermano y le dio un fuerte abrazo.  

El hermano luego regresó a su casa de campo para hablar con el carpintero.

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“¿Puedes quedarte?”, preguntó. “Yo tengo más trabajo para que usted pueda hacer.” El carpintero respondió: “lo siento, pero no puedo quedarme. Me tengo que ir, porque tengo muchos otros puentes por construir.” 

A veces tenemos un desacuerdo con nuestros hermanos y hermanas. Cuando eso sucede, a menudo construimos una cerca entre nosotros y ellos.

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Dejamos de hablar con ellos. No queremos verlos. No queremos estar cerca de ellos. Pero eso no es lo que Jesús quiere que hagamos. Él dijo que “nos amemos unos a otros como Él nos ama,” (Juan 15:12). En lugar de cercas, Jesús quiere que construyamos un puente de amor entre nosotros.

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Querido Padre, sabemos que es Su deseo de que vivamos juntos en paz y armonía. Ayúdanos a amarnos unos a otros. Amén.  

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Esta historia fue adaptada de un Autor Desconocido.

Lucas 11 vs 27-28 (s)

Mientras Jesús decía estas cosas, una mujer de entre la multitud levantó la voz y le dijo: “¡Bienaventurado el vientre que te llevó y los senos que mamaste!” Pero él dijo: “¡Antes bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen!” (Lucas 11:27-28)

Jesús acababa de exponer a Sus críticos “religiosos” en frente de una multitud (Lucas 11:14-26), y cuando Él llegó al final de esta enseñanza, una mujer que había sido conmovida por todo lo que había oído y la bendición que ella había recibido levantó la voz y le dijo,  “Bienaventurado el vientre que te llevó y los senos que mamaste.  

Jesús no puso en duda la veracidad de la declaración de la mujer, pero señaló a una mayor verdad. Antes bien, bienaventurados los que oyen la palabra de Dios y la obedecen.”  

La verdadera bendición está reservada para aquellos que prestan atención a la Palabra de Dios y la obedecen; y demostramos la verdad de nuestra alabanza y adoración a través de nuestras acciones y la obediencia. 

En el Antiguo Testamento leemos Samuel diciendo a su pueblo: “¿Acaso se complace Jehová tanto en los holocaustos y sacrificios como en la obediencia a las palabras de Jehová? Mejor es obedecer que sacrificar; prestar atención mejor es que la grasa de los carneros.” (1 Samuel 15:22)  

Jesús se centra en la importancia de la obediencia a la palabra de Dios. En otra ocasión Jesús hizo casi el mismo punto: “Entonces su madre y sus hermanos vinieron a Él; pero no podían llegar hasta Él por causa de la multitud. Y se le avisó, diciendo: “Tu madre y tus hermanos están fuera y quieren verte.” Él entonces respondiendo, les dijo: “Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la obedecen.” (Lucas 8:19-21)  

Una vez más, leemos que los que siguen Sus mandamientos son verdaderamente bendecidos porque conocen Dios Todopoderoso personalmente y encuentran gozo en escuchar y obedecer Su palabra.  

Nuestro objetivo en la vida, la razón por la que fuimos creados, es para la unión y comunión con Dios. Fuimos creados para Dios, y hasta que confiamos y descansemos en Él somos considerados incompletos y anormal.  

Nuestra adopción como hijos e hijas de Dios por medio de la sangre derramada por Jesús en la cruz transforma nuestras relaciones mundanas y requiere un nuevo orden de fidelidad a Dios y a Su reino.  

Por lo tanto, si usted dice que ama a Dios, demuestre a Él por honrarlo y obedecer Su palabra. Deje que Su luz brille a través de usted para que los que no Lo conozcan también puedan tener el deseo de seguirlo, y glorificar al Dios Todopoderoso.  

Jesús dijo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.” (Mateo 5:6)

Posteado por: mvmspanish | octubre 27, 2014

CRISTIANOS DEBEN CAMINAR EN LA LUZ – 1 Juan 1:5-10

1 Juan 1 vs 5-10

1 Juan 1:5 – Y este es el mensaje que hemos oído de El y que os anunciamos: Dios es luz, y en El no hay tiniebla alguna.

La luz representa lo que es bueno, puro, verdadero, santo y confiable. Oscuridad representa lo que es malo y pecaminoso. Dios es luz significa que Dios es perfectamente santo y verdadero y que sólo Él puede guiarnos de la oscuridad del pecado. Luz se refiere a la verdad y esa luz expone lo que existe, si es bueno o malo. En la oscuridad, el bien y el mal se parecen; en la luz pueden ser claramente distinguidos. 

Al igual que la oscuridad no puede existir en presencia de la luz, el pecado no puede existir en la presencia de nuestro Dios Santo. Si queremos tener una relación con Dios, debemos dejar nuestra forma de vida pecaminosa. Si afirmamos que pertenecemos a Él pero, a continuación, vivimos para nosotros mismos es hipocresía. Cristo expondrá y juzgará tal engaño. 

Jesús dijo, “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.” (Juan 8:12) 

1 Juan 1:6 – Si decimos que tenemos comunión con El, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad. 

Aquí Juan está diciendo que nadie puede pretender ser un cristiano y vivir una vida malvada e inmoral. No podemos amar a Dios y vivir y desear el pecado al mismo tiempo. 

Muchos declaran que tienen comunión con el Señor, que lo aman, que le sirven, ¡aún están viviendo en pecado! Juan dice que están mintiendo. Ellos están engañando a sí mismos por continuar viviendo la vida antigua, caminando de acuerdo con los deseos de la carne, mientras profesan tener nueva vida en Cristo. 

1 Juan 1:7 – mas si andamos en la luz, como El está en la luz, tenemos comunión los unos con los otros, y la sangre de Jesús su Hijo nos limpia de todo pecado. 

Nueva vida en Cristo nos saca de la oscuridad hacia la luz y el verdadero compañerismo los unos con los otros en Jesús. Por lo tanto, la comunión con Dios es posible por el valor eterno de la sangre de Cristo. 

Un cristiano genuino habitualmente camina en la luz que equivale a la verdad y santidad y no en la oscuridad que es la falsedad y pecado. Su caminar también resulta en la purificación del pecado porque el Señor continuamente perdona Sus hijos. Ya que aquellos que caminando en la luz comparten en el carácter de Dios, estos serán habitualmente caracterizados por Su santidad (Juan 3:11), lo que indica su verdadera comunión con Él (Santiago 1:27). Un cristiano genuino no camina en la oscuridad, pero sólo en la luz. Jesús es la luz. Si andamos en el reflejo de Su luz, cumpliremos con las escrituras que dice que vosotros sois la luz del mundo. (Mateo 5:14) 

1 Juan 1:8 – Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros. 

Aquí vemos a Juan abordar la falsedad de la creencia de que no tenemos pecado. La negación de la existencia del pecado en nuestras vidas es auto engaño y embota nuestra capacidad para arrepentirnos del pecado. 

El pecado siempre rompe la comunión con Dios. La rebelión contra la verdad de Dios siempre nos lleva al error y auto engaño. No engañamos a nadie sino nosotros mismos. Tenemos que ser honestos sobre el pecado que está en nuestras vidas para que podemos tratarlo con eficacia. “Porque si alguno se cree que es algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo.” (Gálatas 6:3) 

1 Juan 1:9 – Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad. 

Cuando caminamos en la luz, permaneciendo en Jesús, la sangre de Jesús nos limpia de toda injusticia. Confesando nuestros pecados antes de Dios abre la puerta para Su perdón y Su luz purificadora para limpiar nuestros corazones y restaurar nuestra comunión con Él. 

1 Juan 1:10 – Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El mentiroso y su palabra no está en nosotros. 

Para negar el pecado no es sólo una cuestión de engañar a nosotros mismos, es hacer Dios un mentiroso al negar Su palabra. Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento subrayan la universalidad del pecado del hombre. 

“No hay quien haga el bien, no hay ni siquiera uno.” (Salmo 14:3) 

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:23) 

Cuando tenemos verdadera comunión con el Señor, vamos a caminar en la luz. Cuando nos convertimos en un cristiano, no debemos vivir en pecado porque nos damos cuenta de que: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20)

Salmo 68 vs 5 (S)

“Padre de los huérfanos y defensor de las viudas es Dios en su morada santa.” (Salmo 68:5) 

Instintivamente los seres humanos tienen una necesidad de un padre, que nos alimentan cuando estamos hambrientos, nos ama cuando estamos solos y cuida de nosotros cuando estamos llorando. Anhelamos un papá, que nos escucha cuando tenemos preguntas, nos anima cuando estamos desanimados y nos disciplina cuando nos equivocamos. Un padre que se preocupa y también lleva tiempo con las pequeñas cosas; que extiende de sabiduría cuando estamos preocupados, y sobre todo que ora y busca comprender la voluntad de Dios y Su dirección antes de actuar por su cuenta. 

Dios puso en nosotros un deseo de ser amado por nuestro padre. Algunos padres hacen bien y otros no. Algunos son extremadamente exitosos, y otros fallan miserablemente. 

Afortunadamente, Dios es el modelo perfecto de un padre fiel y Él llena los vacíos dejados por nuestro padre terrenal cuando Lo buscamos cada día. Por lo tanto debemos escucharlo y honrarlo en todo lo que pensamos, decimos y hacemos. 

Los padres deben aprender a tener un relacionamiento con Dios, mismo si no tuvieron o no tienen una relación con su padre terrenal. Esto se realiza a través de la lectura y la comprensión de las Escrituras, donde un padre adelantará y crecerá en sabiduría, tolerancia y la capacidad para criar hijos para la gloria de Dios. 

Los padres que han hecho de Jesucristo su Señor y Salvador son hijos de Dios y aprenden de Él y a su vez enseñan a sus hijos las verdades y los tesoros de la Biblia. 

Nuestro padre celestial merece nuestro respeto y ordena nuestro amor porque Él siempre está ahí para nosotros y es totalmente confiable. Lo que Dios dice, Él hace. Nuestro Padre no nos defraudará, Él sabe lo que necesitamos y cuando lo necesitamos. A veces puede sentirse como si Él no está ahí, pero Él está. Probablemente está hablando, pero no estamos escuchando. O puede ser que Él se queda silencioso porque quiere crecer nuestra fe y confianza en Él. 

Los padres terrenales necesitan ser aprendices toda la vida de cómo ser padres fieles; y es necesario recordar que cada temporada de ser papá es diferente. Lo que funcionó en la última fase de la vida de su hijo debe modificarse a través de la palabra de Dios para la próxima. 

Por la fe, un padre debe ser flexible. Los bebés, necesitan un toque suave. Los niños, necesitan paciencia e instrucciones. Los adolescentes, necesitan el ejemplo de amor, obediencia y perdón. En todas las fases de la vida, los niños necesitan de la santa sabiduría, amistad, tiempo y confianza de su padre.  

Padres necesitan buscar al Padre para la orientación y consuelo. Ser un padre fiel no significa perfección, pero sí significa que usted confiar en Él Perfecto. Los padres necesitan apoyarse en el Señor para Su cuidado amoroso, así que ellos puedan extender el mismo. 

Entonces, ¿qué se necesita para ser verdaderamente digno de tal honor? Bíblicamente hablando, empieza cuando un hombre sabiamente elige una esposa cristiana, entonces cuando es papá el es instado a “instruir” a sus hijos “en el camino que deben seguir” (Proverbios 22:6). Por lo tanto, la instrucción divina es principalmente la responsabilidad del padre cristiano, aplicado con una mano tierna y firme para criar a sus hijos “en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios 6:4).  

La clave para ser un buen padre es su compromiso con el Padre, que produce, sabiduría, discernimiento, obediencia y una vida y liderazgo piadoso. 

“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, no te canses de que Él te corrija, porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere.” (Proverbios 3:11-12)

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