Mateo 12 vs 31

Las palabras más fatídicas jamás pronunciadas por Jesús tenían que ver con la posibilidad temerosa de cometer el pecado imperdonable. Él dijo: “Por eso les digo, que todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres, pero la blasfemia contra el Espíritu (Santo) no será perdonada. (Mateo 12:31) 

Nadie puede malinterpretar el mensaje claro de estos versículos. Hay pecado de muerte. Un hombre o una mujer pueden llegar a un punto que separa la misericordia de Dios y su ira. Estas alarmantes palabras de nuestro Señor están en marcado contraste con sus expresiones generalmente benévolas. Por esta razón, si no por otra, deben ser examinadas con sumo cuidado.  

¿Qué es este pecado que el cielo mira con tal horror? ¿Por qué Dios lidiará con tanta severidad con los que son culpables de este pecado? Para la mente humana un gran número de actos depravados y crueles podría caer en esa categoría, ¿pero que uno de ellos contaría Dios tan atroz y horrible que nunca podría ser perdonado? Es la blasfemia contra el Espíritu Santo.  

El concepto de “blasfemia contra el Espíritu” también se menciona en Marcos 3:22-30, donde los maestros de la ley que habían bajado de Jerusalén estaban acusando a Jesús de estar poseído por Beelzebú y diciendo a la gente que por el príncipe de los demonios Él expulsaba demonios. Estaban básicamente diciendo que Jesucristo, Dios encarnado tenía un espíritu impuro.  

Así que vemos que el término blasfemia puede ser generalmente definido como “la irreverencia desafiante.” El término se puede aplicar a tales pecados como maldecir a Dios o degradar deliberadamente las cosas relacionadas con Dios. También se atribuye a algún mal a Dios, o negando el bien que debemos atribuir a Él.  

Este caso de blasfemia, sin embargo, es uno específico, llamado “la blasfemia contra el Espíritu Santo” que Jesús habla en Mateo 12:31. A medida que continuamos leyendo en Mateo 12:32 Jesús dice: “A cualquiera que pronuncie alguna palabra contra el Hijo del hombre se le perdonará, pero el que hable contra el Espíritu Santo no tendrá perdón ni en este mundo ni en el venidero.” 

Los fariseos, habiendo presenciado la prueba irrefutable de que Jesús estaba obrando milagros en el poder del Espíritu Santo, afirmaron en cambio que el Señor estaba poseído por el demonio ” Beelzebú” y ellos dijeron: “Éste, (se refiriendo a Jesús) no expulsa a los demonios sino por medio de Beelzebú, príncipe de los demonios.” (Mateo 12:24) 

La blasfemia contra el Espíritu hoy, que es el mismo que el pecado imperdonable, es el estado de continua incredulidad. No hay perdón para una persona que muere en la incredulidad. Rechazo continuo de los susurros del Espíritu Santo para confiar en Jesucristo es la blasfemia imperdonable contra Él. Recuerda lo que se dice en Juan 3:16: “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” Más adelante en el mismo capítulo está el verso que dice: “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rechaza al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios.” (Juan 3:36)  

La única condición en la que alguien no tendría perdón es si oye la verdad del evangelio y aun así rechaza al Hijo como Hebreos 10:26-29 dice: “Si después de recibir el conocimiento de la verdad pecamos obstinadamente, ya no hay sacrificio por los pecados. 27 Sólo queda una terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios. 28 Cualquiera que rechazaba la ley de Moisés moría irremediablemente por el testimonio de dos o tres testigos. 29 ¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merece el que ha pisoteado al Hijo de Dios, que ha profanado la sangre del pacto por la cual había sido santificado, y que ha insultado al Espíritu de la gracia?” 

Recuerda lo que Jesús dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por Mí” (Juan 14:6); y no lo que muchas falsas religiones y falsos maestros están enseñando que existen varios caminos a la salvación. Ten cuidado y siempre busquen la verdad de la palabra de Dios en la Biblia.


Posteado por: mvmspanish | septiembre 9, 2014

JESUCRISTO ES EL ÚNICO CAMINO – Juan 14:6

Yo soy el camino, la verdad y la vida

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por Mí” (Juan 14:6).  

Este es sin duda uno de los más importantes, más claro, sin embargo, más profundos versos en la Biblia. No hay otro camino para llegar a Dios sino por medio de Cristo, no hay otra verdad que la que está fundada y centrada en Cristo, y no hay otra vida eterna, excepto la vida de Cristo impartida al creyente, a través de la fe en Cristo. Todos los otros caminos son falsos y engañosos.  

  • “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él.” (Juan 3:36) 

Los dos destinos son claros. O creemos en Jesús como el Hijo de Dios y recibiremos la vida, o nos negamos a creer y obedecer al Hijo y continuamos bajo la ira de Dios a causa de nuestro pecado.  

  • “No hay salvación en ningún otro; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.” (Hechos 4:12) 

La salvación no se encuentra en Buda, María, Mahoma, Confucio, Joseph Smith, Zoroastro, o cualquier otro ser humano. Se encuentra solamente en Jesucristo, el Hijo del Dios vivo.  

  • “Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre.” (1 Timoteo 2:5) 

Tenga en cuenta que sólo hay un mediador que puede “cerrar la brecha” entre el hombre pecador y un Dios santo – ¡Él es Jesucristo!  

  • “Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; si no creéis que Yo soy, en vuestros pecados moriréis.” (Juan 8:24)  

Si uno muere en sus pecados, sólo puede esperar recibir la separación eterna de Dios en el horrible lago de fuego. ¡Sólo por creer en Jesucristo y haciéndolo el Señor de nuestra vida podemos escapar de este destino terrible!

  • “… cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con Sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando castigo a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de Su poder. (2 Tesalonicenses 1:7-9) 

La retribución de Dios y la destrucción eterna vendrá sobre aquellos que no tienen una relación viva con el Dios verdadero y sobre aquellos que no responden al mensaje de salvación de Jesucristo.  

  • “Tanto amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. . . . El que cree en El no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.” (Juan 3:16, 18) 

Las alternativas son claras. Solo aquellos que creen en Jesús Cristo reciben la vida eterna; aquellos que no creen en Él están bajo el juicio de Dios.  

  • “Dios nos ha dado vida eterna y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida.” (1 Juan 5: 11-12) 

La verdad es simple: aquellos que están en Jesús el Hijo de Dios reciben la vida eterna, mientras que aquellos que no tienen una relación salvadora con Cristo no tienen vida eterna. Independientemente de lo “bueno” y “religioso” uno puede ser, ¡nuestro destino eterno está en Cristo!  

  • “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 6:23) 

Todo el que está en pecado morirá espiritualmente y sufrirá la muerte eterna del infierno; sólo los que están en una relación salvadora con Cristo Jesús recibirán la vida eterna con Dios.  

  • “Yo soy la puerta; si alguno entra por Mí, será salvo; y entrará y saldrá y hallará pasto.” (Juan 10:9) 

Jesús nos dice que Él es la única puerta de la seguridad y de la salvación; Él no es una puerta entre muchas.

  • “Dios demuestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Entonces mucho más, habiendo sido ahora justificados por Su sangre, seremos salvos de la ira de Dios por medio de El.” (Romanos 5:8-9)

Todos nosotros, a causa de nuestro pecado, merecemos la justa ira de Dios expresada en el juicio, pero Cristo Jesús murió para salvarnos de ese castigo. Cristo es el único medio de salvación.  

  • “… recuerden que en ese tiempo ustedes estaban separados de Cristo. . . sin tener esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, ustedes, que en otro tiempo estaban lejos, han sido acercados por la sangre de Cristo.” (Efesios 2:12-13) 

Cuando uno no tiene a Cristo, él no tiene ninguna esperanza ya que él está separado de Dios. Sólo podemos tener una relación con Dios a través de Cristo Jesús y Su muerte redentora por nuestros pecados.  

  • “Todo el que Me confiese delante de los hombres, Yo también lo confesaré delante de Mi Padre que está en los cielos. Pero cualquiera que Me niegue delante de los hombres, Yo también lo negaré delante de Mi Padre que está en los cielos.” (Mateo 10:32-33) 

No importa de cuan religiosa una persona puede ser, si se niega a reconocer a Jesús Cristo, será negado en el día del juicio. 

  • “Jesucristo vino a ser autor de eterna salvación para todos los que lo obedecen.” (Hebreos 5:9) 

Jesucristo ofrece la salvación eterna sólo a aquellos que vienen a Él en verdad y en la obediencia creyente. 

Cuando Dios creó a Adán y Eva estaban sin pecado, eran personas normales, cuando ellos pecaron y se rebelaron contra Dios se convirtieron en pecadores y anormal, porque ya no tenían comunión perfecta y relación con Dios. 

2 Corintios 5:21 maravillosamente y eternamente define nuestra posición como creyentes en el Salvador: Al que no conoció pecado, Lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El. 

Jesucristo restauró nuestra amistad y relación familiar a Dios cuando se convirtió en nuestro sacrificio por los pecados que hemos cometido.

Deuteronomio 6 vs 1-7 (S)

“Estos, pues, son los mandamientos, los estatutos y los decretos que el Señor vuestro Dios me ha mandado que os enseñe, para que los cumpláis en la tierra que vais a poseer, para que temas al Señor tu Dios, guardando todos sus estatutos y sus mandamientos que yo te ordeno, tú y tus hijos y tus nietos, todos los días de tu vida, para que tus días sean prolongados. Escucha, pues, oh Israel, y cuida de hacerlo, para que te vaya bien y te multipliques en gran manera, en una tierra que mana leche y miel, tal como el Señor, el Dios de tus padres, te ha prometido. Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6:1-7)

Estos versículos en Deuteronomio son un llamado a la obediencia para la gloria de Dios. Ellos son la prueba de nuestro amor a Dios a través de la perpetuación de la fe en el Señor, de generación en generación.  

El Señor ordenó a Moisés que enseñara a la gente a temer (respetar), el Señor su Dios por los estatutos y mandamientos que Él les estaba dando, para que pudieran disfrutar de una larga vida. Tenían que tener cuidado y obedecer, para que les vaya bien. 

Estos principios del Antiguo Testamento, las advertencias y exhortaciones se dan para nosotros hoy como ejemplos y, para nuestra enseñanza “porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.” (Romanos 15:4) 

En los versículos 3 y 4 vemos que el fundamento de la obediencia comienza con escuchar y aunque estos versos se dirigen a la nación de Israel, ellos son particularmente dirigidos a los padres – especialmente a padres y abuelos por su papel de liderazgo de acuerdo a las Escrituras, y debido a la responsabilidad de los padres en la perpetuación de la fe en sus hijos.  

La cosa más importante que pueden hacer los padres para ellos y su familia es hacer oír la Palabra de Dios la prioridad más grande de su vida y de las vidas de sus hijos. Los niños deben aprender la importancia de escuchar y conocer la Palabra de Dios, ya que es fundamental para su crecimiento espiritual y caminar con Dios como lo es para nosotros.  

El propósito de escuchar la Palabra es conocer al Señor íntimamente y personalmente, para entender las verdades de las Escrituras, para que sean los medios y guía a una relación personal con el Señor. Necesitamos entender que “el hombre no vive sólo de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Deuteronomio 8:3). Tenemos que vivir por la Palabra de Dios para que podamos conocer a Dios personalmente y poner nuestra confianza en Él.  

Tenemos que aprender a medirnos, no por nuestro conocimiento acerca de Dios, o por el número de versos que podemos recitar de memoria, no por nuestros dones o talentos o ministerio, sino por la forma en que oramos, por cómo nos comunicamos con el Señor en Su Palabra, por lo que sucede en nuestros corazones, y por nuestro nivel de obediencia a lo que sabemos.  

“Escucha” en el versículo 4 incluye la idea de “escuchar y obedecer.” El punto es que en realidad no hemos oído a menos que estamos siguiendo a través de la obediencia y actuando en los preceptos de las Escrituras. Debemos actuar de acuerdo con la Escritura desde el corazón, desde una comprensión y relación íntima con Dios o no hemos escuchado realmente.  

El conocimiento que es sin la obediencia es sólo un conocimiento parcial, porque es conocimiento sin comprensión. Constituye información sin entendimiento y discernimiento espiritual.  

Para conocer verdaderamente el Señor es desear de obedecer y de cambiar, de lo contrario, sólo hemos tenido un encuentro con nosotros mismos religiosamente y emocionalmente.  

Los padres que se niegan a obedecer a Dios están enseñando a sus hijos de desobediencia. Las palabras más claras y más fuertes que nuestros hijos escuchan son las de nuestro propio ejemplo. Si somos críticos, ellos aprenden a ser críticos. Los niños cuyos padres encuentran todo tipo de excusas para no ir a los estudios bíblicos o a la iglesia será más fácil de hacer lo mismo. Los niños de padres que no están involucrados y preocupados por los demás, probablemente también serán indiferentes a las necesidades que los rodean.  

A medida que continuamos en el versículo 5 y 6 leemos que debemos amar a Dios. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón.” Debemos amar al Señor totalmente, “con todo nuestro corazón,” y entregarnos a Él incondicionalmente. 

El secreto de amar al Señor es conocerlo. Y el secreto para conocerlo es el estudio de la Biblia y la oración. Si no amamos al Señor y hacemos a Él la prioridad suprema de nuestra vida, las posibilidades son muy altas que tampoco lo harán nuestros hijos. Y, sólo nuestro amor por el Señor hará que hagamos la formación de nuestros niños una prioridad en nuestras vidas. De lo contrario, tenderemos a descuidar de ellos para nuestros propios placeres, o negocio, u otras actividades personales. 

Tenemos que enseñar y modelar la Palabra, como leemos en los versículos 7; “y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.” Esto es tan importante que Moisés también lo menciona en Deuteronomio 4:9.  

Diligencia significa obedecer el mandato de Dios mediante la enseñanza de las Escrituras  consistentemente. Debe ser clara y precisa, no en vagas generalidades y debe ser enseñado a todo el tiempo. El secreto para aprender es la repetición y lo que se debe hacer cuando nos sentamos, caminamos, acostamos y levantamos. En otras palabras, estamos en busca de oportunidades para enseñar con la palabra y con el ejemplo a través de las actividades cotidianas de la vida.  

Lo que nuestros niños aprenden en la escuela dominical y la iglesia es importante, pero no podemos confiar sólo en eso. Este pasaje está hablando a los padres, no a la iglesia. La formación es, ante todo, la responsabilidad de los padres como la Biblia nos enseña: “Y vosotros, padres. . .crían a vuestros hijos en la disciplina e instrucción del Señor” - (Efesios 6:4). Otra vez, este acentúa el modelar. Lo que se dice es raramente tan influyente como lo que uno hace.  

Cuando los padres escuchan, obedecen y aman el Señor, ellos proporcionan un modelo para los niños que refuerzan lo que se dice en el hogar. Por lo tanto, la clave para enseñar a nuestros hijos a amar a Dios se afirma con sencillez y claridad en estos versículos. Si queremos que nuestros hijos sigan a Dios, debemos hacer a Dios una parte de nuestras experiencias cotidianas. Debemos enseñar a nuestros hijos diligentemente para ver a Dios en todos los aspectos de la vida, no sólo los que están relacionados con la iglesia. 

“Enseña al niño el camino en que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él.” (Proverbios 22:6)

 

Posteado por: mvmspanish | agosto 25, 2014

LIBERTAD EN CRISTO – Gálatas 5:1

Libertad en Cristo

“Para libertad fue que Cristo nos hizo libres; por tanto, permaneced firmes, y no os sometáis otra vez al yugo de esclavitud.” – Gálatas 5:1 

Cristo murió para librarnos del pecado y de una larga lista de leyes y reglamentos. Cristo vino para hacernos libres, no somos libres de hacer lo que queremos, porque eso nos llevaría de nuevo a la esclavitud y nuestros deseos egoístas. En cambio, gracias a Cristo, ahora somos libres y capaces de hacer lo que antes era imposible – vivir sin egoísmo. Aquellos que exigen su libertad, para que puedan tener su propio camino, o para satisfacer su propio deseo están retrocediendo al pecado. Pero también es malo para poner una carga de mantener la ley en los cristianos como los Gálatas estaban haciendo en el tiempo de Pablo. Debemos mantenernos firmes contra aquellos que nos esclavizan con las normas, métodos o condiciones especiales para ser salvo, o crecer en Cristo.  

Somos salvos por fe y no por obras. El amor a Dios y a los demás es la respuesta de aquellos a quienes Dios ha perdonado. El perdón de Dios es completo, y Jesús dijo que aquellos que son perdonados mucho, aman mucho (Lucas 7:42-43). Porque la fe se expresa a través del amor, podemos comprobar nuestro amor por los demás como una forma de examinar nuestra fe.  

La Biblia nos dice que seremos perseguidos por nuestra fe. Mucha gente no quiere oír la verdad y sólo quieren escuchar lo que quieren oír. “Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos.” (2 Timoteo 4:3)  

Pablo fue perseguido porque él estaba predicando el verdadero evangelio. Si él hubiera enseñado lo que enseñaban los falsos maestros, nadie sería ofendido. Pero debido a que él estaba enseñando la verdad, fue perseguido por los Judíos y los judaizantes (aquellos que adoptaron prácticas religiosas judías o trató de influir a otros a hacerlo).  

¿Su familia o amigos te rechazan porque usted tomó una posición por Cristo? Jesús dijo para que no nos sorprendemos si el mundo nos odia porque lo odiaban primero (Juan 15: 18-19).  

Así como Pablo sigue proclamando fielmente el mensaje de Cristo, debemos continuar haciendo el ministerio que Dios ha dado a cada uno de nosotros; a pesar de los obstáculos que otros pueden poner en nuestro camino.  

Debemos tener la libertad en Cristo y no debemos ser esclavos del pecado, porque los creyentes son libres para hacer lo correcto y para glorificar a Dios a través de servir a los demás con amor. 

Cuando un creyente pierde la motivación del amor, se convierte en crítico de los demás, deja de buscar lo bueno en la gente y sólo ve sus defectos. Pronto la unidad se pierde. ¿Alguno de ustedes se centran en las deficiencias de los demás en lugar de sus puntos fuertes?  

Tenemos que recordarnos a nosotros mismos del mandato de Jesús de amar a los demás como a ti mismo (Mateo 22:39). Cuando empezamos a sentir crítico de alguien, tenemos que hacer una lista de cualidades positivas de esa persona. Cuando los problemas deben ser abordados, tenemos que enfrentar en amor en lugar de chismes.  

Sin embargo, habrá ocasiones en las que tendremos que enfrentar a los hipócritas y las personas que viven en el pecado para que el honor de Dios no sea blasfemado y la iglesia cristiana pueda ser purificada y fortalecida.  

Eso es lo que hizo Jesús: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque limpiáis el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de adentro del vaso y del plato, para que lo de afuera también quede limpio.” (Mateo 23: 25-26)  

Si deseamos tener las cualidades definidas y expresadas en Gálatas 5:22-23, que son “amor, gozo, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio”, entonces sabremos que el Espíritu Santo nos está guiando. 

También tenemos que tener cuidado de no confundir a nuestros sentimientos subjetivos con la dirección del Espíritu. Ser guiado por el Espíritu Santo implica el deseo de escuchar, la disposición a obedecer la Palabra de Dios, y la sensibilidad para discernir entre nuestro sentimiento y Sus susurros.  

Debemos vivir cada día controlado y guiado por el Espíritu Santo. Luego las palabras de Cristo estarán en nuestra mente, el amor de Cristo será detrás de nuestras acciones y el poder de Cristo nos ayudará a controlar nuestros deseos egoístas.  

Recuerde que una persona nacida de nuevo tiene la libertad en Cristo, porque las Escrituras nos dicen: “Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte.” (Romanos 8:1-2)

Posteado por: mvmspanish | agosto 18, 2014

¿POR QUÉ MURIÓ CRISTO POR NOSOTROS? – Tito 2:11-14

Tito 2 vs 11-14 (s)

La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad, 12 y nos enseña que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, 13 mientras aguardamos la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. 14 Él se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. (Tito 2: 11-14)  

Si alguien le pregunta por qué Jesús murió, un gran porcentaje de los miembros de la Iglesia por lo general diría que Él murió para salvarnos de nuestros pecados. Es cierto que “Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras” (1 Corintios 15:3), pero esto no es la respuesta completa. Muchos cristianos piensan en la muerte de Cristo sólo en términos de lo que significa para ellos, y no lo que significaba para Jesús.  

El versículo 14 nos dice que Cristo murió por nosotros para redimirnos de la iniquidad, no sólo para evitar que vayamos al infierno, sino “para purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras.” Él quiere personas que lo harán el Señor de sus vidas, que están ansiosos por hacer el bien y ser santos. La muerte de Cristo no fue sólo para salvarnos, sino también para crear un grupo de personas peculiares y especialmente dedicadas a Él mismo.  

“Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, … a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviera mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa y sin mancha” (Efesios 5:25, 27). Fue la obra de Cristo en la cruz, cuando Él se entregó por la Iglesia, que la hizo limpia, purificada, gloriosa, sin mancha ni arruga, y apartado para Él.  

“Él murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:15). La razón que Cristo murió como nuestro representante, era para que nuestra antigua vida rebelde podría morir en la cruz con Él, y que sería liberado y resucitado con Él para vivir una nueva vida – ya no rebelde, ya no obsesionado consigo mismo, pero ahora viviendo para Él, el verdadero Señor y soberano de todo.  

Si vamos a unirnos a Cristo y así recibir el beneficio de morir con Cristo en la cruz, entonces nuestra antigua vida ha terminado. Somos una persona completamente nueva; y tenemos un nuevo Espíritu dentro de nosotros. Deseamos vivir una vida completamente nueva – ya no para nuestro propio ser rebelde, que ahora está muerto, sino para Cristo que por nosotros murió y resucitó. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20)  

Es por esto que es impensable que vayamos a Cristo en arrepentimiento para el perdón de nuestros pecados… y luego volvemos a nuestros pecados y nos remolquemos en ellos como si nada hubiera sucedido. La razón por la que Dios nos ha rescatado de la potestad de las tinieblas, la esclavitud del pecado, y nos ha trasladado al reino de su Hijo, para que podamos vivir una nueva vida de piedad y santidad ‘en Él’. 

Si, pues, coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. (1 Corintios 10:31)

Posteado por: mvmspanish | agosto 11, 2014

CONFIAR EN DIOS – Génesis 15:5

Genesis 15 vs 5 S

El Señor hizo una promesa a Abram que le diera un hijo y lo llevó fuera, y le dijo: “Mira hacia el cielo y cuenta las estrellas…así de numerosa será tu descendencia.” (Génesis 15:5) 

Cuando Dios llamó a Abram el tenía setenta y cinco años y en ese momento el Señor prometió que de el haría una gran nación, y lo bendeciría. (Génesis 12:2)  

Ahora Abram tiene 85 años; diez años han pasado desde que Dios le prometió “que haría de él una gran nación”, y él estaba preocupado que todavía no tenia hijos. Así que el Señor vino a Abram en una visión y le prometió descendientes demasiado numerosos para imaginar.  

Cuando Dios hace una promesa, podemos contar con ella. Saray, mujer de Abram también estaba envejeciendo y no tenía hijos, que en esa cultura era muy vergonzoso y considerado una deshonra, por esta razón ella dio a Agar, su sierva egipcia a Abram como un esposa sustituta, que era una práctica común en esta cultura. Un niño que nace de una sierva era considerado el hijo de la esposa. Así que, aunque Abram estaba actuando de acuerdo con la costumbre de la época, su acción mostró una falta de fe en que Dios cumpliría Su promesa.  

Dios nos llama a ser fieles a Él y Su Santa Palabra, independientemente de los hábitos pecaminosos que existían en ese momento o que es aceptable en la sociedad actual como “normal”. El plan perfecto de Dios era, y es que el marido y la esposa deben tener intimidad física sólo entre sí para toda su vida. Cuando una persona casada es físicamente íntima con otra persona; la Biblia lo define como adulterio.  

Dios ha ordenado en Su Palabra “sed santos, porque yo soy santo.” Por lo tanto, la obediencia a la Santa Palabra de Dios es la única forma de vida normal – violaciones de Su Santa Palabra son pecado y son anormales para los creyentes VERDADEROS e hijos de Dios.  

Saray como Abram tenía dificultad en creer las promesas de Dios y tomó el asunto en sus propias manos, dando Agar a Abram, cuando el matrimonio es un compromiso sagrado y contrato entre Dios; un esposo y una esposa.  

Debido a la desobediencia y la falta de fe de parte de Abram y Saray, vino una serie de problemas. Esto sucede invariablemente cuando asumimos la responsabilidad de Dios, tratando de hacer Su promesa una realidad a través de esfuerzos que no están de acuerdo con sus instrucciones específicas. En este caso, el tiempo era la mayor prueba de Abram y Saray a dejar que la voluntad de Dios obrara en sus vidas.  

A veces también nosotros debemos simplemente esperar. Cuando le pedimos a Dios algo y tenemos que esperar, es tentador tomar el asunto en nuestras propias manos e interferir con los planes de Dios.  

Aunque Saray había planeado para Agar tener un hijo por Abram, más tarde culpó a Abram por los resultados. A menudo es más fácil de atacar por la frustración y echar la culpa a la otra persona antes que admitir nuestra culpa y nuestro pecado y pedir perdón. ¿Suena familiar? Adán y Eva hicieron lo mismo. (Génesis 3:12-13)  

Saray lanzó su ira en contra de Abram y Agar y su tratamiento fue duro, lo suficiente como para causar Agar huir. La ira, sobre todo cuando surge de nuestra propia incredulidad, pecado y rebelión contra Dios y Su Palabra es siempre peligrosa y destructiva.  

Agar huía de su señora y su problema. El ángel del Señor le dio el consejo para regresar y enfrentar Saray, la causa de su problema, y someterse a ella. Agar necesitaba corregir su actitud hacia Saray, no importa cuán justificado su pensamiento podría haber sido. Huir de los problemas rara vez los resuelve; es aconsejable volver a nuestros problemas, enfrentarlos, aceptar la promesa de la ayuda de Dios, corregir nuestras actitudes y actuar como debemos. 

Hemos visto tres personas cometer errores graves.  

  • Saray, quien tomó el asunto en sus propias manos. Ella le dijo a Abram par ir a dormir con su criada; violando así la santidad del matrimonio y Abram cometió adulterio con Agar.
  • Abram, que estuvo de acuerdo con el plan y cometido adulterio; sin embargo, cuando las circunstancias empezaron a empeorar, se negó a ayudar a resolver el problema.
  • Y Agar, que huyó del problema.

A pesar de esta situación complicada, Dios demostró Su capacidad de actuar en todas las cosas para el bien de los que le aman (Romanos 8:28). Saray y Abram todavía recibieran el hijo que quería tan desesperadamente, y Dios resolvió el problema de Agar a pesar de la negativa de Abram a involucrarse. Ningún problema es demasiado complicado para Dios, si estamos dispuestos a dejar que Él nos ayude y esté en control.  

El Señor le dijo a Abram. “Yo soy el Dios Todopoderoso, anda delante de mí y sé perfecto,” (Génesis 17:1). Dios tiene el mismo mensaje para nosotros hoy. Debemos obedecer al Señor en todos los aspectos, porque Él es Dios; que es razón suficiente. Si pensamos que los beneficios de la obediencia no valen la pena, considera quien Dios es – el que tiene el poder y la capacidad para satisfacer todas nuestras necesidades.  

Dios no se olvidó del hijo de Agar, Ismael; a pesar de que él no iba a ser el heredero de Abraham, él también sería el padre de una gran nación. Así que, independientemente de nuestras circunstancias, Dios no nos olvida. Necesitamos obedecerle y confiar en Su plan, y recordarnos que las bendiciones de Dios son demasiado numerosos como para nosotros imaginar, y que Su tiempo es siempre el momento adecuado. Por lo tanto: “Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia.  Reconócelo en todos tus caminos, y Él allanará tus sendas.” (Proverbios 3:5-6)

Posteado por: mvmspanish | agosto 5, 2014

RECONOCE TU CULPA – Jeremías 3:13

Jeremias 3 vs 13 (S)

Reconoce tu culpa, y que te rebelaste contra el Señor tu Dios. . .  (Jeremías 3:13)  

A menos que una persona reconoce su pecado, ella nunca se arrepentirá o se apartará de él. Y una vez consciente de ello, y la persona se arrepiente, debe admitir y confesar ante Dios, contra quien pecó. Esto es lo que está insistiendo Jeremías. Pedirle a Dios que nos perdone es la cosa más liberadora que podemos hacer, y es lo que va a hacer cada pecador sensible. Y cuando eso ocurre, se logra el perdón, la gracia y la misericordia de Dios se revela. “Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: “Voy a confesar mis transgresiones al Señor”, y tú perdonaste mi maldad y mi pecado.” (Salmo 32:5)  

Cuando estamos comprometidos a caminar en comunión perfecta con el Señor tenemos que tener siempre en cuenta que el enemigo está constantemente listo para hacernos tropezar y caer; porque él está caminando a nuestro alrededor como león rugiente, buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8). Por lo tanto tenemos que pedirle a Dios que “¡crea en mí, Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí!” (Salmo 51:10). Siempre “buscando primeramente el reino de Dios y su justicia.” (Mateo 6:33)  

La experiencia más edificante en nuestra vida diaria es cuando concentramos nuestra mente en “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” (Filipenses 4:8)  

Por consiguiente, nuestro enfoque diario debe estar en vivir una vida santa ante Dios y ante los hombres. Pero en el caso de que tropezamos,  y la mayoría de nosotros lo vamos hacer, recordemos que: “Si confesamos nuestros pecados, Dios es fiel y justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9)

 

Posteado por: mvmspanish | julio 28, 2014

LA LIBERTAD VIENE DE UN CORAZÓN OBEDIENTE – Salmo 119:44-45

LIBERTAD

Por toda la eternidad obedeceré fielmente tu ley. Viviré con toda libertad, porque he buscado tus preceptos. Salmos 119:44-45  

La obediencia crea la libertad mientras que la desobediencia lleva a la esclavitud. Cuando buscamos el consejo de la Palabra de Dios, nos dirigimos hacia un camino liberador. A contrario, cuando salimos de la pista y vamos en contra de los caminos de Dios y nos enredamos en los caminos del mundo perdemos de vista lo que es correcto. 

Los verdaderos cristianos nacidos de nuevo tienen el deseo de obedecer a fin de ¡llegar a ser como su Maestro! Cristo no sólo nos ha llamado a conocer la verdad, amarlo, confiar en Él y servirle; también nos ha llamado a obedecerlo. El tema bíblico de la salvación no se puede separar de la llamada de Dios para la obediencia. Mientras que las buenas obras no nos salvan, somos salvos por buenas obras. “Porque por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe; esto no procede de ustedes, sino que es el regalo de Dios, no por obras, para que nadie se jacte. 10 Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica.” (Efesios 2:8-10)  

La razón de nuestra obediencia es nuestra respuesta a la acción de la gracia de Dios en Cristo. La raíz de nuestra obediencia es agradar a Dios por amor para que Dios sea glorificado en todas las cosas. Sólo una persona regenerada por el Espíritu es capaz de tal obediencia. El que obedece los mandamientos de Cristo es el que verdaderamente ama a Cristo (Juan 14:21) y al hacerlo, demuestra ser Su discípulo.  

A medida que aprendemos a obedecer a Dios más y más, nos quedamos cada vez más libres del poder del pecado en nuestras vidas. El amor de Dios por nosotros es lo que permite nuestro amor a Dios: “Nosotros amamos a Dios porque Él nos amó primero” (1 Juan 4:19); y nuestro amor por Dios permite nuestra obediencia a Él.  

Estar controlado por el Espíritu “ser llenado por el Espíritu” (Efesios 5:18) es esencial, si vamos a desarrollar el auto-control, que nos permite obedecer a Dios. La libertad moral – el poder de hacer lo que debemos – está directamente relacionada con la obediencia: “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:32).  

El proceso de aprender a obedecer a Dios es un proceso de larga duración y el resultado de este proceso es que llegamos a ser conformados a la conducta y carácter de Jesucristo. Vivir una vida cristiana obediente significa estar en contacto con la realidad en todo momento y experimentar toda la bendición asociada a ella (Juan 13:17).  

A medida que nos comprometemos a obedecer a Dios, estamos permitiendo a Dios que haga de nuestra vida lo que Él desea que lleguemos a ser. Al hacerlo estamos viviendo hasta el potencial que Dios tiene para nosotros. Cuando tenemos una relación de amor con el Señor, Sus mandamientos no son difíciles de cumplir (1 Juan 5:3).  

La obediencia es el punto de partida y la meta de nuestra vida cristiana y es lo que nos devuelve a nuestro destino inicial. 

  • La obediencia es uno de los rasgos del carácter cristiano – 1 Juan 2:4
  • Es la verdadera prueba de nuestro amor a Cristo – Juan 14:21
  • La obediencia es el camino a la bendición – Juan 13:17
  • La obediencia es lo que significa amar a Dios – 1 Juan 5:3
  • La obediencia es la puerta de entrada a la libertad – Juan 8:32-36
  • Y la marca de un verdadero discípulo de Cristo – Juan 8:32
  • La obediencia es una gran fuente de alegría – Juan 15:11
  • La obediencia es el resultado de una profunda humildad y sumisión – Filipenses 2:5-8
  • La obediencia es el estudio de la Palabra de Dios – Santiago 1:22
  • Y la forma en que cumplimos con la Gran Comisión – Mateo 28:18-20
  • Y es un requisito previo para conocer la voluntad de Dios – Juan 7:17

La obediencia es más que una acción específica; es compromiso con una forma de vida y sólo es posible cuando nos sometemos a la fuerza del Espíritu Santo.

 

Posteado por: mvmspanish | julio 21, 2014

ELEGIR EL CAMINO DE LA VERDAD – Juan 8:32

Juan 8 vs 32

“Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” – Juan 8:32  

Cada vez que el enemigo nos bombardea con mentiras, tenemos que aprender a aconsejar a nuestros corazones según la verdad de la Palabra de Dios y actuar en la verdad, sin importar lo que nuestra razón humana o nuestros sentimientos nos dicen.  

Cuando nos encontramos cediendo al cansancio, la frustración o la carne; cuando nuestra mente y las emociones se arremolinan con cosas que sabemos que no son ciertas, debemos tratar de detener e identificar la Verdad que contrarreste esas mentiras.  

Debemos decir la verdad a nosotros mismos; a veces en voz alta, y si es necesario más que una vez, hasta que la verdad desplaza y reemplaza las mentiras que estamos creyendo. Debemos clamar a Dios por la gracia de actuar en lo que sabemos que es verdad. Muchas veces, nos quedamos impresionados con el poder de la Verdad para calmar nuestras emociones turbulentas y para restaurar la cordura a nuestros pensamientos confusos.  

A veces el enemigo comienza a causar estragos en nuestras mentes y emociones y todo lo que podemos pensar es en lo equivocado que la otra persona ha sido, y lo profundamente herido que somos. Empezamos a dejar que los pensamientos rencorosos y vengativos se arraiguen en nuestra mente y reviven otros delitos del pasado que creíamos que habían ido. Tenemos la tendencia de obsesionarnos con tratar de encontrar la manera de reivindicar a nosotros mismos y demostrar nuestra inocencia. Cuando eso sucede nuestras emociones empiezan a girar fuera de control y entran en una espiral de ira y autocompasión creyendo una serie de mentiras del enemigo. Esto sólo conduce a horas o días de agitación y lucha interna.  

Cuando dejamos esta agitación y lucha interna y empezamos a nos centrar en Dios tenemos un encuentro con la verdad:  

Bienaventurados los mansos. . .

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. . .

Bienaventurados los pacificadores. . .

Mateo 5:5, 7, 9 

Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. . . Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os odian y orad por los que os ultrajan y os persiguen. . .

Mateo 5:39, 44 

Por tanto, si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; pero si no perdonáis sus ofensas a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Mateo 6:14-15 

Ahora tenemos una opción. ¿Debemos seguir creyendo las mentiras, o vamos a abrazar la Verdad? Aquí es cuando comienza la verdadera batalla. Nuestras emociones quieren aferrarse a la infracción y quieren amamantar al rencor y continuar enojado. Queremos justicia propia, pero en nuestro corazón sabemos que este tipo de elección sólo conducirá a la esclavitud.  

Cuando nos arrodillamos delante del Señor, con la Biblia abierta lidiamos con la Verdad, sabemos que tenemos que perdonar y que debemos liberar el delincuente y el delito. Nos damos cuenta de que el problema no es que no podemos perdonar; es que no queremos perdonar. Mientras dejamos que el Espíritu Santo nos guíe sabemos que tenemos que renunciar a cualquier derecho de vengarse o para retener el amor de aquellos que nos han herido.  

A medida que nuestra mente continúa siendo abierta por el Espirito Santo, somos recordados de las consecuencias de negarse a perdonar; de la misericordia que perdemos si nos negamos a extender compasión a los demás, y de las bendiciones que recibiríamos si estamos dispuestos a obedecer Sus mandamientos. En nuestro orgullo y obstinación es difícil dejar ir, pero debemos para estar en comunión con el Señor.  

Tenemos que seguir buscando y diciendo la verdad en nuestro corazón y tomar la decisión de actuar en la Verdad. Al hacer esto, nuestras emociones siguen poco a poco y nuestro espíritu es puesto en libertad.  

Con el tiempo, Dios nos da una mayor comprensión de la situación original; Él arroja luz sobre por qué reaccionamos de esta manera y nos muestra algunos problemas más profundas que no nos hemos dado cuenta y que es necesario abordar.  

Tenemos que estar agradecidos de que el Señor nos ama lo suficiente para orquestar las circunstancias para llevar estos problemas a la superficie, para que Le demos gracias por utilizar estas experiencias para hacernos más como Jesús.

 

FUENTE  

Nancy Leigh DeMoss

 

Posteado por: mvmspanish | julio 14, 2014

DANDO GRACIAS A DIOS POR SU BONDAD – 1 Crónicas 29:11-13

Dando gracias a Dios

“Tuyos son, Señor, la grandeza y el poder, la gloria, la victoria y la majestad. Tuyo es todo cuanto hay en el cielo y en la tierra. Tuyo también es el reino, y tú estás por encima de todo. De ti proceden la riqueza y el honor; tú lo gobiernas todo. En tus manos están la fuerza y el poder, y eres tú quien engrandece y fortalece a todos. Por eso, Dios nuestro, te damos gracias, y a tu glorioso nombre tributamos alabanzas.” 1 Crónicas 29:11-13  

Cuando tenemos gratitud en nuestro corazón hacia Dios esto elimina todo tipo de sentimientos negativos. El descontento, la auto-compasión, la envidia y el orgullo, estos no son rivales para la gratitud divina. Gratitud a Dios tiene su origen en la realización de quién es Dios y lo que Él ha hecho por nosotros. Todo es de Dios, y todo viene de Dios. Su majestuosa creación se postra y le adora como un reflejo de Su gloria. Las naciones y los gobernantes, consciente o inconscientemente, están bajo Su autoridad y tenemos que darnos cuenta de que Dios es el dueño de todas las cosas.  

Porque Él es dueño de todo, Él es el últimamente responsable y por lo tanto en Él qué ponemos nuestra confianza. Al hacer esto disfrutamos, Su creación, Sus recursos, Su libertad, y unos a otros. Hay un agradecimiento glorioso que entra en nuestro ser cuando reflexionamos sobre las riquezas gloriosas de Dios. “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:19) 

Gratitud a Dios es uno de los mayores secretos para vivir la vida cristiana. Gratitud significa nunca olvidamos de lo que Él ha hecho por nosotros, lo que está haciendo por nosotros, y lo que Él va a hacer por nosotros. Es recordar Su fidelidad en el pasado, presente y futuro. La gratitud es transformacional, porque es centrado en Dios. Las preocupaciones de este mundo se disipan cuando enfocamos nuestra mente en gratitud al Señor. Nuestro agradecimiento a nuestro Padre celestial se expresará en humilde adoración y alabanza para Él, además de nuestra determinación para vivir en comunión sin rotos y obediencia a Él. Jesús nos prometió: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán a Dios.” (Mateo 5:8) 

No importa dónde estamos en la vida. No importa cuál sea nuestra situación o circunstancia, tenemos algo que podemos dar gracias a Dios todos los días de nuestra vida y siempre debemos tener una actitud de acción de gracias a nuestro Creador. 

Cuando vemos y reconocemos el hecho de que Él siempre está con nosotros; siempre proviniendo para nosotros, y nos protegiendo, la intimidad que compartimos con Él aumentará y nuestros temores se reducirán. “Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia.  Reconócelo en todos tus caminos y él hará derechas tus veredas.”  (Proverbios 3:5-6)  

La gratitud entiende lo que podría haber pasado a nosotros si no fuera por la gracia de Dios. Pero, por la intervención del Señor, Él nos libró y nos dio la vida eterna a través de Jesucristo. Dios siempre está ahí para nosotros y Él anhela tener comunión con cada uno de nosotros, si Lo reconocemos y Lo permitimos.  

El Señor es digno de alabanza, gratitud y adoración. ¡Qué gran y poderoso Dios es al que servimos!  

“Gracias te damos, Dios, gracias te damos, pues cercano está tu nombre; los hombres cuentan tus maravillas.” (Salmo 75:1)

 

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