Posteado por: mvmspanish | julio 27, 2015

JESÚS PAGÓ EL PRECIO – Mateo 20:28

Mateo 20 vs 28

Jesús pagó el precio por nuestros pecados a causa de Su obediencia a Su Padre y Su increíble amor por nosotros. 

“El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos.” (Mateo 20:28) 

¿Alguna vez has pensado en la realidad de que Jesucristo es el Creador de este mundo? 

Las Sagradas Escrituras nos dicen que: “En el principio era el Verbo;. . . Todas las cosas por Él fueron hechas;. . . y el mundo fue hecho por Él, y el mundo no le conoció.” (Juan 1:1, 1:3, 1:10) 

Romanos 11:36 repite el mismo mensaje: ¡Todo en el cielo y la tierra fue creado por Él y para Él! 

Y en el último libro de la Biblia, Jesucristo es llamado “el Principio de la creación de Dios.” (Apocalipsis 3:14) 

Jesucristo no sólo es el Creador del mundo, pero Él es también nuestro Salvador, que vino a redimir a los pecadores perdidos de una prisión eterna en el infierno, que ocurrió cuando Adán y Eva pecaron y fueron expulsados ​​del Jardín de Edén, y fueron separados de la increíble comunión que tenían con el Señor. 

Tenemos que entender que Dios anhela tener una relación in-interrumpida con los hombres, por lo que envió a Su único Hijo para dar Su vida en rescate por el hombre, para que todo aquel que acepta el don gratuito del perdón eterno puede tener su relación con Dios restaurada. 

La Palabra nos dice que: “Como bien saben, ustedes fueron rescatados de la vida absurda que heredaron de sus antepasados. El precio de su rescate no se pagó con cosas perecederas, como el oro o la plata, 19 sino con la preciosa sangre de Cristo…” (1 Pedro 1:18-19). En el Antiguo Testamento, los rescates fueron pagados por diversas razones, tales como liberar esclavos y en el Nuevo Testamento Jesús pagó el precio del rescate de la esclavitud al pecado. 

Oseas escribió sobre el rescate que presagió lo que Jesús haría por nosotros. “Lo haré libraré del poder de la tumba y los redimiré de la muerte.” (Oseas 13:14) 

Así que ¿a quién pagó Cristo el rescate? Jesús vino a esta tierra como un bebé y Él estuvo con nosotros durante 33 años y medio, donde enseñó y realizó muchos milagros y finalmente se fue a la cruz para dar Su vida en rescate por muchos. Tenemos que entender que Jesucristo fue obediente hasta la muerte y pagó el rescate por nuestros pecados a Su Padre. (Juan 3:16) 

En el Antiguo Testamento, los rescates se habían pagado en parte “por la sangre de machos cabríos y de becerros” ofrecidos en el altar como una cubierta temporal por los pecados. Pero eso fue sólo hasta que el verdadero rescate podría ser pagado: “¿Cuánto más la sangre de Cristo, quien por el Espíritu eterno El mismo se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?” (Hebreos 9:14) 

Cuando pecamos intencionalmente, lo que significa que nuestra mente nos dice que no debemos hacerlo y lo hacemos de todos modos, estamos deliberadamente pisoteando la sangre del pacto de Cristo. Por lo tanto, tenemos que estar conscientes de lo que la Biblia nos ADVIERTE: ¿Cuánto mayor castigo piensan ustedes que merecerá el que ha pisoteado bajo sus pies al Hijo de Dios, y ha tenido por inmunda la sangre del pacto por la cual fue santificado, y ha ultrajado al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10:29) 

Si usted tiene un problema con el consumo de alcohol, uso de drogas, la pornografía, y siempre miente o lo que sea; ponte de rodillas y pídele a Dios que te perdone a través de la preciosa sangre derramada de Su Hijo. Pídele que te dé fuerzas para vencer el pecado y Él es fiel para hacer eso, pero usted debe estar dispuesto a hacer su parte también. 

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura (nueva creación) es; las cosas viejas pasaron, ahora han sido hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17) 

La verdadera salvación siempre trae una transformación espiritual. 

Recuerda esto, tenemos que caminar cerca del Señor en cada momento de nuestras vidas y aún más cuando nos estamos hundiendo y el enemigo nos está dominando. Busquen al Señor y Su fortaleza; Busquen Su rostro continuamente. (1 Crónicas 16:11) 

Mantenga su mente fija en Jesús y memorice este versículo hermoso y alentador: “No temas, porque Yo estoy contigo; No te desalientes, porque Yo soy tu Dios. Te fortaleceré, ciertamente te ayudaré, Sí, te sostendré con la diestra de Mi justicia.” (Isaías 41:10) 

Y recuerda lo que Pablo dijo a los Filipenses: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13) 

La obra de Dios en nosotros no termina cuando recibimos la salvación, simplemente acaba de empezar.

Posteado por: mvmspanish | julio 20, 2015

ESPERA EN JEHOVÁ – Salmo 27:14

Wait on the Lord (s)

“¡Espera en Jehová! ¡Esfuérzate y aliéntese tu corazón! ¡Sí, espera en Jehová!” (Salmo 27:14) 

Cuando esperamos en el Señor, esto significa que confiamos en Su tiempo, y sabemos que Él contestará nuestras oraciones. Tenemos que aprender a esperar en el Señor porque está escrito que Sus pensamientos no son nuestros pensamientos, ni Sus caminos son nuestros caminos (Isaías 55:8) y que Dios responderá en Su tiempo y para nuestro propio bien. Por lo tanto, nuestras oraciones pueden demorarse en llegar. Así que no debemos dejar que esto causa la desesperación en nuestras vidas. En su lugar, tenemos que aprender a ser paciente y esperar en Dios. 

Daniel tuvo que esperar pacientemente durante 21 días antes de recibir una respuesta a su oración y había una razón por la demora:

El ángel le dijo: “Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que he de decirte y ponte en pie, porque a ti he sido enviado ahora.” Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. 12 Entonces me dijo: “Daniel, no temas, porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. 13 Más el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. 14 He venido para hacerte saber lo que ha de sucederle a tu pueblo en los últimos días, porque la visión es para esos días.” (Daniel 10:11-14)

Así como Daniel esperó pacientemente tres largas semanas para recibir una respuesta, así también tenemos que esperar y confiar en Dios. 

Esperar es una de las cosas más difíciles para muchos de nosotros que vivimos en esta sociedad de ritmo rápido. No nos gusta esperar. Pero en nuestra vida espiritual, la espera es importante. Debemos confiar en el tiempo de Dios y esperar en Su intervención cuando nos enfrentamos a pruebas de la vida. Esto significa que tenemos un espíritu de expectativa confiada, y sabemos que nuestro Padre celestial orquesta todas las cosas para Su gloria. 

Por no esperar, estamos mostrando la falta de confianza en Dios, cuando en efecto Él tiene nuestro mejor interés y propósito en mente. 

En Lucas 18:1-8: “Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. Les dijo: «Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie. En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: “Hágame usted justicia contra mi adversario.” Durante algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: “Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie, como esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida imposible.”

Continuó el Señor: «Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Les digo que sí les hará justicia, y sin demora. No obstante, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?” 

Confiar y esperar en el Señor es una intensa actividad espiritual de un creyente nacido de nuevo. Esto significa que creemos que Dios cumplirá Sus promesas y nos suministrará con la paciencia que tenemos que esperar en Él. Recuerde lo que Pablo dijo: “Así que mi Dios les proveerá de todo lo que necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:19) 

Y el salmista dijo: “Espero al Señor, lo espero con toda el alma; en Su palabra he puesto mi esperanza.” (Salmo 130:5) 

Aquí tenemos una base para una vida exitosa. 

RÍNDASE, al Señorío de Jesús. 

CONFIE, que Dios te ama y quiere darte lo mejor de todo. 

OBEDEZCA, determine que va a hacer lo que Dios te dice que hagas. 

ORE, hasta que esté seguro de que Dios responderá a sus oraciones y satisface sus necesidades. 

No te adelante de Dios queriendo una respuesta inmediata porque cuando lo hace, usted siempre tiene que se conformar con menos de lo mejor que Dios tiene para usted.

Posteado por: mvmspanish | julio 13, 2015

CÓMO INCULCAR BUENOS VALORES EN SUS HIJOS – Proverbios 22:6

Proverbios 22 vs 6 (s)

“Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará.” – Proverbios 22:6 

Los padres deben infundir en sus hijos la importancia de ser siervos de Dios. ¿Casi todos los padres planean el futuro secular de sus hijos, pero cuánto énfasis se coloca en la preparación para su futuro en el reino de Dios? Mientras que muchos alientan a sus hijos a ser médicos, abogados, etc. ¿Cuántos de ellos los animan a planear en ser siervos de Dios, sirviendo como pastores, misioneros, maestros, diáconos o ancianos? 

¿Sus hijos ven en usted un gran respeto por el servicio a Dios y a la obra de la iglesia, o ven padres que son apáticos y no se involucran en las buenas obras, que uno debería estar haciendo en Cristo. La Biblia nos dice: “Porque somos hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las pongamos en práctica” (Efesios 2:10) y que Jesús “se entregó por nosotros para rescatarnos de toda maldad y purificar para sí un pueblo elegido, dedicado a hacer el bien.” (Tito 2:14) 

Así que echemos un vistazo a algunas de las formas en que debemos inculcar valores adecuados en los niños: 

  • Empiece la formación espiritual regular en su primer año de vida y continúe consistentemente a través de todos sus años de desarrollo. (Proverbios 22:6)
  • Dales su propia Biblia, incluso antes de que puedan leer. Los haga comenzar un hábito de la memorización y revisión periódica de importantes versículos de la Biblia.
  • Haga que sus primeros recuerdos incluyen las lecturas diarias de historias bíblicas y discusiones frecuentes de la palabra de Dios.
  • Muéstreles en todo momento que Dios es primero en todas tus prioridades y usted ora primero antes de tomar cualquier decisión importante.
  • Tenga un horario regular para “la devoción” como su familia y hable a menudo a sus hijos de las alegrías de servir a Dios.
  • Enséñales a orar.
  • Ayude a mantener su mente pura, controlando su lectura, lo que están mirando en la televisión o en sus computadoras y observe quiénes son sus amigos, recordando lo que la Biblia dice: No se dejen engañar: “Las malas compañías corrompen las buenas costumbres. (1 Corintios 15:33)
  • Mantenga su lenguaje puro al no permitir que usted o ellos de usar jamás lenguaje profano.
  • Enséñeles que la mentira es una de las peores cosas que jamás podrían hacer. (Apocalipsis 21:8)
  • Enséñeles la virtud del trabajo, dándoles responsabilidades diarias alrededor de la casa.
  • Instrúyales a no estar demasiado ocupado con actividades seculares de no tener tiempo para ayudar el próximo.
  • Instrúyales desde niños en principios de vestirse modestamente. (1 Corintios 6:19-20)
  • Sea responsable de discutir el tema de las relaciones sexuales y de la moralidad con sus hijos. Porque ellos o aprenderán acerca de esto de usted o del mundo.
  • Refuerce su enseñanza moral mediante el establecimiento de directrices específicas para salir con el sexo opuesto.
  • Inculque en sus hijos un fuerte deseo de mantenerse puro para la persona que algún día será su cónyuge.
  • Enseñe a sus hijos para salir sólo cono los que son moralmente recto y les inste a planear en casarse con un cristiano. Hágales saber lo que la Biblia dice: “No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad?” (2 Corintios 6:14)
  • Dedique el tiempo necesario para ser el principal maestro espiritual de sus hijos; más que el pastor, o el maestro de la escuela dominical, etc. Recuerde, usted tiene la responsabilidad principal de enseñar a sus hijos los caminos del Señor.

Si queremos que nuestros hijos crezcan para ser cristianos fieles y activos, tenemos que empezar con nuestros ejemplos, reforzándolo con nuestra enseñanza y aliento y luego continuar, en oración, para criarlos en disciplina y amonestación del Señor. 

Cuando los niños ven a sus padres y abuelos viviendo una vida caracterizada por obediencia amorosa a Cristo, el niño va a ser más propensos a hacer lo mismo. Este legado puede continuar durante generaciones y puede afectar a otros más allá de la familia. (2 Timoteo 3:15) 

Amado Padre celestial, nos guíe a ser un ejemplo de cómo inculcar valores correctos en nuestros hijos y nietos. Amén.

Posteado por: mvmspanish | julio 6, 2015

¿CÓMO SABES QUE USTED ES SALVO? – Gálatas 2:20

Gálatas 2 vs 20 (S)

¿Es usted alguien que dice: “Jesús es mi Señor”, “Creo en Dios”, “Yo amo a Jesús”? 

Mucha gente cree en hechos relacionados con Cristo. Ellos creen que Él es el Hijo de Dios y que Él murió en la cruz por los pecados del mundo. Pero ellos no Lo aman supremamente, ni están dispuestos a obedecerle y seguirle. Esto no es la verdadera fe en Cristo y nunca traerá la salvación. 

Si realmente has arrepentido, creído y recibido a Cristo, habrá evidencias definitivas de la salvación y de cambios en su vida. 

Una persona que es verdaderamente salvada tiene nuevos deseos. Mientras que en el pasado, no se preocupaban por las cosas del Señor, ahora las ama. La Biblia dice: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es: las cosas viejas pasaron; todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17) 

Cuando somos verdaderamente nacidos de nuevo, el Espíritu Santo viene a vivir en nosotros. Una cosa que Él hace es hacernos saber que Dios es verdaderamente nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos porque, “El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.” (Romanos 8:16) 

Uno de los primeros signos que una persona que es verdaderamente nacida de nuevo experimenta, es que hay cambios en su vida y que el fruto de la morada del Espíritu Santo es exhibido en su manera de vivir. 

En la Biblia, la palabra fruto se utiliza a menudo para describir acciones externas de una persona que se derivan de la condición del corazón. El buen fruto es lo que se produce por el Espíritu Santo. Gálatas 5:22 nos dice: el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. Cuanto más dejamos que el Espíritu Santo obre en nuestras vidas, más este fruto es evidente (Gálatas 5:16, 25). Jesús dijo a sus seguidores: “Yo los escogí a ustedes, y los designé para que vayan y den fruto, y que su fruto permanezca…” (Juan 15:16) 

Otra forma de saber es, que los verdaderos creyentes nacidos de nuevo quieren que otros experimenten la alegría y la paz que han encontrado en Cristo. Quieren compartir a Cristo con todo el mundo y aman a sus hermanos en Cristo. La Biblia dice: “Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, porque amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte.” (1 Juan 3:14) 

Si usted ha entendido completamente lo que significa creer en el Señor Jesucristo pero sin embargo, todavía no está seguro, hay una razón. La razón es que usted no está dispuesto a dar su corazón al Señor. Usted no está dispuesto a obedecerle. 

Jesús enfrentó y condenó a los hipócritas y fariseos cuando les dijo a sus caras; “¿Por qué ustedes Me llaman: ‘Señor, Señor,’ y no hacen lo que Yo digo?” (Lucas 6:46). Además, declaró que “ustedes son de su padre, el diablo.” (Juan 8:44) 

Jesús definió la prueba final para quien quiere ser un verdadero cristiano cuando declaró: “Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame.(Lucas 9:23) 

Para ayudarle a entender qué es lo que le impide ser salvado, considere cuidadosamente las siguientes preguntas: 

  • ¿Es algo más importante en su vida que Jesucristo?
  • ¿Hay algún pecado en su vida que usted no está dispuesto a renunciar?
  • ¿Está voluntariamente se manteniendo alejado de la comunión con otros cristianos?
  • ¿Está involucrado en una relación pecaminosa con alguien que no está dispuesto a renunciar?
  • ¿Está guardando amargura y rencor en su corazón contra alguien?
  • ¿Hay algún punto de orgullo que usted no está dispuesto a renunciar a fin de ser salvo?
  • ¿Ha cometido algún pecado en contra de alguien que usted no está dispuesto a hacer las paces?

Sea lo que sea en su vida, si usted no está dispuesto a obedecer a Dios, entonces significa que no se ha arrepentido. Usted no va a ser salvo a menos que cambie su actitud de corazón y se arrepiente. El Señor Jesús dijo: “… a menos que se arrepientan, todos pereceréis igualmente.” (Lucas 13:3) 

Las Escrituras nos dicen: Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados, 27 sino cierta horrenda expectación de juicio y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. (Hebreos 10:26-27) 

Cuando usted es salvo, eso no quiere decir que usted se convierte de inmediato perfecto o que ya no lucha con el pecado. Pero usted deja de participar en el pecado intencionalmente y desafiantemente. No se puede amar a Dios y amar a las cosas que Le afligen. 

Usted sabrá que es realmente salvo cuando usted puede regocijarse en lo que dijo el apóstol Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20) 

Un hecho absoluto es que la salvación siempre trae transformación y regeneración.

Posteado por: mvmspanish | junio 29, 2015

EMPEZANDO EL DÍA CON DIOS – Salmo 143:8

Salmo 143 vs 8 (S)

“Hazme oír por la mañana Tu misericordia, porque en Ti he confiado. Hazme saber el camino por donde ande, porque hacia Ti he elevado mi alma.” (Salmo 143:8) 

Nunca podremos ir mal cuando empezamos el día con Dios y seguimos la guía de Su Espíritu Santo. Por lo tanto, a medida que comenzamos a hacer los preparativos para el día, tenemos que recordar las palabras de Jesús: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4). Nuestras necesidades, en otras palabras, no son meramente físico, sino espiritual. El alimento para el alma es tan necesario como la comida es para el cuerpo. 

Disfrutando tiempo con Dios cada mañana requiere práctica y disciplina. Hay decenas de cosas que pueden tratar de alejarnos y nos distraer, pero debemos ignorarlos y hacer tiempo para el Señor. A menudo el enemigo trata de entrometerse en nuestras vidas, de modo que pensamos que no tenemos tiempo para la oración y a la meditación y nos engañamos a nosotros mismos cuando creemos que vamos a dedicar un tiempo más tarde para estar con Dios. 

Cuando comenzamos el día con Dios, Él nos envía en la dirección correcta, porque Él sabe lo que nos espera. Confiar en Él significa tomar tiempo con Él para establecer nuestro curso para el día de acuerdo a Su voluntad. 

El Salmista sabía que caminar con Dios estaba conectado inseparablemente a la ardua labor de la disciplina espiritual: “Por la mañana, Señor, escuchas mi clamor; por la mañana te presento mis ruegos, y quedo a la espera de tu respuesta.” (Salmo 5:3) 

Isaías escribió que el Señor “mañana tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos” (Isaías 50:4) 

Los cristianos, del mismo modo, deben regularmente recordarse que la piedad no sólo se produce. Hay una dimensión sobrenatural en la vida cristiana, pero a menos que el creyente permanece en Cristo como una rama permanece conectado a la vid, no puede producir fruto (Juan 15:4). En lugar del amor, de la alegría, de la paz y la paciencia, la persona que no logra mantener el hábito de la comunión con Dios, naturalmente manifiesta el egocentrismo, el cinismo, los conflictos y la impaciencia como las características dominantes de la vida. 

Tenemos que entender que para hacer frente a los desafíos, soportar las cargas, resistir a las tentaciones, resolver los problemas y cumplir con las responsabilidades a las que uno está expuesto a cada día sin antes acercarse a Dios estamos condenados al fracaso. 

Jesús, el Hijo de Dios con frecuencia se levantó temprano y se fue a un lugar solitario para orar (Marcos 1:35). De la misma manera, los seguidores de Jesús deben hacer un hábito de prepararse de antemano por las exigencias de cada día por comenzar en la comunión con el Padre, porque Él se deleita en escuchar las oraciones de los justos (Proverbios 15:8). Por lo tanto, debemos deleitarnos en la oportunidad de acercarnos a Él. 

En “el lugar secreto del Altísimo” (Salmo 91:1), es donde encomendamos las preocupaciones del día a Dios, pidiendo Su bendición, dirección y fuerza, para que Él sea glorificado en ya través de nosotros. 

Una vez que experimentamos el empoderamiento de comenzar nuestro día con Dios, nunca vamos a querer empezar lo sin Él, porque cuando estamos caminando en comunión con Jesús, todos que nos rodean pueden ser bendecido con la presencia amorosa del Espíritu Santo.

Posteado por: mvmspanish | junio 22, 2015

DIOS PERDONA NUESTROS PECADOS – 1 Juan 1: 9

Dios perdona - 1 Juan 1 vs 9

“Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.” (1 Juan 1:9) 

La Biblia enseña claramente que Dios ha hecho provisiones para el perdón de nuestros pecados. Sin embargo, hay muchas personas que tienen un tiempo muy difícil en creer que el perdón está disponible para ciertos pecados y decisiones que han tomado en su vida; por lo que siguen viviendo en un estado fragmentado porque los conocimientos de su conciencia mental y de su corazón no coinciden y la persona no puede aceptar el perdón de Dios. 

Para restaurar la intimidad con nuestro Padre es un aspecto muy importante del perdón, y es quizás mejor comprendido en la relación entre padre-hijo. Cuando un niño opta por hacer algo mal, un padre amoroso sólo necesita saber que el niño está realmente arrepentido por sus acciones para que la reconciliación y la intimidad sean restauradas. 

De la misma forma Dios quiere que nosotros asumamos la responsabilidad de nuestras acciones, reconocemos que nos hemos equivocado, cambiamos nuestra actitud y verbalizamos nuestro dolor con el fin de restablecer la intimidad con Él. 

Sin embargo tenemos que entender que a pesar de que hay perdón que también hay consecuencias. La Biblia nos enseña que lo que sembramos es también lo que cosechamos (Gálatas 6:7).  Para algunos, podría ser un efecto duradero en la salud de las consecuencias del abuso de alcohol o drogas. O puede ser una enfermedad de transmisión sexual que no tiene cura. Y para algunos puede ser algo muy diferente y tremendamente impenetrable que está enterrado en su alma, como haber tenido un aborto que nunca nadie supo. En cualquier caso, es tentador para la persona para interpretar consecuencias duraderas como una señal de Dios de juicio y rechazo. A pesar de que en muchos casos las personas tienen que vivir con las consecuencias de su desobediencia, nuestro increíble y amoroso Padre Celestial está siempre dispuesto a perdonarnos de todos nuestros pecados. 

Dios siempre está llamando a los pecadores y buscándolos, y les promete el perdón cuando verdaderamente se arrepienten. Es a causa de Su gran misericordia y gracia que Dios rescata al creyente del dominio de las tinieblas, que comenzó allá por el Jardín del Edén. Jesús vino a la tierra para restaurar nuestra relación con el Padre. Él extiende una invitación amorosa por el perdón de los pecados que sólo es posible a través de Su sangre derramada. Él dio su vida para que podamos vivir. Somos perdonados por causa de Su obediencia y sacrificio en la cruz, y por pagar nuestra tremenda deuda de pecado. 

En Romanos 3:24 leemos que todos somos “justificados gratuitamente por Su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” 

Para demostrar cómo nuestro Padre celestial quiere amar, aceptar y perdónanos cuando nos volvemos a Él, Jesús contó una parábola del hijo que malgastó su herencia y vivió una vida inmoral y cuando no había nada más, ni siquiera comida para comer, él decidió volver a casa. Su padre nunca renunció a él. “Entonces se levantó y fue a su padre. Cuando aún estaba lejos, lo vio su padre y fue movido a misericordia, y corrió y se echó sobre su cuello y lo besó.” (Lucas 15:20) 

Así es como nuestro Padre celestial nos ve, nos acoge, nos perdona y nos ama, incluso después de que hemos realmente hecho malas cosas, y luego volvemos a Él. Dios se mueve con compasión y nos recibe con los brazos abiertos. 

En Juan 8:3-11, se cuenta una historia donde una mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio y los escribas y los fariseos trajeron a esta mujer ante Jesús. Ellos querían apedrear a ella, sin embargo, Jesús les dijo: “El que esté libre de pecado entre vosotros, sea el primero en arrojar la piedra contra ella.” Cada uno de ellos fue condenado en su propia conciencia, y se alejó. Cuando Jesús y la mujer fueron los únicos que se quedaron, Él le dijo: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete y no peques más.”

E incluso mientras Jesús moría en la cruz, Él mostró compasión para el criminal que estaba colgado en la cruz junto a Él cuando confesó que merecía su castigo, y le pidió a Jesús, acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino. Y Jesús en toda Su misericordia le dijo: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43) 

Hay tantas historias hermosas de perdón en la Biblia y es el profundo deseo de Dios para ver que los pecadores se convierten a Él y reciben el perdón de sus pecados. ¡Hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente de sus malos caminos y se vuelve a Dios! (Lucas 15:10) 

Tenemos que entender que cuando nos convertimos en hijos de Dios, somos una nueva creación. Nuestro pasado ha sido borrado, y Él nos da una nueva vida. (2 Corintios 5:17) 

¡Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús! (Romanos 8: 1) ¡Porque Jesús no vino aquí para condenarnos, sino para salvarnos! (Juan 3:17) 

No sólo Dios perdona nuestros pecados, sino que también se olvida de nuestros pecados. ¡Él decide de no recordar nuestros pecados por Su propio bien! (Isaías 43:25) 

¡Cuando nuestros pecados son perdonados, se quitan de nosotros como está lejos el oriente del occidente! (Salmos 103:12) 

Se nos dice para no mira el pasado, pero avanzamos hacia el futuro. (Filipenses 3:13) 

Dios mismo no se recuerda de nuestros pecados, ¿entonces por qué lo hacemos? Si Él siente que es mejor olvidar, entonces ¿por qué seguimos recordando nos de ellos? Dios quiere que perdonemos a nosotros mismos y permitimos que la sangre de Jesús para limpiar nuestra conciencia de todo el mal que hemos hecho. (Hebreos 9:14) 

Por favor, recuerde que cuando Dios perdona, Él quita el pecado y restaura el alma. 

Debemos recordar que sin duda vamos a experimentar una transformación, un cambio de vida cuando verdaderamente entregamos nuestra vida a Jesucristo, porque, la verdadera salvación siempre trae TRANSFORMACIÓN. 

“Al que no conoció pecado, por nosotros Lo hizo pecado, para que nosotros seamos justicia de Dios en Él.” (2 Corintios 5:21)

Posteado por: mvmspanish | junio 15, 2015

EL CRISTIANO DEBE ANDAR DIGNO DE SU VOCACIÓN – Efesios 4:1

Efesios 4 vs 1 (S)

“Yo, pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.” (Efesios 4:1) 

El llamado del cristiano en Cristo es una alta vocación. Ya que nos anima a caminar de una manera digna de este llamamiento, nos corresponde hacer un estudio cuidadoso de la misma, para que nuestro estilo de vida no traiga reproche a Aquel que nos ha llamado. 

En primer lugar, el llamado es “de Dios” y es irrevocable (Romanos 11:29). Fuimos llamados “por Su gracia” (Gálatas 1:15) y “por la gracia de Cristo” (Gálatas 1: 6). Fuimos llamados “de las tinieblas” y “a Su luz admirable” (1 Pedro 2:9). Además, fuimos “llamados a ser santos” (Romanos 1:7). Él “nos ha llamado con un llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia” (2 Timoteo 1:9). Somos “participantes del llamamiento celestial” (Hebreos 3:1), y en respuesta, debemos proseguir a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:14). 

Los escritores del Nuevo Testamento mencionan muchas cosas a las que estamos llamados. Somos “llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor” (1 Corintios 1: 9). Somos “llamados a la libertad” (Gálatas 5:13) y ahora somos libres para “servirnos unos a otros,” a pesar de que significa aceptar la llamada al sufrimiento. Pues, “para esto fuisteis llamados, porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo para que sigáis sus pisadas” (1 Pedro 2:21). La “vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado” no puede venir con facilidad, ya que implica la “buena batalla de la fe” (1 Timoteo 6:12). Estamos llamados “a la gloria y la virtud” (2 Pedro 1: 3), incluso “su gloria eterna en Cristo Jesús” (1 Pedro 5:10), porque nosotros como verdaderos cristianos nacidos de nuevo somos “llamados hijos de Dios” (1 Juan 3:1). “Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección, porque haciendo estas cosas, jamás caeréis” (2 Pedro 1:10). 

Se nos ha ordenado para “buscar primero el Reino de Dios y su justicia.” (Mateo 6:33) 

Jesús a menudo expone a los fariseos por su actitud hipócrita y estilos de vida, ya que se consideraban muy “religiosos” en su comportamiento. Sin embargo, hacían todas sus obras para ser vistos por los hombres (Mateo 23: 5) y no para la gloria de Dios. Jesús y Juan el Bautista llamaron a los fariseos y maestros de la ley de  hipócritas, serpientes y una raza de víboras. 

La advertencia del Señor en Mateo 6:33 fue dado para enfocar Sus seguidores más allá de los deseos “normales” y las necesidades de su existencia física. Se espera que debemos mirar no a “las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:18). Y cuando estamos correctamente enfocados, “todas estas otras cosas nos serán añadidas” (Mateo 6:33). 

Nos convertimos en “esclavos” de esas cosas que “obedecemos.”  Y obedecemos lo que hemos “cedido” a nosotros mismos (Romanos 6:16). No es posible “servir a dos señores” (Mateo 6:24). Nuestros cuerpos físicos pueden o bien convertirse en “instrumentos” (armas) de la impiedad o de la justicia (Romanos 6:13). Así que o “andamos” conforme a la carne, o conforme al Espíritu (Romanos 8:4). 

Debemos persistentemente perseguir la piedad: “Pero tú, hombre de Dios, huye de estas cosas y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.” (1 Timoteo 6:11). Cuando somos verdaderamente nacido de nuevo nuestros “hombre nuevo” anhela a la justicia, y conscientemente rendimos a nosotros mismos para buscar y servir el reino de Dios, porque “con la mente yo mismo sirvo a la ley de Dios; pero con la carne a la ley del pecado.” Por lo tanto, “¡gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro!” (Romanos 7:25)

Nunca debemos ser flojos en nuestra diligencia, porque así que el que piensa estar firme, mire que no caiga (1 Corintios 10:12). 

 

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Posteado por: mvmspanish | junio 8, 2015

CRISTIANOS VERDADEROS OBECEN A DIOS – 1 Pedro 1:14-15

1 Pedro 1 vs 14-15 (s)

Como hijos obedientes, no se amolden a los malos deseos que tenían antes, cuando vivían en la ignorancia. 15 Más bien, sean ustedes santos en todo lo que hagan, como también es santo quien los llamó.” (1 Pedro 1:14-15) 

La evidencia innegable de un verdadero cristiano es una vida cambiada. Tenemos que recordar que si nosotros no cambiamos el modo en que vivimos, nuestro destino eterno también nunca cambiará. 

Cuando una persona viene con sinceridad a Jesucristo, esta relación transformará dramáticamente su vida. El cambio se verá de inmediato en algunas personas y en otras demorará más. Para aquellos cuyas vidas estuvieron caracterizadas por evidentes malos hábitos y una notable vida inmoral, el cambio en su estilo de vida mostrará a los demás que algo profundo ha ocurrido en su interior. Para otros, quienes no se han involucrado en pecados muy evidentes, el cambio puede no ser tan obvio, pero es igualmente significativo. Recuerda que todos nosotros estuvimos separados de Dios por el pecado, (Romanos 3:23) el cual fue perdonado en la cruz por Jesucristo. 

Nuestra conversión debe mostrarse tanto en fruto como en obras. Este concepto de “llevar fruto” se usa a menudo en la Escritura para describir los resultados de la entrega de una persona a Cristo. Si no llevamos fruto, demuestra que no hemos sido realmente transformados por la morada del Espíritu Santo y la sangre limpiadora de Cristo, o no Lo hicimos nuestro Señor y Salvador. 

Producir frutos no es una opción, es el resultado natural de una persona que entra en unión con Dios. A veces hay confusión en este asunto de llevar frutos u obras. Pero la Biblia nos aclara esto. (Romanos 7:4; Efesios 2:10; Mateo 7:21-23) 

Una vida cambiada comienza con obediencia a Dios. Cuando decidimos seguir a Dios, un cambio fundamental toma lugar y hay tremendo gozo (Gálatas 5:22). Debemos realizar que aunque las penas vengan a la vida del creyente, el Espíritu Santo le dará un gozo y una paz que no le podrán ser quitados.

Por ejemplo, cuando rendimos nuestra conducta pecaminosa a Dios, Él remplaza nuestro pecado con perdón y una conciencia limpia. El propósito de nuestra vida se convierte en agradar a Dios y Le honramos en todo lo que decimos, pensamos y hacemos. 

Nosotros reconocemos que somos una nueva creación cuando comprendemos lo que Dios ha hecho en nuestra vida y la obediencia se torna más un deseo que un simple deber (2 Corintios 5:14-17). Cuando obedecemos a Dios nuestros pensamientos efectúan nuestras acciones (Colosenses 3:1-4). 

Tenemos que estar informados que una vez que somos seguidores de Cristo, que Satanás no está contento y va a tratar de apartarnos del camino, tentándonos a desobedecer la Palabra de Dios. Tenemos que nos recordar que pecamos cuando cedemos a la tentación, pero que Dios ha prometido que Él siempre proveerá una puerta de escape (1 Corintios 10:13). 

Cuando algunas personas pecan y se rebelan contra Dios dicen “el diablo me hice hacerlo,” esto es una mentira, el diablo hizo una sugerencia a su naturaleza pecaminosa y usted votó para el diablo y el pecado – ahí es cuando la justicia pierde la elección. 

Algunas personas miran la vida cristiana y dicen. “¡Vivir de esta manera es demasiado difícil!” Si es verdad, no es fácil ser cristiano, de hecho, es imposible sin la ayuda de Espíritu Santo.  

El cristiano verdadero tiene el deseo de vivir cada día con fe, porque el Espíritu Santo nos ayudará a comprender las verdades de la Escritura y el carácter de Dios (Juan 16:13-15). Y Él nos dará gran valentía y habilidad para vivir y compartir nuestra fe (Hechos 1:8). 

Cuando compartimos nuestra fe esto produce gozo. Aunque el trabajo de traer gente a Cristo es obra difícil, el resultado final te dará un regocijo digno de celebrarse (Juan 4:36). 

Como cristiano, uno de los cambios más dramáticos en nuestra vida debe ser la manera en que utilizamos nuestro tiempo. Nuestros planes y ambiciones en la vida deben ser diferentes. Después de todo, no debemos vivir para nosotros mismos sino para Dios. 

Podemos saber cuáles son nuestras prioridades cuando nos preguntan: ¿Qué es más importante para mí? – ¿En qué pienso en la mayoría del tiempo? – ¿Cómo invierto mi tiempo? – ¿En lo que es que gasto la mayor parte de mi dinero? – ¿Qué tipos y formas de entretenimiento me agradan – videos, películas, música, libros, chistes, etc.? 

Nuestro tiempo en la tierra es corto, así que debemos pídele ayuda a Dios para invertir nuestro tiempo en cosas que tienen valor (2 Timoteo 4:5-8). 

Y por último, como cristianos es muy importante recordar que somos un representante de Cristo. Una de las formas más visibles en que podemos Lo representar es con nuestra manera de hablar o con nuestras conversaciones. Así que: 

  • Piensa antes de hablar. Cuando mides tus palabras demuestras que eres una persona sabia y cuidadosa (1 Timoteo 4:12) 
  • Controla tu lengua. Cuando aprendas a controlar tu lengua usted también aprenderá a controlar otros aspectos de tu vida (Santiago 3:1-12) 
  • Refrena la vana palabrería. Somos responsables de cada palabra vana que hablamos (Mateo 12:35-37) 

Como cristianos el Señor debe ser siempre el centro de nuestra atención. 

Así que no nos fijamos en lo visible sino en lo invisible, ya que lo que se ve es pasajero, mientras que lo que no se ve es eterno. (2 Corintios 4:18)

 

Posteado por: mvmspanish | junio 2, 2015

ANTES SED BONDADOSOS UNOS CON OTROS – Efesios 4:32

Efesios 4 vs 32

“Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” – Efesios 4:32 

¿Alguna vez ha sido tratado injustamente por alguien? ¿Me refiero a algo que realmente duele? Esto ocurre, probablemente, a todos nosotros al menos una vez en nuestras vidas. El dolor se agrava cuando alguien cercano a nosotros es el culpable, como un miembro de la familia, un amigo o un compañero cristiano. 

Las reacciones humanas naturales pueden ser la venganza, la ira, la amargura o incluso la decepción. A menudo nos protegemos por apartarnos del infractor. 

Muchas veces, cuando la víctima ha sufrido un trauma, el abuso y el estrés emocional, es importante que la víctima permanezca separada del agresor durante largos períodos de tiempo y, a veces incluso de forma permanente. 

Esperando que el transgresor haga la paz es generalmente inútil. El malhechor no se da cuenta del daño que ha hecho a través de sus palabras o acciones, o que simplemente no le importa. Nuestro sufrimiento no significa nada para el transgresor. No le importa y el herido termina llevando el dolor. 

Jesús advirtió que muchos abusadores tienen corazones extremamente endurecidos y nunca pueden experimentar ninguna empatía o compasión por sus víctimas. 

El Señor Jesús nos enseñó con Su ejemplo cómo perdonar. Él dijo, mientras estaba colgado en la cruz muriendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34) 

Como cristianos nacidos de nuevo, tenemos que acercarnos a los que han pecado contra nosotros con una actitud de gracia, cautela y santa sabiduría que sólo el Espíritu Santo nos puede proporcionar. 

Dios nos ha dicho que perdonemos nuestros abusadores y agresores. Sin embargo, Él nunca nos mandó a olvidar que todavía tienen la capacidad y tal vez el motivo para dañarnos otra vez. Sólo el Espíritu Santo puede revelar a nosotros cuando es seguro para nosotros expresar un cierto grado de confianza hacia nuestros transgresores. Incluso Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque los conocía a todos; 25 y no necesitaba que nadie le explicara nada acerca del hombre, pues él sabía lo que hay en el hombre. (Juan 2:24-25) 

Perdonamos a los demás porque nosotros mismos hemos sido perdonados. El perdón es la liberación de nuestra ira y la condenación a favor de estas cosas: 

El perdón significa, 

  • Orar por aquellos que tienen malas intenciones contra nosotros (Mateo 5:44),
  • Ser lleno de amor que es posible sólo cuando realmente permanecemos en Cristo (Salmo 86:5),
  • Nunca vengar a nosotros, pero dejarlo en las hábiles manos de Dios (Romanos 12:18-19). Sin embargo, tenemos el derecho dado por Dios para protegernos a nosotros mismos, a nuestros niños y personas inocentes que no pueden protegerse a sí mismos de los infractores.
  • Hacer el bien a aquellos que nunca hacen el bien para nosotros (Lucas 6:27 -28),
  • Observar nuestra propia vida y asegurar que no somos culpables de los mismos pecados que han sido cometido contra nosotros (Lucas 17:3).

Aunque la Biblia está llena de historias, parábolas y palabras sobre el perdón, la esencia de la cuestión es que no siempre será fácil perdonar. La gente hacen cosas terribles uno al otro y a veces el “perdón” no restablecerá la relación. Esto es especialmente así, si la persona que esta mal no se arrepiente y no está dispuesta a cambiar. Por lo tanto, aunque puede ser difícil perdonar inmediatamente, tenemos que pensar en el hecho de que no importa lo que se ha cometido contra nosotros, porque se ha cometido contra Dios mil veces más.

Gente de todas partes, incluso cristianos bien intencionados, tienen una manera de hacernos daño basado en lo que ven y piensan. Nos miran a través de sus ojos y su perspectiva y no a través del corazón puro de Dios. A veces, hacemos lo mismo para los demás. Juzgamos a alguien por lo que hemos oído, por lo que hemos vivido y lo que sentimos – aunque sabemos que todos estos pueden fácilmente engañarnos. 

Nunca podemos ir mal cuando seguimos el Espíritu Santo. En Dios es donde podemos encontrar nuestro verdadero valor y validación. No podemos permitir que nadie, ni siquiera nuestros propios pensamientos o dolor, nos separe del amor del Padre. Tenemos que perdonar a aquellos que tratan de juzgarnos, aceptar a aquellos que intentan rechazarnos y amar a aquellos que tratan de ignorarnos. Jesús nos enseñó qué hacer en cada circunstancia. Él es el ejemplo y nosotros somos Sus seguidores. 

La Biblia nos dice: “Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32). Nuestro objetivo como cristianos es imitar a Cristo. Él nos perdonó, lo que significa que podemos perdonar a los demás. Podemos hacer esto porque la deuda ha sido pagada.

Jesús nos recuerda a otra importante razón para perdonar. “Por tanto, si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; 15 pero si no perdonáis sus ofensas a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas” (Mateo 6:14-15). El perdón es para nuestro beneficio. Experimentamos el perdón en proporción directa a nuestra disposición a perdonar a los demás. El Señor quiere que vivamos una vida bendecida por Él. No debemos permitir que esas bendiciones sean obstaculizadas por vivir en la amargura y el resentimiento hacia los demás.

Hay muchos tipos diferentes de “ofensas” que nos enfrentamos en nuestras vidas, y en vez de atacar con ira (Proverbios 29:11) o buscando venganza (Levítico 19:18), nosotros deberíamos estar tratando de compartir el amor de Dios y estar dispuestos a perdonar.

Jesús nos enseña claramente que debemos de asumir la responsabilidad por el conflicto relacional que hemos causado. En primer lugar, tenemos que reconciliarnos. ¿Cómo podemos acercarnos al Señor cuando hemos descuidado el daño entre nosotros y los demás? Dios no recibe nuestra adoración si Él sabe que no tenemos la menor intención de amar al próximo. Podemos engañar a los demás; pero nosotros no Lo podemos engañar. 

Tenemos que pedir la ayuda de Dios cuando buscamos el perdón y luego lo seguimos incondicionalmente, porque no hay ningunas relaciones duraderas sin ello. 

Sólo aquellos que han sido lavados en el perdón de Dios a través de Cristo, pueden comenzar a desarrollar los hábitos de un corazón perdonador. 

Oración: Señor, tú sabes cómo hemos sido heridos por los demás, y cómo hemos herido a otros también. Danos tu Espíritu de perdón para que podamos perdonar al igual que el Señor nos ha perdonado. Amén.

Santiago 4 vs 7-8

“Por tanto, someteos a Dios. Resistid, pues, al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios, y El se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores; y vosotros de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, lamentad y llorad; que vuestra risa se torne en llanto y vuestro gozo en tristeza. 10 Humillaos en la presencia del Señor y El os exaltará.” (Santiago 4:7-10) 

El mundo tiene muchas formas de resolver los conflictos, pero, invariablemente, dejan a Dios fuera. Dios nos dice que Sus caminos no son los de nosotros, (Isaías 55:8-9). Sus caminos son mucho más altos que los nuestros. Si queremos la paz verdadera y duradera en nuestras relaciones, entonces tenemos que resolver los conflictos de la manera de Dios. 

Su manera para resolver los conflictos es principalmente nuestra relación con Él. Cuando nuestras maneras Lo complacen, entonces tenemos una base para resolver los conflictos con los demás (Proverbios 16:7).

En Santiago 4:1, él pregunta, “¿Cuál es la fuente de disputas y conflictos entre ustedes?” Y él va a demostrar que la fuente es el egoísmo. Así que para resolver los conflictos debemos arrepentirnos de nuestro egoísmo pecaminoso y humillarnos ante Dios. Por lo tanto, tenemos que: 

  • Juzgar nuestros motivos egoístas (4:1-3).
  • Salir de todo adulterio espiritual y humildemente implorar la gracia de Dios (4:4-6).
  • Someterse a Dios, resistir al diablo, y arrepentirse de todo pecado (4:7-10).
  • Dejar de juzgar a los demás y someterse a la Palabra de Dios (4:11-12).

Santiago se centra especialmente en someterse a Dios, resistir al diablo, y arrepentirse de todo pecado. Proverbios 3:34 nos dice: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes”. No debemos abandonar la sabiduría de Dios porque nos protegerá (Proverbios 4:6) y Santiago continúa diciendo: “Humillaos en la presencia del Señor y El os exaltará.” (Santiago 4:10)

El contexto general de Santiago 4:7-10 se trata de resolver los conflictos y aprendemos de él sobre cómo  resolver los conflictos de la manera de Dios, que se ocupa de nuestros corazones ante Él. Nuestro conflicto con Dios es la mayoría de las veces detrás de los conflictos con los demás. Por tanto, la primera y más importante acción que debemos tomar en cualquier conflicto es que tenemos que estar bien con Dios. 

Santiago nos dice que debemos someternos a Dios incondicionalmente (Santiago 4:7); para acercarnos a Dios (Santiago 4:8); y, para humillarnos delante de Dios. (Santiago 4:10) 

Tenemos que someternos humildemente e incondicionalmente a la Santa Palabra de Dios y aceptar Su disciplina sobre nosotros. La disciplina de Dios puede ser muy intenso sobre la gente; siempre se basa en cómo rebelde y orgullosa permanecen; incluso cuando se enfrentan a los maestros ungidos de Dios. 

Hay muchas cosas en nuestras vidas que nos suceden que no son especialmente agradables o de nuestro agrado. Puede ser la muerte prematura de un ser querido. Podría ser un trato injusto en el trabajo o en la escuela, o quizás tuvimos padres abusivos. En el contexto de Santiago 4, puede ser una persona difícil en nuestra vida que siempre está tratando de provocar conflictos. La lista de posibilidades es interminable. 

El orgullo es el núcleo de toda desobediencia a Dios y de casi todos los conflictos relacionales. Si Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes (Santiago 4:6), a continuación, queremos asegurarnos de que no estamos haciendo a nosotros mismos ¡oponente de Dios! – El orgullo siempre va a dividir. 

El tema que Dios humilla a los soberbios y exalta a los humildes, recorre toda la Escritura (1 Samuel 2: 4-8; Job 42:6, 42:10-17; Salmos 34:18; Proverbios 3:34; Isaías 57:15, 66: 2; Mateo 23:12; Lucas 18:14; 1 Pedro 5:6). En el contexto de lidiar con los conflictos relacionales, el apóstol Pablo nos dice que debemos imitar al Señor Jesús, el ejemplo supremo de Uno que se humilló y fue exaltado por Dios (Filipenses 2:8-9). 

La clave para desarrollar la humildad bíblica es en la frase, “delante del Señor” (Santiago 4:10). ¡Sólo aquellos con corazones endurecidos podrían ser orgullosos en la presencia del Señor! Por lo tanto, el primer paso para resolver los conflictos relacionales es someterse a Dios, que incluye acercarse a Él y humillarnos delante de Él. No existe tal cosa como “santidad orgullosa. 

El siguiente paso para resolver los conflictos es resistir al diablo (Santiago 4:7). Aunque a menudo Satanás no tiene por qué implicar a sí mismo, sus fuerzas demoníacas muchas veces ayuda a agitar nuestros conflictos y ¡nuestra carne parece incitar a ellos sin ningún tipo de ayuda extra! Aunque sería presuntuoso para ver un demonio detrás de cada pelea, también es ingenuo para pensar que los demonios no están involucrados. Muchas de las peleas son fomentadas por la posesión demoníaca, y están basadas en el orgullo. Las personas orgullosas que son influenciadas por demonios siempre insisten en que tienen razón y todo demonio en el infierno está deseoso de reforzar su pensamiento. 

El diablo, Satanás, que significa “adversario” es un mal ángel caído que está en contra de Dios y Su pueblo, siempre listo para acusar o calumniar a ellos (Zacarías 3:1-2; Apocalipsis 12:10). A pesar de que no somos rival para Satanás en nuestras propias fuerzas, podemos pedirle al Señor en busca de ayuda como el poderoso Arcángel Miguel hizo “¡El Señor te reprenda!” Porque, “Dios es nuestro refugio y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.” (Salmo 46:1) 

Para resolver los conflictos necesitamos arrepentirnos de todo pecado. “Acercaos a Dios, y El se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores; y vosotros de doble ánimo, purificad vuestros corazones. Afligíos, lamentad y llorad; que vuestra risa se torne en llanto y vuestro gozo en tristeza” (Santiago 4:8-9). Santiago está hablando de un arrepentimiento sincero y profundo. 

Aquellos que Santiago se enfrentó habían llegado a ser amigos con el mundo y muchos eran hijos del diablo.  Y en el mundo se encuentra la alegría y el placer en las cosas que no sea de Dios, o haciendo caso omiso y desobedeciendo a Dios. 

Las palabras de Santiago muestran que hay un elemento emocional al arrepentimiento genuino. No es sólo una excusa, “Siento que le he ofendido”. O, “Siento que estás molesto” – lo que implica, “¡es tu culpa!” Cuando estamos verdaderamente arrepentidos, aceptamos toda la responsabilidad por nuestro pecado y el daño que hemos hecho. Nosotros no lo justificamos como un descuido. Lamentamos y lloramos sobre cómo hemos ofendido a Dios, deshonrado a Su nombre y cómo herimos a nuestro hermano o hermana en Cristo. 

Para verdaderamente experimentar la alegría de los pecados perdonados, primero tenemos que sentir el dolor de los pecados. “Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.” (Mateo 5:4) 

Nosotros no podemos sentarnos pasivamente y esperar por una resolución de un conflicto a suceder espontáneamente. Santiago da diez comandos activos: ¡Sométase a Dios! ¡Resista al diablo! ¡Acérquese a Dios! ¡Limpie tus manos! ¡Purifique tu corazón! ¡Aflígete! ¡Lamente y llore! ¡Deje que tu risa se convierta en llanto y vuestro gozo en tristeza! ¡Humíllate! 

El camino de Dios para resolver los conflictos es a someterse a Él, resistir al diablo, arrepentirnos de todo pecado y hacer restitución sincera a todas nuestras víctimas y todos los que hemos lastimado.

 

 

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