Posteado por: mvmspanish | marzo 23, 2016

EL SIGNIFICADO DE ‘CONFIAR’ EN LA BIBLIA – Proverbios 3:5-6

Confiar en la Biblia (S) - Proverbios 3 vs 5-6

“Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y él hará derechas tus veredas.” (Proverbios 3:5-6) 

Confiar significa una firme creencia en la fiabilidad, la verdad, la capacidad, o la fuerza de alguien o algo. 

La palabra “confiar” en la Biblia literalmente significa ‘seguridad fuerte, estar seguro.’ Confiar no es exactamente lo mismo que tener fe que es el don de Dios. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. No por obras, para que nadie se gloríe” (Efesios 2:8-9). Por lo tanto, confiar es lo que hacemos debido a la fe que se nos ha dado. Confiar significa que creemos en las promesas de Dios en todas las circunstancias, incluso cuando la evidencia parece ser lo contrario. 

Nuestro verso resume claramente a la enseñanza de la Biblia en confiar: “Confía en Jehová con todo tu corazón y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos y él hará derechas tus veredas.” En primer lugar, es el Señor, en quien debemos confiar, y no a nosotros mismos o nuestros planes, y ciertamente no en la sabiduría del mundo. Nosotros confiamos en el Señor, porque Él y sólo Él es realmente digno de confianza. Por lo tanto, “¡Bendito el hombre que confía en Jehová, cuya confianza está puesta en Jehová!” (Jeremías 17:7) 

Mateo 6:31-32 nos dice: “No os angustiéis, pues, diciendo: “¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?”, 32 porque los gentiles se angustian por todas estas cosas, pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas ellas.” 

El capítulo 11 de Hebreos habla de la fe, que es aceptar y creer la verdad que Dios revela acerca de sí mismo supremamente en la persona de su Hijo, el Señor Jesucristo. Consecuentemente, la consecuencia práctica de la fe en Dios es el confiar, que demostramos al vivir nuestra plena aceptación de las promesas de Dios día a día. Por otra parte, es por confiar que se nos promete la paz: “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado.” (Isaías 26:3) 

También vemos que Su naturaleza es fiel y verdadera: “Conoce, pues, que Jehová, tu Dios, es Dios, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta por mil generaciones” (Deuteronomio 7:9). Y en el Salmo 25:10 leemos que: “Todas las sendas de Jehová son misericordia y verdad para los que guardan su pacto y sus testimonios.” 

Sus planes para nosotros son perfectos y con un propósito: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor —, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11). Además, debido a la naturaleza de Dios, hemos de confiar en Él con todo nuestro corazón, comprometiéndose cada aspecto de nuestras vidas a Él con total confianza. 

No debemos confiar en nosotros mismos, porque nuestra comprensión es temporal, finita y manchada por nuestra naturaleza pecaminosa y carnal. Confiar en nosotros mismos es como caminar con orgullo a través de un puente de madera podrida sobre un profundo abismo de muchos metros de profundidad. . . y el desastre inevitablemente seguirá. 

Una cosa que se puede observar cuando confiamos en la Biblia es que esto siempre produce todavía más confianza en nuestro Dios. La fe del creyente puede ser juzgado y él puede tropezar, pero: “Cuando el hombre caiga, no quedará postrado, porque Jehová sostiene su mano.” (Salmo 37:24) 

Dios sabe que a pesar de las pruebas y el peso que el creyente tendrá en esta vida, su confianza no debe dispersarse, ya que se basa en la fe y en las promesas de Dios; tales como la promesa de la alegría eterna con el Señor y la promesa de: “una herencia incorruptible, incontaminada e inmarchitable, reservada en los cielos para vosotros.” (1 Pedro 1:4)

 

Salmo 31 vs 3 (S)

“Porque tú eres mi roca y mi castillo; Por tu nombre me guiarás y me encaminarás.” (Salmo 31: 3)

Tenemos que seguir lo que ya está claramente revelado en las Sagradas Escrituras, si queremos conocer Su voluntad y orientación en aquellas cosas que aún no se ha dado a conocer. Dios ya ha dado a conocer la mayor parte de Su voluntad para nosotros en la Biblia. Pablo escribió: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17)

La Biblia está llena de instrucciones acerca de cómo Dios quiere que Su pueblo viva y como debemos buscarlo. Todo lo que necesitamos hacer es leer la Biblia regularmente y en oración buscar y obedecer las cosas que Dios nos enseña en Su Santa Palabra. La gran parte de la voluntad de Dios se ha dejado claro acerca de lo que debemos hacer y cómo debemos honrarlo en todo lo que pensamos, decimos y hacemos, y Él nos da el Espíritu Santo a fin de que podamos obedecerlo.

El escritor de Proverbios dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.” (Proverbios 3:5-6). Si ejercemos confianza y Lo reconocemos en todas las áreas de nuestra vida, Su promesa es que Él nos guiará.

En Isaías leemos que: “El Señor te guiará siempre” (Isaías 58:11). Si nuestros motivos y objetivos son correctos, la dirección de seguir a Dios es algo que naturalmente va a suceder. La Biblia dice que: “sin fe es imposible agradar a Dios.” (Hebreos 11:6) 

Muchas veces, cuando miramos hacia atrás es cuando vemos que Él estaba nos guiando todo el tiempo.

La palabra de Dios dice: “Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar; Sobre ti fijaré mis ojos. No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento, Que han de ser sujetados con cabestro y con freno, Porque si no, no se acercan a ti.” (Salmo 32:8-9)

Tenemos que escuchar a la guía de Dios, porque está escrito: “Su palabra es una lámpara a mis pies y lumbrera a mi camino.” (Salmo 119:105) 

Para oír la guía de Dios esto tiene que comenzar con nuestra mente y corazón. La Biblia nos recuerda que debemos “estar quieto” (Salmo 46:10), mientras escuchamos, para “ser transformados por medio de la renovación de nuestra mente.” (Romanos 12:2) 

Las Escrituras están llenas de oraciones que podemos utilizar para pedir a Dios para centrarse en Él, como por ejemplo: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos” (Salmo 139:23). Se trata de buscar realmente el Señor y recordar que: “Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” (Santiago 1:5) 

¡Hablar, leer y pensar en la palabra de Dios nos ayuda a vivirla! La Biblia promete que podemos buscar a Dios y Su voluntad en todo lo que hacemos (Proverbios 3:6) y depender de Él para guiar todos nuestros caminos. 

Al buscar la guía de Dios para todas nuestras acciones, debemos orar a Dios utilizando las peticiones que se encuentran en los Salmos: “Guíame, Señor, en tu justicia”; “Enséñame tu camino, Señor”; “¡Enséñame a hacer tu voluntad, Dios mío!” (Salmo 5:8; 86:11; 143:10). Si confiamos en Él, Dios nos levantará para que dependiendo de Su orientación y liderazgo esto se convertirá en una segunda naturaleza para nosotros, porque Él es nuestra roca y fortaleza; y por amor de Su nombre, Él nos guiará y orientará. (Salmo 31:3)

 

 

Posteado por: mvmspanish | febrero 27, 2016

TESTIFICANDO AUDAZMENTE PARA CRISTO – Hechos 4:18-20

Juan & Pedro

Pero Pedro y Juan respondieron diciéndoles: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios, 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.” (Hechos 4:19-20)

Cada cristiano sabe que él debe testificar de Cristo, pero la mayoría son muy reluctantes a hablar en Su nombre. La razón más obvia para esta indecisión es la aprehensión. A veces podemos ser totalmente prohibidos al igual que Pedro y Juan: “Entonces los llamaron y les ordenaron que en ninguna manera hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús. 19 Pero Pedro y Juan respondieron diciéndoles: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios, 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído.” (Hechos 4:18-20)

Ellos eran valientes en su testigo para Cristo y oraron: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas y concede a tus siervos que con toda valentía hablen tu palabra.” (Hechos 4:29) 

Muchas veces nuestra aprehensión proviene del temor a la persecución física o daño personal. También puede haber un miedo de burlas, o la pérdida de prestigio o posición. Este tipo de miedo no es parte del carácter de los verdaderos cristianos, “porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Si amamos al Señor debemos aprender a vencer el miedo a los hombres. 

¿Con qué frecuencia hoy día hombres de negocios y profesionales, incluso teólogos, comprometen su posición por Cristo y su Palabra infalible por miedo a la presión de hombres? Y, debido a su alta posición, se niegan a tomar una posición abierta para Cristo. Tal como se indica en la Escritura: “A pesar de eso, muchos, incluso de los gobernantes, creyeron en él, pero no lo confesaban por temor a los fariseos, para no ser expulsados de la sinagoga, 43 porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.” (Juan 12:42-43) 

Debemos pedirle a Dios que nos dé el valor de Pablo. “No me avergüenzo del evangelio,” el escribió, “porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree.” (Romanos 1:16). 

No debemos temer ser testigo porque nuestro Dios que se ha demostrado ser fiel a lo largo de los años siempre está con nosotros. Y ya que Su carácter no cambia, podemos decir con una voz segura de la fe, “Jehová, el Señor, es mi fortaleza” (Habacuc 3:19). Por lo tanto, debemos ir y audazmente atestiguar para Él. 

Recuerde que Jesús dijo: “Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19 Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, 20 y enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado.” (Mateo 28:18-20). Dios no tenía la intención de que este comando nos dé sentimientos de miedo o inadecuación. En su lugar, este comando ilustra el deseo de Dios para incluirnos en su maravilloso plan para redimir a la humanidad. 

Por lo tanto, debemos estudiar la Palabra, vivir la vida cristiana, dejar que el Espíritu Santo haga su obra y buscar oportunidades para compartir el Evangelio. Es un privilegio ser parte de la difusión de las buenas nuevas de Dios para el mundo; y cuando cumplimos la Gran Comisión, tenemos la maravillosa promesa de Jesús: “Y yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Consecuentemente, ¿qué tenemos que temer? 

Recuerde lo que Pablo dijo: “¿Acaso busco ahora la aprobación de los hombres o la de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:10). Consecuentemente, se nos dice que “Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” (Hechos 5:29)

Posteado por: mvmspanish | febrero 15, 2016

EL PERDÓN – Romanos 12:20

Perdon - Romanos 12 vs 20

Más bien, si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber; pues haciendo esto, carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza. (Romanos 12:20)

¿Qué significa “amontonarás carbones encendidos” en la cabeza de alguien? Esto puede referirse a una tradición egipcia de llevar una olla de carbones encendidos en la cabeza de uno como un acto público de arrepentimiento. Al referirse a este proverbio (Proverbio 25:21-22), Pablo estaba diciendo que debemos tratar a nuestros enemigos con amabilidad de modo que se avergüenzan y se arrepienten de sus pecados.

Negarse a perdonar es un pecado. Si recibimos el perdón de Dios, debemos perdonar a otros que nos hacen daño. No podemos guardar rencor o buscar venganza. Necesitamos confiar en Dios por la justicia y perdonar a la persona que nos ofendió. Eso no quiere decir que debemos olvidar la ofensa, ya que esto está más allá de nuestro poder. El perdón significa la liberación de la culpa del otro, dejando el caso en las manos de Dios, y seguir adelante.

El perdón es una decisión de la voluntad. Puesto que Dios nos manda a perdonar, debemos hacer una elección consciente de obedecer a Dios y perdonar. El agraviador puede no desear el perdón y probablemente nunca va a cambiar, pero eso no niega el deseo de Dios de que poseemos un espíritu perdonador. Jesús dijo: Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen (Mateo 5:44).

Tenemos que darnos cuenta de que es realmente imposible olvidar los pecados que se han cometido contra nosotros. No podemos selectivamente “eliminar” los acontecimientos de nuestra memoria. La Biblia dice que Dios no “recuerda” nuestra maldad (Hebreos 8:12). Pero Dios es omnisciente. Dios recuerda que “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). Por lo tanto, después de haber sido perdonados, somos judicialmente justificados y el cielo es nuestro, como si no hubiese nunca ocurrido nuestro pecado. Si pertenecemos a Él por la fe en Cristo, Dios no nos condena por nuestros pecados (Romanos 8:1). En ese sentido, Dios “perdona y olvida.”

Si por “perdonar y olvidar” se quiere decir, “elijo perdonar al ofensor por el bien de Cristo y sigo adelante con mi vida”, entonces esta es una acción sabia y piadosa de nuestra parte. En la medida que sea posible, debemos olvidar ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndonos a lo que está delante (Filipenses 3:13). Debemos perdonarnos unos a otros “al igual que en Cristo Dios nos perdonó” (Efesios 4:32). No debemos permitir que una raíz de amargura brote en nuestros corazones (Hebreos 12:15).

Lo ideal es perdonar y olvidar como 1 Corintios 13:5 nos dice: El amor no guarda rencor. Y 1 Pedro 4:8 dice: Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados. Sin embargo, el cambio de los corazones es asunto de Dios, y, hasta que un ofensor tiene un cambio de corazón, es aconsejable limitar el nivel de confianza que se coloca en esa persona. Ser cautelosos no quiere decir que no hemos perdonado. Simplemente significa que no somos Dios y que no podemos ver el corazón de esa persona.

Incluso si su agresor no se arrepiente, perdónalo, esto nos liberará de una carga pesada de la amargura.

Hebreos 12:14 dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” No podemos ser santos si no tenemos paz con los hombres. Algo increíble ocurre cuando perdonamos; tenemos paz y descubrimos que la vida es más alegre. Sin embargo, se podría decir: “¡Mira lo que el hizo! No voy a perdonarlo.” Recuerde que cuando perdonamos, ponemos a las dos personas en libertad y una de ellas es a nosotros mismos.

Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. ()

Posteado por: mvmspanish | febrero 8, 2016

NI BEBA VINO, NI SIDRA – Lucas 1:15

Lucas 1 vs 15 S

“Porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre.” (Lucas 1:15) 

Si la Biblia claramente ordena o no la abstinencia total de alcohol para los cristianos, el alcohol se reconoce cada vez más como la droga que es más abusado y peligroso de todos – causando más accidentes mortales y personas heridas, más familias destruidas, más promiscuidad sexual, más absentismo del trabajo, y más enfermedades que cualquier otra droga. Sin embargo, es ampliamente promovida socialmente y es cada vez más aceptada incluso entre los cristianos evangélicos. 

El ejemplo de Juan Bautista vale la pena considerar. El ángel Gabriel declaró que sería “grande delante del Señor” y luego agregó que “no beberá vino ni sidra”, lo que implica una conexión entre los dos. En efecto, Cristo llamó Juan Bautista el hombre más grande que jamás había vivido hasta ese momento (Mateo 11:11) – es decir, ¡mayor que incluso Abraham, Moisés o Daniel! 

Nuestro verso continúa diciendo que Juan “será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre”, y él es el único hombre de quien jamás se dijo esto. 

Parece que hay una conexión en estos versos, porque nadie podía beber al mismo tiempo vino o sidra, y también ser lleno del Espíritu. El apóstol Pablo también advirtió en relación con este conflicto cuando dijo: “No se emborrachen con vino, que lleva al desenfreno. Al contrario, sean llenos del Espíritu.” (Efesios 5:18) 

El consumo de bebidas alcohólicas con moderación puede o no puede ser admisible, pero eso no lo hace correcto. “Todo me está permitido”, pero no todo es para mi bien. Y Pablo continúa: “Todo me está permitido”, pero no dejaré que nada me domine.  (1 Corintios 6:12). Así que aquí vemos que Pablo no deja que nada le domine. 

Por lo menos en el caso de Juan el Bautista, ser grande ante los ojos de Dios y ser llenos del Espíritu estaban estrechamente asociados con la abstinencia del alcohol. 

El Espíritu Santo nos dice a través del apóstol Pedro: “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” (1 Pedro 5:8) 

Consideremos una cosa más. Dios nuestro Padre es el autor de la Sagrada Escritura por la inspiración a Sus profetas, por lo tanto, vamos a leer lo que dice en Su Santa Palabra:

Proverbios 31:4-5 dice: “No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, Ni de los príncipes la sidra; No sea que bebiendo olviden la ley, Y perviertan el derecho de todos los afligidos.”

Habacuc 2:15 afirma: “¡Ay del que da de beber a su prójimo!…” 

Es nuestro Señor es el rey de Reyes, y a través del Espíritu Santo quien dio a los profetas para escribir estas palabras inspiradas, ¿cómo vamos a suponer que Jesús bebía vino (alcohol) o dio de beber vino a los demás, si Él es el rey más grande que jamás haya existido? Debemos seguir el ejemplo de Jesús con la abstinencia de vino (alcohol), pues Él se refiere a nosotros como un sacerdocio santo a Dios. Sí, Jesús bebió el fruto de la vid, pero era puro zumo de uva no fermentado. El dijo: “que desde ahora no beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.” (Mateo 26:29; Marcos 14:25; Lucas 22:18) 

Recuerde: “… las borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios….Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.” (Gálatas 5:21, 24)

 

 

Extractos tomados del Instituto de Investigación de la Creación – Dr. Henry H. Morris

Posteado por: mvmspanish | enero 29, 2016

COMO VENCER EL MIEDO – 2 Timoteo 1:7

“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.” 

Un cristiano no tiene por qué tener miedo, preocupación o estar ansioso. Pablo dijo: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.” (Filipenses 4:6-7)

En lugar de un espíritu de temor, se nos ha dado un espíritu de poder, de amor y de dominio propio. Tenemos miedo cuando poseemos ciertos pensamientos negativos sobre nosotros mismos y nuestras circunstancias. Tenemos que recordar que el diablo es el maestro en el uso de nuestros temores. Sin embargo, cuando nos centramos en Jesús, entonces no vamos a tener miedo, porque vamos a tener confianza en Él. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:13)

Pablo dice a Timoteo que Dios no nos ha dado un espíritu de temor al hombre y de lo que van a decir o hacer para alejarnos de la obra del Señor y  la predicación del Evangelio. Que no debemos tener miedo a oponernos a los errores de falsos maestros y mantenernos firme en favor de la verdad, y que se nos ha dado el Espíritu de poder para resistir las tentaciones de Satanás, para soportar las dificultades como buenos soldados de Cristo y hacer la voluntad y el trabajo de Dios.

El Espíritu Santo de Dios nos da su amor y poder para obedecer sus leyes. El pecador arrepentido es entonces una persona cambiada, su perspectiva y objetivo son cambiados cuando él es conducido por el Espíritu.

Se necesita el Espíritu de Dios para producir una mente verdaderamente sana. Este versículo también implica que, siempre y cuando la mente está desprovista del espíritu de Dios, no puede ser considerada verdaderamente saludable. Cualquier mente en la cual falta el Espíritu Santo será deficiente en la capacidad de lidiar con la vida de una manera piadosa, porque no puede ver las cosas de una perspectiva adecuada, justa o injusta. En su lugar, tendrá una fuerte tendencia a torcer situaciones hacia su propio punto de vista egoísta.

Una vez regenerados por el Espíritu Santo, necesitamos ser continuamente guiados por Él, dando fruto espiritual en todas partes de nuestra vida. Si estamos produciendo el fruto del Espíritu, que exhibe una mente sana, sabemos que Él está obrando en nosotros. El Espíritu es la mente y la esencia de la naturaleza divina, y a través de ella Dios lleva a cabo su voluntad. Él faculta a la mente para comprender las cosas espirituales. El Espíritu nos da la fuerza, la voluntad y la fe para superar nuestras debilidades.

Vencer el miedo no es una cuestión de la autodeterminación, es una cuestión de la dependencia en Dios a quien podemos confiar y amar. Se trata de una cuestión de creencia en Sus palabras, Sus promesas y Sus regalos para nosotros.

Posteado por: mvmspanish | enero 10, 2016

DONDE DIOS GUÍA, ÉL PROVEE – Proverbios 3:5-6

1 Donde Dios Guía Él Provee

“Confía en el Señor de todo corazón, y no en tu propia inteligencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él allanará tus sendas.” (Proverbios 3:5-6) 

Si ejercemos confianza y reconocemos al Señor en cada área de nuestras vidas, Su promesa es que Él nos guiará. 

Para conocer la dirección de Dios, sin embargo, debemos dejar a un lado nuestra propia voluntad y buscar la voluntad de Dios. El principio básico en la determinación de la voluntad de Dios en cualquier situación es vaciarnos de nuestra impetuosidad y nos comprometemos a buscar y obedecer Su voluntad. 

Si pretendemos saber la voluntad de Dios, pero no estamos dispuestos a hacerlo a menos que está de acuerdo con nuestra voluntad, nos estamos engañando a nosotros mismos. Todo lo que realmente queremos es la aprobación de Dios de nuestros planes. Pero nunca sabremos la dirección de Dios de esa manera, porque Dios revela Su voluntad sólo a aquellos que se han comprometido a confiar y obedecerlo. 

Muchas veces no experimentamos la guía de Dios, porque estamos tan ocupados haciendo nuestra propia cosa que no somos capaces de parar y pedir al Señor que revele Su voluntad para nosotros. O nos metemos en nuestra rutina, y una catástrofe es necesaria para que Dios llame nuestra atención – para que Él pueda hacernos saber lo que Él quiere que hagamos en nuestra vida. Por lo tanto, si quieres la ayuda de Dios, párese y pídale, y espere para escuchar lo que Él tiene que decir. “Yo te instruiré, yo te mostraré el camino que debes seguir; yo te daré consejos y velaré por ti. No seas como el mulo o el caballo, que no tienen discernimiento, y cuyo brío hay que domar con brida y freno, para acercarlos a ti. (Salmo 32:8-9) 

Podríamos preguntarnos, pero ¿qué pasa si Dios no dice nada? La respuesta es que cuando buscamos y esperamos la ayuda de Dios y seguimos siendo sumisos a los caminos soberanos de Dios, Él providencialmente orquesta circunstancias de tal manera que nos dan la confirmación clara de cómo debemos proceder. 

Si llegamos a una puerta y no se abre, tal vez Dios nos está pidiendo para esperar porque Él tiene más trabajo que hacer en nosotros primero. O tal vez nos está dirigiendo en otra dirección. No debemos mirar con tanto anhelo en la puerta que está cerrada, que echamos de menos la que está abierta. Nuestra tarea es tener fe, obedecer y confiar. 

Cuántas veces hemos hecho decisiones que deseamos que no hubiéramos hecho. Mientras que tales experiencias no son agradables, el Señor tiene importantes lecciones para enseñarnos si nos sometemos a Sus caminos soberanos. Pero si pensamos, “yo voy hacerlo de la manera que yo quiero”, vamos solamente traen más dolor y decepciones en nuestra vida. 

Para encontrar la voluntad de Dios debemos caminar en constante comunión con el Señor, llevando todo a Él en oración. “Clama a mí y te responderé, y te daré a conocer cosas grandes y ocultas que tú no sabes” (Jeremías 33:3). Debemos darnos cuenta de que nuestros pasos son ordenados por el Señor. Cuando caminamos con Él y estamos comprometidos a Su propósito, Él trabajará en nuestra vida orquestando todo para Su honor y Gloria. 

Si confiamos en Él, el proceso se convierte en una hermosa unión de Su fidelidad y soberanía, y de nuestra confianza y obediencia a Él. 

Nuestro Padre celestial quiere lo mejor para nosotros. Él tiene un plan perfecto para nuestra vida. La clave para vivir Su plan y estar en sintonía con Su voluntad, no es sólo creer en Dios, pero obedecerlo también. Simplemente debemos tener fe y obedecer porque, “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). 

¡Recuerde, donde Dios guía, Él provee!

Posteado por: mvmspanish | enero 3, 2016

UN NUEVO COMIENZO – Efesios 4:22-24

Efesios 4 vs 22-24

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está corrompido por los deseos engañosos, 23 renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” (Efesios 4:22-24) 

Al comenzar el nuevo año, es bueno recordar que podemos renovar nuestro compromiso con las resoluciones que glorifiquen a nuestro Padre celestial. Podemos hacer esto con la ayuda del Espíritu Santo cuando nosotros determinamos que vamos a ganar mayores alturas en nuestra viaje espiritual hacia la semejanza de Cristo. Tenemos que recordar que no importa lo mucho que hemos apostatado, desobedecido y caído por debajo de la expectativa del Señor; que con Su ayuda y nuestra determinación, podemos empezar de Nuevo. 

¿Cómo se puede lograr esto? Los versículos 20-21 básicamente afirman que caminar con el mundo, no es la forma de vida que hemos aprendido, si en verdad lo habéis oído, y habéis sido por Él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús. 

Jesús dijo: “Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas.” (Mateo 11:29) 

Debemos despojarnos del viejo hombre y “vestirnos del nuevo hombre,” que habla claramente de nuestra nueva forma de vida. Al igual que el cambio de la ropa, tenemos que salir de los viejos trapos y dejarlos detrás y poner ropas de justicia. “En gran manera me gozaré en Jehová, mi alma se alegrará en mi Dios, porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia.” (Isaías 61:10) 

Si como creyentes seguimos vestidos de trapos viejos, que este año nuevo nos vea obedecer este pasaje como un acto de fe en el Espíritu viviente de Dios y “al contrario, vestíos del Señor Jesucristo y no satisfagáis los deseos de la carne.” (Romanos 13:14) 

Nosotros “necesitamos ser renovados en la actitud de nuestra mente” (Efesios 4:23). El hombre nuevo es una nueva creación de Dios modelado después de Él “en la justicia y santidad de la verdad.” 

“Pues somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas.” (Efesios 2:10) 

Cuando necesitamos dirección en la toma de decisiones, debemos volvernos a Dios y confiar en que el Señor nos dará fuerza para obedecerlo, porque Dios tiene un plan para nosotros. Él se preocupa de nuestros dilemas, Él escucha nuestras peticiones, y Él nos responderá de una manera que nos asombrará, si simplemente paramos y Lo escuchamos. 

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz y no de mal, para daros el fin que esperáis.” (Jeremías 29:11) 

Cualesquiera sean las decisiones que tenemos que hacer de este Año Nuevo – simple, compleja o difícil, ellas siempre se deben basar en nuestra decisión de seguir al Señor: “A Jehová, vuestro Dios, seguiréis y a él temeréis, guardaréis sus mandamientos y escucharéis su voz, a él serviréis y a él le seréis fieles.” (Deuteronomio 13:4) 

Que todos tengamos un gran deseo de seguir a nuestro Rey de reyes y Señor de señores este Año Nuevo y cuando lo hacemos Él da esfuerzo al cansado y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. (Isaías 40:29) 

¡QUE USTED TENGA UN BENDECIDO AÑO NUEVO!

Posteado por: mvmspanish | diciembre 24, 2015

LAS PROFESÍAS DE LA VENIDA DE CRISTO

Las profecías de la llegada del Mesias

Durante esta época del año debemos recordar de las profecías notables referentes al nacimiento de Jesús y la forma en que fundamentan Su deidad y la fidelidad de Dios. 

Echemos un vistazo a algunos de ellos. 

LA COMPROBACIÓN DEL NACIMIENTO

El momento del nacimiento del Mesías había sido indicado en Génesis 49:10, en palabras de Jacob en su lecho de muerte a su hijo Judá: “No será quitado el cetro de Judá… hasta que venga Siloh, y a él se congregarán los pueblos.” 

El término “Siloh” fue reconocido por los rabinos judíos como un título mesiánico. El “cetro” se refiere al poder judicial de la nación. Por lo tanto, esta profecía dice que el Mesías vendrá en un momento en que el poder judicial de la nación se ha eliminado. 

Lo que los rabinos no se dieron cuenta es que Jesús el Mesías había nacido alrededor de 6 aC durante los últimos años de Herodes (Mateo 2:1). Así que “Siloh” había llegado poco antes de que partiera el cetro, ¡tal como había sido profetizado! 

EL LUGAR DE NACIMIENTO

 El lugar de nacimiento del Mesías también había sido precisamente profetizado, quinientos años antes por el profeta Miqueas: “Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel” (Miqueas 5:2). 

¿Te has preguntado lo que el término “Efrata,” significa en este pasaje? Se trata de una denominación geográfica que indique con precisión qué se está identificando a Belén. Es como la diferenciación entre una ciudad con el mismo nombre en un estado como el de otro estado. 

El punto es que había otro Belén en la tierra de Israel en el área al norte, cerca del Mar de Galilea. Esta había sido asignada a la tribu de Zabulón. 

Al especificar el área de Efrata, la profecía de Miqueas dejó en claro que el Belén que iría acoger el nacimiento del Mesías sería el que está en el sur de Israel, cerca de Jerusalén. En cumplimiento de esta profecía muy preciso, Mateo nos dice que “Jesús nació en Belén de Judea” (Mateo 2:1). 

LA NATURALEZA DEL NACIMIENTO 

También se había profetizado que el niño especial nacido en Belén sería a la vez humano y divino. Daniel hizo hincapié en la humanidad del Mesías cuando se refirió a Él como “el Hijo del hombre” (Daniel 7:13). Isaías enfatizó Su divinidad cuando dijo que el Mesías sería llamado “Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.” (Isaías 9:6) 

Su naturaleza divina también se indicó en otras profecías acerca de Su nacimiento. Por ejemplo, la primera profecía mesiánica en la Biblia es uno por el mismo Dios en el Jardín del Edén cuando le dijo a Satanás que un día sería derrotado por El que nacería de “la simiente de la mujer” (Génesis 3:15). Esto parece ser una clara indicación de que el Mesías nacería milagrosamente a través de una virgen. Miles de años más tarde Isaías profetizó específicamente que se produciría el nacimiento de esta manera: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo…” (Isaías 7:14) 

Se predijo además por Isaías que el Mesías se le daría un nombre que significaría su divinidad. Será llamado “Emanuel”, dijo Isaías, que significa “Dios con nosotros” (Isaías 7:14). Seiscientos años después, cuando el ángel Gabriel se le apareció a María para decirle que ella sería la madre del Mesías, él especificó que ella debía llamar al bebé Yeshua (Lucas 1:31). Ese nombre en hebreo significa “La salvación de Dios” (Mateo 1:21). 

Otros detalles profetizaron sobre el nacimiento del Mesías incluyen la presentación de regalos a Él por reyes (Salmo 72:10-11 y Mateo 2:1-12), la matanza de los infantes de Su lugar de nacimiento (Jeremías 31:15 y Mateo 2:16), y su estancia en Egipto (Oseas 11:1 y Mateo 2:11-15). 

LA CELEBRACIÓN DEL NACIMIENTO 

La concepción y el nacimiento del Mesías se celebraban en algunos himnos proféticos notables. María profetizó en una canción de regocijo que el niño había concebido era evidencia de Dios “Y su misericordia es de generación en generación” (Lucas 1:50). Ella llegó a profetizar que Él “De sus tronos derrocó a los poderosos, mientras que ha exaltado a los humildes. A los hambrientos los colmó de bienes, y a los ricos los despidió con las manos vacías.” (Lucas 1:52-53).

Su pariente, el sacerdote Zacarías, también cantó una canción profética de celebración cuando su hijo, Juan el Bautista, nació. Refiriéndose a la bebé en el vientre de María, proclamó que Dios “nos levantó un poderoso Salvador” (Lucas 1:69). A continuación, declaró que su propio hijo sería llamado “el profeta del Altísimo,” y profetizó que su hijo “irás delante del Señor para preparar sus caminos” (Lucas 1:76). Concluyó su canción con una de las más hermosas profecías poéticas sobre el Mesías que se pueden encontrar en cualquier lugar de la Escritura: “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, con que nos visitó desde lo alto la aurora, para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz” (Lucas 1:78-79).

La siguiente canción profética de celebración se cantó en la noche del nacimiento del Mesías cuando un ángel se apareció a los pastores de Belén y proclamó: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor (Lucas 2:10-11). Este ángel fue súbitamente acompañado por una multitud de ángeles que cantaba un coro triunfal: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” (Lucas 2:13-14).

La última canción profética relacionada con el nacimiento del Mesías fue cantada por un “hombre justo y piadoso” de Jerusalén por el nombre de Simeón. El Espíritu Santo había venido sobre él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías (Lucas 2:25-26). Se le dio ese privilegio glorioso cuarenta días después del nacimiento del Mesías cuando los padres de Jesús llegaron al templo en Jerusalén para dedicar su bebé a Dios. 

Simeón tomó al niño Jesús en sus brazos, dio las gracias al Señor, y luego cantó: “Porque han visto mis ojos tu salvación, que has preparado a la vista de todos los pueblos: luz que ilumina a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.” (Lucas 2:30-32). 

LA IMPORTANCIA DE LAS PROFECÍAS DE NACIMIENTO 

El cumplimiento de todas estas profecías en la vida de una persona, Jesús de Nazaret, es una prueba positiva de que Él era quien decía ser, es decir, el Mesías de Dios (Marcos 14:62 y Lucas 22:70). 

La fidelidad de Dios en el cumplimiento de cada una de estas profecías en detalle también es importante, ya que nos da la seguridad de que Él asimismo cumplió fielmente todas las profecías que él ha dado a los cristianos en relación con el regreso pronto de Jesús. 

Nuestro Dios conoce el futuro y Él lo proclamó (Isaías 46:10). Él también tiene el poder de ver que lo que Él proclama sucederá (Isaías 46:11). Lo más importante, Él es fiel (1 Corintios 1:9), para que podamos descansar en Sus promesas. 

Alegrémonos de que el nacimiento de Belén que ocurrió hace tanto tiempo es una prueba positiva de que Él que nació allí, pronto volverá en gloria como Rey de reyes y Señor de señores (Apocalipsis 19:16). 

Bendiciones para usted en esta Navidad. 

 

Extractos tomados del Ministerios del Cordero y León – ¡Gracias!

 

Posteado por: mvmspanish | diciembre 19, 2015

LA URGENCIA DE LA SALVACIÓN – 2 Corintios 6:2

2 Corinthians 6 vs 2 (Spanish)“Ahora es el tiempo aceptable; ahora es el día de salvación.” (2 Corintios 6:2) 

Quizás el pecado más mortal de los no creyentes es el de la dilación. Satisfecho con su vida actual, la persona deja de lado su necesidad espiritual. Incluso si él entiende el evangelio y da cuenta de su necesidad de salvación, él todavía prórroga su decisión.

Recuérdense que es peligroso para contar demasiado en el futuro. “Cuando no sabéis lo que será mañana. ¿Qué es su vida? Ustedes son como la niebla, que aparece por un momento y luego se desvanece” (Santiago 4:14). El pecado de la dilación puede convertirse fácilmente en el pecado de negligencia, a continuación, de la indiferencia, y por último el imperdonable pecado de rechazo irrevocable e incredulidad. “Mi espíritu no permanecerá en el ser humano para siempre” (Génesis 6:3). Esta advertencia fue dicho en el mundo antediluviano y sin duda es cierto hoy, cuando tenemos mucho más conocimiento y la evidencia de la verdad de Dios y de Su voluntad que la gente tenía en los días de Noé. 

“Si oís hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón” (Salmo 95:7-8). Esta advertencia del salmista se consideró tan importante que el escritor de Hebreos lo citó tres veces en (Hebreos 3:7-8, 3:15; 4:7). Tal énfasis sugiere en efecto, que hay un gran peligro en la resistencia a la llamada de Dios a la salvación. Talvez puede haber otra oportunidad, pero es presuntuoso y peligroso para imponer demasiado tiempo en la misericordia paciente de Dios. 

Hoy es el día de la salvación. ¡El tiempo aceptable es ahora! “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisotee al Hijo de Dios, y tenga por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado y ofenda al Espíritu de gracia?” (Hebreos 10:29) 

Recuérdate que es una “¡Horrenda cosa caer en manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31)

Tenemos que ser conscientes de que todos nuestros mejores planes están siempre sujetos a la voluntad y la dirección de Dios, porque Él es nuestro Creador y Él da la vida y la quita. Se nos ha dado libre albedrío y por tanto somos dueños de nuestro propio destino eterno. Así ya que no sabemos lo que pasará mañana, es de vital importancia para obedecer al Señor Jesucristo y aceptar Su regalo de salvación antes que sea demasiado tarde.

Para ser salvo usted necesita estar bien con Dios y depender solamente de Su palabra la Biblia y no en las doctrinas del hombre y las tradiciones, porque la palabra de Dios es inmutable de eternidad en eternidad. Esto es lo que la Biblia nos dice que debemos hacer:

  • Admite que eres un pecador“No hay justo, ni aun uno… por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios.” (Romanos 3:10, 23)

Pida perdón a Dios. “Todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.” (Romanos 10:13)

  • Crea en Jesús – Ponga su confianza en Él como su única esperanza de salvación. “Porque tanto amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en Él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16)

Conviértete en un hijo de Dios al recibir a Cristo – “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1:12)

  • Confiesa que Jesús es Señor de tu vida“que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” (Romanos 10:9-10)

Clama a Jesús y pídele que te salve antes de que sea demasiado tarde. Jesús prometió: “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” (Mateo 7:8)

Jesús también dijo: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.” (Apocalipsis 3:20-21)

Verdaderos discípulos de Cristo son transformados por el Espíritu y sus vidas están marcadas por la obediencia al Señor y el amor por los demás.

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