Posteado por: mvmspanish | septiembre 20, 2018

EQUIPADO PARA SERVIR A DIOS – Josué 1:1-9

“Después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, el Señor habló a Josué, hijo de Nun, y ayudante de Moisés, y le dijo: “Mi siervo Moisés ha muerto. Ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que Yo les doy a los Israelitas” (Josué 1:1-2).

Aquí vemos a Dios animando a Josué en su nuevo papel como líder de Israel. Estos versículos presentan un plan para el éxito de Josué y de los israelitas en hacerse cargo de la Tierra Prometida y prosperar allí.

Como vemos, Dios claramente llamó a Josué a esta posición de liderazgo.

Josué fue uno de los dos únicos hombres de la generación más antigua de israelitas que aún vivían cuarenta años después de la partida de Israel de Egipto (Números 14:29-30, Deuteronomio 1:34-38). Durante esos cuarenta años había adquirido mucha experiencia valiosa como ayudante de Moisés.

En los primeros días del viaje, Josué se desempeñó como comandante militar, defendiendo a su pueblo contra los amalecitas, que atacaron a los débiles y enfermos en la retaguardia de las filas de Israel (Éxodo 17:8-16, Deuteronomio 25:17-19). Cuando Moisés ascendió al Monte Sinaí para recibir los mandamientos de Dios, Josué lo acompañó en parte y no estuvo involucrado en el pecado de adorar el becerro de oro (Éxodo 24:13; 32:17). Josué fue uno de los doce que exploraron la tierra de Canaán (Números 13:8); él y Caleb fueron los únicos dos de los doce que dieron un informe positivo y se resistieron a las demandas del pueblo de nombrar un nuevo líder y regresar a Egipto (Números 14:1-9). Y al final de los cuarenta años en el desierto, Dios lo eligió como el sucesor de Moisés (Números 27:18-23).

Como vemos, cuando los israelitas llegaron a las orillas del Jordán, Josué había aprendido algunas lecciones importantes. Y del mismo modo, cuando Dios nos elige para una tarea, nos da las experiencias que necesitaremos para llevarlo a cabo; y estas experiencias nos enseñan valiosas lecciones. 

  • Sin la presencia de Dios, Josué no podría tener éxito y nosotros tampoco.
  • En el entorno protector de la presencia de Dios, Josué podría ser “fuerte y valiente” como podemos también nosotros.
  • Al obedecer la palabra de Dios, los israelitas podían disfrutar la medida completa de bendición que Dios les había destinado, y nosotros podemos también.
  • Para llevar a cabo los mandamientos de Dios, los israelitas necesitarían estudiarlos, memorizarlos y aplicarlos, como deberíamos también.

Estos versículos proporcionan una instrucción valiosa para el pueblo de Dios a través de las edades. Nos recuerdan que Dios nos liberó de la esclavitud del pecado y nos hizo Sus siervos. Él nos ha dado el regalo de la salvación y nos ha asignado una misión que cumplir (Mateo 28: 9-20), brindándonos experiencias que nos ayudarán a llevar a cabo nuestras partes de esa misión. En el camino, tendremos “ríos” para cruzar; sin embargo, debido a que Dios está con nosotros, podemos caminar por esos ríos con coraje y vivir victoriosamente, enfocando nuestros ojos en Él y en el propósito que tiene para Su reino eterno. Dios le dice a Josué varias veces que sea fuerte y valiente. 

Si Dios nos ha llamado a liderar, significa que también nos ha dado valor y fortaleza para dirigir. Cuando Dios nos llama a ser líderes, nos hace una promesa tal como lo hizo con Josué. Él promete darnos todo lo que necesitamos para tener éxito y cumplir Su voluntad.

Necesitamos entender que la forma correcta de conducir es guiar por la fe. Hebreos 11:1 nos dice que “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Y, Hebreos 11:6 nos muestra la importancia de la fe con esta verdad, que, “sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que recompensa a los que Lo buscan.”

La fe nunca es un riesgo y, desde luego, no es un salto hacia lo desconocido. La fe es creer en las promesas de Dios, y es en esta seguridad que obtenemos valor y fortaleza.

El Señor explicó lo que Josué debía hacer para tener éxito al traer a la gente a la Tierra Prometida: “Cuídate de hacer conforme a todo lo que está escrito en ella” (v. 8). La obediencia es de suma importancia porque los métodos de Dios no siempre se entenderán hasta después de que haya total obediencia.

Cuando la gente se acercó a Jericó, el Señor le dio a Josué una orden muy extraña; marcha alrededor de la ciudad una vez al día durante seis días, luego siete veces en el séptimo día. Entonces grita y las paredes caerán (Josué 6:3-5).

Si Josué no hubiera seguido las instrucciones de Dios, no habría tenido éxito. Al igual que Josué, debemos confiar en el Señor y obedecer valientemente sin importar lo que Él requiera de nosotros. Él nunca nos dará una abundancia de tareas en las que no tenemos tiempo para meditar en Su Palabra; y mientras nos enfocamos en Él y avanzamos en obediencia, estaremos equipados para todo lo que Él nos llame a hacer.

Pero asegúrese de pedir y seguir la guía del Señor. “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero que pida con fe, sin dudar…. “ (Santiago 1:5-6). Y asegúrate de estar preguntando con el espíritu correcto. “Señor, muéstrame Tus caminos, enséñame Tus sendas” (Salmo 25:4), y Él lo hará.

Asegúrate de que tus motivos estén por encima de todo reproche y sigue la voz de Josué: “En cuanto a mí y a mi casa, serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

Recordando para: “Nunca se apartar de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:8-9).

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Posteado por: mvmspanish | septiembre 13, 2018

LOS FESTIVALES DE OTOÑO DE ISRAEL – Levítico 23:23-44

Los tres festivales de otoño de Israel, la Fiesta de las Trompetas, el Día de la Expiación y la Fiesta de los Tabernáculos, se agrupan dentro de un período de tres semanas.

Nos brindan una oportunidad anual de ver un retrato tridimensional de nuestro Mesías, Jesús, mientras miramos a través de esa ventana y lo vemos a través de los ojos creyentes.

Hay tres razones clave para que cada creyente, judío o gentil, estudie las Fiestas de Otoño. Primero, el estudio de estas fiestas nos abre los ojos y profundiza nuestra comprensión del Nuevo Testamento. Como Pablo enfatiza en su carta a Colosenses 2:16-17, estos días santos judíos nos señalan a nuestro Mesías; y la esencia misma de cada festival está muy saturada con Cristo.

Segundo, estos días santos son muy importantes para Dios. En Levítico 23, donde el calendario de estos festivales se presenta formalmente a Israel, se los menciona específicamente como: “Estas son las fiestas que yo he establecido, y a las que ustedes han de convocar como fiestas solemnes en mi honor. Yo, el Señor, las establecí” (Levítico 23:2).

Según la Biblia, el primero de los Días Santos de Otoño en el calendario de Israel, la Fiesta de las Trompetas, se debe observar simplemente como “una conmemoración con toques de trompeta, una fiesta solemne en honor al Señor” (Levítico 23:24). El pueblo judío tradicionalmente lo llama de Rosh Hashaná (literalmente, “cabeza del año”) y se lo observa como el Año Nuevo judío. Esto sirve como el comienzo de un período de 10 días llamado “Días de temor” que concluye con el Día de la Expiación. Para los judíos observantes, este período solemne sirve como una ocasión para el autoexamen, la introspección y la reflexión, ya que Dios considera anualmente el destino de cada judío.

Muchas oraciones en Rosh Hashaná se recitan para que Dios recuerde al pueblo judío con bondad, misericordia y salvación, basándose en el mérito almacenado a través de Isaac. La oración dice: “Recuerden la atadura de Isaac en misericordia a su simiente.” Los eventos de Génesis 22 son un excelente ejemplo de lo que las Escrituras llaman “una sombra de lo que vendrá” (Colosenses 2:16-17). Isaac era un tipo profético, una imagen, del Mesías, y tanto Yeshua (Jesús) como Isaac fueron los hijos de la promesa. Ambos tuvieron nacimientos milagrosos. Ambos eran hijos obedientes y dispuestos que estaban preparados y listos para dar sus vidas a petición de su Padre.

Como vemos, ambos hijos incluso llevaron la madera para su propio sacrificio. Ambos tenían Padres que estaban preparados para matarlos para cumplir un propósito mayor. Abraham estaba dispuesto a sacrificar a su único hijo; también Dios estaba dispuesto a sacrificar a Su único Hijo; pero Dios no le exigió a Abraham lo que Él exigió de Sí mismo. El Señor proporcionó un sacrificio sustituto para el hijo de Abraham, un carnero atrapado en la espesura. Pero no había sacrificio alternativo para el Hijo de Dios; y Jesús se convirtió en el Cordero obediente de Dios, muriendo por el pecado del mundo.

Los 10 días de asombro concluyen con el día de la expiación, Yom Kippur. Este día santo ilumina la misión de Jesús como un sacrificio satisfactorio para eliminar el pecado e ilustra Su ministerio de resurrección como nuestro gran Sumo Sacerdote.

El término bíblico, Yom Kippur, se puede traducir como “El día de las coberturas”. No indica la eliminación de los pecados, solo una cobertura de los pecados. Según las Escrituras, la cobertura del pecado es sangre, el símbolo de la vida (Levítico 17:11). Sin sangre, no puede haber expiación. Solo el Sumo Sacerdote de Israel podría actuar como el representante y llevar la sangre del sacrificio a la Divina Presencia en el Lugar Santísimo en este día sagrado.

Dios le dio a Israel el sistema de sacrificio para restaurar su relación fracturada por el pecado; para cubrir el pecado sobre una base anual. Por supuesto, esta cobertura anual solo duró mientras las personas no pecaron nuevamente. De hecho, después del Día de la Expiación, los sacrificios levíticos diarios y semanales comenzaron de inmediato.

Sin derramamiento de sangre dentro del ritual de sacrificio del Templo, no puede haber expiación, sin embargo, la carta del Nuevo Testamento a los Hebreos describe a Jesús como el cumplimiento final de Yom Kippur. Hebreos 9-10 deja en claro que Jesús es ahora nuestro gran Sumo Sacerdote. Este sacerdote no tuvo primero que hacer expiación por Sus propios pecados antes de representar a la gente, porque no tenía pecado. Además, los sumos sacerdotes iban y venían cuando eran reemplazados o morían. Jesús, como el Sumo Sacerdote resucitado, servirá para siempre. Nuestro Sumo Sacerdote sin pecado fue también el sacrificio perfecto. El solo hecho de que los sacrificios de animales fueran repetibles demostró que eran insuficientes (Hebreos 10:1-4). El sacrificio de Jesús es una ofrenda perfecta sacrificada una vez por todo y la completa erradicación del pecado.

Con la muerte de Jesús, los pecados ya no se cubren más. Ahora son eliminados a través del sacrificio de nuestro Mesías, que ha creado la verdadera expiación entre Dios y Su pueblo, tanto judíos como gentiles. 

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Ahora la Fiesta de Tabernáculos o Sucot (cabañas) de una semana, cae cinco días después del Día de la Expiación. La época más sombría del año se contrasta rápidamente con la más celebratória.

Bíblicamente, fue el tercer y último período de peregrinación (junto con la Pascua y Pentecostés), cuando se ordenó a Israel que se reuniera en la ubicación central de la adoración, el Tabernáculo y más tarde, el Templo. Se estableció principalmente como una fiesta agrícola, un período para la recolección de las personas y los cultivos de Israel. El elemento esencial de esta fiesta es su tocayo, la Sukkah, la forma singular de Sucot. Esta es la cabaña temporal de tres paredes que está construida en el patio trasero o el patio de casas judías. Aunque el mandato bíblico es vivir en estos puestos durante siete días, la mayoría de los judíos de hoy cumplen ese mandato al comer al menos una comida diaria dentro de la Sucá; y algunos judíos particularmente observadores dormirán en ellos también.

La conexión mesiánica que derivamos de la Fiesta de los Tabernáculos es que el Mesías ha venido a vivir con Su pueblo. El capítulo inicial del evangelio de Juan proclama que “el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria” (Juan 1:14).

¡Aquí vemos dónde el apóstol describe a Jesús como “habitando” entre nosotros, enfatizando al Mesías como el Tabernáculo de Dios! Y leemos en el libro de Zacarías, cuán crucial será para todas las naciones observar adecuadamente este día santo en el futuro reino milenario, la era mesiánica (Zacarías 14:16-19).

Juan también ofrece un hermoso retrato del gran recogimiento de Dios de Su cosecha en el libro de Apocalipsis: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios” (Apocalipsis 21:3).  La historia, tal como la conocemos, culminará con Dios, Él mismo, convirtiéndose en nuestra Sukkah eterna.

Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: si alguien añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguien quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro. (Apocalipsis 22:18-19)

Esta seria advertencia en el último capítulo de la Biblia fue dada por el glorificado Señor Jesús mismo; por lo tanto, debe tomarse muy en serio.

Aunque la advertencia en Apocalipsis 22:18-19 se aplica específicamente al Libro de Apocalipsis, su principio debe aplicarse a toda la Palabra revelada de Dios. Debemos tener cuidado de manejar la Biblia con reverencia para no distorsionar su mensaje.


Moisés dio una advertencia similar en Deuteronomio 4:1-2, donde advirtió a los israelitas que debían escuchar y obedecer los mandamientos del Señor, sin agregar ni quitar de Su Palabra revelada. Proverbios 30:5-6 contiene una advertencia similar a cualquiera que agregue algo a las palabras de Dios: será reprendido y se demostrará que es un mentiroso.
En el Salmo 119:89 leemos que la palabra de Dios está establecida para siempre en el cielo. A lo largo de la historia, se transmitió gradualmente a los hombres en la Tierra a través de profetas llamados por Dios, y 2 Timoteo 3:16 declara que: Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia. Las palabras de Dios son una extensión de Dios mismo que son inspiradas por Dios, que ofrecen sabiduría perfecta para la vida y la información necesaria para encontrar la vida eterna en Jesucristo (Juan 3:16; Efesios 2:8-9).

Hebreos 4:12 nos recuerda: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.” Necesitamos entender que ya sea que los hombres lo crean o no, la Biblia es la inerrante Palabra de Dios. En Hebreos 1:1 leemos que: Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas. Ellos fueron los que Dios escogió para escribir Sus enseñanzas y mandamientos para Su pueblo y para nosotros.

Este testimonio y advertencia final de Cristo a aquellos que profesan ser Sus seguidores es un mandato claro para no agregar (Apocalipsis 22:18) o quitar de las “palabras” inspiradas de la Biblia. Hay muchas personas en los diversos cultos que siguen a algún líder que piensa que han recibido alguna nueva palabra inspirada de Dios. Eso es muy imprudente; sin embargo, hay muchos falsos profetas, es decir, sacerdotes, pastores, evangelistas, misioneros, etc., en denominaciones que presuntuosamente eligen o explican los versículos de la Biblia que consideran anticientíficos u ofensivos de alguna manera. Eso es muy peligroso y muy tonto, para aquellos cuyos nombres no se encuentran “en el libro de la vida” pues serán “arrojados al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15).

Es cierto que dos cristianos pueden interpretar ciertos pasajes de diferentes maneras. Pero no estarán demasiado lejos si creen que la Biblia es la Palabra de Dios inspirada e inerrante, especialmente si realmente creen que Dios puede decir lo que quiere decir. Los autores de la Biblia ocasionalmente usan lenguaje figurativo, por supuesto, en cuyo caso cualquier símbolo generalmente se explica en contexto. Cuando el escritor claramente intenta ser entendido literalmente, como en el primer capítulo de Génesis, por ejemplo, es peligroso imponer algún significado metafórico en el pasaje debido a consideraciones externas. Esto parece ser lo que Pablo llamó “adulterando la palabra de Dios con engaño” (2 Corintios 4:2).

Por lo tanto, esta advertencia se da específicamente a aquellos que distorsionan el mensaje del Libro de Apocalipsis. Jesús mismo es el Autor de la Revelación y el dador de la visión al apóstol Juan (Apocalipsis 1:1). Como tal, concluye el libro con una confirmación de Su testimonio de la finalidad de las profecías contenidas en Apocalipsis. Estas son Sus palabras, y advierte contra la distorsión de cualquier manera, ya sea a través de adiciones, sustracciones, falsificaciones, alteraciones o malas interpretaciones intencionales. La advertencia es explícita y terrible. Las plagas de Apocalipsis vendrán sobre cualquier persona culpable de alterar de alguna manera las revelaciones en el libro, y aquellos que se atrevan a hacerlo no tendrán parte en la vida eterna en el cielo.

 

 

Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. (2 Corintios 1:3-4)

Pablo abre esta carta alabando a Dios que le ha mostrado tanta misericordia y consolación. Como vemos, Pablo conoce la misericordia y la consolación de Dios en primera persona, porque, como dice Spurgeon:
“Aquí había un hombre, que nunca supo si estaría muerto al día siguiente, porque sus enemigos eran muchos, crueles y poderosos, y sin embargo, pasó gran parte de su tiempo alabando y bendiciendo a Dios”.

Él llama a Dios el “Padre de misericordias” y el “Dios de toda consolación“. En Su misericordia y amor, Dios está ansioso por proporcionar consuelo a Sus hijos en cualquier circunstancia. Cualquiera que sea el juicio al que nos enfrentamos, nuestro Padre Celestial conoce la situación y ofrece consuelo según sea necesario. El hecho de que Él es el Dios de toda compasión nos enseña que, en última instancia, toda la consolación proviene de Él. Él es nuestra fuente de paz, alegría y bendición.

¿Cómo nos consuela Dios? Él hace esto cuando lo buscamos sinceramente a través de la oración, leyendo las Escrituras, escuchando el liderazgo del Espíritu Santo que mora en nosotros, a través de amigos piadosos y algunas veces incluso a través de un acontecimiento providencial.

Una vez que hemos experimentado la compasión y el consuelo de Dios en medio de una prueba, estamos mejor equipados para ministrar ese mismo conforte a los demás. Sabemos lo que se necesita, por la gracia de Dios, para ayudar a otros que están sufriendo; y por consolar a los que tienen problemas; glorificamos a Dios al dar una idea de cómo Él consuela a los que están en apuros.

El consuelo que recibimos como cristianos fluye a través de nosotros hacia los demás “para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:4). Al igual que la gracia, el consuelo es un don activo y poderoso que no solo se recibe sino que se comparte activamente con los demás, sobrenaturalmente multiplicados para avanzar en el reino de Dios.

Pablo se deleitaba y tenía motivos suficientes para considerar a Dios como la fuente del verdadero consuelo, como deberían hacerlo todos los cristianos. No hay otra fuente real de felicidad sino Dios; y Él puede y está dispuesto a impartir consuelo a Su pueblo. Él prometió y envió al Consolador, el Espíritu Santo, para lograr esto en nosotros.

Por favor, recuerden que no hay una cantidad de sufrimiento humano que pueda sobrepasar o exceder los recursos en el corazón de Dios para traer consuelo, sustento y gracia para que podamos soportar. Nunca debemos dudar si Dios está a la altura de la tarea de proporcionar lo que nuestra alma más necesita para sobrevivir, incluso prosperar, en medio de la peor angustia y dificultades imaginables. Fue solo porque Pablo confiaba en que el consuelo de Dios igualaba y excedía su sufrimiento, que fue capaz de transmitir ese consuelo a los demás cuando enfrentaron pruebas similares, tal vez incluso más severas que las suyas.

Nada en la vida de Pablo se interpretó como existente o que se produce exclusivamente para sí mismo. Era para ayudar a otros, tal como Cristo se dio a Sí mismo, y nosotros también deberíamos hacerlo.

¿Qué clase de consuelo recibes de tu fe en Dios? De su relación diaria personal con Dios, ¿cómo podría compartir la bendición de este tipo de consuelo con un miembro de la familia, un amigo o un compañero de trabajo que actualmente está sufriendo? ¿Qué palabras de consuelo puedes traer a otros?

Aquí están algunas:

“El Señor irá delante de ti; El estará contigo, no te dejará ni te desamparará; no temas ni te acobardes.” (Deuteronomio 31:8)

“Que las misericordias del Señor jamás terminan, pues nunca fallan Sus bondades; son nuevas cada mañana;
¡Grande es Tu fidelidad!”
(Lamentaciones 3:22-23)

Y Jesús dijo: La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo. (Juan 14:27)

Esta declaración de fe ha sido una fuente de fortaleza y aliento para los cristianos en todas las generaciones durante siglos, porque Jesucristo, personalmente y espiritualmente, es nuestra única ancla segura.

Jesucristo es el mismo por toda la eternidad. ¡Él es eterno e incontestable!

El salmista declaró: “Pero tú eres el mismo, y tus años no se acabarán” (Salmos 102:27).

Jesucristo es el mismo ayer porque Él estuvo activo en la creación. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo” (Hebreos 1:1-2).

Jesucristo es el mismo hoy ofreciendo salvación a todos los que invocan su nombre. Por lo tanto, “si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 4:7).

Jesucristo es el mismo para siempre que reina en gloria a la diestra del Padre que está en los cielos. “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios” (Hebreos 10:12).

Necesitamos entender que Jesucristo es inmutable como lo dice la Biblia. Hace muchos años atrás, Él murió en nuestro lugar en la cruz para tomar nuestros pecados. Hoy Él intercede representándonos ante el Padre que está en el cielo. Él es por siempre nuestro gran Sumo Sacerdote. El escritor de Hebreos declara: “Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable” (Hebreos 7:23-24). Aquí las Escrituras claramente establecen que Jesucristo es el mismo por siempre. Todo lo que Jesús fue ayer; Él es hoy y lo será para siempre.

Cuando leemos las palabras “Jesucristo el mismo ayer”, pensamos en Su nacimiento en Belén, sí, es cuando se hizo carne con el propósito de venir a la tierra para reconciliarnos con el Padre. “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1 Corintios 15:21-22).

Necesitamos entender que Él es la segunda persona eterna de la Santísima Trinidad. “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios” (Juan 1:1-2). Aquí vemos de nuevo cuando leemos (Hebreos 1:1-2), que Cristo estaba con Dios y que Jesucristo era Dios. “Él estaba en el principio con Dios.”

Cuando todo lo demás tuvo un comienzo, Él ya existía y no tuvo comienzo. “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:3-4).

Jesucristo es la misma persona que preexistió antes de encarnar, y es el mismo que recorrió los polvorientos caminos de Galilea, sanó a los enfermos, dio vista a los ciegos y resucitó a Lázaro de entre los muertos; entre muchas otras cosas.

En su asombrosa oración la noche antes de Su muerte por crucifixión, Jesús oró: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5).

Él vino de la gloria y volvió a la gloria. Aquí está la verdad más profunda y relevante en la Palabra de Dios. Jesucristo vino de la gloria y se hizo carne, y se humilló a sí mismo para morir como nuestro sustituto para pagar nuestra pena de muerte. Ahora Él ha regresado a la gloria que tuvo con el Padre en la eternidad, y como prometió en Juan 14:1-4, vendrá por Sus hijos redimidos, todos aquellos que creen, confían y obedecen a Él.

Sus discípulos testificaron Su ascensión y les dijeron: “Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11).

Él volverá de la manera que fue. Jesús que fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por Su llaga fuimos nosotros curados, que clamó, “consumado es”, resucitó de entre los muertos y ascendió al cielo, será el mismo cuando regrese a esta tierra en Su gloria triunfante.

Cuando él vuelva, no usará las vestiduras de siervo, sino las vestiduras del eterno Rey de la gloria. Él estará vestido con las vestimentas del Rey de reyes y Señor de señores.

Jesucristo es el mismo ayer, hoy y para siempre”. Él vino por primera vez para cargar nuestro pecado e iniquidad y morir como nuestro sustituto. Hoy Él está en el cielo haciendo intercesión por nosotros como nuestro Mediador. Y cuando venga de nuevo, “que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra;  y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:10-11).

Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). Y el apóstol Pedro predicó: “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12).

“Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin, dice el Señor, el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:8).

“He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.  Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas en la ciudad.” (Apocalipsis 22:12-14)

Nuestro Señor y Salvador es el Cristo eterno e inmutable, el Mesías Ungido. Cree en Él y sé salvo hoy, mientras todavía tienes tiempo, porque: “El que da testimonio de estas cosas dice: ” El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.” (Apocalipsis 22:20-21)

Posteado por: mvmspanish | agosto 16, 2018

LA ERA DE LA APOSTASIA – 1 Timoteo 4:1

La apostasía significa el abandono de una lealtad previa; es una deserción consciente, en términos bíblicos, es un acto de negarse a seguir obedeciendo a la Palabra de Dios.

A lo largo de la historia de la Iglesia, hemos visto una partida continua de personas y de iglesias de la fe de los apóstoles. Por más trágico que esto haya sido, no debería sorprendernos, porque Pablo nos advirtió que: “El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1).

Poco después de que nuestro Señor comenzó a edificar Su Iglesia, el apóstol Juan registra una de las primeras ocurrencias de apostasía. “Ellos salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros. Pero salieron, a fin de que se manifestara que no todos son de nosotros” (1 Juan 2:19). Desde entonces, muchos otros cristianos profesos, iglesias, denominaciones y seminarios, que una vez defendieron la verdad y la autoridad de la Palabra de Dios, se han desviado hacia la apostasía. Una de las características interesantes de la apostasía es que no ocurre de la noche a la mañana y, en realidad, se desarrolla a lo largo de un período de tiempo. Sin embargo, ha aumentado de forma constante a un ritmo alarmante en los últimos 120 años.

Centrémonos en algunos signos bíblicos que muestran claramente que la apostasía está ocurriendo.

Primero – La palabra de Dios se descuida como la autoridad suprema de nuestra fe. Las palabras y la sabiduría del hombre se vuelven tan importantes como la Palabra de Dios. La gente comienza a seguir personalidades “cristianas” en lugar de la Palabra de Dios. Los líderes religiosos descartan los planes del Señor para construir su iglesia y crear su propia estrategia. El poder del Evangelio es debilitado y está siendo comprometido por líderes religiosos que están más preocupados por el crecimiento de su iglesia y conquistar un número mayor de seguidores que en predicar la verdad. El evangelismo bíblico es sustituido por los métodos de conversión del hombre y, llevando falsamente a las personas a creer que, por haber realizado algún ritual, o por haber dicho una oración, son salvas. Las iglesias les dan a las personas lo que quieren en lugar de lo que necesitan. La búsqueda de la santidad y la santificación se descuida cuando Dios dice claramente: “Sed santos porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16). Las advertencias bíblicas para exponer a los falsos maestros son ignoradas. Los contendientes de la fe son etiquetados como divisivos e intolerantes. Las mujeres pueden enseñar a los hombres.

Segundo – Las Escrituras son torcidas y distorsionadas para sus agendas de interés propio. La verdad se vuelve subjetiva y relativa. El error doctrinal y el pecado son tolerados por líderes religiosos que descuidan su responsabilidad de proteger a las ovejas. Satanás siembra su cizaña con poca resistencia. El Evangelio se vuelve más amplio para atraer a más personas. La predicación expositiva se reemplaza por mensajes atractivos y chistes.

La ignorancia bíblica de aquellos que están sentados en los bancos de la iglesia proporciona un terreno fértil para que los falsos maestros prosperen. La exhortación para luchar fervorosamente por la fe es ignorada (Judas 1:3). La gente honra a Dios con palabras, pero sus corazones están lejos de Él (Mateo 15:8). Los hombres “infalibles” afirman ser sucesores de los apóstoles y son acogidos como hermanos en Cristo. Hombres impíos entran sin ser notados y transforman la gracia de nuestro Dios en libertinaje (Judas 1:4). Los defensores de la fe son expulsados.

Tercero – El entretenimiento impío, las presentaciones teatrales, la danza y las actividades que divierten la atención, reemplazaron al Señor Jesús del foco central de la adoración. Los líderes religiosos están más interesados ​​en entretener las cabras que alimentar a las ovejas. Los mensajes que agradan su oído le dan a la gente lo que quieren en lugar de lo que necesitan (2 Timoteo 4:3). La sana doctrina y la verdad se suprimen por el bien de la unidad ecuménica “universal”. Los corazones se endurecen y el amor a Dios se enfría (Mateo 24:12). El error doctrinal florece y es abrazado con orgullo obstinado. No hay amor por la verdad y no hay discernimiento. La gente no apoya nada y se apasionan por todo. Hay una apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder (2 Timoteo 3:5). La idolatría es practicada y promovida. El pecado y los estilos de vida inmorales son tolerados. Las mujeres son ordenadas como líderes religiosos.

Cuarto – La enseñanza está fuertemente influenciada por las doctrinas de los demonios (1 Timoteo 4:1). Jesús fue removido de la iglesia. La decepción está completa. Signos mentirosos y maravillas, incluyendo apariciones, son aceptados como mensajes celestiales cuando de hecho provienen de Satanás. La idolatría y las oraciones a los muertos son alentadas. Aquellos que proclaman la verdad del Evangelio son condenados con anatema o muerte. La gracia se convierte en licencia para pecar. No hay más evidencia del fruto del Espíritu que es amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y dominio propio (Gálatas 5:22-23). La gracia y el perdón de Dios se venden por un precio. El candelabro de la iglesia fue removido y un cierto juicio aterrador es inevitable.

Tal vez estás en una iglesia o denominación que está cayendo en apostasía. ¿Te usará Jesucristo para luchar fervientemente por la fe y proteger la santidad de Su Iglesia? En estos últimos días de creciente apostasía y decepción, todos necesitamos prestar atención a la advertencia de Pedro y alentar a otros a hacer lo mismo: “Por tanto, amados, sabiendo esto de antemano, estén en guardia, no sea que arrastrados por el error de hombres libertinos, caigan de su firmeza” (2 Pedro 3:17).

La apostasía nos rodea en diversos grados. Como cristianos, debemos estar muy seguros de que nos aferramos a la verdad de la palabra de Dios y resistimos a la Iglesia Emergente, la Nueva Era, el ecumenismo y el secularismo que nos rodea. Necesitamos mantenernos firmes en la palabra de Dios y nunca avergonzarnos de la verdad del Evangelio: “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del Judío primeramente y también del Griego” (Romanos 1:16).

Necesitamos advertir a las personas contra la apostasía y la necesidad de avanzar en la fe, dando frutos como ramas atadas a la vid. Hebreos 3:12-13 nos insta a: “Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que los haga apartarse del Dios vivo. Más bien,…anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado.”

La apostasía es un desafío contra Dios porque es una rebelión contra la verdad. Entonces, ¿defenderás la gloria y el honor de nuestro gran Dios y Salvador y protegerás la pureza de Su Evangelio? Que la Palabra de Dios nos exhorte y anime a pelear la buena batalla de la fe (1 Timoteo 6:12), porque la Biblia nos advierte que “en los últimos días vendrán tiempos difíciles” (2 Timoteo 3:1) y muchos tendrán la “apariencia de piedad, pero negará su poder” (2 Timoteo 3: 5). La mejor manera de evitar la apostasía y rechazar las enseñanzas de los apóstatas es leer la Palabra de Dios y estudiarla, porque la mejor manera de identificar la falsificación es conocer la verdad genuina de la Escritura.

Las palabras más aterradoras que un cristiano profesante podría escuchar serían Jesús diciendo: “Nunca os conocí. ¡Apartaos de mí, hacedores de maldad!” (Mateo 7:21-23). El Señor Jesús declarará esas palabras horribles a muchos, no pocos, que se jactan de las muchas obras que hicieron en Su nombre. Lo llamaron Señor pero no obedecieron Su primer mandamiento de “arrepentirse y creer en el Evangelio” (Marcos 1:15).

¿Quiénes son los “muchos” que serán rechazados en el Día del Juicio Final? Son aquellos que creían que podrían obtener la vida eterna por las obras que estaban haciendo en lugar de confiar en la obra que Cristo había hecho. Tampoco se apartaron de sus pecados para seguir a Jesucristo en la fe. Entonces, porque nunca obedecieron el Evangelio de Cristo, pagarán la pena de la destrucción eterna, lejos de la presencia del Señor (2 Tesalonicenses 1:9). Trágicamente, cuando Jesús les declara, “apartaos de Mí”, no habrá una segunda oportunidad, ni excusas, ni la oportunidad de culpar a cualquier falso maestro que los engañaron.

El Señor Jesús también se refirió a los “muchos” cuando habló de los dos caminos hacia la eternidad. Muchos recorrerán el camino ancho hacia la destrucción en lugar del camino angosto hacia la vida eterna (Mateo 7:13-14). En lugar de esforzarse por entrar por la puerta estrecha, probando la enseñanza de cada hombre, tontamente siguen a los falsos maestros, que son lobos disfrazados en trajes de ovejas (Mateo 7:15).

Es triste ver que muchos profesan la fe en Cristo, pero solo unos pocos muestran evidencia de haber nacido de nuevo como nuevas criaturas en Cristo. Muchos que se llaman de cristianos no pueden ni siquiera comunicar el Evangelio que tiene el poder de salvar almas. Parte de la culpa se debe atribuir a los métodos de evangelismo centrados en el hombre, como tomar la decisión de “aceptar” a Cristo repitiendo una oración, o ir al altar para buscar la salvación, o siendo “una persona buena” y haciendo buenas obras. Ninguno de estos métodos se encuentra en la Biblia. La única respuesta salvadora al Evangelio de la Gracia es arrepentirse y creer en el Señor Jesucristo (Marcos 1:15). Parte de la culpa también puede atribuirse a los que comprometen el Evangelio para hacerlo más agradable y menos ofensivo (Gálatas 1:6-10).

Con tantos falsos conversos, la iglesia se ha convertido en un campo de misión. ¡Muchos que profesan a Cristo no son realmente obedientes a Cristo! Ellos no entienden el nuevo nacimiento. Nunca pasaron de la muerte a la vida. Ellos siguen condenados porque no han sido justificados. ¡Siguen siendo enemigos de Dios a pesar de que profesan ser Sus amigos! Permanecen esclavizados al pecado porque nunca han sido liberados. Ellos profesan al Salvador con palabras, pero su corazón está lejos de Él (Mateo 15:8). Ellos engañan a otras personas con su justicia externa, pero no pueden engañar a Dios porque de Dios nadie se burla (Gálatas 6:7). No están conscientes de su peligro pendiente, porque nunca se han examinado a sí mismos para ver si su fe es genuina: “Pónganse a prueba para ver si están en la fe. Examínense a sí mismos. ¿O no se reconocen a ustedes mismos de que Jesucristo está en ustedes, a menos de que en verdad no pasen la prueba?” (2 Corintios 13:5).

La mejor forma en que podemos probar que nuestra fe es genuina es examinarla a través de la lente de las Escrituras. El apóstol Juan escribió su primera epístola para que aquellos que creen en el Señor Jesús puedan saber que tienen vida eterna (1 Juan 5:13). También vemos muchas características de falsos conversos en la Palabra de Dios. Algunos de ellos se enumeran a continuación: 

  • Crees que eres una buena persona, cuando la Palabra dice: “no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” (Romanos 3:12)
  • Tienes conocimiento de Dios pero no lo obedeces. “Profesan conocer a Dios, pero con sus hechos Lo niegan, siendo abominables y desobedientes e inútiles para cualquier obra buena.” (Tito 1:16)
  • No buscas la santificación cuando la Biblia dice: “Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” (Hebreos 12:14)
  • Usted es un hipócrita sin arrepentimiento (Lucas 18:9-14).
  • Usted busca establecer su propia justicia. “Pues desconociendo la justicia de Dios y procurando establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios.” (Romanos 10:3)
  • No estás dispuesto a perdonar a los demás. “Pero si no perdonan a los hombres, tampoco su Padre les perdonará a ustedes sus transgresiones.” (Mateo 6:15)
  • No deseas seguir a Jesús, cuando Jesús dijo: “Si alguien quiere seguirme, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame. (Lucas 9:23)
  • Llamas a Jesús de ‘Señor’ pero no haces lo que Él dice (Lucas 6:46).
  • Amas tu pecado. “Y esta es la condenación: que la Luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la Luz, porque sus obras eran malas.” (Juan 3:19)
  • No te has apartado de la iniquidad. “Que se aparte de la iniquidad todo aquél que menciona el nombre del Señor.” (2 Timoteo 2:19)
  • Toleras o promueves cosas que Dios odia (Proverbios 6:16-19).
  • Eres un simple oyente de la Palabra, no un hacedor, engañándote a ti mismo (Santiago 1:22).
  • Estás lleno de orgullo sin humildad (Santiago 4:6).
  • Caminas en la oscuridad. “Si decimos que tenemos comunión con Él, y andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad.” (1 Juan 1:6)
  • Vives de acuerdo con tu naturaleza pecaminosa (Romanos 8:5).
  • No amas la verdad…“a fin de que sean juzgados (condenados) todos los que no creyeron en la verdad sino que se complacieron (aprobaron) en la iniquidad.” (2 Tesalonicenses 2:10-12)
  • Usted dice que Jesús es su Salvador, pero no lo haces el Señor de su vida (Lucas 4:46).

Como la Biblia nos dice, la seguridad de que somos verdaderamente salvos no se basa en una decisión pasada sino en una realidad presente. Entonces, ¿qué sucede si no estamos seguros acerca de nuestra fe y nuestra salvación? Encontramos la respuesta en la Palabra de Dios:

  • Permanezca en la Palabra de Dios – entonces usted conocerá la verdad que lo liberará del engaño religioso (Juan 8:31-32).
  • Arrepiéntete – con tristeza piadosa por sus pecados, clame a Dios por Su misericordia (Lucas 18:13). “Porque la tristeza que es conforme a la voluntad de Dios produce un arrepentimiento que conduce a la salvación, sin dejar pesar; pero la tristeza del mundo produce muerte.” (2 Corintios 7:10)
  • Crea en el Evangelio: siga al Señor Jesucristo con fe (Romanos 10:9-10).
  • Ame a Dios – con todo tu corazón, alma y mente (Mateo 22:37). “Si alguno no ama al Señor Jesucristo, que sea anatema.” (1 Corintios 16:22)

¿Qué debemos hacer si conocemos a alguien que puede ser un falso converso? Pídale que comparta los eventos que estuvieron presentes durante su conversión. Si su testimonio de conversión no se alinea con las Escrituras, hágale más preguntas. Hable la verdad en amor ¡Déjelo saber que la eternidad es para siempre! Podemos estar equivocados acerca de muchas cosas en esta vida y aún sobrevivir, pero si nos equivocamos acerca de nuestra fe, pagaremos por ese error por toda la eternidad.

En este momento, hay imágenes de fuegos violentos que están quemando muchas partes del mundo que son absolutamente aterrorizantes. Miles de personas están huyendo a un lugar seguro porque sienten el peligro inminente. Por más doloroso que sea ver esos incendios devastadores, cuánto más desalentador es ver a la gente rechazar la realidad del fuego terrorífico que aguarda a las personas que mueren sin Cristo. Aquellos que mueren en sus pecados irán inmediatamente a un lugar de tormentos donde conscientemente experimentan dolor y sed de un fuego ardiente que nunca se extinguirá. El horror y la desesperanza son tan grandes que querrán advertir a sus seres queridos. Por favor, lea la parábola que Jesús les dijo a sus discípulos acerca de LÁZARO Y EL HOMBRE RICO; porque Jesús nos advierte que el estado eterno de castigo por los pecados es irreversible; no hay segunda oportunidad ni escape.

Ahora, dado que conocemos el temor del Señor, debemos persuadir a los hombres (2 Corintios 5:11) y rogarle a los que vemos que están perdidos que huyan a los brazos amorosos y misericordiosos de Jesucristo, que es su única esperanza de escape (Lucas 16:19-31).

Por favor, sepa que “en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Como sacerdotes para Dios, que son todos los verdaderos creyentes nacidos de nuevo (Apocalipsis 1:6) hagamos todo lo posible para rescatar a nuestros seres queridos de la ira de Dios, ¡antes de que sea demasiado tarde!

 

“Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo.” (1 Reyes 19:12)

Elías corrió y se estaba escondiendo por su vida, a pesar de que Dios había respondido espectacularmente a su oración con fuego del cielo. Jezabel, sin embargo, no se había sentido intimidada por la victoria de Elías y había jurado que lo mataría. Y debido a esto, Elías cayó en una depresión y quería morir. Si Jezabel no pudiera impresionarse con el fuego del cielo, ¿cómo podría Elías tener la esperanza de vencerla a ella y a sus ejércitos?

Entonces, ¿qué le pasó a Elías?

En muchas áreas de la vida, las grandes victorias a menudo son seguidas por tiempos de duda, desaliento y depresión. El estrés emocional, la fatiga física y otros factores a veces pueden combinarse para provocar la depresión.

Las personas comprometidas con Dios no son inmunes a ser humanos, porque las emociones son parte de esa humanidad. Es por eso que usar nuestras emociones humanas como guía para nuestra condición espiritual es peligroso. Sentirse bien y ser feliz no siempre son buenas medidas de nuestro compromiso con Dios. Del mismo modo, sentirse deprimido, desanimado, ansioso, dudoso, no son necesariamente signos de decadencia espiritual.

Elías se dio por vencido. Dejó su país en el norte y viajó al sur. Cuando llegó a la frontera de Israel en Berseba, dejó a su sirviente allí y siguió solo, y finalmente, después de caminar un día entero en el desierto, se sentó debajo de un arbusto y oró a Dios para que le quitara la vida; luego, exhausto, se durmió.

¡Tenemos que entender que Dios no nos da por vencidos casi tan fácilmente como nosotros nos damos por vencidos con Él! Dios vino a Elías en el desierto en medio de su angustia cuando un ángel lo tocó, y le dijo: “Levántate y come”.

La palabra traducida como “ángel” en hebreo simplemente significa mensajero (v. 5). A menudo, la Biblia usa mensajeros como una forma de describir la presencia de Dios mismo (Jueces 2:1, Isaías 63:9).

Ahora, después de recuperar su fuerza, mientras Elías viajaba hacia Horeb todavía no se había recuperado completamente de su estado emocional; pero él se estaba moviendo, lo cual era bueno. No siempre podemos esperar una “solución rápida” a nuestros desalientos, la curación puede ser lenta, pero comenzar el proceso es un buen comienzo.

Ahora leemos lo que le sucedió a Elías y la revelación de Dios a él en los versículos 1 Reyes 19:9-18.

Aquí está el núcleo de la historia. En estos versículos, la historia va más allá de Elías y sus necesidades personales hasta ese nivel más profundo que aborda la cuestión de cómo funciona Dios. Dios no había dejado de trabajar con Elías y vemos las persistentes preguntas de Dios estimulando suavemente a Elías hacia una respuesta fiel.

El Monte Horeb, donde Elías se encontró después de su largo viaje por el desierto, era la misma montaña donde Moisés se había encontrado con Dios en el fuego de una zarza ardiente (Éxodo 3:1). Fue en esa montaña, también llamada Monte Sinaí, donde Dios le había dado la ley a Moisés en medio del fuego, el humo y el trueno (Éxodo 19:16-18).

Por la gracia divina y la providencia de Dios, Elías fue sostenido durante cuarenta días y cuarenta noches hasta que llegó a Horeb, la montaña de Dios, y encontró refugio en una cueva. Esto nos recuerda que “cuarenta” aparece en la Biblia en lugares tales como los 40 años en el desierto para los judíos; 40 días de Moisés en el monte recibiendo la Ley, los 40 días de Jesús en el desierto y Su tentación por Satanás, y hay muchos otros relatos de 40 días en la Biblia.

Mientras estaba allí, leemos que “un gran y fuerte viento” fue enviado y “después del viento un terremoto” y Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo (1 Reyes 19:11-12). Pero el Señor no estaba en el viento ni en el terremoto o el fuego. Dios finalmente llegó a Elías con un “suave murmullo”, y esa voz le aseguró que Dios estaba bien en control de todas las circunstancias.

En nuestra impaciencia humana, creemos que Dios siempre debe moverse de inmediato con gran fuerza. A menos que ocurran cosas inmediatamente, nos desanimamos, como Elías. Pero Dios más a menudo habla en voz baja y trabaja de manera tranquila. Por tanto, Jehová esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia. . . Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Isaías 30:18, 21). El Espíritu Santo nunca nos dirá que hagamos algo que viole y desobedezca la Santa Palabra de Dios.

Una vez que aprendemos a estar quietos y esperar en el Señor y nuestro espíritu se ha aquietado, nos anima a hablar con Dios sobre lo que está sucediendo en nuestra vida y a escuchar, porque:

  1. La voz de Dios a menudo es silenciosa. A veces, a menos que tengamos habilidad para reconocer la voz de Dios, podríamos confundirla con un pensamiento pasajero. Creo que a Dios le gustaría hablarnos a menudo, pero muchas veces no estamos escuchando. O hay tanto “ruido” y conmoción en nuestra vida y tan poco tiempo de silencio con Él, que la suave voz de Dios no se escucha.

Sabemos que Dios es completamente capaz de llamar nuestra atención si lo necesita; pero que Él preferiría que lo escucháramos porque lo amamos y sabemos que Él nos ama y quiere lo mejor para nosotros.

  1. La voz de Dios puede guiarnos en lo que debemos hacer. Después de escuchar a Dios, Él da a Elías la tarea de ungir a tres hombres, dos reyes y su sucesor profético.

La voz de Dios estaba allí para aclarar la dirección de Elías y Él hace lo mismo por nosotros.

  1. La voz de Dios puede proporcionar consuelo cuando estamos ansiosos. Elías estaba temeroso, agotado, deprimido y sin esperanza. Dios lo consuela al darle un nuevo trabajo y una nueva tarea. Jesús consuela y restaura a Pedro de manera similar, lo restauró señalando suavemente el trabajo que tenía que hacer, pidiéndole tres veces que cuidara de sus corderos y sus ovejas.

Dios también tranquiliza a Elías al señalarlo a un compañero espiritual, Eliseo, quien aprenderá de él y eventualmente lo sucederá para que el trabajo de su vida continúe después de su muerte. ¡Que bendición!

  1. La voz de Dios puede traer reprensión. A veces, necesitamos que Dios nos aclare, que corrija nuestros errores de pensamiento. Elías se había estado quejando, “Yo, solo yo, me he quedado”. Dios le informa que 7.000 personas no han comprometido su fe en Él.

Había Eliseo, un joven que Dios estaba preparando y otros 7.000 hombres que no se habían arrodillado ante Baal. Le mostró a Elías que su ministerio no había sido en vano y que la Palabra de Dios no vuelve vacía sin importar cuán mal las cosas puedan parecer para nosotros. La nación no sería totalmente exterminada y habría quienes continuarían la obra del Señor.

La Biblia se llama la Palabra de Dios porque es Su voz, no en sonidos audibles, sino en palabras escritas por la inspiración del Espíritu Santo. Y cuando lo escuchamos predicar y enseñar en espíritu y en verdad, estamos escuchando la voz de Dios que efectivamente funciona en aquellos que creen (1 Tesalonicenses 2:13).

Entonces, cuando estés en apuros, recuerda siempre lo que la inspiración del Espíritu Santo le dijo al salmista que escribiera: “Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios.” (Salmos 46:10)

Posteado por: mvmspanish | julio 26, 2018

DIOS NOS AYUDA A RESISTIR AL DIABLO – 1 Corintios 10:12-14

Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría. (1 Corintios  10:12-14)

Pregunta; en medio de las circunstancias que te rodean, ¿estas viviendo como verdadero cristiano? Recuerda que si Cristo vive en ti como Pablo escribe usted ya está: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Dios desea transformar tu carácter y tu conducta en la semejanza del carácter y de la conducta de Jesucristo. Y lo hará en la medida en que tú se Lo permitas.

Si diariamente renuncias a toda confianza en ti mismo para depender únicamente del Señor, y si te abstienes de tomar decisiones independientes para aceptar y obedecer la voluntad de Él, entonces la gloriosa vida de Cristo se manifestara en ti.

Es posible, no obstante, que se te haya dificultado poner en práctica lo que aprendiste. La razón es que tienes un enemigo que te quiere estorbar. Este enemigo es el diablo. Su propósito es hacerte pecar, y su arma es la tentación. Pero Dios está contigo, y en Su palabra te muestra la manera de vencer.

En 1 de Pedro 5:8 leemos estas palabras “Sed sobrios, y velad; por que vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” El diablo está enojado contigo porque una vez que usted se torna hijo de Dios, te ha perdido. Antes de tu conversión a Cristo, como dice 2ª Timoteo 2:26, el diablo te tenia cautivo en sus lazos y hacías su voluntad. Pero si ahora eres nacido de nuevo ya no es así. Según Colosenses 1:13 Dios te ha librado de la potestad de las tiniebla y te ha trasladado al reino de su amado Hijo. En otras palabras, tú has cambiado de ciudadanía. Antes pertenecías al reino de las tinieblas, y el diablo ejercía autoridad sobre ti. Pero ahora eres ciudadano del reino de Cristo, y el diablo está enojado contigo.

Pero el diablo está enojado también por el hecho de que ahora Dios se propone usarte como testigo de Su poder libertador. Si diariamente permites que Cristo viva su vida en ti, entonces vas a  ser un instrumento efectivo en las manos de Dios para que otras personas más se salven.

Para evitar que tal cosa suceda, el; diablo te ataca. Su propósito es hacerte pecar. El sabe que cualquier pecado rompe tu intima comunión con Dios; “pero vuestras iniquidades han hecho división entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados han hecho ocultar de vosotros su rostro para no oír”  (Isaías 59:2), y  leemos en Salmo 66:18 que, “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, El Señor no me habría escuchado.” El diablo sabe también que cuando te apartas del Señor, no puedes llevar fruto para Él, como enseña Juan 15:5. Entonces, para debilitar tu testimonio cristiano, el diablo procura hacerte pecar. El arma que emplea para ello es la tentación.

Ahora bien, tenemos que entender que ser tentado es peligroso, pero no es el ato de cometer un pecado. Como enseña Hebreos 4:15, el señor Jesús “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero SIN PECADO.” El pecado no consiste en ser tentado, si no en ceder a la tentación.

En segundo lugar, Dios puede tornar la tentación del diablo en un medio de bendición. Santiago 1:12 dice: Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman. Esto quiere decir que cuando la tentación es vencida el creyente victorioso queda fortalecido para luchar mejor contra tentaciones futuras.

La tercera cosa alentadora es que Dios ofrece ayudarte a vencer. Su oferta está en 1 Corintios 10:12-14 que es nuestro versículo de hoy. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar. Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.

En este importante pasaje los versículos doce y catorce son mandamientos, el versículo trece contiene dos promesas. Las promesas están encerradas entre los mandamientos. Esto indica que están estrechamente relacionados entre si. Dios cumplirá fielmente las dos promesas cuando tú seas igualmente fiel en obedecer los dos mandamientos. 

El primer mandamiento es que no confíes para nada en ti mismo. “El que piensa estar firme, mire que no caiga.” Recuerda el caso de Pedro. Confiadamente le dijo a Jesús: Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré;… Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré” (Mateo 26:33,35). Y todos sabemos el triste resultado. Por tanto, lo primero que tienes que hacer para vencer la tentación es desconfiar de ti mismo para depender totalmente del señor.

El segundo es: “huid de la idolatría.” Un ídolo no es solamente alguna imagen o figura. Cualquier cosa que te aparte de una lealtad suprema a Dios es un ídolo para ti. Así es que cuando sabes que alguna cosa te provoca la tentación de pecar, debes huir de esa cosa.

Ahora, si has obedecido estos dos mandatos, entonces puedes confirmar plenamente en que Dios te cumplirá Sus dos promesas. En primer lugar, pondrá freno a tu enemigo. No permitirá que te ponga delante ninguna tentación que tú no puedas vencer. Y en segundo lugar, juntamente con la tentación permitida, te dará una salida para que no caigas en la trampa.

Así que “resista al diablo, y huirá de ti” (Santiago 4:7). Y lo podremos hacer manteniendo constantemente la sobriedad y la vigilancia en contra de sus seducciones, y tener cuidado de permanecer “firmes en la fe.” De lo contrario, el pseudo-intelectualismo y la presión social a la que nos vemos sometidos diariamente podrían persuadirnos rápidamente a comprometernos la fe, o incluso apartarse de ella.

Se nos ordena no rendirnos y no comprometernos. En cambio, debemos “ponernos toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.”  Y tenemos que tomar el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios(Efesios 6:11, 16-17).

Este fue el instrumento con el que el Señor Jesús mismo resistió al diablo, rechazando cada tentación con la palabra de Dios. El resultado entonces, como lo será ahora también con nosotros, fue que el diablo “se apartó de él por un tiempo” (Lucas 4:13).

Nuestra victoria esta en Cristo. Hebreos 2:18 dice “Pues en cuanto el mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.” Así, pues, mientras más cerca nosotros vivemos del Señor y de Su palabra más seguro estaremos.

Satanás no tiene poder sobre un verdadero hijo de Dios; porque, el poder de Satanás se rompió y se hizo añicos cuando Jesús resucitó de la tumba.

!Pero gracias a Dios! Él nos da la victoria a través de nuestro Señor Jesucristo. (1 Corintios 15:57)

Porque el Señor nuestro Dios es el que va contigo para luchar por ti contra tus enemigos para darte la victoria. (Deuteronomio 20: 4)

Para más información haga un clic en este enlace. 

REALIDADES DE LA GUERRA ESPIRITUAL Y UNA VIDA VICTORIOSA

Posteado por: mvmspanish | julio 19, 2018

SIENDO UN BERNABÉ Y ALENTANDO A LA GENTE – Juan 7:38

“De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva.” (Juan 7:38)

El nombre de Bernabé era en realidad José, pero él era una persona tan edificante que los líderes de la iglesia cristiana primitiva cambiaron su nombre a Bernabé, que significa “hijo de aliento.”

Bernabé estaba dispuesto a asumir riesgos para dar a otros un nuevo comienzo en la vida y eso es lo que él hizo por Saulo. Saulo había causado estragos en la iglesia: entrando de casa en casa, arrastrando a hombres y mujeres y los metía en la cárcel. Ahora, mientras estaba en un viaje a la ciudad de Damasco, donde estaba planeando hacer lo mismo, tuvo un encuentro que cambió su vida. Él oyó la voz de Jesús y vio una luz brillante. La voz dijo: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9:4)

No reconociendo la voz, Saulo preguntó a quien la voz pertenecía y fue dicho: “Yo soy Jesús, a quien usted persigue” (Hechos 9:5). El brillo de la luz de Jesús cegó a Saulo por tres días. La voz de Jesús, el cual Saulo estaba seguro de que estaba muerto, quitó su ceguera espiritual y le permitió ver que Jesús era el Mesías, así como los cristianos que él venía persiguiendo habían dicho.

Ahora, Saulo no quería tener nada que ver con su antigua vida, todo lo que quería era seguir y enseñar a todos sobre Jesús. Él comenzó a compartir su fe recién encontrada con la gente y fue muy eficaz en conducir a los no cristianos a Cristo. Pero él fue menos efectivo en convencer a los líderes cristianos de que él era auténtico en su amor por Jesús.

Entonces fue cuando Bernabé intervino: “Bernabé lo tomó a su cargo y lo llevó a los apóstoles. Saulo les describió en detalle cómo en el camino había visto al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había predicado con libertad en el nombre de Jesús” (Hechos 9:27).

Como vemos, Bernabé no sólo “lo llevó”, sino que caminó con él hasta donde estaban los apóstoles y garantizó su experiencia. Podemos ser como Bernabé. Debemos ser discípulos generosos, que ayudan a “llevar a las personas” a su llamado y a su vocación.

Pablo, formalmente, Saulo era el más bajo de los bajos a los ojos de los líderes cristianos. Bernabé extendió la mano y levantó a Pablo a los ojos de los demás. A partir de ese momento, Pablo fue autorizado a predicar sobre Jesús y se convirtió en uno de los mayores maestros cristianos de la iglesia primitiva. Pero nada de eso habría sido posible sin Bernabé, el hijo del aliento.

Como vemos, Bernabé obviamente tuvo influencia con el liderazgo de la iglesia cristiana primitiva. Ellos oyeron respetuosamente mientras contaba la historia de lo que le sucedió a Paulo y cómo había sido cambiado.

Permanecer en la brecha hace que los que dudan suspendan el juicio por un momento mientras intentan racionalizar: “¿Por qué arriesgaría su reputación en esa persona?”

Una vez que usted convence a los demás a dar una nueva oportunidad a esta persona, usted necesita apoyarla y animarla. Bernabé lo modeló bien con Pablo. Él viajó y predicó con Pablo por un par de años, después siguió adelante, para alentar al próximo joven líder.

Solo la confianza hace posible este tipo de aliento. Pablo confió en Bernabé y Bernabé confió en Pablo para continuar en la forma en que había sido entrenado. Ambos se movieron a nuevas esferas de influencia ya que permitieron que la distancia física se interpusiera entre ellos.

¿Tienes un Bernabé en tu vida? ¿Usted tiene un amigo que se le acerca y dice: “Estoy aquí para usted” o “Te quiero” o “Sé que con la ayuda de Dios puedes hacerlo”? – Porque: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). 

Más importante, ¿eres un Bernabé? Si tienes una relación personal con Cristo, tienes los mismos recursos que tenía Bernabé. Él había escuchado el mensaje de salvación y vida gloriosa de Jesús a través del poder de Dios. 

La razón por la que Bernabé podría ser un alentador para los demás es que él creía en el mayor Alentador. Dios es el “Padre misericordioso y Dios de toda consolación” (2 Corintios 1:3). ¡La gracia de Jesús transformó a Bernabé en hijo del Padre del Aliento! Entonces Bernabé aprendió a tratar a los demás como Dios lo trató. Él conocía la Fuente de aliento y se convirtió en un maravilloso imitador de su Señor.

La Palabra de Dios nos dice que nosotros también podemos ser como Jesús (Efesios 5:1). ¿Cómo estás en esta área de reflexionar a Cristo? ¿Usted busca alentar a los demás? ¿Cómo estás animando a tus amigos? ¿Estás comprometido en el ministerio de aliento? Si las personas fueran invitadas a darle un apodo, como lo hicieron con Bernabé, ¿”Alentador” se aplicaría a usted?

Entonces, ¿cómo podemos convertirnos en un Bernabé? Consideremos específicamente cómo nuestras palabras pueden alentar a otros, tal como lo hizo Bernabé. Considera Proverbios 18:21: “En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto.” Ese es un verso asombroso. Dice que tenemos el poder, a través de las palabras, para elevar u oprimir un espíritu; así que debemos tener cuidado de elevar y no hacer que las personas se sientan peor, cuando necesitan de aliento. 

Como cristianos, Dios quiere que seamos alentadores para los demás, es decir, para dar esperanza e inspirar a los demás, abriendo sus ojos a su potencial dado por Dios. Hay un dicho que dice: “Dale a un hombre un pez y lo alimentas por un día, enseñarle a pescar y lo alimentará por toda la vida”.

Alentar a los demás es una de las habilidades de la vida más olvidadas y subestimadas. Ningún niño se convierte en un adulto saludable sin una dosis justa de aliento y desafío de un adulto significativo. Sin ser alentados, los jóvenes se ven obligados a revolcarse en actividades sin sentido y una vida irresponsable. Solo a través del don del aliento se permite a las personas brillar.

El Señor le dijo a Josué: “¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará dondequiera que vayas” (Josué 1:9).

Y Él alentó a Isaías diciéndole: “Así que no temas, porque yo estoy contigo; no te angusties, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré y te ayudaré; te sostendré con mi diestra victoriosa” (Isaías 41:10).

Bernabé confió en Dios para hacer de él el aliento que se convirtió y él hará lo mismo para todos los que están dispuestos a hacer lo mismo. 

Recuerde que, a las personas no les importa cuánto sabes, hasta que ellos sepan cuánto usted se preocupa.

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