Posteado por: mvmspanish | septiembre 14, 2017

¿ESTÁ DIOS INTENTANDO OBTENER SU ATENCIÓN? – Hebreos 12:11

Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. (Hebreos 12:11) 

La disciplina y el castigo de Dios es un tema que todos los cristianos deben aprender, porque tarde o temprano la mayoría probablemente descubrirá lo que significa ser disciplinado por el Señor. 

Cuando comenzamos a vagar del camino que Dios nos ha fijado, Él tomará todo tipo de medidas para captar nuestra atención disciplinando nuestro comportamiento rebelde y pecador para protegernos de gran daño. 

Según la Biblia, el castigo del Señor es generalmente considerado doloroso y desagradable (Hebreos 12:11), destinado a ser una “reprimenda” para cambiar el comportamiento de uno. En el Antiguo Testamento, las tribulaciones de los hijos de Israel, incluyendo la derrota de los ejércitos enemigos, a menudo se refieren como castigo por el pecado y la rebelión (Deuteronomio 11:2). Pero el propósito de castigar no es destruir (Salmo 118:18), sino llevar al arrepentimiento (Jeremías 31:18-19) y restaurar la bendición de Dios (Salmo 94:12). 

El castigo no es algo malo. Aunque desagradable, la disciplina es vital en la vida de un verdadero creyente que está en rebelión a Dios y los mandamientos de la Biblia. Es la corrección y disciplina de un amoroso Padre Celestial hacia Sus hijos. Dios nos ama como un padre; por lo tanto, nuestra conducta pecaminosa hace necesario que Dios nos discipline con dolor espiritual, mental, físico y con pérdidas financieras. La Biblia dice: “Hijo mío, no hagas caso de la disciplina del Señor, y no te desanimes cuando te reprenda, porque el Señor disciplina al que ama, y castiga a todos los que acepta como a su hijo” (Hebreos 12:5-6). 

A medida que envejecemos, reconocemos que la disciplina de nuestros padres era un medio necesario para mantenernos fuera de problemas; y empezamos a darnos cuenta de que nos corregían no porque les gustara, sino porque nos amaban. 

La Biblia dice: “… tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? 10 Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad (Hebreos 12:9-10). 

Dios quiere lo mejor para nosotros. Por esta razón, Él nos disciplinará si persistimos en el pecado, y administrará la corrección si deshonramos Su nombre y Sus mandamientos que están en la Biblia. Él dice, “Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso, y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:19). 

Ustedes pueden preguntar: ¿Cómo castiga Dios a Sus hijos? Este es un asunto personal con cada individuo. Muchas veces Él levantará Su mano de bendición y permitirá que la dificultad, el dolor físico y el problema lleguen, no para destruirnos, sino para humildemente traernos de rodillas en arrepentimiento. 

Algunas personas tienen una tendencia a exhibir un espíritu continuamente desobediente y rebelde; por lo tanto, estas personas pueden tener que ser constantemente castigado con pérdidas y dolor a veces crónico para evitar que arruinen sus vidas y causen más deshonra a nuestro Dios santo. 

Cuando llega el castigo, será acompañado por la convicción de nuestro pecado y rebelión. Dios nos invita a venir a Él en arrepentimiento y humildad, para que Él pueda restaurar Sus bendiciones. Como es sabiamente escrito: “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia” (Proverbios 28:13). 

¿Está Dios tratando de llamar tu atención? ¿Cuánto dolor y pérdida tendrá que soportar hasta que entregue totalmente su espíritu desobediente a Él y comience a obedecer Su Santa Palabra? 

Cuando comenzamos a vagar del camino que Dios nos ha fijado, Él tomará todo tipo de medidas para captar nuestra atención y protegernos del daño. Él tiene una gran variedad de maneras de ayudarnos a prestar atención, y aquí están algunos de ellos: 

Un Espíritu Inquieto – A veces Dios obtiene nuestra atención al hacernos inquietos – Proverbios 15:16 nos dice: “Mejor es lo poco con el temor de Jehová, que el gran tesoro donde hay turbación.” Si usted experimenta inquietud y las cosas no van bien, deténgase y ore: “Señor, ¿estás tratando de decirme algo?” 

Convicción que viene Directamente de la Biblia. Dios llama nuestra atención cuando leemos atentamente la Biblia porque es nuestra guía y modelo para vivir una vida de paz, libertad y victoria. Debemos ser sensibles al Espíritu Santo cuando leemos la Biblia, para que Él pueda guiarnos cuando deseamos ser más parecidos a Cristo. 

Una Palabra Hablada – Dios también obtiene nuestra atención usando las palabras de otros. El Señor dio un mensaje al joven Samuel y al sacerdote anciano, Elí, por este método (1 Samuel 3:4-18). Si varias personas en un corto lapso de tiempo empiezan a decirle lo mismo, entonces pregunte al Señor si Él está tratando de hablar con usted a través de ellos. 

O de una Manera Inusual – Dios podría llamar nuestra atención en una serie de formas muy inusuales, dependiendo de la severidad de nuestra terquedad y de la persona demasiado auto-suficiente que podríamos ser. 

Pero recuerde que no importa qué método Él usa, está tratando de llamar nuestra atención porque Él nos ama. 

El Padre siempre sabe exactamente dónde estamos en nuestro camino de fe y precisamente lo que es necesario para llamar nuestra atención. Así que manténgase alerta y cuando empiecen a ocurrir las cosas, pregúntele lo que Él está tratando de decirle, y luego escuche…y no simplemente escuche, sino obedezca. Y no seáis como los que Isaías habló en el capítulo 29:13 donde “El Señor dice: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado.”

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Posteado por: mvmspanish | septiembre 7, 2017

¿QUÉ SIGNIFICA OBEDECER A DIOS? – Filipenses 2:8

Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Filipenses 2:8) 

La obediencia a Dios es una parte esencial de la fe cristiana. Jesús mismo fue obediente hasta la muerte, incluso la muerte en una cruz. 

La Biblia dice que mostramos nuestro amor por Jesús al obedecerlo en todas las cosas: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Y a los que no obedecían, preguntó: “¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46). 

La obediencia se define como “cumplimiento respetuoso o sumiso a los mandamientos de uno en autoridad”. Y cuando examinamos esta definición en mayor detalle, vemos los elementos de la obediencia bíblica. 

  • Cumplimiento Respetuoso – significa que es nuestra obligación obedecer a Dios, así como Jesús cumplió Su deber al Padre, muriendo en la cruz por nuestros pecados.
  • Sumiso – indica que cedemos nuestras voluntades a la de Dios.
  • Mandamientos – habla de las Escrituras en que Dios claramente delineó Sus instrucciones y, finalmente,
  • De uno en autoridad, que es el mismo Dios, cuya autoridad es total e indiscutible.

Por lo tanto, para el cristiano, la obediencia significa cumplir con todo lo que Dios ha ordenado. Es nuestro deber hacerlo; sin embargo, es importante recordar que nuestra obediencia a Dios no es solamente una cuestión de deber; le obedecemos porque le amamos (Juan 14:23). 

Debemos tener cuidado en reflejar una apariencia de obediencia para enmascarar un corazón pecaminoso. Vivir la vida cristiana no es todo sobre reglas. Los fariseos en el tiempo de Jesús siguieron implacablemente actos de obediencia a la Ley, pero se volvieron hipócritas, creyendo que merecían el cielo a causa de lo que habían hecho. Ellos se consideraban dignos ante Dios, que les debía una recompensa; sin embargo, la Biblia nos dice que, sin Cristo, hasta nuestras obras más justas son como “trapos de inmundicia” (Isaías 64:6). 

Isaías también menciona las leyes hechas por el hombre donde él escribe: “El Señor dice: Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Su adoración no es más que un mandato enseñado por hombres” (Isaías 29:13). 

La obediencia externa de los fariseos carecía de verdadera sumisión, y Jesús expuso su actitud de corazón. Su hipocresía consistía en obedecer la “letra de la ley” mientras violaban el espíritu de la ley, y Jesús les reprendió duramente: ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados. Por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre. 28 Así también ustedes, por fuera dan la impresión de ser justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad. (Mateo 23:27-28). Los fariseos eran obedientes en algunos aspectos, pero “descuidaron los asuntos más importantes de la ley” (Mateo 23:23). 

Hoy, no estamos llamados a obedecer la Ley de Moisés, que fue cumplida en Cristo (Mateo 5:17). Debemos obedecer la “ley de Cristo”, que es una ley del amor (Gálatas 6:2, Juan 13:34). Jesús declaró que los mayores mandamientos de todos son: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37-40). 

Si amamos a Dios, le obedeceremos. No seremos perfectos en nuestra obediencia, pero nuestro deseo es someternos al Señor y demostrar buenas obras. Cuando amamos a Dios y le obedecemos, naturalmente tenemos amor el uno por el otro. La obediencia a los mandamientos de Dios nos hará luz y sal en un mundo oscuro, insípido y malvado (Mateo 5:13-16). 

Usted podría preguntar: “¿Por qué es tan importante la obediencia a Dios?” 

Porque es absurdo desobedecer a Dios y es una locura adorar a cualquier dios, excepto nuestro Dios Todopoderoso. 

La obediencia demuestra nuestro amor por Dios (1 Juan 5:2-3), demuestra nuestra fidelidad a Él (1 Juan 2:3-6), lo glorifica en el mundo (1 Pedro 2:12), y abre avenidas de bendición para nosotros (Juan 13:17). 

La fe es necesaria para agradar a Dios (Hebreos 11:6), y si nuestra fe es genuina y verdadera, viviremos un estilo de vida caracterizado por la justicia, modelando el ejemplo que nos ha dado Jesucristo. Obedecemos Sus mandamientos, no porque tengamos que hacerlo, sino porque queremos, porque lo amamos. Estamos capacitados para obedecer porque, una vez que creemos en Cristo y somos salvos, somos hechos nuevos. No somos la misma persona que una vez fuimos: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17). 

Cuando obedecemos al Señor, podemos vivir una vida de alegría, sin vergüenza, arraigada profundamente en Él y confiada en nuestra esperanza eterna. “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17). Nuestra obediencia es realmente parte de nuestra seguridad de que realmente conocemos a Dios (1 Juan 2:3). 

Cuando los hijos de Dios obedecen a su Padre Celestial, Él es glorificado. Jesús nos dijo que el plan es que los demás “vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Por supuesto, realizar “buenas obras” requiere obediencia a Aquel que nos llama a las buenas acciones. El testimonio de santidad de un cristiano es un fuerte testimonio de que Dios está obrando en el mundo. 

“Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, y que anda en sus caminos” (Salmo 128:1). La Biblia muchas veces nos dice que Dios bendice y recompensa la obediencia. Santiago 1:22, 25 dice: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos…. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. 

Dios es perdonador. Si no hemos estado viviendo para Él, si no hemos estado siguiendo Sus mandamientos, si hemos estado viviendo en y para el mundo, podemos ser transformados por la sangre de Jesucristo. Podemos pedir perdón a Dios, y Él lo dará, y olvidará nuestro pecado, como si nunca lo hubiéramos cometido. Dios es glorificado cuando concede perdón, porque está escrito: “Pondré mis leyes en sus corazones, y las inscribiré en sus mentes,…Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades.” (Hebreos 10:16-17).

 

 

Posteado por: mvmspanish | agosto 30, 2017

ADVERTENCIAS DE PABLO PARA LOS ÚLTIMOS DÍAS – 2 Timoteo 3:1-4

También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios. (2 Timoteo 3:1-4) 

Observando a las personas y la juventud de hoy, y considerando el lado oscuro de su cautivación con la tecnología y medios digitales, podemos preguntarnos si estamos llegando cerca de la generación que Pablo describe en estos versículos. En realidad, debemos preguntar – ¿ya estamos allí? 

El crecimiento de la tecnología que está causando cambios rápidos en nuestra cultura podría haber sido un tema abordado por Jesús hace miles de años, cuando habló con sus discípulos sobre señales del fin de los tiempos (Mateo 24:15, Apocalipsis 13:14). En Marcos 13:12, Él también profetizó sobre un momento en que los hijos se rebelarán contra sus padres, hasta el punto de causar la muerte. 

El mensaje de Pablo fue que Dios es Soberano; dando la advertencia a una generación futura del crecimiento del conocimiento, de la ciencia y de la tecnología por venir. 

Habrá gente amadores de sí mismos, estas personas estarán llenas de egoísmo. El amor propio es orgullo y es la raíz de toda maldad. Es un desprecio total por Dios. Está bien si amamos a nosotros mismos como la creación de Dios, pero esta escritura está hablando de personas que aman sus estilos de vida pecaminosos y, en verdad, están venerándose a sí mismos, en vez de adorar humildemente a nuestro Creador y Dios Todo-Poderoso. 

Nunca en la historia de la humanidad, la sociedad ha estado tan motivada por la auto-gratificación. Esta es la generación de “lo que hay para mí”; ya sea en el trabajo, en la iglesia o dondequiera que la oportunidad pueda presentarse. 

La gente estará llena de avaricia y serán “amantes del dinero”. El rechazo de negarse a sí mismo ya ha aumentado una deuda enorme a nuestra sociedad. Los cristianos lamentan que ellos “no pueden dar” diezmos a la iglesia o dar a las misiones. La razón es que ellos son amantes de sí mismos y del dinero, y compran demasiadas cosas con crédito que ni siquiera pueden pagar. 

La gente será vanagloriosa, soberbia, blasfema. Son autosuficientes y arrogantes, no necesitan a nadie y especialmente no necesitan a Dios en su vida. 

Las personas serán desobedientes a los padres, serán ingratos, impíos y no se molestarán con las cosas de Dios. El Señor reveló a Pablo un futuro, cuando la unidad familiar se desmoronaría. 

Mirando hacia el futuro, el apóstol Pablo escribió sobre los días en que una generación como zombis crecería para ser absorbida por sí misma, sin cariño natural y despreciable con los padres. Él advirtió sobre “tiempos peligrosos” en los últimos días. 

La desagregación de la disciplina en la familia, el comportamiento ingrato de niños malcriados e indisciplinados que inevitablemente siguen, y la gran maldad que inevitablemente deriva de tales condiciones son características de la historia actual de nuestro tiempo. 

Pablo continúa con el colapso total de la sociedad: La gente será sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios.

Finalmente, no habrá reglas, ni absolutos morales, ni restricciones de ningún tipo. Cada hombre hace lo que es justo en sus propios ojos, y ¡ay de la persona que se atreve a cuestionar su “elección de estilo de vida”!

La enseñanza de Pablo es que la intensificación y la proliferación de estas cosas marcarán la apostasía final. 

¿Cuál debe ser nuestra respuesta mientras leemos y consideramos estos versículos? Darse cuenta de que nuestro tiempo es corto. ¡Lo que hacemos por Cristo debe ser hecho ahora! No podemos descansar y pensar que tenemos mucho tiempo. Estamos viviendo en tiempos peligrosos. La gente está atada al pecado y necesitamos enseñar a aquellos que quieren oír acerca de Jesús antes de que sea demasiado tarde. 

Pablo nos desafía a ser sabios y no ser orgullosos y rebeldes… pero entendiendo los tiempos… aprovechar al máximo y hacer todo lo posible para llevar a la gente a un conocimiento salvador de Cristo. Entonces, ¿qué podemos hacer? 

Mirando hacia el resto de este capítulo, Pablo advierte a Timoteo para vivir una vida piadosa en medio de un mundo oscurecido. ¡Debemos ser luz! Debemos resplandecer para que otros puedan ver nuestras buenas obras y glorificar a Dios. 

Los padres preocupados deberían mirar la sabiduría divina del rey Salomón, que enseña sobre la influencia que tienen en la formación de las vidas de sus hijos, especialmente de aquellos que aún viven en casa. En estos primeros años, los padres todavía tienen el poder de dictar la relación del niño con la tecnología y la frecuencia con que puede y cómo debe ser usada. 

Recuerda: “Enseña al niño el camino en que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él.” (Proverbios 22:6)

Posteado por: mvmspanish | agosto 23, 2017

¿USTED REALMENTE AMA A DIOS Y AL SALVADOR? – 1 Juan 2:15-16

“No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.” (1 Juan 2:15-16) 

Cuando se nos dice que no amemos al mundo, la Biblia se refiere al sistema de valores corruptos del mundo. Satanás es el dios de este mundo, y tiene su propio sistema de valores contrario al de Dios (2 Corintios 4:4). En 1 Juan 2:16 detalla exactamente lo que promueve el sistema de Satanás: la pasión de la carne, la pasión de los ojos y la arrogancia de la vida. Todo pecado imaginable puede resumirse en esos tres males; la envidia, el adulterio, el orgullo, la mentira, el egoísmo, y mucho más brotan de esas tres raíces. 

El mundo es lo que dejamos cuando llegamos a Cristo. Isaías 55:7 dice: “Que abandone el malvado su camino, y el perverso sus pensamientos. Que se vuelva al Señor, a nuestro Dios, que es generoso para perdonar,  y de él recibirá misericordia.” 

Amar al mundo significa dedicarse a los tesoros, filosofías y prioridades del mundo. Dios les dice a Sus hijos que establezcan sus prioridades de acuerdo con Su sistema de valores eterno. Debemos “buscar primero” el reino y la justicia de Dios (Mateo 6:33). Nadie puede servir a dos señores (Mateo 6:24), y no podemos ser devotos a Dios y al mundo al mismo tiempo. 

Cuando entramos en la familia de Dios por medio de la fe en Cristo, Dios nos da la habilidad de abandonar los deseos del mundo: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Corintios 5:17). Nos convertimos en ciudadanos de otro reino, porque “nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” (Filipenses 3:20). Nuestro deseo es conocer a Dios, y nos damos cuenta de que lo eterno es realmente importante – no lo temporal y dejamos de amar al mundo. 

Cuando hemos experimentado la presencia de nuestro Dios y Salvador tenemos un profundo anhelo de conocerlo mejor y de hacernos santos en nuestros deseos, pensamientos y conducta. 

Continuar amando al mundo como lo hacen los incrédulos, paralizará nuestro crecimiento espiritual y nos hará infructuosos para el reino de Dios. Jesús nos da dos ejemplos sobre esto. Uno se encuentra en Lucas 6:43-45:  Porque no hay árbol bueno que produzca fruto malo, ni a la inversa, árbol malo que produzca fruto bueno. 44 Pues cada árbol por su fruto se conoce. Porque los hombres no recogen higos de los espinos, ni vendimian uvas de una zarza. 45 El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca.” 

Y el otro se encuentra en Juan 15:1-8 Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador.Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. »Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queráis y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre: en que llevéis mucho fruto y seáis así mis discípulos. 

En Juan 12:25, Jesús llevo este pensamiento un paso más allá cuando dijo, “El que ama su vida, la perderá; y el que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará”. Jesús dijo que si amamos algo más que a Él, no somos dignos de Él (Mateo 10:37-38). 

En resumen, el término mundo en la Biblia se refiere al sistema maligno controlado por Satanás que nos aleja de la adoración a Dios. Por lo tanto, no podemos recibir la vida de Dios si estamos buscando la vida en otro lugar. 

La advertencia en nuestro pasaje (1 Juan 2:15-16) corresponde muy bien al último versículo de 1 Juan 5 que dice: “Hijitos, guardaos de los ídolos.” Un ídolo es cualquier cosa que reemplaza a Dios, cualquier cosa que hacemos más grande que Él. Por lo tanto, debemos recordar que la idolatría es cuando Dios es removido del trono y algo más se pone en Su lugar. Por eso debemos examinar nuestros corazones y ponernos de rodillas ante el Señor. Necesitamos buscar Su perdón y pedirle que nos advierta a través de Su Espíritu Santo cuando empezamos a desviarnos en la dirección equivocada. 

Acuérdense de fijar sus mentes en las cosas de arriba, no en las cosas terrenales (Colosenses 3:2). Y, todo lo que hacéis, hacedlo todo para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31).

Posteado por: mvmspanish | agosto 17, 2017

HONRANDO LA CENA DEL SEÑOR EN COMUNIÓN – 1 Corintios 11: 27-29

“De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí.” (1 Corintios 11:27-29)

Cuando estudiamos la profundidad del significado de la Cena del Señor comenzamos a entender la intensidad espiritual de su significado. 

Durante su última celebración de la Pascua en esta tierra, en la víspera de su muerte, Jesús instituyó una participación significativa de los panes sin levadura y del fruto de la vid que observamos hasta el día de hoy. Es una parte integral de la adoración cristiana que nos hacen reflexionar sobre la muerte y la resurrección de nuestro Señor. 

La Pascua fue la fiesta más sagrada del año religioso judío. Se conmemoró la plaga final en Egipto, cuando murieron los primogénitos de los egipcios y los israelitas fueron perdonados por la sangre de un cordero que fue rociado en los postes de su puerta. Luego el cordero fue asado y comido con pan sin levadura. El mandamiento de Dios era que en las generaciones venideras siempre se celebraría esta fiesta. La historia está registrada en Éxodo 12.

Durante la Última Cena, mientras celebraba la Pascua, Jesús tomó un pedazo de pan sin levadura y dio gracias a Dios. Cuando lo partió y se lo dio a Sus discípulos, Él dijo: “Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí. 20 De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama. (Lucas 22:19-20). Concluyeran la fiesta cantando un himno (Mateo 26:30), y salieron en la noche al Monte de los Olivos. Fue allí que Jesús fue traicionado por Judas y fue crucificado a la mañana siguiente convirtiéndose en “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29).

Los relatos de la Cena del Señor se encuentran en los Evangelios (Mateo 26:26-29, Marcos 14:17-25, Lucas 22:7-22 y Juan 13:21-30).

El apóstol Pablo también escribió acerca de la Cena del Señor en 1 Corintios 11:23-29; e incorpora una declaración que no se encuentra en los Evangelios: “De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí” (1 Corintios 11:27-29).

Todo cristiano debe preguntar lo que significa participar del pan y de la copa “de manera indigna”, significando que, si usted trata de esta ordenación sagrada de un modo común, usted se vuelve literalmente responsable o culpable, por el cuerpo y la sangre del Señor. 

En muchas religiones, la comunión se ha convertido en un ritual muerto y formal donde la gente viene a la Cena del Señor con pecado no confesado. Muchos tratan la Cena del Señor indignamente haciendo que sea una actuación en lugar de algo significativo, simplemente participando en la ceremonia en lugar de entenderla. 

Los predicadores necesitan instruir a su rebaño acerca de la Santa Comunión porque aquellos que no son verdaderamente nacidos de nuevo y no están buscando la santidad no tienen derecho a participar de la Cena del Señor. 

Las personas nacidas de nuevo son aquellas que se arrepintieron de sus pecados y se dirigieron a Cristo para su salvación y, como resultado, se convirtieron para siempre en la familia de Dios. Una vez que esto sucede, el nacido de nuevo, el cristiano busca la santidad, lo que significa que refleja cada día cómo se comporta en relación con el Señor, por maneras de su actitud, en lo que dice, cómo se viste, en que participa, lo que asiste, escucha y lee. En resumen, es dejar de pecar intencionalmente y de tener un corazón perdonador. 

Necesitamos estar constantemente sondeando nuestro corazón mientras caminamos todos los días a la vista de nuestro Señor. Necesitamos recordar que el Señor dijo: “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16), y que “… sin santidad nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). 

Las personas que no son verdaderamente nacidas de nuevo y que no buscan la santidad no tienen derecho a participar en la comunión. Para comprender quién no es indigno de participar de la Cena del Señor, hemos añadido algunos ejemplos: 

  • Usted trata de la Santa Cena sólo como “una ceremonia” y realmente no entiende el significado de lo que Jesús hizo por usted en la cruz.
  • Usted no entiende que la Santa Cena es una comunión santa y sagrada y una experiencia de una relación restauradora con su Creador.
  • Usted trata la ceremonia sólo como un ritual, en lugar de tratarla seriamente.
  • Usted viene a esta cena con amargura en relación con otra persona y
  • Usted continúa viviendo en pecado de que usted no se arrepentirá, cambiará o apartará.

Si usted viene a la Cena sin tener el más alto respeto por Dios, Cristo, el Espíritu Santo y la Palabra de Dios, si usted viene sin amor total por los hermanos en el cuerpo de Cristo, usted vendrá a esta cena indignamente y no debes participar hasta que te arrepientes, cambias tu actitud y hagas paz con tu Señor y Salvador. 

De acuerdo con las instrucciones de Pablo, es imperativo que nos examinemos antes de participar en la Santa Comunión. Si usted participa con el pecado en tu vida, o nunca ha sido salvo del pecado, usted es culpable de violar la sangre y el sacrificio de Cristo. 

Los corintios estaban siendo disciplinados por Dios porque no se examinaban a sí mismos y limpiaron su vida. Literalmente estaban tratando a Jesucristo de una manera indigna y se habían vuelto culpables de ese tipo de falta de respeto. 

Alguien que pisotea la sangre de Cristo con indiferencia y un estilo de vida pecaminoso en los elementos de la comunión es culpable de deshonrar lo, y se está burlando de Jesucristo. 

Por lo tanto, es extremadamente importante que nos examinemos primero antes de participar en la Cena del Señor, como se indica en los versículos 28-29; porque el que come y bebe indignamente, juicio come y bebe para sí. Si usted come y bebe indignamente, usted comerá y beberá juicio para sí mismo porque usted no está honrando el cuerpo del Señor. En otras palabras, usted no está tratando el sacrificio de Cristo con seriedad, dignidad, pureza y santidad. 

Si usted no ve la seriedad y la santidad de la Santa Cena del Señor, y usted la trata con pecado, entonces usted literalmente es culpable de  deshonrar lo; y usted está bajo el juicio de Dios y serás castigado porque has deshonrado el gran sacrificio que Jesús sufrió para salvarte de tus pecados y de una eternidad en el Lago de Fuego.

Así que: “No menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.” (Hebreos 12:5-6)

Posteado por: mvmspanish | agosto 10, 2017

DIOS ORDENA A SUS HIJOS PARA SER SANTOS – 1 Pedro 1: 15-16

La palabra hebrea para santo es “kadosh” y significa “separado, apartado, sagrado”. El creyente en el Señor Jesucristo es separado a Dios por el Espíritu Santo, disfrutando de una posición santa ante Dios en Cristo Jesús, con la obligación de vivir una vida santa. “Pero, así como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15-16).

Dios tiene sólo una intención destinada para la humanidad, que es la santidad. Su único objetivo es producir santos. Desafortunadamente esta sagrada confianza se rompió en el Jardín del Edén; Jesús vino para salvarnos y restablecer una nueva relación con Dios, porque desde el principio Él nos creó para ser santos. 

Una vez que Le hacemos Señor y Salvador de nuestra vida y nos convertimos en Sus hijos, debemos continuamente recordarnos que nuestro propósito en la vida es vivir una vida santa. La estricta obediencia a la Palabra de Dios es la única prueba de que estamos viviendo una vida santa y confiando en Él. 

Jesucristo murió para hacernos santos. El propósito de Dios en la muerte expiatoria de Su Hijo fue para salvarnos de la penalidad del pecado, y para separarnos a Dios para conformarnos a la imagen de su Hijo (Romanos 8:29). Nuestro destino eterno es ser conformados a la imagen de Dios en Cristo Jesús (1 Juan 3:3). 

Cuando Jesús se rehusó a condenar a la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8:1-11), y la perdonó, Él le ofreció el mismo tipo de perdón que Él ofrece a cada uno de nosotros: “Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados” (Hechos 3:19). Esta mujer no podía vivir en victoria sobre sus pecados y pasado pecaminoso hasta que ella aceptó a Jesucristo como el Señor absoluto de su vida. 

Al decir: “¡Vaya y no peque más!”, Jesús no estaba hablando de perfección sin pecado. La estaba previniendo a regresar a la elección del estilo de vida pecaminosa. Sus palabras ofrecieron la misericordia y exigieron la santidad. 

Con el perdón viene la expectativa de que no continuaremos en el mismo camino de la rebeldía. Aquellos que conocen el amor de Dios, quieren naturalmente obedecerlo (Juan 14:15). 

Un paso hacia Dios es un cambio hacia la rectitud, la pureza y la vida santa (1 Pedro 1:16; Romanos 8:29). No podemos experimentar el poder transformador de la santidad sin ser cambiado para siempre.

Después de que la mujer había conocido a Jesús, no sería perfecta. Nadie lo es. Pero ella cambió para siempre. Sus ojos se abrieron a la depravación de lo que estaba haciendo. El pecado ya no retuvo el llamamiento que tenía antes. Cuando nos encontramos con Jesús, el pecado ya no contiene su atracción fatal. La gracia de Dios cambia las cosas. “¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera. Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?(Romanos 6:1-2). Cuando nacemos de nuevo (Juan 3:3), el poder del Espíritu Santo rompe el poder que el pecado ha tenido sobre nosotros (Romanos 6:6). Antes vivíamos sólo para complacernos a nosotros mismos, pero cuando somos perdonados, nuestra motivación cambia. Ahora vivimos para honrar a Dios (Gálatas 2:20).

Debe ser el objetivo de todo cristiano de “no pecar más”, aunque reconocemos que mientras estamos en la carne, todavía tropezaremos (1 Juan 1:8). El deseo de Dios para cada uno de nosotros es ser santo como Él es santo (1 Pedro 1:16). Todavía pecamos, pero el pecado deja de ser una elección de nuestro estilo de vida (1 Juan 3: 9-10). Cuando fallamos, podemos ir a Dios y pedir perdón (1 Juan 1:9; 1 Pedro 4:1-2). Dios nos corregirá, disciplinando nos cuando lo necesitamos (Hebreos 12: 6-11) – pues Su trabajo es conformarnos a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). 

Una vez más, la única evidencia concreta de que somos verdaderos hijos de Dios es un estilo de vida sagrado. “Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido” (1 Juan 3:6). Como verdaderos creyentes nacidos de nuevo, no podemos seguir pecando porque ahora tenemos la propia naturaleza de Dios en nosotros, y el Espíritu de Dios nos lleva a una vida santa porque Él no nos conducirá al pecado ya la desobediencia. Si el Espíritu nos está guiando, viviremos una vida santa, porque: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:9). Por lo tanto, el nuevo nacimiento implica una purificación completa del pecado. 

Necesitamos recordar que no podemos caminar con el Señor y el mundo al mismo tiempo. “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (Hebreos 12:6), y Él nos disciplina para nuestro bien, para que podamos participar de Su santidad (Hebreos 12:9-10). 

Él nos ha salvado y nos ha llamado a una vida santa, no por nada que hicimos, sino para Su propio propósito y gracia. Esta gracia nos fue dada en Cristo Jesús antes del principio de los tiempos (2 Timoteo 1:9). Es nuestra responsabilidad esforzarnos por ser santos: “Así como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir” (1 Pedro 1:15). Si vamos a disfrutar de una relación íntima con Él, debemos mantener nuestra vida libre de todo pecado. Jesús dijo: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5: 8). 

Las Escrituras nos dicen que: “Sin santidad nadie verá al Señor” (Hebreos 12:14). Y el apóstol Juan escribe: “Y ahora, hijitos, permaneced en Él, para que cuando Él aparezca, podamos tener confianza y no escapar de Él con vergüenza en Su venida” (1 Juan 2:28). Los cambios físicos de nuestra redención tendrán lugar cuando Cristo regrese y nuestro cuerpo será glorificado porque “sabemos que cuando Él aparece, seremos semejantes a Él” (Filipenses 3:20-21; 1 Corintios 15:52-54). Tendremos nuevos cuerpos glorificados hechos para vivir en el cielo porque Jesucristo volverá. Por lo tanto, debemos mantener nuestras vidas puras y vivir una vida santa. 

La única prueba de la verdadera dedicación a nuestro Señor y Salvador es un profundo deseo de vivir una vida disciplinada y santa que honre a Dios. Si una persona no está viviendo una vida santa no tienen derecho a reclamar las promesas de Dios que Él ha dado a Sus hijos verdaderos y redimidos. 

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (2 Corintios 7:1).

Posteado por: mvmspanish | agosto 3, 2017

MODESTIA LA ETERNA REVERENCIA PARA DIOS – 1 Pedro 3:3-4

Al describir el modo de vestir apropiado para las mujeres en la iglesia, el apóstol Pablo les exhorta a vestirse modestamente, con “decencia y discreción.” Las mujeres cristianas deben ser notadas por ser gentiles y buenas, no por la manera como ellas peinan su cabello o por sus joyas o ropas extravagantes y mundanas (1 Timoteo 2:9-10). Aunque la Biblia sólo especifica la necesidad de las mujeres de vestirse modestamente, la misma enseñanza se aplicaría a los hombres, porque tanto los hombres como las mujeres deben traer gloria a Dios en su manera de vestir. 

La modestia en la forma en que nos vestimos no es sólo para ir a la iglesia; debe ser el estándar para todos los cristianos en todas las ocasiones. La clave para entender lo que constituye la modestia en el vestido es examinar las actitudes y las intenciones del corazón. Aquellos cuyos corazones están dirigidos hacia Dios harán todo lo posible para vestirse modestamente, decentemente y apropiadamente. Aquellos cuyos corazones están inclinados hacia sí mismos y deseos pecaminosos se vestirán de una manera diseñada para llamar la atención a sí mismos con poca o ninguna consideración por las consecuencias para ellos mismos o para los demás. Sus pensamientos están solamente en la última moda y no en Dios. 

Una mujer piadosa se esfuerza por hacer todo con una perspectiva divina. Ella sabe que Dios quiere que ella se preocupe por Su gloria y el estado espiritual de los demás. Si una mujer profesa ser cristiana y sin embargo se viste de una manera que indebidamente trae atención a su cuerpo, ella es un testigo terrible de Aquel que compró su alma muriendo por ella en la cruz. Ella olvida que su cuerpo ha sido redimido por Jesucristo y ahora debe ser el templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20). Ella está diciendo al mundo que ella determina su propio valor en una base puramente física y que su atractivo depende de cuánto de su cuerpo ella les revela. Además, vestirse de un modo inmodesta, exponiendo su cuerpo para que los hombres lo desean, los hacen pecar, algo que es condenado por Dios (Mateo 5: 27-29). Proverbios 7:10 menciona a una mujer “vestida como una prostituta y con intención astuta”. Aquí vemos la descripción de una mujer cuyo corazón se muestra por su forma de vestir.

La Escritura dice que una mujer debe vestirse modestamente, pero ¿qué significa exactamente eso en nuestra sociedad moderna? ¿Una mujer tiene que cubrirse de la cabeza a los pies? Hay sectas y religiones en el mundo que exigen esto de la mujer. Pero, ¿es esto el significado bíblico de la modestia? Una vez más, tenemos que volver a la cuestión de la actitud del corazón. Si el corazón de una mujer se inclina hacia la santidad, ella vestirá ropa que no sea provocativa ni reveladora en público, ropa que no refleja negativamente sobre su testimonio personal como hija de Dios. Todos los demás en su círculo pueden vestirse inmodestamente, pero ella resiste a la tentación de unirse con la multitud. Ella evita ropa diseñada para llamar la atención a su cuerpo y provocar a los hombres y a las mujeres a la lujuria, ya que es lo suficientemente sabia como para saber que este tipo de atención sólo la rebaja. La idea de causar a los hombres pecar contra Dios por la manera de se vestir es aborrecible a ella porque ella busca a amar y honrar a Dios y quiere que otros hagan lo mismo. 

La modestia en el vestir revela una humildad y santidad del corazón, y es la actitud que debe ser el deseo de todas las mujeres (y hombres) que viven para agradar y honrar a Dios. 

He aquí un ejemplo de lo que realmente sucedió en una iglesia: 

Una amiga después de volver de un viaje el fin de semana le preguntó a su marido lo que había ocurrido en la iglesia ese domingo, probablemente esperando escuchar sobre la lección del día o sobre el sermón. Lo que obtuvo fue una sorpresa. Su marido confesó que una mujer había venido a visitar la congregación, y su traje había dejado a los hombres sintiéndose… agitados. 

Él le dijo que, lo más interesante de todo es que después de que la mujer se fue, ninguno de los hombres se acordó de su cara, pero todos se acordaron de sus pantalones de cuero bien apretados, su escote enorme revelando una gran parte de sus senos por su blusa transparente que revelaba su ropa interior sexy.

Como vemos, Satanás usa la exposición sexual para destruir la atmósfera de la verdadera y santa adoración a Dios. 

Las mujeres necesitan ser más conscientes de cómo se visten en la iglesia. Pues, cuando vamos a la iglesia se supone que es un tiempo en que los cristianos deben sentirse seguros de la tentación, sin preocuparse de si se sentará junto a ellos, frente a ellos o será exhibida antes de ellos en el “equipo de adoración”. 

Necesitamos realizar que hay un enorme daño causado al cuerpo de Cristo por ropa inmodesta. Sí, eso hará que otros luchen con la lujuria, pero peor aún, roban la gloria de Dios. 

Como mujeres cristianas, nuestro mayor deseo debe ser el de agradar a Dios en todo lo que hacemos. Primera de Pedro 3:3-4 nos recuerda: “Y que vuestro adorno no sea externo: … sino que sea el yo interno, con el adorno  incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios.” Pero las mujeres se están preparando para ir a la iglesia y se visten de maneras que no agradan a Dios. 

Por favor, piense en eso: ¿La ropa que elegimos hacen que todos los ojos – especialmente los ojos de los hombres – estén en nosotros? 

Si usted es una verdadera cristiana, tome un tiempo para mirarse en el espejo antes de salir de su casa todos los días; y vea si estás realmente honrando al Señor y Salvador Jesucristo por la forma en que estás vestida. Si no estás vestida modestamente, estarás irrespetando a Dios, a otros ya ti misma, si te sales de esa manera. 

Usted debe preguntarse: ¿Estoy representando a Dios a quién debo honrar, de la manera correcta? 

Aquí hay algunos consejos para ayudarle a comprobar su nivel de modestia. 

¿Está cubierta el área de su pecho? Tenga cuidado con el escote. Si es necesario, agregue una pequeña muestra de tejido debajo de su blusa o vestido para cubrir sus senos. Inclínese y vea lo que el espejo revela antes de salir de la casa.

 

¿Estás mostrando parte de su barriga debido a la moda? ¿Sus pantalones cortos son demasiado cortos? ¿Su falda está demasiado encima de su rodilla? Si es así, elija algo diferente y apropiado para una mujer cristiana vestir.

 

Cubra sus hombros si usa blusa, vestido o camisa sin mangas o tipo correa espagueti como un medio de mostrar respeto en los cultos de la iglesia. Lleve un pañuelo o un suéter ligero con usted para ese propósito – además, incluso en días calurosos los edificios con exceso de aire acondicionado pueden estar bien fríos.

 

¿Su ropa se ajusta bien en general? Si usted sube de peso, no intente exprimirse en un tamaño muy pequeño. En primer lugar, usted parece ridícula, y en segundo lugar la gente te va a mirar.

 

Incluso si usted usa una camisa de manga larga sin escote revelado – como tal – pero está hecho de un material transparente que no deja nada a la imaginación, usted falló la prueba de la modestia. 

Los hombres también necesitan ver el ajuste de su ropa. ¡Los pantalones y las camisas que son muy apretadas no son apropiados! 

Necesitamos ser conscientes de cómo nos vestimos y nos comportamos, en nuestra representación de ser hijos de Dios. Si nos vestimos de forma inmodesta, pero hablamos de la pureza y principios bíblicos, somos culpables de un doble estándar y de hecho somos hipócritas. 

Recuerde que sin santidad nadie verá al Señor. (Hebreos 12:14)

Cuando el Señor Jesús sea revelado desde el cielo con sus poderosos ángeles en llama de fuego, dando retribución a los que no conocen a Dios, y a los que no obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesús. Estos sufrirán el castigo de eterna destrucción, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder. (2 Tesalonicenses 1:7-9) 

¿Debería un Dios Santo permitir que la gente continúe pecando, burlándose de Él, maldiciéndole y abandonándolo? Dios no quier que nadie vaya al infierno – la gente elige ir al infierno. Muchas religiones literalmente quieren sacar al infierno de la Biblia, pero, simplemente porque la gente no le gusta esta realidad, no deja de ser la verdad. Nadie piensa que va al infierno hasta que se encuentren allí. 

Hay muchas opiniones diferentes y conceptos erróneos sobre el infierno. Es un tema que la mayoría de nosotros probablemente tratamos de evitar enseñar a nuestros hijos, porque tenemos aprensión de causarles miedo. Los amamos demasiado para dejarlos nerviosos, ¿verdad? Pero nos falta un punto importante; que es exactamente eso, lo que Satanás quiere. El quiere que mantengamos el pensamiento del infierno silencioso y oculto. 

Piense de esta manera, si tu niño esta en peligro, usted haría todo para detenerlo, ¡cierto! Entonces, ¿por qué nosotros como padres no hacemos todo lo que podemos para advertir a nuestros hijos sobre el peligro de ir al infierno? 

Es importante estudiar y entender esta realidad tan importante en la Biblia y poder explicarla a nuestros hijos y a otros. 

La primera pregunta que sus hijos pueden hacerle es: “Si Dios nos ama, ¿por qué quiere que alguien vaya al infierno?” 

Por lo tanto, es importante enseñarles a sus hijos que Dios no quiere que nadie vaya al infierno. Este lugar esta preparado para Satanás y sus ángeles malvados que se rebelaron contra Dios en el cielo. El infierno nunca fue preparado para nosotros. Pero desde que Adán y Eva desobedecieron a Dios al escuchar a Satanás, el pecado vino al mundo y ahora muchas personas eligen no obedecer a Dios y seguir a Satanás. Así que el infierno es la terrible recompensa que Satanás, el diablo, ofrece a los que pecan, se rebelan, desobedecen y son sus siervos. 

Muchas personas dicen que no hay infierno y que son sólo historias o fábulas. Dicen que son salvos y van al cielo, – por lo que debemos preguntar – ¿salvado de qué? ¿Del infierno? 

Si crees en la Biblia, no puedes escoger las partes que te gustan o “aceptas” para formular tu propia versión. Sí, Dios es amoroso y misericordioso, pero también habla más en las Escrituras sobre el infierno que sobre el cielo. Entonces, ¿por qué no estamos hablando de este tema? ¿Y por qué no estamos advirtiendo no sólo a nuestros hijos, sino también a los demás? 

Podría ser porque no queremos asustar a nuestros hijos. El infierno es espantoso porque es una oscuridad espiritual y separación de Dios junto con el tormento eterno. 

Sí, la Escritura habla del infierno, no porque Dios quiere enviarnos allí, sino porque nos está dando una advertencia de que existe. Nosotros advertimos a nuestros hijos acerca de no tocar la estufa caliente o correr hacia la calle transitada, así que ¿cuánto más debemos estar dispuestos a hacer lo que sea necesario para mantenerlos de una eternidad en el infierno? Dios nuestro Padre celestial nos advierte del infierno. Por lo tanto; como padres necesitamos decirles a nuestros hijos la verdad sobre la existencia del infierno. 

Podemos empezar contándoles la historia que se encuentra en Lucas 16:19-31 de LAZARO Y EL HOMBRE RICO . El hombre rico vivía de lujo mientras Lázaro yacía a las puertas de la casa del rico con llagas por todo el cuerpo. Ambos murieron. Lázaro fue llevado al cielo mientras el Hombre Rico fue enviado al Hades. Tan pronto como el rico comprendió su destino, ésta fue su respuesta: “Entonces te ruego, padre, envía a Lázaro a mi familia, porque tengo cinco hermanos. Que los advierta, para que no vengan también a este lugar de tormento.” 

Su primera respuesta fue querer compartir una advertencia con los que amaba. Estaba experimentando la realidad del tormento y no quería que su familia acabara sufriendo como él. 

Sería maravilloso si pudiéramos proteger a nuestros hijos de saber acerca de un lugar tan terrible, pero es una verdad que deben saber. Los niños necesitan entender lo que Jesús hizo por ellos en la cruz. Necesitan entender que si lo aceptan como su Salvador y le obedecen, que puedan estar con Jesús por toda la eternidad cuando vayan al cielo. Para explicarles más sobre el cielo por favor haga clic en el siguiente enlace: AVERIGÜEMOS ACERCA DEL CIELO

Es evidente que muchos niños, que están pensando en el infierno, están preocupados de que vayan allí. Pero después de explicarles el PLAN DE SALVACIÓN y hacerles saber que: Si públicamente afirman que Jesús es Señor y creen en su corazón que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, ellos serán salvos. Porque es por creer en su corazón que son justificados ante Dios, y es declarando abiertamente su fe que son salvos. 

Explíqueles también que si hacen algo malo e inmediatamente piden perdón que nadie pueda “accidentalmente” perder su salvación e ir al infierno porque la Biblia nos dice así: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco y me siguen; 28 y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:27-28). 

Tenemos que recordar que si las personas nos dicen que el infierno no es real, están llamando a Dios de un mentiroso. La Biblia nos dice: “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará”  (Gálatas 6:7). 

Recordad siempre esta hermosa promesa de esperanza: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en El, no se pierda, mas tenga vida eterna. 17 Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El. . .  El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él (Juan 3:16-17, 36).

 

La Escritura nos da tres referencias sobre este tema. El apóstata de la Biblia habla acerca de que no son simplemente los no creyentes, pero son los maestros de las doctrinas apóstatas, que propagan sus rechazos destructivos, tales como la negación de la Trinidad, el nacimiento virginal, la deidad de Cristo, y la segunda venida.

EN PRIMER LUGAR, se lee en 2 Juan 7-11 que el creyente no debe tener comunión con tal persona.

Muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne.  Quien esto hace es el engañador y el anticristo. Mirad por vosotros mismos, para que no perdáis el fruto de vuestro trabajo, sino que recibáis la recompensa completa. Cualquiera que se extravía y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ese sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa ni le digáis: “¡Bienvenido!”, porque el que le dice: ‘¡Bienvenido!” participa en sus malas obras.

Así que si alguien se ajusta a la descripción ilustrada aquí, el compañerismo es prohibido, hasta el punto de no permitir que la persona entre en nuestra casa.

EN SEGUNDO LUGAR, se trata de la iglesia local. Si un miembro se encuentra proclamando una enseñanza destructiva, ha de ser expulsado de la iglesia, como dice Pablo en Gálatas 1:8-9:Pero si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anuncia un evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguien os predica un evangelio diferente del que habéis recibido, sea anatema.”

Como leemos en el versículo 9, si alguien en su iglesia es descubierto ser un apóstata, él o ella debe ser declarado anatema, que significa “maldito” y debería ser expulsado de la iglesia. También encontramos este consejo en Proverbios 22:10: “Echa fuera al escarnecedor, y saldrá la contienda, y cesará el pleito y la afrenta.”

LA TERCERA REFERENCIA es donde el creyente se enfrenta a una iglesia donde los apóstatas se encuentran en el control de la dirección de la iglesia y no puede ser depuesto. En este caso, la obligación del creyente consiste en separarse de la apostasía. En 2 Timoteo 3:5, después de caracterizar la apostasía como “que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella.” Timoteo es amonestadoa éstos evita. Timoteo se instó a separarse de la apostasía.

También vemos a Pablo escribiendo a los Corintios acerca de esto: No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión, la luz con las tinieblas? ¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos? Y vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: “Habitaré y andaré entre ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo”. Por lo cual, “Salid de en medio de ellos y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo impuro; y yo os recibiré y seré para vosotros por Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso”. Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” – 2 Corintios 6:14-7:1

Este es un paso importante que advierte al creyente a separarse de los apóstatas y no seguir a congregarse con ellos. Como vemos, NO puede haber comunión entre la justicia y la injusticia. Los creyentes son parte de la justicia, mientras que los no creyentes son parte de la iniquidad, y no puede haber comunión entre los dos en la misma iglesia.

 

Además, no hay comunión entre la luz y la oscuridad. Los creyentes son de la luz, pero los incrédulos son de la oscuridad. No hay nada en común entre los dos. No puede haber un acuerdo entre Cristo y Satanás, ya que tienen dos áreas de operación y dos programas distintos. Del mismo modo, el creyente es parte del programa de Cristo, mientras que el no creyente es parte de Satanás. Uno está destinado para el cielo y el otro está destinado para el infierno. Y no hay acuerdo entre el templo de Dios y el templo de un ídolo. El creyente es habitado por el Espíritu Santo, pero el no creyente no lo es. Puesto que no hay compañerismo, comunión o acuerdo en el área de culto con un no creyente, entonces hay un yugo desigual, por lo que no debemos ponernos en una situación de culto con los no creyentes. 

El comando de la separación implica tres fases – 2 Corintios 6:17: 

  • Salid de en medio de ellos y
  • Apartaos, dice el Señor,
  • Y no toquéis lo impuro

Y en 2 Corintios 6:18 tenemos tres promesas que se les da a los que cumplen y se separan: 

  • Y yo os recibiré
  • Y seré para vosotros por Padre,
  • Y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso.

En 2 Corintios 7:1 Pablo concluye exhortando a los creyentes, sobre la base de estas promesas para llevar a cabo su separación de la apostasía cuando sea necesario. 

Cuando estudiamos el libro de Apocalipsis leemos las cartas a las siete iglesias, siendo este último escrito a Laodicea, o la iglesia apóstata. Difícilmente se puede negar que la mayoría de las iglesias de hoy se hayan convertido en parte de apostasía.

 

Y por último Dios nos avisa: “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas; porque sus pecados han llegado hasta el cielo, y Dios se ha acordado de sus maldades.” (Apocalipsis 18:4-5) 

Recuérdate: Sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. (Santiago 1:22)

 

 

Posteado por: mvmspanish | julio 13, 2017

ACERCA DE LOS DIESZMOS Y LAS OFRENDAS – Malaquías 3:8-10

¿Por qué diézmanos y damos ofrendas?

Diezmar y ofrendar es parte de la adoración a Dios. Es más que dar dinero para cosas que aparentar ser materiales. En el acto de traer parte del fruto de nuestra labor a la iglesia, un cristiano dice: 

  • Mi corazón está agradecido pues lo que tengo, lo tengo porque Dios me lo dio y de él son todas las cosas.
  • El dinero y las riquezas no son un ídolo en mi vida. A Dios le pertenece el primer lugar en mi corazón.
  • Reconozco que mi iglesia es mi responsabilidad, así como lo es la necesidad de mi prójimo. (Mateo 22:36-40)
  • El evangelio es importante para mí y quiero colaborar para que otros conozcan la verdad. 

Por estas razones el cristiano debe dar con gozo. La Biblia dice que nuestra actitud es muy importante cuando diezmamos y ofrendados. 

Jesús dice en Lucas 11:42 que los que diezman pero no practican el amor y la justicia son hipócritas. Y en 2 Corintios 9:7, Pablo dice que Dios ama al dador alegre. 

El amor y la alegría hacen que el diezmar y ofrendar sean actos de adoración al Señor.

Las bendiciones que vienen al dador también son incentivos que Dios usa para que los creyentes se cuiden los unos a los otros. Varias veces leemos la importancia de dar a los que están en necesidad. El mejor ejemplo lo tenemos en la primera iglesia en Hechos 2. 

¿Qué hace la iglesia con los diezmos y las ofrendas?

La iglesia se sostiene con los diezmos y las ofrendas de los hermanos. Tenemos que entender que la Iglesias no es un negocio donde uno paga por los servicios que recibe. 

Más bien, es una comunidad donde los miembros se cuidan, aportan a su comunidad, y trabajan para que el evangelio llegue a los demás.

La iglesia tiene gastos con que cumplir, como: mantener un edificio, pagar utilidades, comprar materiales de oficina, Biblias, comida, etc., y dar recompensa a los que cuidan y trabajan a tiempo completo en favor de la congregación como el pastor.

Dios espera que Su pueblo tome la responsabilidad de cuidar de Su Casa y de la obra que se debe realizar.

Con palabras fuertes, Dios dijo por medio del profeta Malaquías: “¿Acaso roba el hombre a Dios? ¡Ustedes me están robando! Y todavía preguntan: “¿En qué te robamos?” En los diezmos y en las ofrendas. Ustedes, la nación entera, están bajo gran maldición, pues es a mí a quien están robando. Traigan íntegro el diezmo para los fondos del templo, y así habrá alimento en mi casa. Pruébenme en esto, dice el SEÑOR Todopoderoso, y vean si no abro las compuertas del cielo y derramo sobre ustedes bendición hasta que sobreabunde. (3:8-10)

De acuerdo a ese pasaje, Dios advierte y bendice generosamente a los que se comprometen a cuidar de la obra de Su iglesia. 

¿Cuál es la diferencian entre los diezmos y las ofrendas?

Diezmos: Como dice el nombre, el diezmo se refiere al apartar 10 por ciento del total de las ganancias para regularmente ofrendársela a Dios. El 10 por ciento es la suma tradicional y se traza al antiguo testamento, pero la Biblia habla de las bendiciones para aquellos que dan generosamente (ó sea más de lo requerido), aun si son personas de poco recursos. Normalmente una persona aparta el 10 por ciento de su salario mientras lo recibe semanal o mensualmente para dar a la iglesia. 

Ofrendas: Es un regalo especial. Regularmente se hace en adición a los diezmos y con motivos especiales. Por ejemplo, si la iglesia desea repartir regalos en navidad a familias en necesidad, puede pedir una ofrenda para cubrir estos gastos. Ofrendar de vez en cuando no substituye el compromiso de diezmar. 

¿Existen reglas para los diezmos y las ofrendas?

Absolutamente. Leímos en el pasaje de Malaquías que la integridad es requerida. El ejemplo de esto lo tenemos en Hechos 5 con la desafortunada historia de Ananías y Safira, una pareja que no fue sincera al ofrendar. Ellos vendieron una propiedad, pero sabiendo que debían de llevar la ofrenda completa para disposición de la obra, se quedaron con parte del dinero. Cuando el Apóstol Pedro, guiado por el Espíritu Santo, les pidió cuenta, ellos mintieron y ahí mismo murieron. 

A Dios no le importa la cantidad en sí, porque no todos tienen la capacidad de dar la misma cantidad. Cada uno llevará ofrendas, según lo haya bendecido el Señor, dice Deuteronomio 16:17. Lo que Dios busca es el acto de amor y reverencia detrás de la ofrenda. Esta fue la diferencia entre las ofrendas de Caín y Abel. Caín dio porque consideraba que era una obligación, en el sentido negativo. Abel, no solo aparto su ofrenda para Dios con gozo, pero se aseguró de escoger lo mejor. Abel dio con el propósito de agradar a su Creador.

En el nuevo testamento Jesús puso a una viuda pobre, quien solo tenía monedas de poco valor, como ejemplo de una ofrenda justa delante de Dios. De ella dijo en Marcos 12:41-43, “Les aseguro que esta viuda pobre ha echado en el tesoro más que todos los demás.” Todo lo que ella tenía lo dio. Una persona no puede dar de esa forma sin tener la convicción de que Dios es fiel con los que lo aman de verdad.

¿Cuáles son las bendiciones para los que diezman?

Las matemáticas de Dios son increíbles. Prácticamente Dios dice dame para que yo pueda darte más: 

“Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.” – Lucas 6:38

También dice Proverbios 19:17 “Un préstamo al pobre es un préstamo al Señor, y el Señor mismo pagará la deuda”.

Para entender más acerca de los diezmos y las ofrendas haga clic en el siguiente enlace ¿QUÉ ES EL DIEZMO?

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