Posteado por: mvmspanish | diciembre 7, 2017

GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS – EL REY HA NACIDO – Lucas 2:14

“¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:14) 

Durante esta época del año cuando celebramos el nacimiento de nuestro Salvador; aunque nadie sabe la fecha exacta del nacimiento de nuestro Señor, debemos exaltar Lo y honrarlo por lo que Él ha hecho; porque en Su encarnación, en el descenso de Su posición majestuosa desde la eternidad pasada, Él fue hecho a semejanza de los hombres a través de una concepción milagrosa y un nacimiento virginal. Jesús nació de una mujer para poder morir por Su pueblo, “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gálatas 4:4-5). 

El Hijo de Dios entregó Su gloria en el cielo y la adoración de los ángeles para venir a la tierra y ser rechazado por los suyos (Juan 1:11). “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3). Su venida a la tierra fue un descenso voluntario de Su posición como el majestuoso Rey del universo para convertirse en esclavo, debido a Su amor por nosotros. Su propósito era que el hombre caído se reconciliara con el Padre, por lo tanto, vino como un siervo sufriente para dar Su vida en rescate por muchos (Mateo 20:28). 

En este gran acto de humildad y amor por nosotros, el Hijo del Hombre fue deshonrado, avergonzado, burlado, golpeado y azotado, y sin embargo permaneció en silencio, “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). Su descenso divino alcanzó su punto más bajo cuando el Hijo del Hombre perfecto y sin pecado se hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Corintios 5:21). Mientras colgaba en la cruz, asumiendo los pecados de la humanidad y pagando por ellos, el inmaculado Hijo de Dios clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).  

Necesitamos entender que Jesús no estaba cuestionando a Dios; Él estaba citando el primer versículo del Salmo 22, una expresión profunda de la angustia que sintió cuando tomó los pecados del mundo, lo que causó que fuera separado de Su Padre. La agonía física fue horrible, pero aún peor fue el período de separación espiritual de Dios. Esto era lo que temía Jesús cuando oró a Dios en el jardín de Getsemaní para si fuera posible, que pase de Él esta copa (Mateo 26:39). 

Después de que el Hijo del Hombre experimentó la profundidad del dolor, la humillación y la muerte, Dios lo levantó gloriosamente de entre los muertos (Mateo 28:6). Su obra perfecta de redención fue terminada, la justicia divina se cumplió y el poder del pecado y la muerte fue derrotado. Cuarenta días después, Jesús ascendió a la gloria del cielo (Hechos 1:9). El siervo sufriente fue levantado para ser el Pastor soberano de Sus ovejas y un abogado para con el Padre (1 Juan 2:1). “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11). 

Como Señor de señores, Su nombre merece toda dignidad, honor, poder y posición; y Dios “lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no solo en este mundo, sino también en el venidero” (Efesios 1:20-21). 

Nuestro Creador y Salvador fue crucificado para ser coronado Rey de reyes. Habiendo “soportado la cruz”, Él “ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (Hebreos 12:2). Nuestro perfecto Sumo Sacerdote, se ofreció a sí mismo como el único sacrificio aceptable, a un Dios perfecto que exige la perfección y luego declaró en victoria: “Consumado es”  (Juan 19:30). 

Como nuestro Sumo Sacerdote, Él puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos (Hebreos 7:25). Después de Su perfecta obediencia a la voluntad de Su Padre, el Señor Jesús regresó a la gloria que tuvo con el Padre antes de que el mundo fuese (Juan 17:5). 

Que Dios nos conceda una mayor comprensión del amor insondable que Jesús tiene para nosotros, para que nuestros corazones se llenen de un mayor amor y lealtad para Él. Y cualquiera que sea el tiempo, que proclamemos siempre las excelencias de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable (1 Pedro 2:9). 

Jesús, el Hijo de Dios, nuestro Redentor es el único que merece toda la gloria: “Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén” (1 Timoteo 1:17). ) 

En nuestro ministerio de ‘Mission Venture’ lo serviremos en cualquier momento, en cualquier lugar y haremos cualquier cosa para Él, ¡porque solo Jesús es digno de toda nuestra alabanza y honor! 

¡Hombres y mujeres sabios todavía lo buscan, lo obedecen y lo adoran!

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Posteado por: mvmspanish | noviembre 30, 2017

LA ADVERTENCIA DE PABLO A LOS GÁLATAS Y PARA NOSOTROS – Gálatas 1-4

Pablo, apóstol, no por investidura ni mediación humanas, sino por Jesucristo y por Dios Padre, que lo levantó de entre los muertos. (Gálatas 1:1) 

Pablo explica en su epístola a los Gálatas el cambio dramático que él recibió por la revelación de Jesucristo (Gálatas 1:12), y que la causa del cambio tan drástico fue la revelación de Dios de su Hijo para él. 

Pablo revisa el registro de su vida pre-cristiana para mostrar la maravilla de la gracia de Dios. Aunque nunca dejó de identificarse como judío “soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín” (Romanos 11:1), solo usó el judaísmo como forma de describir su vida antes de convertirse en un nueva creación “en Cristo”. 

Al igual que los profetas, Isaías y Jeremías escribieron: “Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones” (Jeremías 1:4-5, Isaías 49:1), Pablo se ve a sí mismo como separado por Dios desde su nacimiento para su función profética (Gálatas 1:15). 

Aunque Pablo reconoce que su vida anterior fue vivida en oposición a la voluntad de Dios, él todavía afirma que toda su vida es parte del plan soberano de Dios. Qué maravillosa esperanza nos da esto a cada uno de nosotros. 

La decisión de Dios de apartar a Pablo desde antes del nacimiento llevó al acontecimiento transformador de su vida por el llamado de Dios. Antes que Pablo naciera, Dios lo escogió. Mientras Pablo intentaba destruir al pueblo de Dios, Él lo llamó. Este es el significado de la gracia y del amor inmerecido. Esta misma gracia abunda hoy y está disponible para todos los que la acepten, porque es un regalo gratuito de nuestro amoroso Dios Creador. Pablo escribe que Dios “hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo” (2 Corintios 4:6). 

Al mirar a los nuevos creyentes de Galacia vemos su falta de comprensión de lo que Pablo les había enseñado, ya que, con toda probabilidad pensaban que al simplemente agregar unas pocas costumbres judías al evangelio, aumentaban el valor de su fe en Cristo. Pero esta adición al evangelio en realidad negaba la esencia del evangelio. Primero, Pablo reprende a los gálatas por su deserción; a continuación, culpa la confusión a los que pervirtieron el evangelio; y entonces pronuncia una condena solemne sobre todos los que manipulan la verdad del evangelio: “Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio. No es que haya otro evangelio, sino que ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo… Como ya lo hemos dicho, ahora lo repito: si alguien les anda predicando un evangelio distinto del que recibieron, ¡que caiga bajo maldición!” (Gálatas 1:6-7, 9). 

La expresión de asombro de Pablo es en realidad una fuerte reprimenda, como leemos en (v.6). Está asombrado de que las personas, que recientemente habían experimentado tanto del poder milagroso de Dios por su Espíritu en sus vidas, ahora se alejarían de él. Ellos estaban dando la espalda a Dios para seguir un evangelio diferente. 

Pablo está molesto y les dice: “¡Oh, gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado a vosotros, ante cuyos ojos Jesucristo fue presentado públicamente como crucificado? Esto es lo único que quiero averiguar de vosotros: ¿recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vais a terminar ahora por la carne? ¿Habéis padecido tantas cosas en vano? ¡Si es que en realidad fue en vano! Aquel, pues, que os suministra el Espíritu y hace milagros entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por el oír con fe?” (Gálatas 3:1-5). 

Su preocupación por la identidad racial, la observancia religiosa y los rituales ceremoniales les estaba quitando de su experiencia de la gracia de Dios expresada en Cristo; y estaba alejando a las personas de Dios para enfocarse en ellos mismos. 

La tragedia de Galacia es una advertencia para nosotros, que no toda búsqueda de espiritualidad es, en realidad, una búsqueda de Dios. Cuando somos atraídos por libros provocativos sobre la espiritualidad de la Nueva Era, debemos recordar que los cristianos de Galacia fueron cautivados por un mensaje que prometía la perfección espiritual, pero los alejó de Dios. “Evidentemente, ciertos individuos están sembrando confusión entre ustedes y quieren tergiversar el evangelio de Cristo” (Gálatas 1:7). 

La enseñanza cautivante e incluso fascinante de algunas personas en las iglesias de Galacia había apartado a sus creyentes del verdadero evangelio. Pablo afirma con valentía que el evangelio diferente, que es tan atractivo para los cristianos de Galacia, en realidad no es un evangelio. Es una perversión del evangelio de Cristo, perpetrado por algunas personas que intentan causar confusión en las iglesias de Galacia. Debemos prestar atención a las advertencias de Pablo y estar muy atentos ya que esta es una tendencia muy dominante en nuestras iglesias hoy día. 

Probablemente esas personas alegaron que su mensaje suplementaba y completó el mensaje de Pablo. Ellos no vieron su versión del evangelio como herética. Después de todo, no negaron la divinidad de Cristo, la cruz de Cristo o la resurrección de Cristo. Ellos no sustrajeron nada del mensaje de Pablo, ellos sólo añadieron. Si hubieran sido bien versados ​​en la Torah, ellos deberían haberse dado cuenta de que estaba prohibido hacerlo, según las palabras del Antiguo Testamento que se encuentran en (Deuteronomio 4:2). 

Pablo coloca a todos los que apoyan un evangelio que difiere del verdadero evangelio para que estén bajo condenación, “Pero, aun si alguno de nosotros o un ángel del cielo les predicara un evangelio distinto del que les hemos predicado, ¡que caiga bajo maldición!” (Gálatas 1:8). La adhesión al verdadero evangelio es la prueba final de la verdadera autoridad. Incluso la autoridad de un mensajero del cielo o la autoridad de Pablo mismo debe ser probada por la lealtad al evangelio. Es importante notar que Pablo se hace responsable ante esta medida suprema de autoridad, cuando vemos su declaración en el versículo 10: “¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo.” 

Tristemente, en la historia de la iglesia podemos observar dónde un número de personas en puestos de liderazgo intentan ejercer un control absoluto sobre la iglesia y colocarse por encima de cualquier crítica. Las iglesias esclavizadas carecen de libertad para crecer en la fe y el amor, al igual que la condición de las iglesias de Galacia. Y los intrusos hicieron campaña por la devoción exclusiva de los cristianos de Galacia: “Esos que muestran mucho interés por ganárselos a ustedes no abrigan buenas intenciones. Lo que quieren es alejarlos de nosotros para que ustedes se entreguen a ellos” (Gálatas 4:17). 

Pablo dio una advertencia semejante en Hechos 20:28-30: “Tengan cuidado de sí mismos y de todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de Dios, que él adquirió con su propia sangre. 29 Sé que después de mi partida entrarán en medio de ustedes lobos feroces que procurarán acabar con el rebaño. 30 Aun de entre ustedes mismos se levantarán algunos que enseñarán falsedades para arrastrar a los discípulos que los sigan.” 

Los líderes en la iglesia deben liderar con autoridad, porque Dios es la fuente suprema de su posición; pero ellos también deben liderar con humildad, porque Dios estableció el patrón final en la verdad del evangelio, por el cual todos son juzgados. Los líderes deben ser mantenidos responsables. 

Debemos recordar que los verdaderos siervos de Cristo no ganarán concursos de popularidad con personas que “no soportarán la sana doctrina, sino que, teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias pasiones” (2 Timoteo 4: 3). Pero incluso cuando son impopulares, los verdaderos siervos de Cristo están marcados por una lealtad inquebrantable hacia Él. 

“Reconoce, por tanto, que el Señor tu Dios es el Dios verdadero, el Dios fiel, que cumple su pacto generación tras generación, y muestra su fiel amor a quienes lo aman y obedecen sus mandamientos” (Deuteronomio 7:9).

 

Pedro comienza su carta con: “Gracia y paz os sean multiplicadas en el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor” (2 Pedro 1:2).

Muchos creyentes quieren una abundancia de la gracia y la paz de Dios, pero no están dispuestos a esforzarse para conocer a Dios mejor a través del estudio bíblico y de la oración. Para disfrutar de los privilegios que Dios nos ofrece libremente, tenemos la Biblia a nuestra disposición que nos instruye en el conocimiento de Dios y de nuestro Señor Jesús.

Mientras Pedro continúa, leemos que: “Su divino poder nos ha concedido todo cuanto concierne a la vida y a la piedad, mediante el verdadero conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha concedido sus preciosas y maravillosas promesas, a fin de que por ellas lleguéis a ser partícipes de la naturaleza divina, habiendo escapado de la corrupción que hay en el mundo por causa de la concupiscencia” (2 Pedro 1:3-4).

El poder de vivir una vida piadosa no proviene de nosotros, sino de Dios. Ya que no tenemos los recursos para ser realmente piadosos, Dios nos permite ser partícipes de la naturaleza divina para mantenernos alejados del pecado y ayudarnos a vivir para Él. 

Cuando realmente nacemos de nuevo, Dios por Su Espíritu nos capacita con Su propia bondad moral. Cuando somos “nacidos de nuevo”, nos convertimos en una nueva persona en Cristo Jesús. La Biblia declara que Él nos rescató del dominio de las tinieblas y nos transportó al Reino de su Hijo amado. Esto significa que ya no comemos más del basurero del diablo. 

Dios nos ordena que vivamos una vida santa, pero ¿cómo podemos hacer eso? – A través del poder transformador que proviene del sacrificio de Jesús en el Calvario y la obediencia a la Palabra de Dios. “Guardad mis estatutos y cumplidlos. Yo soy el Señor que os santifico” (Levítico 20:8). 

La palabra de Dios tiene un poderoso efecto transformador y purificador en nuestra vida cuando nos entregamos a Su Señorío. 

A continuación, Pedro enumera varias de las acciones de la fe: Por esta razón también, obrando con toda diligencia, añadid a vuestra fe, virtud, y a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio, al dominio propio, perseverancia, y a la perseverancia, piedad, a la piedad, fraternidad y a la fraternidad, amor” (2 Pedro 1:5-7). 

Él está enseñando que necesitamos aprender a conocer a Dios mejor, desarrollar la perseverancia, hacer la voluntad de Dios y amar a los demás. Estas acciones no son automáticas, y requieren mucho trabajo. No son opcionales; todas deben ser una parte continua de la vida cristiana. Dios nos da poder y nos capacita, pero Él también nos da la responsabilidad de aprender y crecer. Necesitamos recordar que el conocimiento significa tener una comprensión correcta al estudiar y buscar la verdad, que sólo se puede encontrar en la Palabra de Dios. “Porque estas cualidades, si abundan en ustedes, los harán crecer en el conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, y evitarán que sean inútiles e improductivos” (2 Pedro 1:8). 

A medida que el cristiano sigue las cualidades enumeradas por Pedro (v. 5-7) y ve que su vida es útil y fructífera (v. 8), no tropezará con la duda, la desesperación, el miedo o el cuestionamiento, sino que disfrutará de la seguridad de que él es salvo. 

La fe debe ser más que la creencia en ciertos hechos; debe resultar en acción, crecimiento en el carácter cristiano y en la práctica de la disciplina moral, o morirá. Este es un tema que también se aborda en (Santiago 2:14-17). 

Es cierto que las obras no pueden salvarnos, pero es absolutamente falso pensar que no son importantes. Los falsos maestros decían que el auto control no era necesario porque las acciones no ayudan al creyente de todos modos (2 Pedro 2:18-19). 

Somos salvos para que podamos crecer para reflejar la santidad de Cristo y para que podamos servir a los demás. Dios quiere producir Su carácter en nosotros. Pero para hacer esto, Él exige nuestra disciplina y esfuerzo. Al obedecer a Cristo que nos guía por Su Espíritu, desarrollaremos el auto control, no sólo en relación con las acciones, sino también con respecto a nuestras emociones ya nuestra moralidad. Porque el que no las tiene es tan corto de vista que ya ni ve, y se olvida de que ha sido limpiado de sus antiguos pecados (2 Pedro 1:9). 

Nuestra fe debe ir más allá de lo que creemos; debe convertirse en una parte dinámica de todo lo que hacemos, resultando en buenos frutos y madurez espiritual. La salvación no depende de las afirmaciones de que somos salvos, porque la persona que permanece sin cambios no comprende la fe o lo que Dios ha hecho por ella. “Por lo tanto, hermanos, esfuércense más todavía por asegurarse del llamado de Dios, que fue quien los eligió. Si hacen estas cosas, no caerán jamás, 11 y se les abrirán de par en par las puertas del reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pedro 1:10-11). 

Pedro quería despertar a los creyentes complacientes que habían escuchado a los falsos maestros y creían que, porque la salvación no se basaba en buenas acciones, ellos podrían vivir de cualquier manera que quisieran. 

Si usted realmente pertenece al Señor, escribió Pedro, tu arduo trabajo lo probará. Si usted no está trabajando para desarrollar las cualidades enumeradas en los versículos 5-7, usted no puede pertenecer a Él. Si usted pertenece a Dios y su actitud y comportamiento apoya su reivindicación de ser un hijo de Dios, usted podrá resistir el engaño de las enseñanzas falsas y la atracción al pecado. 

Dios realmente quiere que comprendamos el hecho de que debemos: “Procurar estar en paz con todos y llevar una vida santa; pues sin la santidad, nadie podrá ver al Señor” (Hebreos 12:14).

Posteado por: mvmspanish | noviembre 16, 2017

MANTÉNGANSE EN GUARDIA – 2 Pedro 3:17-18

Queridos amigos, ustedes ya saben estas cosas. Así que manténganse en guardia; entonces no serán arrastrados por los errores de esa gente perversa y no perderán la base firme que tienen. 18 En cambio, crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A él sea toda la gloria ahora y para siempre! Amén. (2 Pedro 3:17-18)

Pedro claramente está escribiendo con dos propósitos en mente. Primero, su fuerte deseo es recordarles a los creyentes a quién pertenecen y lo que tienen en Cristo. Y segundo, él sabe que su partida está cerca y se pregunta qué pasará con la iglesia después de que se haya ido. Él escribe para declarar una vez más algunos conceptos esenciales de la fe con la esperanza de que la iglesia escuche y preste atención a sus palabras. 

En el capítulo 2, Pedro habló de falsos maestros y sus palabras indican que estaba enojado con la justa indignación. Sin duda, él también estaba decepcionado con algunos creyentes con quienes había trabajado y compartido comunión, y que ahora se habían convertido en enemigos de la cruz. 

Ahora en el capítulo 3, él declara un hecho que: “El día del Señor vendrá como ladrón, en el cual los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos serán destruidos con fuego intenso, y la tierra y las obras que hay en ella serán quemadas” (v. 10). 

Y él se dirige a la iglesia con este pensamiento clave: “Sabiendo que todas estas cosas han de ser destruidas de esta manera, ¡qué clase de personas no debéis ser vosotros en santa conducta y en piedad!” (v. 11). 

Pedro advierte que sabiendo de antemano que enfrentaremos a la oposición; tenemos que estar en guardia. Si no lo hacemos, seremos “arrastrados por el error de hombres libertinos” (v. 17). 

Un problema difícil en esta área es abordado por Pedro en el verso 16, pues existe un gran esfuerzo por parte de los “ignorantes e inestables” para distorsionar la verdad de la Palabra de Dios. Con certeza, esas personas serán destruidas, pero tanto Pablo como Pedro conocían los problemas causados ​​por tales distorsiones y el trabajo que se llevó para corregir las enseñanzas erróneas promulgada por esas personas. 

Necesitamos ser conscientes de que los hipócritas inestables instintivamente quieren evitar la luz para que sus malas acciones no sean expuestas (Juan 3:19-20). 

Estos falsos maestros siempre tendrán muchas personas siguiendo sus malas enseñanzas engañosas y mentirosas. Pablo dijo a Timoteo: vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, acumularán para sí maestros conforme a sus propios deseos; y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a mitos (2 Timoteo 4:3-4). 

Es trágico ver cuántas iglesias hoy en día que están siendo dirigidas por hombres que mezclan la verdad y el error de manera sutil y destructiva. Ellos deberían prestar atención a lo que dice la Escritura: Te encargo solemnemente, en la presencia de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, por su manifestación y por su reino: Predica la palabra; insiste a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción (2 Timoteo 4:1-2). Estos versículos nos dicen que si un predicador nunca confronta el pecado, o expone a los hipócritas, él no está predicando la Palabra de Dios. 

En este día de engaño e hipocresía, no es popular enseñar que debemos arrepentirnos de nuestros pecados y someternos a Cristo como el Señor absoluto y Maestro de nuestra vida. No es popular enseñar a las personas que es pecado participar en cualquier actividad sexual fuera del matrimonio. Que los hombres y las mujeres tienen sus responsabilidades ordenadas por Dios en el hogar y en la iglesia. Que los cristianos deben honrar a su Señor y Salvador por la forma en que se visten. Que los mentirosos no irán al cielo. ¡Y la lista continúa! 

Muchos, sin embargo, dicen que no es amoroso exponer el pecado, el mal y la hipocresía en la iglesia. Dicen que debemos ser positivos y no negativos. Pero en estos versículos, Pedro se dirige a sus lectores como “queridos amigos” o “amados”. Él se preocupa profundamente por estos creyentes y, por lo tanto, advierte sobre estos maestros destructivos. 

Muchos cristianos son muy inestables en su fe. Ellos conocen muy pocas Escrituras y se niegan a ser guiados por el Espíritu Santo; por lo tanto, están sujetos a la seducción espiritual, y son fácilmente engañados por charlatanes. 

Si usted ama a sus hijos, usted advierte con severidad sobre correr a la calle. A medida que crecen, usted advierte sobre los peligros de beber, ingerir drogas y la inmoralidad sexual. Usted sabe que estos pecados pueden dejarlos con cicatrices permanentes. Pedro dice: “sabiendo esto de antemano, manténganse en guardia.” 

Mantenerse en guardia impedirá que te lleven de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por las artimañas engañosas del error (Efesios 4:14) y le permitirá crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo (v. 18). 

Necesitamos darnos cuenta de que una persona debe nacer antes de poder crecer. La Biblia enseña que todos entramos al mundo espiritualmente muertos (Efesios 2:1-3). Ser religioso o bueno no es suficiente. Jesús le dijo a Nicodemo: “El que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios” (Juan 3:3). 

El crecimiento es normal cuando hay vida; por lo tanto, debemos seguir creciendo y generando frutos en nuestro nuevo nacimiento, hasta el día en que nos encontremos con Jesucristo. Necesitamos entender que el crecimiento es gradual, es un proceso. Lo importante es involucrarse en el proceso para que haya progreso. El camino de Dios a la piedad es a través de la disciplina y 1 Timoteo 4:7 dice: “Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad.” 

La gracia es la clave para una relación con Dios, porque Él nos ha salvado por Su gracia, porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que es don de Dios (Efesios 2:8) y Él nos sostiene por la gracia, porque mi gracia es suficiente para usted (2 Corintios 12:9). Crecer en la gracia implica llegar a una mayor comprensión de la santidad, la justicia y la soberanía de Dios. 

Y, finalmente, debemos crecer en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 

No podemos separar a Jesús como Salvador de Jesucristo como Señor. Cuando usted confía en Cristo como Salvador, usted rinde todo de sí a Él. A medida que el cristiano crece progresivamente en sumisión a Cristo a través del estudio de Su palabra, él crece en obediencia a Él. Jesús dijo: “El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama será amado por mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él.” (Juan 14:21). 

Pedro nos dice que para perseverar como cristiano; debemos protegernos del error espiritual y crecer en la gracia y en el conocimiento de Él. Y él termina: “A El sea la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.” 

El tema de la vida cristiana es glorificar al Dios trino en todo. Esto significa que nuestras vidas deben exaltar a Cristo, de modo que por nosotros, otros puedan ver que grande Él realmente es. “Es necesario que El crezca, y que yo disminuya” (Juan 3:30).

Jesús siempre debe ser el centro de nuestra atención ahora y por toda la eternidad; porque ¡sólo Él es digno!

Posteado por: mvmspanish | noviembre 9, 2017

¿QUÉ DEBEMOS HACER PARA NACER DE DIOS? – 1 Juan 2:28-29

“Y ahora, hijitos, permaneced en Él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, y en su venida no seamos avergonzados de parte de Él. 29 Si sabéis que Él es justo, reconoced también que todo el que hace justicia es nacido de Él.” (1 Juan 2:28-29) 

La Biblia nos dice que, para convertirse en un hijo de Dios, debemos nacer de nuevo, nacer de Él. Cuando nacemos en este mundo, este es nuestro primer nacimiento, pero hay un segundo nacimiento que Dios ofrece; que es nuestra elección de comenzar una nueva vida en Él. 

Esto sucede cuando una persona está dispuesta a arrepentirse, se aleja del pecado, y pide a Jesús por perdón y para que Él sea el Señor de su vida. El Espíritu de Dios entonces entra en la persona para darle el poder de iniciar esta nueva vida. La persona se convierte en una nueva creación en Cristo y es espiritualmente nacida en la familia de Dios y se convierte así en un hijo de Dios. 

Dios envía a su Espíritu Santo para vivir dentro de los creyentes para darles poder sobre su naturaleza pecaminosa para que puedan vivir una vida que le agrada. A través del Espíritu Santo, los creyentes son liberados del poder del pecado y de su penalidad del infierno, y ya no son más esclavos de su naturaleza pecaminosa. 1 Juan 3:9 nos dice que “todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado” para que sepamos que alguien que nace de nuevo no vivirá un estilo de vida pecaminoso. 

Jesús es el único medio de reconciliarse con el Padre. Él dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por medio de mí” (Juan 14:6). 

La religión no lo llevará al cielo, ni puedes llega al cielo haciendo cosas buenas: “Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe; y esto no proviene de vosotros, pues es don de Dios; no a base de obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Si usted se niega a aceptar la oferta libre de salvación de Dios, entonces, por elección, usted enfrentará la eternidad aparte de Él. Dios pagó el precio para salvarte; ahora es tu decisión de aceptar el don de la vida eterna que Jesús pagó por ti en la cruz. Jesús dijo a sus discípulos antes de ser crucificado: “Nadie tiene mayor amor que el que dé su vida por sus amigos” (Juan 15:13). 

Si quieres ser salvo, tienes que orar a Dios con un corazón arrepentido, dispuesto a alejarse de todo pecado y querer ser cambiado. Confiese sus pecados y pídale a Jesús que lo perdone y que entre en tu vida para que Él sea Señor y Salvador de tu existencia. La Biblia dice que: “si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo; 10 porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación…. porque “todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo” (Romanos 10:9-10 y 13). 

Dios mira tu corazón y, si tienes un corazón dispuesto a apartarse del pecado, serás salvo en el momento en que lo pidas y Jesús se convertirá en parte de tu vida a través del Espíritu Santo, para fortalecerlo, guiarte y capacitarte para vivir la vida Él quiere para ti. 

Ahora puedes preguntar, ¿cómo sé que soy realmente salvado? 

La Biblia deja muy en claro que podemos saber si somos salvos. 1 Juan 5:13 dice: “Les escribo estas cosas a ustedes que creen en el nombre del Hijo de Dios, para que sepan que tienen vida eterna.” 

En Efesios 1:13-14, leemos que: “En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido.  14 Este garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de Su gloria.” 

Y 1 Juan 4:13 dice: “Sabemos que vivimos en Él y Él en nosotros, porque Él nos ha dado de Su Espíritu”. A partir de este verso podemos ver que la prueba de nuestra salvación es la presencia del Espíritu de Dios en nuestra vida. 

Entonces, ¿cómo es que el Espíritu hace que reconocemos Su presencia, y cómo realmente sabemos que el Espíritu está en nuestra vida? Romanos 8:14, dice que “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios son hijos de Dios“, entonces sabemos porqué Él nos conduce y nos impulsa a vivir una vida santa. Cuando seguimos este testimonio interno del Espíritu, somos cambiados: “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo! (2 Corintios 5:17). Esto sucede cuando el Espíritu nos conduce a dejar nuestro antiguo modo de vida pecaminoso ya nacer de nuevo a una nueva vida que agrada a Dios. 

Cuando una persona llega a ser verdaderamente cristiana de nuevo, todavía tiene la opción de pecar contra Dios y sus mandamientos; sin embargo, cuando elijan recibir el poder del Espíritu Santo, obedecerán y honrarán a Dios y a Su Palabra en todo lo que digan, piensen y hagan. Todos nosotros tenemos la opción de obedecer al Espíritu y resistir el pecado para que podamos vivir una vida santa que traerá honor y gloria a Jesucristo, nuestro Salvador sacrificado. 

Juan 16:8 nos dice, “Y, cuando Él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio.” La convicción del Espíritu sobre el pecado trae culpa y falta de paz en nuestra vida, llevándonos a confesar ese pecado, a recibir el perdón y a ser limpiado de él porque, como se afirma en la Palabra: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad” (1 Juan 1:9). 

A través de este proceso, una persona no solo es perdonada, sino que también es limpiada del pecado y tiene una nueva vida. 2 Tesalonicenses 2:13 dice que somos salvos por la obra santificadora del Espíritu. 

Sin embargo, debemos recordar que tenemos la responsabilidad de seguir la guía del Espíritu “porque si vivís conforme a la carne, habréis de morir; pero si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis” Romanos 8:13. 

El pequeño libro de 1 Juan deja muy claro que una persona que es “nacida de Dios” no continuará en el pecado. “Todo aquel que permanece en él, no peca… El que practica el pecado es del diablo… Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él… Así distinguimos entre los hijos de Dios y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia y que no ama a su hermano, no es de Dios” 1 Juan 3:6-10. 

Debemos, a través del poder del Espíritu Santo, vivir una vida que agrade a Dios porque Hebreos 12:14 dice: “Que sin santidad nadie verá al Señor”. 

Entonces, ¿cómo sabes si eres salvo? Si te has arrepentido de tus pecados y le has pedido a Jesús que sea el Señor de tu vida, entonces has nacido de nuevo. Sentirás la presencia del Espíritu Santo en tu vida cuando Él te convenza de la culpa con respecto al pecado (Juan 16:8) y cuando confieses tus pecados serás perdonado y limpiado y la paz de Dios volverá a tu vida. La presencia del Espíritu Santo te capacita para andar en santidad y esa es tu garantía absoluta de salvación. 

1 Juan 5:3; 3:23 dicen: “En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos… y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos los unos a los otros, pues así lo ha dispuesto.” A medida que el Espíritu te limpia del pecado, el mayor mandamiento de Dios para amarlo y a tu prójimo se convierte en una realidad en tu vida. 

Necesitamos estar seguros de que entendemos que el verdadero renacimiento es un milagro permanente y transformador de la vida realizado por Dios mismo en la vida de un creyente. La conducta santa es la evidencia de un hijo de Dios que nació de nuevo, cuya vida fue transformada por el Espíritu Santo que vive dentro del cristiano. No hay santidad orgullosa; la verdadera santidad siempre comienza con la convicción del pecado y un acercamiento humilde a Dios para la limpieza y la restauración.

Ezequiel fue elegido para ser el profeta de Dios para los israelitas que, como resultado del juicio de Dios, habían sido llevados a Babilonia. No fue una tarea fácil. Él nació y creció en la tierra de Judá y se estaba preparando para convertirse en un sacerdote en el templo de Dios cuando los babilonios atacaron en el 597 aC y lo llevaron junto a otros 10.000 prisioneros (2 Reyes 24:10-14). 

Cinco años más tarde, viviendo como cautivo en Babilonia, Ezequiel vería una de las revelaciones más gloriosas y asombrosas de la presencia y del poder de Dios (Ezequiel 1:4). A través de esta visión, Dios llamó a Ezequiel para ser su profeta. 

Los israelitas en el exilio perdieron su perspectiva del propósito y de la presencia de Dios en sus vidas. Ellos continuaron ignorando los intentos de Dios de llamarlos al arrepentimiento y prefirieron escuchar a los “falsos profetas” que hablaban mentiras reconfortantes. Aunque Ezequiel supiera que él enfrentaría a un pueblo rebelde y que él estaba seguro de que sufriría dificultades a causa de su mensaje, él fue fiel; eligiendo responder al llamado de Dios y predicar a un pueblo rebeldes por 22 años. 

El Señor se dirige a Ezequiel llamándolo “hijo de hombre” y lo elige para ser Su mensajero. 

Dios animó a Ezequiel a no tener miedo, pues él tendría que realizar un ministerio muy difícil, declarando la Palabra de Dios a un pueblo obstinado y rebelde contra Dios. 

En vez de reconocer y arrepentirse de los pecados que habían traído el juicio de Dios sobre ellos, los exiliados judíos eligieron vivir su tiempo en Babilonia como un retroceso temporal que acabaría pronto, y Ezequiel, enfrentando la verdad con la Palabra de Dios, no sería bienvenido. La respuesta del pueblo sería llena de odio y el amor de Ezequiel por Dios sería verdaderamente probado. 

Ezequiel 2:1, Él me dijo: “Hijo de hombre, ponte sobre tus pies y hablaré contigo.”

Dios a menudo habla con la humanidad a través de la boca de los profetas. Jesús se llamó, Hijo de hombre en varias ocasiones, y representó a Dios el Padre para la humanidad y Dios llama a Ezequiel, hijo del hombre, aquí, porque Él hablará a la humanidad a través de Ezequiel. 

Ezequiel 2:2, “Después de hablarme, entró el Espíritu en mí y me afirmó sobre mis pies, y oí al que me hablaba.”

Aquí vemos dónde el Espíritu le da poder a Ezequiel para realizar Su ministerio, mientras le habla a él. Encontramos varias otras ocasiones en el Antiguo Testamento donde el Espíritu vino sobre los siervos fieles del Señor como en: Números 24:2; Jueces 3:10; 1 Samuel 10:10, 16: 13-14, 19:20; 2 Crónicas 15:1. Antes de la primera venida de Cristo, el Espíritu no habitaba en todos los creyentes como ahora, sino que “se movió” y “vino sobre ellos” como leemos en 2 Pedro 1:20-21. 

Dios no espera que entendamos todo sobre Él, sino que deseamos ser siervos obedientes y fieles a lo que sabemos que es verdadero y correcto. Dios dio, y continúa dando a Sus siervos el poder del Espíritu Santo para cumplir Sus mandamientos. 

Ezequiel 2:3, “Me dijo: “Hijo de hombre, yo te envío a los hijos de Israel, a una nación de rebeldes que se rebelaron contra mí; ellos y sus padres se han rebelado contra mí hasta este mismo día.”

Aquí Dios le está hablando a Ezequiel acerca de Israel, pero este mensaje no es solo para Judá, este mensaje es para todos aquellos que se rebelan contra Dios. 

Ezequiel 2:4, “Yo, pues, te envío a hijos de duro rostro y de empedernido corazón, y les dirás: “Así ha dicho Jehová el Señor.”

“Empedernido”, en este caso significa despreciativo, insolente y vemos que sus corazones se endurecieron. En consecuencia, debido a sus corazones empedernidos, Dios le dice a Ezequiel que les diga: “Así ha dicho Jehová el Señor.” Dios quería que Ezequiel y la gente supieran que era Él quien los estaba advirtiendo. 

Dios está hablando con los líderes religiosos cautivos de Israel; ellos tenían el templo, túnicas lujosas, el dinero y los rituales y servicios religiosos. Pero, sus corazones eran malos y Dios rechazó sus rituales y sacrificios. Y ellos perdieron todo a causa de su rebelión e hipocresía. 

Dios no nos juzgará por cuán bien los demás responden a nuestro testimonio, sino por cuán fiel que hemos sido; y Él siempre nos da la fuerza para lograr lo que Él nos pide que hagamos. 

Ezequiel 2:5, “Acaso ellos escuchen; pero si no escucharen, porque son una casa rebelde, siempre conocerán que hubo profeta entre ellos.”

Estas personas son tan duras de corazón; que tal vez lo escuchen y quizás no. Sin embargo, cuando las palabras dichas se hagan realidad, sabrán, sin ninguna duda, que fueron advertidos por un profeta de Dios. En cualquier caso, las personas no podrían alegar ignorancia al igual que no pueden hacerlo hoy. 

Así como Ezequiel fue enviado como un mensaje a los hijos de Israel, hay muchos mensajeros piadosos hoy en día que son tratados de la misma forma que Ezequiel fue. 

Ezequiel 2:6, “Y tú, hijo de hombre, no les temas, ni tengas miedo de sus palabras, aunque te hallas entre zarzas y espinos, y moras con escorpiones; no tengas miedo de sus palabras, ni temas delante de ellos, porque son casa rebelde.”

No tengas miedo, se le habla tres veces a Ezequiel para animarlo a cumplir la misión de Dios. Las zarzas, espinos, y moras con escorpiones son palabras figurativas que Dios usó para describir a la gente de Judá, cuyo obstinado rechazo de Su Palabra sería como zarzas, espinas y moras con escorpiones para Ezequiel. 

El Señor estaba preparando a Ezequiel para su misión dándole la garantía de que Él estaría con él. Los siervos de Dios no deben temer a los hombres; por lo tanto, tampoco debemos temer y ser un ejemplo veraz a la gente descortés. 

Ezequiel 2:7, “Les hablarás, pues, mis palabras, escuchen o dejen de escuchar; porque son muy rebeldes.”

Ezequiel debía ser fiel a Dios. A pesar de que éstas fueron personas rebeldes, que o escucharían o se negarían a escuchar, él no debía dejar de traerles la profecía que Dios le había dado para ellos. Ezequiel tuvo que ser fiel para tratar de salvar las almas de aquellos a quienes fue enviado. 

Esto es aplicable a todos aquellos que intentan enseñar la Palabra de Dios a los demás. Debemos obedecer a Su voz, que el Espíritu que mora en nosotros nos da, tal como lo dio a Ezequiel. La fuerza de Dios es lo suficientemente poderosa para ayudarnos a vivir para Él, incluso bajo de mucha crítica. 

La rebelión en la Biblia es comparada a la brujería a los ojos de Dios. Los ministros y misioneros de hoy pueden traer la verdad a las personas, y aún así ser rechazadas. Sin embargo, sólo porque la gente no oye, no quita nuestra carga de enseñar. Así como fue dicho para Ezequiel, es nuestra obligación traer el mensaje de Dios a las personas, y el Espíritu Santo hará lo demás. Pablo instruyó a Timoteo: “que prediques la palabra y que instes a tiempo y fuera de tiempo. Redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina” (2 Timoteo 4:2). 

Ezequiel 2:8, “Pero tú, hijo de hombre, escucha lo que te digo; no seas rebelde, como la casa rebelde; abre tu boca, y come lo que te doy.”

Dios le está diciendo a Ezequiel que reciba este mensaje en su ser más íntimo. Él no debe ser como estos hijos rebeldes de Israel, que no aceptarán el mensaje de Dios. Nosotros también debemos leer la Palabra de Dios todos los días y guardarla en nuestros corazones y mentes, y hacer lo que Dios nos ha ordenado. 

Ezequiel debía obedecer la orden, no literalmente comiendo un rollo, sino en un sentido espiritual recibir el mensaje de Dios para que se convirtiera en una pasión interna para él. 

Hoy en día sus siervos como Ezequiel deben ser fuertes en la Palabra de Dios en un mundo donde las personas se van en contra de la verdad. Sin embargo, aunque las personas sean rebeldes, no están sin esperanza. Dios espera que las personas escuchen, respondan y tengan un corazón alterado, ya que la esperanza está siempre presente hasta que tomemos nuestro último aliento, y entonces por nuestra propia elección, nuestro destino será sellado para siempre. 

Por favor pregúntense: ¿Dios está revelando algún pecado en su vida? No seas obstinado, confiesa tu pecado y comienza a vivir para Dios. Al obedecerlo disfrutará mucho más de la vida y estarás listo para algún día pararte ante Él sin vergüenza. Cuando llegue ese día, te encontrarás cara a cara con Aquel cuyos ojos son como fuego ardiente y que ve en lo más profundo de nuestro corazón. 

Así que, recuerde que: Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová y que anda en Sus caminos (Salmo 128: 1). Y, seguid la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14).

Posteado por: mvmspanish | octubre 26, 2017

SI SE ENOJAN, NO PEQUEN – Efesios 4:26-27

“Si se enojan, no pequen. No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol, ni den cabida al diablo.” (Efesios 4: 26-27). 

No debemos permitir de que lo que nos está molestando llegue al punto que perdemos el control. Es importante tratar con lo que nos está perturbando antes de alcanzar un punto crítico. 

Como verdaderos creyentes, somos una nueva creación en Jesucristo y ya no somos conducidos a una conducta pecaminosa por nuestra vida anterior. Pedro nos dice que, “Su divino poder, al darnos el conocimiento de aquel que nos llamó por su propia gloria y excelencia, nos ha concedido todas las cosas que necesitamos para vivir como Dios manda” (2 Pedro 1:3). Por lo tanto, como una nueva creación en Cristo, debemos posponer el comportamiento de nuestra vieja vida pecaminosa, y debemos revestir la nueva vida del santo que vive por el Espíritu Santo. Una vez que nos convertimos en verdaderos cristianos, somos una persona diferente y, por eso, debemos vivir un tipo de vida diferente del que vive en el mundo que nos rodea. 

Nuestro versículo habla de enojarse pero de no pecar. Hay dos tipos de ira. Primero, el cristiano puede practicar la ira justa. Vemos un gran ejemplo de esto cuando nuestro Señor Jesucristo purificó el templo (Marcos 11:15-18, Lucas 19:45-47, Juan 2:14-16). Lo que determina el tipo de ira que estamos sintiendo es lo que ha causado que la ira se eleve dentro de nosotros. En el caso de Jesús, Él expulsó a los que deshonraba la casa de Dios convirtiéndola en un mercado y en una cueva de ladrones y les dijo: “Está escrito: ‘Mi casa será una casa de oración'”. 

El segundo tipo de ira es el tipo errado, donde la ira, por ejemplo, supera a una persona cuando las cosas no están siguiendo de la manera que ellos quieren y el orgullo asume su mente. Sería bueno en estos tiempos pensar sobre lo que Santiago escribió: “Sean listos para escuchar, y lentos para hablar y para enojarse; pues la ira humana no produce la vida justa que Dios quiere” (Santiago 1:19-20). 

El tipo errado de ira es cuando nos enfadamos e enojamos porque algo o alguien está interfiriendo en nuestro ego y de repente todo ya no se trata de nosotros. 

Por otro lado, la ira justa es si estamos enojados con alguien porque la gente miente en contra de la verdad de Dios, está en contra de los propósitos de Dios, difama el Nombre y la Gloria de Dios, causa que otros pequen y produzcan maldad y destrucción por su conducta y falta de respeto por Dios. También podemos estar enojados con las personas malvadas que abusan y lastiman a niños y personas inocentes. 

El Salmo 97:10 dice que: “Aquellos que aman al Señor, odien el mal”. Cuanto más conocemos a Dios y amamos la verdad y la santidad, más estaremos enojados por el motivo correcto. 

Dios dice “si se enojan, no pequen“. Por lo tanto, un cristiano debe expresar la ira justa cuando se requiere la ira justa, pero debe tener cuidado de que esta ira justa no se convierta en ira pecaminosa, cuando se le permite convertirse en una actitud de resentimiento e intolerancia hacia otra persona. 

La ira pecaminosa es a menudo una señal de nuestra necesidad de una mayor confianza en Dios y una entrega más completa de nuestra vida a Él. La ira pecaminosa cuando se examina generalmente expone un problema de control y una necesidad de más confianza en Dios. La ira pecaminosa se refleja cuando Jesús no es el Señor de nuestra vida y todavía no aceptamos la total soberanía de Dios en nuestra vida. 

La ira pecaminosa también puede ser por falta de perdón. Recuerde lo que el Señor enseñó a sus discípulos: “Porque, si perdonan a otros sus ofensas, también los perdonará a ustedes su Padre celestial. Pero, si no perdonan a otros sus ofensas, tampoco su Padre les perdonará a ustedes las suyas” (Mateo 6:14-15). 

Mientras continuamos en nuestro versículo, él afirma: “No permitan que el enojo les dure hasta la puesta del sol.” Lo que esto implica es que, si es posible, debemos lidiar con la ira inmediatamente. No debemos posponer, porque si no lo hacemos cuando somos alertados por el Espíritu, tal vez no tengamos la oportunidad de lidiar con esto de nuevo. Un ejemplo es que la persona con quien usted está enojado puede no estar viva mañana o cuando usted decide hacer la paz con ella. 

Y, por último, el versículo nos dice: “y no le da oportunidad al diablo”. Esto está directamente relacionado con la sensación de enojo. Retener la ira contra otra persona abre la puerta de nuestra vida al Diablo. El pecado trae la muerte, y ese es el objetivo de Satanás, provocar la muerte y una eternidad en el infierno aparte de Dios. 

Como hemos visto, la ira en sí misma no es pecado. Hay una ira que está justificada, que llamamos “indignación justa”. Pero nutrir la ira por la razón equivocada, que es la satisfacción egoísta de un deseo, le da a Satanás el fundamento que necesita; que fácilmente puede convertirse en amargura y un acto pecaminoso. 

Si usted tiene un desacuerdo con alguien o siente que alguien lo ha perjudicado, vaya a esa persona y discuta la situación con ella; esto es lo que la Biblia nos dice para hacer. No actúe de su naturaleza pecaminosa, diciendo algo precipitado que deshonrará a Dios y será destructivo para otros y para ti mismo, dañando el propósito de Dios para su vida. 

Aquí hay algunos versículos adicionales para reflexionar: 

  • No te dejes llevar por el enojo que solo abriga el corazón del necio. (Eclesiastés 7:9) 
  • Refrena tu enojo, abandona la ira; no te irrites, pues esto conduce al mal. Porque los impíos serán exterminados, pero los que esperan en el Señor heredarán la tierra. (Salmo 37:8-9) 

Recuerda “No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien.” (Romanos 12:21). Y “quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia.” (Efesios 4:31)

Posteado por: mvmspanish | octubre 19, 2017

LECCIONES DEL RICO INSENSATO – Lucas 12: 17-20

“Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?'” (Lucas 12:20) 

Este versículo da la advertencia de Dios a las personas cuya preocupación dominante es la acumulación de posesiones materiales. Tal persona es, por el propio testimonio del Señor, un necio. 

Pero antes de que el hombre en esta parábola se convirtiera en un insensato codicioso, primero se convirtió en un individuo egocéntrico interesado solo en sus propios deseos. En los versículos que comprenden su monólogo en (Lucas 12:17-19), él usó los pronombres personales “yo” y “mi” no menos de once veces. 

Y él pensaba dentro de , diciendo: “¿Qué haré (yo), porque (yo) no tengo donde guardar mis frutos?” 18 Y dijo: “Esto (yo) haré: derribaré mis graneros y (yo) los edificaré más grandes, y allí (yo) guardaré todos mis frutos y mis bienes; 19 y (yo) diré a mi alma: ‘Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; descansa, come, bebe y regocíjate.’” 

“Mi” es el pronombre del diablo. Fue Satanás quien primero dijo “yo.” “Subiré al cielo, exaltaré mi trono por encima de las estrellas de Dios:. . . Seré como el Altísimo” (Isaías 14:13-14). La codicia egoísta de Lucifer trajo la rebelión y el pecado a la hostia angélica, y luego a los seres humanos. Desde su caída, él ha usado este mortal pecado de egocentrismo para alejar a los hombres de Dios y guiarlos hacia todo tipo de pecados angustiosos. 

Debemos recordar que la codicia y la avaricia se mencionan en los Diez Mandamientos porque es una advertencia a uno de los principales problemas humanos. Donde la codicia está involucrada, nunca hay suficiente y existe el deseo constante de querer más.

Este hombre asume que su vida consiste en la abundancia de las cosas que posee; los cultivos son suyos y proveerán para su bienestar durante muchos años por venir, así que él cree. Y él va a disfrutar de la vida y va a comer, beber y festejar. 

“Pero Dios le dijo: “¡Necio! Vas a morir esta misma noche. ¿Y quién se quedará con todo aquello por lo que has trabajado?” (v. 20) 

La necedad y el egoísmo del hombre rico se ven porque él no piensa en su “cuerpo”, que es mortal, y que su vida puede terminar en cualquier momento. 

También no considera las necesidades de los demás, porque las necesidades de los pobres él ni siquiera toma en consideración. Él piensa sólo en sí mismo como se denota por el número de “yo” y “mi” en estos versículos. Ni una vez él agradece y glorifica a Dios por la abundancia de la cosecha. 

Este hombre vive como si Dios no existiera, y Dios no es un factor en su vida o en las decisiones que él hace. Él no busca el consejo Santo y él no ora. Él racionaliza y determina que mantendrá todo, y luego lo consumirá en auto-indulgencia. En su mente, su tierra, sus bienes y su vida están bajo su control. La tendencia es que una persona exitosa está más enfocada en el momento y ven su seguridad solamente en su riqueza. 

Tenemos que tener mucho cuidado cómo vivimos, ya que nunca sabemos cuándo se terminará nuestro tiempo aquí en la tierra. 

Jesús continúa explicando que quien almacena riquezas terrenales pero no es rico en su relación con Dios es un necio, como este rico insensato. (v. 21) 

Si nuestros planes para el futuro se centran sólo en uno mismo y no en Dios y en las necesidades de los demás, no somos diferentes que el rico insensato. Es prudente planear, pero debemos hacerlo con sabiduría y con la ayuda de Dios a través de la dirección del Espíritu Santo mediante la oración y la lectura de la Biblia. 

El granjero rico es un necio no porque es rico o porque guarda para el futuro, sino porque parece vivir solamente para sí mismo, y porque cree que él puede preservar su vida con sus abundantes posesiones.  

La lección de la parábola es que el hombre rico no preparó para la vida eterna y no se dio cuenta que todo es creado por Dios. Él no tenía ninguna relación con el Dios vivo. En su planificación el no tuvo ningún respeto por el Dios que lo creó y le había dado las posesiones y la administración de la tierra. 

Esta parábola nos enseña que las riquezas terrenales no son la respuesta a nuestra seguridad eterna. Lo importante es que seamos ricos espiritualmente para heredar la vida eternal. 

Tenemos que asegurarnos que nuestro corazón esté en el lugar correcto como Jesús dijo: “No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. 20 Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. 21 Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” (Mateo 6:19-21)

Posteado por: mvmspanish | octubre 12, 2017

CÓMO SABER QUE ESTAMOS EN EL – 1 Juan 2:5-6

Por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:5-6). 

Usted sabe que realmente conoce a Cristo, si usted camina en obediencia a Su Palabra porque se manifiesta en su forma de vivir. En otras palabras, sabemos que conocemos a Dios porque guardamos Sus mandamientos. 

Juan está enseñando que la salvación es evidenciada por la obediencia. Y, a su vez, esa obediencia contribuye a nuestra seguridad de salvación. La obediencia es una señal de que conocemos a Dios, reconociendo que Él espera que Su pueblo viva en obediencia a Él. 

En el versículo cuatro, Juan reitera el versículo tres con una advertencia: “El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él” (1 Juan 2:4). Su punto es que si usted afirma conocer a Dios pero su vida no cambia, entonces esa es una señal segura de que usted no conoce a Dios. ¿Por qué? Porque la verdad de Dios cambia y conduce a la persona a una vida transformada. Consecuentemente, cuando esa vida transformada no está presente, usted puede estar seguro de que la persona nunca estudió o aprendió la verdad; y por lo tanto nunca conoció a Dios. 

Tener el fortalecimiento del Espíritu Santo nos permite “caminar dignamente ante Dios, que os llamó a su reino y gloria” (1 Tesalonicenses 2:12); y que no hay mayor alegría que “andar en la verdad” (3 Juan 4) y con honestidad (1 Tesalonicenses 4:12, Romanos 13:13). 

El cristianismo no es sólo conocer a Dios o conocer ciertas doctrinas o seguir ciertos preceptos morales. Es esencialmente conocer a Dios porque Él quiere que lo conozcamos. Jesús dijo: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (Juan 17:3). El cristianismo significa conocer a Dios personalmente a través de Jesucristo, que nos ha revelado a Dios. 

Hay una gran diferencia entre saber acerca de una persona y conocer a esa persona. Es posible que hayas oído algunas cosas acerca de Dios que puede o no ser verdad, pero hasta que usted Lo haga el Señor de su vida, usted realmente no lo conoce ni entiendes que Él merece ser el Maestro absoluto de tu vida. 

En nuestro texto, Juan dice que, si permanecemos en Cristo, caminaremos como Él caminó. Esto significa que Él es nuestro supremo ejemplo para vivir. Jesús nos mostró cómo debemos vivir en total dependencia del Padre y en completa sumisión a Su voluntad, por difícil que sea. Jesús declaró: “De cierto, de cierto os digo: No puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19). También dijo: “… yo hago siempre lo que le agrada” (Juan 8:29). 

Aunque nadie puede hacer afirmaciones similares, todo aquel que dice permanecer en Cristo debe tener el mismo enfoque y la misma dirección, y no actuar en independencia de Dios, sino en total dependencia de Él. No debemos vivir para complacernos aparte de Dios, sino para hacer las cosas que le agradan. 

Caminar como Jesús caminó significa que nuestra vida debe ser caracterizada por la dependencia diaria de Dios, la sumisión a Él, y la obediencia a Su voluntad. Nuestro objetivo general en la vida será buscar primero Su reino y justicia. Buscaremos agradarle por nuestros pensamientos, palabras y hechos. Mientras que nunca caminaremos perfectamente como Jesús caminaba, debe ser nuestro objetivo y esfuerzo constante para hacerlo. 

Entonces, pregúntate: “¿Conozco a Cristo?” ¿Confió en Él como propiciación por mis pecados? Si es así, pregunte: “¿Sé que lo conozco?” ¿Cómo? “¿Yo obedezco Su Palabra y busco caminar como Jesús caminó?” Si esa es la dirección y el enfoque de su vida, entonces usted puede saber que usted Lo conoce. 

Necesitamos entender que hay razones porque obedecemos. Obedecemos porque tenemos que hacerlo; obedecemos porque necesitamos; u obedecemos porque queremos. Y que el creyente obedece la palabra de Dios porque quiere – porque la relación entre él y Dios es de amor. Jesús dijo: “Si me amáis, obedeceréis a lo que yo ordeno” (Juan 14:15). 

Te pedimos que mires dentro de tu ser y respondas a esta pregunta: ¿Estás guardando los mandamientos de Dios? Aunque guardar los mandamientos no es una condición para la salvación, es una señal, una evidencia, de su salvación – una marca de un cristiano. En realidad, la obediencia parcial es otro nombre para la desobediencia. 

Por favor recuerden que: “Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” (1 Pedro 1:14-16)

Posteado por: mvmspanish | octubre 5, 2017

LA INTIMIDACIÓN ES UN PECADO

Y un siervo del Señor no debe andar peleando; más bien, debe ser amable con todos. . . (2 Timoteo 2:24)  

La intimidación es un pecado; el diablo es un agresor, y los agresores desean ser como el diablo. 

El corazón del agresor se basa en otros para respaldarlo en su asalto malvado a personas inocentes y bondadosas. 

El agresor es alguien que disfruta causar dolor y angustia a otros. No ama la bondad sino la hostilidad.

Proverbios 6:16-19 dice: “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: 17 Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, 18 el corazón que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, 19 el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre hermanos.”

Estos versículos hablan sobre la esencia del corazón del agresor, pues es orgulloso, mentirá y a veces corre a derramar sangre. Él definitivamente elabora planes malvados y corre rápidamente para hacer sus malas obras. El agresor es orgulloso y malo; él encuentra gran satisfacción en ridiculizar y herir a otras personas. Es por eso que sigue intimidando. Es poder para él, pero no se da cuenta de que está haciendo lo que el diablo quiere; y Dios odia las cosas que el agresor hace. 

La intimidación causa graves traumas físicos, psicológicos y emocionales a las víctimas. Como padres, tenemos que defender a nuestros hijos y hacer todo lo posible para evitar que otros hagan víctimas de ellos. 

Cuando comparamos y contrastamos el corazón del agresor contra el corazón del cristiano vemos lo siguiente: 

EL CORAZÓN DEL AGRESOR

EL CORAZÓN DEL CRISTIANO

El agresor es muy orgulloso El verdadero cristiano es humilde
Aspira poder Busca servir a Dios
Quiere dominancia Quiere obedecer a Dios
Planea planes perversos Planea actos de bondad
Actúa en la ira Actúa en el amor
Disfruta infligiendo dolor a los demás Disfruta ayudando a los demás
Ama el odio y la injusticia Ama la justicia
Se basa en los demás para respaldarlo Necesita a nadie más que a Dios
Está motivado por el dominio de sí mismo Está motivado para alentar y elevar a otros

Los agresores siempre intentan conseguir personas para unirse a ellos en lastimar y ridiculizar a alguien que tiene un espíritu bondadoso, amable y amoroso. 

CONCLUSIÓN

Lo principal es que en el hondo de su corazón los agresores sólo se centran en su propio orgullo, el ego y la maldad a cargo de los demás. Esta es exactamente la forma en que el diablo vive e influye e incluso posee personas que son agresores. Él se centra sólo en sus propios esquemas perversos que ridiculizan y destruyen a cualquiera que él puede.

David en la Biblia fue intimidado y oro: Enséñame, oh Jehová, tu camino, y guíame por senda de rectitud a causa de mis enemigos. 12 No me entregues a la voluntad de mis enemigos; porque se han levantado contra mí testigos falsos, y los que respiran crueldad. (Salmo 27:11-12)

La Biblia también nos dice que el hipócrita con la boca daña a su prójimo. (Proverbios 11:9)

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