Posteado por: mvmspanish | agosto 22, 2019

¿QUÉ ES LA PACIENCIA BIBLICA? – Santiago 1:4

Que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que nada les falte. (Santiago 1:4)

¿Qué es la paciencia? La paciencia se define comúnmente como la capacidad de aceptar o tolerar demoras, problemas o sufrimiento sin enfurecerse o enojarse.

Lo opuesto a la paciencia es la agitación, el desánimo y el deseo de venganza. Dios no quiere que Sus hijos vivan en agitación, sino en paz, como Jesús les dijo a Sus discípulos: La paz les dejo, Mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo (Juan 14:27). Él quiere disipar el desánimo y reemplazarlo con esperanza y alabanza (Salmo 42:5); y no debemos vengarnos; más bien, deberíamos amarnos unos a otros (Romanos 12:19; Levítico 19:18).

Dios es paciente y su Espíritu produce el fruto de la paciencia en nosotros. Cuando somos pacientes, dejamos espacio para que Dios trabaje en nuestro corazón y en nuestras relaciones. Necesitamos dejar de lado nuestro programa de actividades y confiar en Dios; y dar gracias al Señor por lo que Él trae a nuestra vida; simplemente, dejamos que Dios sea Dios.

Veamos qué dice la Biblia sobre la paciencia, ya que la Biblia tiene mucho más que decir al respecto que su definición normal: 

La paciencia se origina en Dios: 

  • Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.  Y que el Dios de la paciencia y del consuelo les conceda tener el mismo sentir los unos para con los otros conforme a Cristo Jesús,  para que unánimes, a una voz, glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. (Romanos 15:4-6)

La paciencia es parte del fruto del Espíritu: 

  • Pero el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad,  mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. (Gálatas 5:22-23)

La paciencia nos ayuda a crecer durante las pruebas:

  • Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente. Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu. Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración. Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad. (Romanos 12:10-13);
  • Tengan por sumo gozo, hermanos míos, cuando se hallen en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de su fe produce paciencia,  y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que sean perfectos y completos, sin que nada les falte. (Santiago 1: 2-4)

La paciencia nos permite ser fortalecidos y bendecidos por Dios:

  • Confía callado en el Señor y espera en El con paciencia (Salmos 37:7);
  • Esperé pacientemente al Señor, y El se inclinó a mí y oyó mi clamor (Salmos 40:1);
  • Que el Señor les guíe el corazón a un entendimiento total y a una expresión plena del amor de Dios, y a la perseverancia con paciencia que proviene de Cristo (2 Tesalonicenses 3:5);
  • No sean perezosos; más bien, imiten a quienes por su fe y paciencia heredan las promesas (Hebreos 6:12).

La paciencia agrada a Dios:

  • Vale más terminar algo que empezarlo. Vale más la paciencia que el orgullo (Eclesiastés 7:8);
  • Amados hermanos, tomen como ejemplo de paciencia durante el sufrimiento a los profetas que hablaron en nombre del Señor (Santiago 5:10);
  • Yo sé todo lo que haces. He visto tu arduo trabajo y tu paciencia con perseverancia. Sé que no toleras a la gente malvada. Has puesto a prueba las pretensiones de esos que dicen ser apóstoles pero no lo son. Has descubierto que son mentirosos. Has sufrido por mi nombre con paciencia sin darte por vencido (Apocalipsis 2:2-3).

Como vemos claramente, la paciencia es una virtud de Dios. Como todos los demás aspectos del fruto del Espíritu, la paciencia es otro indicador de nuestra relación con Dios.

Debemos escucharlo, obedecerlo y, a veces, renunciar a nuestros propios deseos y opiniones personales para esperar Su dirección. Desafortunadamente, la falta de paciencia ha llevado a muchas situaciones en las que se han tomado malas decisiones y se han cometido injusticias. Por lo tanto, es esencial que cooperemos con el Espíritu a medida que Él desarrolla la paciencia dentro de nosotros, porque la virtud de tener paciencia puede salvarnos del dolor inevitable que viene cuando nos negamos a esperar por Su dirección.

En conclusión, la paciencia se define comúnmente como “la capacidad de aceptar o tolerar demoras, problemas o sufrimientos sin enojarse o enfurecerse.” La paciencia, a veces denominada sufrimiento, se origina en Dios y es parte del fruto del Espíritu. Es un producto del autocontrol y parte de la piedad, que Cristo nos demostró. La paciencia es una parte importante para ayudarnos a crecer y fortalecer nuestra fe durante las pruebas. Nuestra paciencia agrada a Dios y resulta en Su bendición. Finalmente, la falta de paciencia demuestra un pensamiento impío que carece de la protección y del conocimiento de Dios y conduce a injusticias y trato sin misericordia de los demás. 

Cuanto mayor sea la bendición que Dios tiene para nosotros, más paciencia requiere. Esto significa que tenemos una opción. Podemos aprender a ser pacientes y ver lo que Dios hará en nuestra vida, o podemos resolverlo nosotros mismos y verlo convertirse en un desastre. ¿Qué vas a elegir? 

Recuerde que la acción más sabia es confiar pacientemente en Dios, esperar y observar para ver qué Él hará; y cuando dejamos que el Espíritu produzca paciencia en nosotros, Él nos hará más como Cristo.

 

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Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, que enseñen lo bueno,  que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada. (Tito 2:3-5)

¿Quiénes son las “anciana”? Pablo probablemente tenía en mente a las mujeres más allá de la edad fértil. La razón del consejo en Tito 2:3-5 para que las mujeres mayores enseñen a una mujer más joven casada y con hijos fue que la gran mayoría de las mujeres jóvenes en el primer siglo se casaban muy joven y necesitaban la dirección de una mujer piadosa más vieja.

Pablo anima a Tito a enseñar a todos los grupos de la iglesia; hombres mayores, hombres jóvenes, mujeres mayores, esclavos, ¡todos los grupos excepto las mujeres jóvenes! Pero enseñar y entrenar a mujeres jóvenes sobre cómo vivir vidas piadosas era y es principalmente la responsabilidad de las mujeres mayores, no del pastor o de los ancianos de una iglesia; por lo tanto, es vital que las mujeres piadosas y los ministerios de mujeres no pierdan de vista este objetivo.

Entonces, ¿qué deberían enseñar las mujeres mayores a las mujeres más jóvenes? Echemos un vistazo a nuestros versos.

Las ancianas deben ser reverentes en su conducta. El término “reverencia” se usó para caracterizar la conducta de santidad, lo que sugiere que él está hablando de mujeres que aman y obedecen al Señor. Ellas deben enseñar a las mujeres jóvenes “lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1), mujeres mayores que entienden la Palabra de Dios y que interpreta rectamente la palabra de verdad (2 Timoteo 2:15). La mujer reverente teme a Dios y vive en Su presencia sirviendo a Dios con todo su corazón, mente y alma. Ella busca Su voluntad para su vida y sigue Sus caminos. (Proverbios 31:26, Juan 14:15, Salmo 119:15)

Las mujeres mayores no deben ser calumniadoras. ¡La palabra calumnia en griego se usa para identificar al diablo! También significa chismes maliciosos. Una mujer piadosa no repetirá historias perjudiciales sobre los demás. Ella no difundirá rumores o medias verdades que dañen la reputación de alguien.

Las mujeres mayores no deben ser esclavizadas por el vino. Hay una conexión entre una lengua suelta y una bebida embriagadora. Una mujer que bebe probablemente hablará demasiado. Estos fueron los vicios comúnmente asociados con el tipo negativo de mujeres mayores en la sociedad Greco-romana.

Las mujeres mayores deben enseñar lo que es bueno. La palabra “bueno” podría traducirse como “hermosa y pura”. Como vemos, fueron las mujeres mayores, no Tito, las que debían enseñar a las mujeres más jóvenes cómo ser verdaderamente bellas, es decir, ser piadosas.

Esto es especialmente importante ya que la iglesia ve a mujeres más jóvenes que vienen a Cristo con antecedentes paganos. Tal vez no han tenido modelos piadosos para enseñarles cómo hacer sus hogares lugares atractivos para sus familias. No saben cómo amar a sus esposos e hijos. El feminismo mundano les dice que olviden a sus familias y encuentren satisfacción en las cosas del mundo. Las mujeres mayores piadosas deben hablarles sinceramente enseñándoles lo que es bello y atractivo relacionado a un hogar piadoso.

En sigida deben enseñar a las jóvenes a que amen a sus maridos. En este texto, la palabra que Pablo usa implica el amor a la amistad. Un esposo y una esposa deben cultivar una compañía íntima. El amor por tu esposo comienza en cómo piensas de él cada día. Si te quejas de sus malos hábitos o lo atacas verbalmente todo el día con tus malas palabras, no lo amas. Debes comenzar agradeciendo a Dios por él y pensando en sus necesidades y en cómo puedes satisfacerlas. El amor a la amistad requiere tiempo junto, compartiendo sus pensamientos y sentimientos, y sobre todo, estudiando la Palabra de Dios juntos.

Las mujeres más jóvenes no solo deben amar a sus esposos sino también respetarlos; Su esposo confía plenamente en ella y no necesita de ganancias mal habidas. Ella le es fuente de bien, no de mal, todos los días de su vida (Proverbios 31:11-12). Ver también Proverbios 31:28, 1 Pedro 3:1-6, Efesios 5:22-24.

También deben instar a las mujeres más jóvenes a amar a sus hijos. Esto puede ser difícil a veces, especialmente cuando prueban tu paciencia por su desobediencia. Sería bueno memorizar 1 Corintios 13:4-7 para que pueda aprender a relacionarse tanto con su esposo como con sus hijos. El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

Las mujeres más jóvenes deben enseñar a sus hijos los caminos de la Biblia. Deben cuidar de sus hijos con el amor de Cristo, disciplinarlos con cuidado y sabiduría, y entrenarlos en el camino que deben seguir (Proverbios 22:6, Proverbios 31:26-28). Y Dios le ordenó a todo Israel que Amara al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes (Deuteronomio 6:5-7).

Las mujeres más jóvenes deben ser prudentes. Literalmente significa estar en control racional de los impulsos y pasiones.

Las mujeres más jóvenes deben ser puras. Esto se refiere a la pureza sexual. No debe asociarse con nada que alimente su imaginación con los supuestos placeres del romance ilícito. Si algo le molesta porque no se satisfacen sus necesidades emocionales o físicas, necesitas encontrar un momento apropiado y hablar honestamente y tranquilamente con su esposo sobre esas necesidades.

Las mujeres más jóvenes deben tener la belleza interior que solo proviene de Cristo. Deben usar su creatividad y sentido del estilo para crear belleza en su vida y en la vida de sus seres queridos. (1 Pedro 3:1-6)

Las mujeres más jóvenes deben estar ocupadas en su casa. El recordatorio aquí es que su deber es primero con su hogar y su familia. Puedes trabajar fuera del hogar pero nunca descuidando su llamado principal de estar atenta a su hogar y su familia. (Proverbios 31:13-15, Proverbios 31:27)

Ella crea una atmósfera acogedora de calidez y amor para su familia e invitados. Ella usa la hospitalidad para ministrar a quienes la rodean. (Proverbios 31:20-22)

Ella trabaja diligentemente para completar sus tareas diarias. Ella no pasa tiempo mirando y pensando en aquellas cosas que no complacen al Señor. (Filipenses 4:8)

Las mujeres más jóvenes deben ser amables. Esta característica también es parte del fruto del Espíritu dado por Pablo en (Gálatas 5:22-23), que es relevante para todos los cristianos. La mujer amable piensa en las necesidades de los demás y hace todo lo posible para satisfacer esas necesidades. Cuando un miembro de la familia está molesto o desanimado, ella responde con simpatía y palabras amables.

Una mujer amable sirve a su esposo, su familia, sus amigos y sus vecinos con un espíritu amable y amoroso. Su hogar no es solo un refugio seguro, sino también una base para amar, servir y extender la mano a los demás.

Las mujeres más jóvenes deben estar sujetas a sus propios maridos. Pablo también escribe que las esposas deben someterse a su esposo en (Efesios 5:22–33), al igual que Pedro (1 Pedro 3:5). En Tito, esto está destinado a contrastar con la cultura de los no creyentes en Creta, donde las esposas probablemente no respetaron a sus esposos. Esta sumisión no significa vivir como un sirviente, o nunca tomar la iniciativa. Más bien, significa vivir con amor bajo el liderazgo de un esposo. Pablo compara el matrimonio cristiano con la relación entre Cristo y la iglesia (Efesios 5:22–33).

Para que nadie blasfema la palabra de Dios. Esto es para dejar a los falsos maestros sin posibilidad de atacar la fe cristiana.

Para nosotros en el Ministerio Mission Venture, es un ataque personal cuando escuchamos a alguien menospreciar o blasfemar a nuestro precioso Señor y Salvador y la Biblia. Nuestro mundo de hoy no es un lugar fácil para los cristianos que creen en la Biblia, pero no debemos permitir que eso nos detenga de enseñar la verdad de la Palabra de Dios. Jesús nos dijo que seríamos perseguidos, tal como Él fue (Juan 15:20), pero todo lo que nos pide que hagamos es defender Su Palabra, la Biblia y compartir Su mensaje del evangelio con gracia y amor. Dios hará el resto.

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Posteado por: mvmspanish | agosto 8, 2019

¿TIENES UNA CARGA POR LOS PERDIDOS? – Proverbios 11:30

El fruto del justo es árbol de la vida, y el que gana almas es sabio. (Proverbios 11:30)

¿Tienes una carga para los cristianos profesos que nunca han experimentado el segundo nacimiento? ¿Tienes compasión por las personas que honran a Jesús con sus labios, pero sus corazones están lejos de Él?

Lamentablemente, estos falsos conversos son víctimas trágicas de un engaño sutil, pero potencialmente fatal. A menos que se enfrenten con la verdad, nunca sabrán que han sido engañados. Un día pueden escuchar las palabras más terroríficas que alguien pueda escuchar cuando les Jesús dice: “Nunca te conocí; apártate de Mí” (Mateo 7:23).

Estas almas preciosas han sido o pervertidas por un evangelio comprometido o manipuladas para tomar una decisión con métodos de evangelización no bíblicos. Así como Jesús advirtió a los “maestros” de Su tiempo, ¡Ay de ustedes, escribas y Fariseos, hipócritas, que recorren el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacen hijo del infierno dos veces más que ustedes! (Mateo 23:15), debemos advertir a los que están atrapados en las falsas enseñanzas de hoy.

Desafortunadamente, hay muchos “líderes de la iglesia” que han descubierto que pueden obtener un mayor número de seguidores haciendo que el Evangelio sea más atractivo y más aceptable. Al ampliar el camino angosto, descubrieron que pueden construir iglesias más grandes al cambiar el Evangelio de Dios por un evangelio “fácil de creer”. Lamentablemente, esta versión diluida del Evangelio está ganando popularidad dentro de los círculos evangélicos y debe ser expuesta y confrontada con la verdad de la Palabra de Dios.

Al diablo le encanta ver que falsos conversos siendo engañados en el nombre de Cristo. Él continúa levantando falsos maestros para enseñar falsos evangelios, falsos cristos, con el propósito de producir falsos cristianos, con una falsa esperanza. El apóstol Pablo nos advirtió que la misma serpiente que engañó a Eva por su astucia también envía a sus obreros a predicar a otro Jesús y un evangelio diferente (2 Corintios 11:3-4). Satanás odia el Evangelio de la gracia y ha estado usando hombres religiosos llenos de orgullo como los fariseos y saduceos para pervertir el mensaje desde que se anunció por primera vez. Es por eso que Pablo nos informó que el Evangelio que predicó no estaba de acuerdo con las tradiciones o la filosofía del hombre; lo recibió directamente de Dios a través de una revelación pura de Jesucristo (Gálatas 1:11-12).

La realidad aterradora es que, en lugar de llamar a los pecadores al arrepentimiento y la fe en Jesucristo, los “líderes de la iglesia” están pidiendo a los no creyentes que repitan una oración, firmen una tarjeta, levanten la mano y se presenten en el altar; y en lugar de confiar en Jesús como su Salvador, solo necesitan creer en Él. Ninguna de estas tradiciones modernas tiene fundamento bíblico. No solo deshonran al Salvador, sino que a menudo engañan a las almas hacia una falsa esperanza de salvación.

Debemos advertir a quienes engañan a las personas que no deben sobrepasar lo que está escrito (1 Corintios 4:6). Es extremadamente peligroso manipular los requisitos de Dios para entrar en Su Reino (Deuteronomio 4:2, Deuteronomio 12:32, Apocalipsis 22:18). A menos que evangelicemos de la forma en que Dios instruye, corremos el grave riesgo de engañar a las personas sobre su destino eterno y seremos estrictamente juzgados (Santiago 3:1).

El evangelismo bíblico requiere hacer discípulos. Implica enseñar a las personas a observar todo lo que Cristo ordenó (Mateo 28:18-20). Su primer mandato fue “arrepentirse y creer en el Evangelio” (Marcos 1:15). El arrepentimiento es un cambio de mentalidad otorgado por Dios y que conduce al conocimiento de la verdad (2 Timoteo 2:25). El arrepentimiento descrito en toda la Biblia es una convocatoria a una rendición personal, absoluta y final a Dios como Soberano. Aunque incluye tristeza y arrepentimiento, es más que eso. Al arrepentirse, uno hace un cambio completo de dirección (giro de 180 °) hacia Dios. Esto resulta en dejar ídolos para servir al Dios vivo y verdadero (1 Tesalonicenses 1:9); dejando obras muertas y abrazando la fe (Hebreos 6:1); y yendo del pecado a la justicia y de las tradiciones de los hombres a Cristo y Su Palabra (Hechos 26:20).

La importancia de llamar a los pecadores al arrepentimiento también se confirma en el último mandato que Jesús dio: Para predicar en Su nombre, “el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones, comenzando por Jerusalén (Lucas 24:47). Recuerde, Jesús no vino a llamar a los justos, sino a los pecadores al arrepentimiento (Lucas 5:32). Aquellos que responden al Evangelio con arrepentimiento y fe escaparán del reino de las tinieblas y seguirán la Luz del mundo (Juan 8:12). Se desviarán del camino ancho y entrarán en el camino angosto que conduce a la vida eterna (Mateo 7:13-14).

Es deber y responsabilidad de cada discípulo de Cristo pelear la buena batalla de la fe. Debemos evitar que la semilla imperecedera de la Palabra de Dios sea corrompida y contaminada por hombres necios que persiguen sus propias agendas. Debemos luchar por la pureza y exclusividad del Evangelio para la gloria de Cristo y la santidad de Su Iglesia. Debemos enseñar solo de la Palabra de Dios; de lo contrario, los pecadores no conocerán al Dios que ofenden o al Dios que controla su destino.

Es vital entender que Jesucristo vino a la tierra para reconciliarnos con el Padre; Él murió en la cruz para salvarnos de una eternidad en el infierno y para darnos el regalo gratuito de salvación. Es crucial entender que cuando Lo aceptamos como nuestro Salvador, también necesitamos hacer de Él el Señor de nuestra vida.

Muchos dicen: “Jesús es mi Salvador, pero aún no lo he hecho Señor de mi vida”. Por favor, comprenda que las únicas personas listas para Su regreso son aquellas que diariamente buscan poner todas las áreas de su vida bajo Su Señorío. La obediencia es la marca de un verdadero cristiano, y si no estás seguro, examínense para ver si están en la fe (2 Corintios 13: 5), porque aquellos que están listos para el regreso de Cristo buscan seguirlo como Señor.

Todos los verdaderos creyentes nacidos de nuevo deben compartir el evangelio, incluso a su prójimo; debemos estar orando al Señor de la Cosecha por más trabajadores, porque nunca hay suficiente; nunca debemos avergonzarnos del evangelio de Cristo, porque corremos el riesgo de que Jesús se avergüence de nosotros el día de Su visita. Es por eso que Jesús vino al mundo a buscar a los que estaban perdidos; y eso es lo que deberíamos hacer también.

Para terminar, pídale a Dios que le dé una carga por los perdidos. Ore por ellos, especialmente aquellos con quienes tiene contacto frecuente. Cuando Dios dé la oportunidad, comparta el evangelio, ore por los misioneros y dé para que puedan llevar el evangelio a aquellos que nunca han oído hablar de Cristo; porque el amor de Cristo y el amor de la verdad de Dios deberían impulsarnos a tener una carga por las almas perdidas.

Recuerda eso: que quien hace volver a un pecador de su extravío lo salvará de la muerte (Santiago 5:20).

 

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Posteado por: mvmspanish | agosto 1, 2019

UN ENTENDIMIENTO BÍBLICO DE LOS ÁNGELES – Job 38:4-7

Primero, la Biblia nos dice que los ángeles existieron antes de que Dios creara algo en el universo, como aprendemos de la conversación que tuvo con Job. ¿Dónde estabas cuando puse las bases de la tierra? ¡Dímelo, si de veras sabes tanto! ¡Seguramente sabes quién estableció sus dimensiones y quién tendió sobre ella la cinta de medir! ¿Sobre qué están puestos sus cimientos, o quién puso su piedra angular mientras cantaban a coro las estrellas matutinas y todos los ángeles gritaban de alegría? (Job 38:4-7)

Segundo, debemos entender que el número de ángeles es insondable y el apóstol Juan nos da un vistazo de su multitud en Apocalipsis 5:11, cuando miró y la voz de muchos ángeles alrededor del trono… El número de ellos era miríadas de miríadas, y millares de millares; y el libro de Hebreos habla de “sus miríadas de ángeles que significan números incalculables, Hebreos 12:22.

Dios creó a los ángeles para muchos propósitos, incluso para guiarnos, protegernos y animarnos. Los ángeles son siervos de Dios, enviados por Él al mundo para servir a Su voluntad. Sin embargo, uno de los papeles más importantes de los ángeles es alabar y glorificar a Dios.

Lucas 2:13-14 nos dice que, de repente apareció una multitud de ángeles del cielo, que alababan a Dios y decían: “Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los que gozan de su buena voluntad.

Apocalipsis 4:8 dice: “Día y noche nunca dejan de decir: ‘Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era y que es y que ha de venir.‘”

En Apocalipsis 5:11-12 leemos: “Entonces miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono…. El número de ellos era miríadas de miríadas, y millares de millares, que decían a gran voz: “El Cordero que fue inmolado es digno de recibir el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, el honor, la gloria y la alabanza.”

Y en Apocalipsis 7:11-12, vemos dónde: Todos los ángeles estaban de pie alrededor del trono y alrededor de los ancianos y de los cuatro seres vivientes. Estos cayeron sobre sus rostros delante del trono y adoraron a Dios, diciendo: “¡Amén! La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, el honor, el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.”

Los ángeles son seres espirituales creados (Nehemías 9:6 y Hebreos 1:14); sin embargo, la Biblia enseña claramente que pueden tomar forma humana y aparecer ante las personas. En el Antiguo Testamento hay apariciones registradas de ángeles a Abraham, Agar, Lot, Jacob, Moisés, Josué, Gedeón, David, Daniel y muchos otros. El Nuevo Testamento comienza con toda una serie de apariciones angélicas relacionadas con el nacimiento del Mesías. Después de la muerte de Jesús, los ángeles aparecieron en Su tumba y en Su ascensión. Pedro, Juan, Felipe y Pablo tuvieron encuentros angélicos en sus ministerios.

Cuando los ángeles asumen la forma humana, aparecen como cualquier persona normal (Génesis 18:1-2 y Génesis 19:1-2), y cuando se manifiestan en su forma espiritual, tienden a aparecer tan brillantes como un relámpago, y sus vestiduras son tan blancas como la nieve (Mateo 28:1-4).

En sus apariciones bíblicas, los ángeles siempre se manifiestan como hombres. No hay mención de que tengan alas. La idea de que los ángeles tienen alas está arraigada en la descripción bíblica de algunos seres angelicales especiales llamados serafines y querubines que residen en la sala del trono de Dios en el cielo. Se describe que los serafines tienen seis alas en Isaías 6:2, y los querubines se representan con cuatro alas en Ezequiel 1:5-6.

Los ángeles no se casan ni procrean como se indica en Mateo 22:30 y Lucas 20:36 nos dice que no envejecen ni están sujetos a la muerte.

Mientras que todos los ángeles en el principio fueron creados santos y sin pecado, y Satanás fue originalmente uno de los más gloriosos ángeles de Dios, “lleno de sabiduría y perfecto en belleza” (Ezequiel 28:12); su corazón se enorgulleció por su belleza (Ezequiel 28:17), y su orgullo lo motivó a tratar de tomar el trono de Dios (Isaías 14:12-14). Debido a su rebelión, fue expulsado del cielo, a la tierra, y un tercio de los ángeles fueron expulsados juntamente ​​con él porque se unieron a su rebelión (Apocalipsis 12:4).

La Biblia no nos dice cuándo tuvo lugar esta revuelta, pero fue muy probable que ocurriera después del final de la semana de la creación, porque al final de esa semana, Dios declaró que toda Su creación era “buena” (Génesis 1:31).

Mientras Dios obra a través de los ángeles, sin embargo, es Dios quien toma la decisión de dirigir a un ángel para que haga Su voluntad, y no es la decisión de un ángel actuar independientemente de Dios, por lo tanto:

Los ángeles llevan a cabo el juicio de Dios. Con el poder que Dios les ha dado, logran todo lo que Dios les envía a hacer. En el libro de Apocalipsis, los vemos como agentes vitales para derramar los terribles juicios de la Tribulación, e incluso en la batalla contra Satanás y sus ángeles malvados para evitar que accedan al cielo, confinándolos al reino de la tierra en previsión del cautiverio y derrota final de Satanás, como se describe en Apocalipsis 12 y 20.

Fueron enviados para destruir a Sodoma y Gomorra (Génesis 19:12-15). Un ángel del Señor mató a 185,000 soldados asirios en una noche para evitar que atacaran a Jerusalén (2 Reyes 19:35). El Salmo 78:49 habla de un “grupo de ángeles destructores” que fue enviado para atormentar a los judíos en el desierto cuando se rebelaron contra Dios. El Nuevo Testamento deja en claro que Dios ejecutará Sus juicios de los tiempos del fin en las naciones a través de los ángeles (Mateo 13:49-50 y Judas 14-15).

Los ángeles separarán el trigo de la cizaña (el salvado de los perdidos) en el juicio final, como Mateo 13:38-42 nos dice: “… El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que son piedra de tropiezo y a los que hacen iniquidad… “

Los ángeles protegen al pueblo de Dios. El Salmo 91:11-12 dice: El dará órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos. En sus manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra. Y en Mateo 18:10, Cristo hizo una declaración con respecto a los niños pequeños cuando dijo: Mirad que no despreciéis a uno de estos pequeñitos, porque os digo que sus ángeles en los cielos contemplan siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos, que es una referencia probable a un ángel guardián.

También vemos al Ángel del Señor protegiendo a los tres hebreos en el horno (capítulo 3 de Daniel), y vigilando a Daniel en el foso de los leones (capítulo 6 de Daniel).

Los ángeles proveen. Y fueron enviados por Dios para proporcionar sustento al Señor al final de sus cuarenta días en el desierto (Mateo 4:11); y un ángel proporcionó pan y agua a Elías (1 Reyes 19:5-6).

Los ángeles rescatan a los creyentes. En Hechos 5:19, el ángel rescata a Pedro y Juan de la prisión y en Hechos 12:3-19 leemos que el rey Herodes encarceló a Pedro, pero la noche antes de su juicio se le apareció un ángel. Y  el ángel tocó a Pedro en el costado, y lo despertó diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas cayeron de sus manos. . . Y saliendo, lo seguía, y no sabía que lo que hacía el ángel era de verdad, sino que creía ver una visión. Cuando habían pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salieron y siguieron por una calle, y enseguida el ángel se apartó de él. Cuando Pedro volvió en sí, dijo: Ahora sé en verdad que el Señor ha enviado a su ángel, y me ha rescatado de la mano de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos.”

Los ángeles aconsejan y consuelan. Como vemos al ángel reconfortando a Agar después de que ella huyó de Sarai. “El ángel del Señor la encontró junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente en el camino de Shur, y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde has venido y a dónde vas? Y ella le respondió: Huyo de la presencia de mi señora Sarai. Y el ángel del Señor le dijo: Vuelve a tu señora y sométete a su autoridad. El ángel del Señor añadió: Multiplicaré de tal manera tu descendencia que no se podrá contar por su multitud” (Génesis 16:7-10).

Los ángeles tienen su propósito en el reino de nuestro Padre; sin embargo, cuando estudiamos cuidadosamente sobre los ángeles, encontramos una advertencia muy seria en el último libro y capítulo de la Biblia. Juan escribe: Yo, Juan, soy el que oyó y vio estas cosas. Y cuando oí y vi, me postré para adorar a los pies del ángel que me mostró estas cosas. Y me dijo: No hagas eso; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios (Apocalipsis 22:8-9).

Los ángeles son poderosos y asombrosos de muchas maneras, pero, como nosotros, solo son criaturas y servidores del Dios vivo que solo merece nuestra adoración.

Necesitamos recordar que la iglesia en Colosos había sido penetrada por falsos maestros que enseñaban una falsa humildad y la adoración de los ángeles, afirmando visiones místicas especiales por medio de visiones en relación con su adoración de los ángeles; por lo tanto, la Biblia dice: “No permitas que nadie os defraude de vuestro premio deleitándose en la humillación de sí mismo y en la adoración de los ángeles, basándose en las visiones que ha visto, hinchado sin causa por su mente carnal(Colosenses 2:18). Esto fue demoníaco porque usurpaba el lugar preeminente y la suficiencia de Cristo como Salvador y Señor. La afirmación era que Jesucristo no es suficiente para la salvación y la espiritualidad; lo que necesitas es adorar a los ángeles. Esto es extremadamente peligroso, así que ten cuidado, porque Lucifer fue originalmente uno de los más gloriosos ángeles de Dios, “lleno de sabiduría y perfecto en belleza”, y ahora ronda como león rugiente, buscando a quién devorar” (1 Pedro 5:8).

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Posteado por: mvmspanish | julio 25, 2019

TENEMOS UN DIOS AMOROSO DE SEGUNDAS OPORTUNIDADES – Salmo 86:15

Las personas pueden decirnos que han arruinado su vida y destruido la esperanza de que algo bueno venga en su camino; pero eso no es verdad. Cuando estamos desesperados y pensamos que nuestra vida está destruida, es en ese preciso momento donde Dios quiere llamar nuestra atención y hacer algo maravilloso, ¡si Lo permitimos! Cuando le pedimos a Dios que tome el control de la situación, Él nos guiará y comenzaremos a darnos cuenta de que es capaz de hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén” (Efesios 3:20-21).

La Biblia está llena de personas que han recibido una segunda oportunidad, e incluso una tercera y una cuarta oportunidad: Jonás, Sansón, Zaqueo, Pedro, el ladrón en la cruz y otros.

David fue la elección de Dios para ser el rey de Israel y uno a quien Dios declaró ser “un hombre conforme a su corazón.” Pero David se acostó con Betsabé, la esposa de uno de sus oficiales más leales del ejército. David mató a su esposo en la batalla y se casó con ella. Dios envió a Natán el profeta para confrontar a David y él se arrepintió (Salmo 51), y Dios perdonó el pecado de David. Aunque el niño nacido de David y Betsabé murió, Dios restauró a la pareja y los hizo padres del gran Rey Salomón, cuyo descendiente fue Jesucristo, como leemos en 2 Samuel 11 y 12.

Uno de los aspectos sorprendentes del carácter de Dios es su increíble paciencia con nosotros. El Salmo 86:15 nos dice: “Pero tú, Señor, eres Dios clemente y compasivo, lento para la ira, y grande en amor y verdad.” Y en Miqueas 7:18 leemos: “¿Qué Dios hay como tú, que perdone la maldad y pase por alto el delito del remanente de su pueblo? No siempre estarás airado, porque tu mayor placer es amar.”

No importa lo que hayamos hecho, Dios nos ama y está ansioso por perdonarnos; sólo tenemos que pedir. Nada es demasiado grande para que Dios lo perdone, porque si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad (1 Juan 1:9).

Dios restaurará un corazón humilde una vez que aceptemos las consecuencias de nuestras malas acciones. Talvez tenemos que devolver algo de dinero, pedir disculpas a alguien, pagar una multa o sanción, recuperar la confianza de otra persona o corregir un problema que ayudamos a crear. Incluso si esto significa admitir que estamos equivocados y nos sentimos avergonzados, estos pasos importantes deben tomarse para obedecer a Dios y aprender a vivir en obediencia a Él. El Salmo 25:9 dice: “Él dirige en la justicia a los humildes, y les enseña su camino.”

Incluso si nos hemos rendido a nosotros mismos, Dios no se da por vencido con nosotros. A lo largo de las Escrituras, el Señor le ruega a Su pueblo que se aparte del orgullo, del pecado y de la rebelión y regrese a Él. Si elegimos no obedecer a Dios y seguir nuestro propio camino, Él nos persigue; Él nunca se da por vencido con nosotros, incluso cuando insistimos tontamente en hacer las cosas a nuestra manera y elegimos desobedecerlo. Él nos permite lidiar con las consecuencias de nuestra desobediencia, pero nunca está lejos, esperando que regresemos a Él. Cuando finalmente dejamos de luchar, reconocemos nuestro pecado y clamamos a Él, Él viene con los brazos abiertos para darnos lo que más necesitamos, ¡Él mismo, porque nos ama! Joel 2:13 nos dice: Vuélvanse al SEÑOR su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, cambia de parecer y no castiga.

El propósito de Dios es santificarnos, hacernos como Jesús y convertirnos en personas amorosas y maduras; sin embargo, para algunos, estos cambios llevan tiempo. ¡Esta vida es el proceso que nos prepara para la próxima! ¡Así que cuando tropezamos y caemos, no debemos rendirnos! Necesitamos levantarnos y mantener nuestro enfoque en Jesús, ¡incluso si tenemos que cojear por un tiempo! Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe. . . . (Hebreos 12:1-2).

Si ha perdido su orientación en la vida y se ha ido en la dirección equivocada, hay buenas noticias, ¡Dios lo está esperando! Te considera demasiado valioso para perder. Como Jesús les dijo a Sus discípulos: Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en las colinas para ir en busca de la extraviada? Y, si llega a encontrarla, les aseguro que se pondrá más feliz por esa sola oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron. Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños (Mateo 18:12-14).

Así como Dios es paciente y perdonador, quiere que Sus hijos sean pacientes y perdonen a los demás. “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia” (Colosenses 3:12). El Señor nos da segundas oportunidades, y debemos dar lo mismo a los demás. Jesús da una advertencia severa a aquellos que se niegan a perdonar, diciendo que si no perdonamos a otros, Dios no nos perdonará (Mateo 6:15; Efesios 4:32; Colosenses 3:13). Si alguien está verdaderamente arrepentido, entonces estamos obligados a perdonar (Mateo 18:21-22).

A veces una persona necesita tocar fondo, porque solo entonces Dios puede trabajar con ellos y llevarlos a sus sentidos. Dios hace todo lo posible para llevarnos al arrepentimiento, ofreciendo perdón y segundas oportunidades (2 Pedro 3:9); pero si continuamos rechazándolo, la oferta se retira y, al morir, no hay más posibilidades (Hebreos 9:27).

Evangelizar y compartir el evangelio es simplemente un pródigo que dice a otro prodigio que la sangre ha sido derramada, que el precio ha sido pagado y que el Padre está esperando y deseando que regrese a casa.

Por favor recuerde que “El gran amor del SEÑOR nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!” (Lamentaciones 3:22-23).

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Posteado por: mvmspanish | julio 18, 2019

CARACTERÍSTICAS DE UN VERDADERO CRISTIANO – Romanos 12:9-21

¿Cómo puedes estar seguro de que eres un cristiano? Romanos 12:9-21

Aquí se encuentran algunas características de un verdadero cristiano en las que puedes estar seguro de que ha nacido de nuevo y que el Espíritu Santo vive dentro de usted, trabaja en usted y proporciona evidencia bíblica sólida de que es un cristiano y que puedes saber que eres salvo.

En primer lugar, un verdadero cristiano entiende el plan de salvación y tiene un gran deseo de compartirlo con aquellos que están perdidos.

En segundo lugar, aman y honran a Jesús por encima de todo lo demás. Mientras que los cristianos aman a sus familiares y amigos, ponen al Señor por encima de todo y es evidente en sus prioridades. Los acontecimientos cotidianos pueden ser parte de su vida, pero las cosas y las necesidades materiales nunca se presentan antes de Cristo y seguir Su Palabra.

Su deseo controlador es abstenerse del pecado y vivir una vida humilde y santa; para honrar al Dios Todopoderoso, nuestro Creador y Salvador.

Son generosos y tienen una actitud que sacrifica. Los verdaderos cristianos siempre ponen a los demás primero y ponen las necesidades genuinas de alguien antes de las propias. Esto es evidente en el seguidor de Cristo por sus acciones altruistas y actos de bondad.

La humildad y la modestia son características fundamentales de un verdadero cristiano. Ser humilde es ser un discípulo de Jesucristo, porque el Señor mismo fue verdaderamente humilde. Aun siendo Dios, se humilló a sí mismo al hacerse obediente hasta la muerte en la cruz (Filipenses 2:8). Los discípulos de Cristo también son modestos en apariencia y en la forma en que viven y actúan. Las personas siempre pueden saber cuando están en presencia de hombres y mujeres que “aman a Dios”, porque Jesús siempre es el centro de atención.

Tienen autocontrol de sus emociones y acciones; que es evidente en la forma en que se comportan, independientemente de cómo actúan los demás hacia ellos. Si son criticados, ridiculizados o perseguidos por su fe, responden con amabilidad, tal como lo hizo Jesús.

Un verdadero cristiano profesa que Cristo es Dios y Lo tiene en la más alta estima (1 Juan 4:1-3, 1 Juan 4:13-15). Practican la justicia (1 Juan 2:28-29) y hacen las cosas que se ajustan a la norma de los justos de Dios.

Un hijo de Dios tiene al Espíritu Santo viviendo dentro de él, lo que le permite vivir una vida pura, limpia, honesta y santa. Se siente profundamente convencido cuando peca e inmediatamente confiesa, se arrepiente y le pide perdón a Dios (1 Juan 1:8-10).

Las personas que viven y trabajan alrededor de un cristiano ven la humildad y la santidad de Jesús expresadas en su vida diaria y saben que es cristianos porque camina como Cristo caminó (1 Juan 2:4-5); ven su deseo de imitar a Cristo y crecer conforme a Él.

Los cristianos aman a otros verdaderos creyentes, Jesús dijo que “Un mandamiento nuevo les doy: ‘que se amen los unos a los otros;’ que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros.” (Juan 13:34-35). Ellos desean el compañerismo de los demás y buscan ayudarse mutuamente a crecer en el conocimiento de Jesucristo.

Los verdaderos creyentes oran regularmente y están en comunión con Dios. Les encanta aprender más acerca de Dios y el Salvador, y tienen hambre y sed de la Palabra de Dios. Este es un fuerte indicador de que el Espíritu Santo está trabajando activamente en su vida. En las bienaventuranzas, Jesús dijo: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados” (Mateo 5:6).

Los cristianos anhelan y buscan la santidad porque, sin la santidad, nadie verá al Señor (Hebreos 12:14).

Los creyentes obedecen al Señor como el constructor sabio lo hizo y no como el necio (Lucas 6:46-49). Ellos no quieren escuchar lo que Jesús dijo a los hipócritas: “¿Por qué ustedes Me llaman: ‘Señor, Señor,’ y no hacen lo que Yo digo?”

Los que han nacido de nuevo tienen un gran deseo de buscar a los que están perdidos y compartir con ellos el amor de Cristo; tienen los mismos deseos que Dios tiene para aquellos que perecerán sin Cristo (Juan 3:16).

Si tenemos estas cualidades, y estas están aumentando en nosotros, tenemos evidencia de que hemos llegado a conocer al Señor y estamos dando los frutos de un hijo de Dios. Sin embargo, si estas cualidades están ausentes de nuestra vida, deberíamos tener una gran preocupación por nuestra alma. Debemos ser diligentes en la búsqueda de Dios con respecto a nuestra salvación. Debemos reexaminarnos para ver si estamos en la fe (2 Corintios 13: 5); y, debemos ser diligentes para hacer firme nuestro llamado y elección de parte de Dios (2 Pedro 1:8-11). 

Si desea saber cómo ser salvo y tener una vida eterna con Jesucristo, haga clic en el siguiente enlace: ACERCA DE LA SALVACIÓN.

 

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No te irrites a causa de los malhechores; no tengas envidia de los que practican la iniquidad. Porque como la hierba pronto se secarán y se marchitarán como la hierba verde… Confía callado en el Señor y espera en El con paciencia; no te irrites a causa del que prospera en su camino, por el hombre que lleva a cabo sus intrigas. Deja la ira y abandona el furor; no te irrites, sólo harías lo malo. (Salmo 37:1-2, 7-8)

La verdad es que no podemos conocer todas las razones por las que Dios permite que nos sucedan cosas malas. Conocemos a algunos, porque nosotros mismos los causamos. Vivimos en un mundo que está afectado por el pecado, así que tarde o temprano, las dificultades y las decepciones se nos presentarán. Sin embargo, si le pedimos discernimiento a Dios, podemos comenzar a entender por qué Él permite que algunas cosas ocurran. También podemos descubrir cómo Dios puede convertir la situación y traer beneficios a nuestras vidas como resultado del sufrimiento.

Las Escrituras nos enseñan que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito(Romanos 8:28). Y Jeremías 29:11 nos dice: Yo sé los planes que tengo para ustedes,’ declara el Señor ‘planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza.

Cuando nos suceden cosas malas, debemos buscar las respuestas de Dios y ver si Él está tratando de llamar nuestra atención para enseñarnos a desarrollar la madurez espiritual. Necesitamos recordar que “el hombre natural no acepta las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son necedad; y no las puede entender, porque son cosas que se disciernen espiritualmente.” (1 Corintios 2:14).

Cuando confiamos en Dios, podemos estar seguros de que Él no permitirá que nos suceda nada sin Su permiso, y no permitirá que ocurra ninguna “cosa mala” que no nos traiga más bien que destrucción. Como la Biblia nos enseña, no les ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres. Fiel es Dios, que no permitirá que ustedes sean tentados más allá de lo que pueden soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que puedan resistirla (1 Corintios 10:13).

A veces es difícil para nosotros entender a Dios, como Isaías escribe: “Porque Mis pensamientos no son los pensamientos de ustedes, ni sus caminos son Mis caminos,” declara el Señor. “Porque como los cielos son más altos que la tierra, así Mis caminos son más altos que sus caminos, y Mis pensamientos más que sus pensamientos.” (55:8–9).

Jesús sufrió mucho. Fue “despreciado y desechado de los hombres, Varón de dolores y experimentado en aflicción” (Isaías 53:3). Fue ridiculizado, traicionado, golpeado, humillado, abandonado y falsamente acusado. ¿Crees que Jesús alguna vez fue tentado a amargarse con aquellos que causaron Su sufrimiento? Por supuesto que sí. De hecho, la Biblia dice que “fue en todos los puntos tentados como nosotros, pero sin pecado” (Hebreos 4:15), y Él permaneció obediente al Padre. 

“Sin pecado”: Aquí ​​ está la diferencia entre las respuestas del hombre, que son la ira y la amargura (pecado), y la respuesta de confianza y perfecta obediencia de Jesucristo a la voluntad de Su Padre. ¿Cómo, entonces, podemos enfrentar la tentación sin pecar? El siguiente versículo en este pasaje bíblico nos da la respuesta: “Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna” (Hebreos 4:16). 

Jesús nos mostró la manera correcta de responder al sufrimiento. En nuestras circunstancias difíciles, tragedia o decepción, podemos aprender a responder como lo hizo Jesús. Al estudiar la Palabra de Dios, esté atento a las respuestas de Cristo cuando Él sufrió. Necesitamos seguir Su ejemplo, ya que Dios nos guía a través de Su Espíritu Santo en cada situación que enfrentamos.

Dios quiere que “nos conformemos a la imagen de su Hijo” (Romanos 8:29). Durante este proceso, el Señor nos da la gracia de responder a cada circunstancia como lo haría Jesús, y desarrollaremos el carácter divino. La Biblia nos dice que incluso el Hijo de Dios aprendió la obediencia a través de lo que Él sufrió (Hebreos 5:8).

Si nos suceden cosas malas, deberíamos preguntarnos: “¿Es esta situación en que me encuentro la disciplina de Dios para corregirme? ¿Está Dios tratando de llamar mi atención antes de que sea demasiado tarde? ¿He desobedecido a mi Padre celestial?” Debido a que Dios nos ama, nos castigará como un Padre castiga a un hijo (Hebreos 12:5-11). Es importante recordar que “ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados” (Hebreos 12:11). 

Si el Espíritu Santo nos convence de pecado, debemos arrepentirnos, y como resultado: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9). 

En el Antiguo Testamento leemos sobre la historia de José, quien sufrió un sufrimiento terrible, siendo vendido como esclavo por sus hermanos, acusado injustamente y encarcelado falsamente. Finalmente, después de unos 12 años, fue puesto en una posición de gran autoridad donde pudo salvar las vidas de su familia y muchas otras. Esto es lo que les dijo a sus hermanos: Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios lo cambió en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente (Génesis 50:20).

Como vemos, si estamos comprometidos con Dios, Él promete que Él puede y quitará cualquier dolor que estemos sintiendo y producirá algo bueno para Su honor y gloria.

El libro de Job es otro que trata con la cuestión de por qué Dios permite cosas malas de pasar a la gente buena. Job era un hombre justo (Job 1:1), sin embargo, sufrió de formas que casi no se pueden creer. Dios le permitió a Satanás hacer todo lo que quería hacer a Job, excepto matarlo, y Satanás hizo todo lo posible para que la vida de Job fuera insoportable. ¿Cuál fue la reacción de Job? Aunque El me mate, en El esperaré (Job 13:15). Y, el Señor dio y el Señor quitó; bendito sea el nombre del Señor(Job 1:21). Job no entendió por qué Dios había permitido las cosas que hacía, pero él sabía que Dios era bueno y, por lo tanto, seguía confiando en Él. En última instancia, esa debería ser nuestra reacción también.

Vivimos en un mundo caído y experimentamos los efectos de la caída. Uno de estos efectos es aparentemente la injusticia y el sufrimiento sin sentido; y cuando uno pregunta por qué Dios permite que cosas malas le sucedan a las personas buenas, también es bueno considerar lo siguiente: 

  • A las personas buenas de este mundo les pueden pasar cosas malas, pero este mundo no es nuestro destino final. Los cristianos tienen una perspectiva eterna: Por tanto no desfallecemos, antes bien, aunque nuestro hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día. Pues esta aflicción leve y pasajera nos produce un eterno peso de gloria que sobrepasa toda comparación, al no poner nuestra vista en las cosas que se ven, sino en las que no se ven. Porque las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas” (2 Corintios 4:16–18). Necesitamos recordar siempre que somos como una neblina que aparece por un momento y luego desaparece, y un día tendremos una gran recompensa.
  • A las personas buenas les ocurren cosas malas, pero Dios usa esas cosas malas para un bien definido y duradero. Porque sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a Su propósito (Romanos 8:28). Cuando José, inocente de la transgresión, finalmente superó sus terribles sufrimientos, pudo ver el plan de Dios en todo lo que le sucedió (Génesis 50:19-21).
  • A las personas buenas les suceden cosas malas y equipan a los creyentes para un ministerio más profundo. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que también nosotros podamos consolar a los que están en cualquier aflicción, dándoles el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios. Porque así como los sufrimientos de Cristo son nuestros en abundancia, así también abunda nuestro consuelo por medio de Cristo” (2 Corintios 1:3-5). Aquellos con cicatrices pueden ayudar mejor a aquellos que están experimentando conflictos.

Como vemos, Dios permite que las cosas sucedan por una razón. Si entendemos o no Sus razones, debemos recordar que Dios es bueno, justo, amoroso y misericordioso (Salmo 135:3). A menudo, nos suceden cosas malas que simplemente no podemos entender; por lo tanto, en lugar de dudar de la bondad de Dios, nuestra reacción debe ser confiar en Él. Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócelo en todos tus caminos, y El enderezará tus sendas (Proverbios 3:5-6).

Jesús dijo: “En el mundo tendrás tribulación.” El sufrimiento es el precio que pagamos por vivir en un mundo caído. Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos (1 Pedro 4:12). Por más trágicas que sean las circunstancias de la vida, Jesús advirtió a la gente que dejara de preocuparse tanto por las tragedias temporales y comenzara a preocuparse por la tragedia más grande de todos – de morir separados de Dios.

Aunque a Dios realmente le importa la dificultad que podría estar experimentando, Él promete que todo sufrimiento para el creyente es temporal. Lo más importante es que seas liberado del sufrimiento final, la separación de Dios, y que tu liberación final del sufrimiento llegue cuando te lleven al cielo porque eres un verdadero hijo de Dios nacido de nuevo. 

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados

y bienaventurados los de limpio corazón, pues ellos verán a Dios.
(Mateo 5:6, 8)

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Porque es tiempo de que el juicio comience por la familia de Dios; y, si comienza por nosotros, ¡cuál no será el fin de los que se rebelan contra el evangelio de Dios! “Si el justo a duras penas se salva, ¿qué será del impío y del pecador?” (1 Pedro 4:17-18)

Cuando nos familiarizamos con la palabra de Dios, vemos que el juicio es un tema recurrente en toda la Biblia. El plan de Dios incluye un juicio final sobre los malvados y todos los que rechazan el sacrificio de Jesucristo como pago por sus pecados (Hebreos 10:26–27). Cuando leemos 1 Pedro 4:17, vemos que el juicio de Dios comienza en la casa de Dios y que los cristianos también enfrentan el juicio de Dios: “Porque es tiempo de que el juicio comience por la familia de Dios; y, si comienza por nosotros, ¡cuál no será el fin de los que se rebelan contra el evangelio de Dios!”

Al mirar este versículo, Pedro está instando a la iglesia, la casa de Dios, que estaba enfrentando la persecución, a perseverar. Los creyentes también estaban luchando para separarse de los pecados mundanos anteriores que una vez los habían esclavizado: “Por tanto, ya que Cristo sufrió en el cuerpo, asuman también ustedes la misma actitud; porque el que ha sufrido en el cuerpo ha roto con el pecado, para vivir el resto de su vida terrenal no satisfaciendo sus pasiones humanas, sino cumpliendo la voluntad de Dios. Pues ya basta con el tiempo que han desperdiciado haciendo lo que agrada a los incrédulos, entregados al desenfreno, a las pasiones, a las borracheras, a las orgías, a las parrandas y a las idolatrías abominables. A ellos les parece extraño que ustedes ya no corran con ellos en ese mismo desbordamiento de inmoralidad, y por eso los insultan” (versículos 1-4). Pedro les recuerda que los malvados se enfrentarán al juicio de Dios y que tendrán que rendir cuentas a Aquel que está listo para juzgar a los vivos y los muertos (versículo 5), pero que los creyentes en Cristo deben mantener un estándar más alto que antes. Las “pruebas de fuego” que enfrentaban eran para ayudar a refinarlos como el oro (versículo 12).

Dios permite que las dificultades y el sufrimiento en las vidas de Su pueblo los purifiquen. Cuando somos perseguidos por la causa de Cristo, compartimos Sus sufrimientos como Pedro escribe en los versículos 13–14: Al contrario, alégrense de tener parte en los sufrimientos de Cristo, para que también sea inmensa su alegría cuando se revele la gloria de Cristo. Dichosos ustedes si los insultan por causa del nombre de Cristo, porque el glorioso Espíritu de Dios reposa sobre ustedes. Y cuando compartimos Su sufrimiento, es porque queremos conocerlo mejor (Filipenses 3:10). Pablo también repite este mismo tema en Romanos 8:17: Y, si somos hijos, somos herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, pues, si ahora sufrimos con Él, también tendremos parte con Él en Su gloria. Parte del juicio de Dios sobre el pecado es el sufrimiento físico. Cuando Sus hijos experimentan tal sufrimiento, no es para hacernos daño, sino para hacernos más como Cristo. El “juicio” para los hijos de Dios puede considerarse disciplina (Hebreos 12:4–11) y está diseñado para purificar el pecado de nuestra vida y enseñarnos la obediencia.

Un padre amoroso no disciplina a otros niños porque no son los suyos, él solo disciplina a sus propios hijos. De la misma manera, la disciplina de nuestro Padre celestial comienza en Su propia casa con Sus propios hijos, la iglesia. Él está reservando a los impíos un juicio final que Sus hijos nunca experimentarán (Romanos 8:1). Las Escrituras hacen una distinción entre la disciplina purificadora de Dios en la iglesia y Su condena final de los impíos: “Cuando somos juzgados por el Señor, estamos siendo disciplinados para que no seamos condenados con el mundo” (1 Corintios 11:32).

En esta era actual, Dios permite circunstancias dolorosas en las vidas de Su propia familia, no para condenar, sino para madurar, para convencer y para traer el arrepentimiento (2 Corintios 7:10). A través del sufrimiento, aprendemos paciencia (Santiago 1:2-4). Este tipo de juicio es para animarnos a abandonar el egoísmo y acercarnos más a Él (Santiago 4:8). El juicio final para los incrédulos será la separación eterna de Dios, la vida y todo lo que es bueno y puro (Mateo 8:11-12; Apocalipsis 21:8).

El juicio que comienza en la casa de Dios también incluye la disciplina de la iglesia. La disciplina de la iglesia no es para los incrédulos, sino para los creyentes: ¿Acaso me toca a mí juzgar a los de afuera? ¿No son ustedes los que deben juzgar a los de adentro?(1 Corintios 5:12). Se les ordena a los creyentes que asuman la responsabilidad de otros seguidores de Cristo que pueden estar vacilando y dirigiéndose hacia el pecado (Santiago 5:20). Y muchos pastores y líderes de la iglesia también necesitan ser disciplinados.

Primera de Corintios 5:11–13 nos ordena que evitemos la comunión con cualquiera que afirme ser hermano o hermana en Cristo, pero que insista en mantener un estilo de vida pecaminoso. Jesús establece el proceso para la disciplina de la iglesia en Mateo 18:15–17. Alguien que ha sido confrontado varias veces y advertido que las decisiones que está haciendo están en oposición a que Dios necesita arrepentirse. Si él se niega a escuchar a la iglesia, debemos alejarnos de él con la esperanza de que esta acción drástica provoque el arrepentimiento. Como creyentes, debemos buscar la santidad y animarnos unos a otros para que también la busquen (1 Pedro 1:15–16).

En el versículo 18, Pedro parece estar citando Proverbios 11:31: Si los justos reciben su pago aquí en la tierra, ¡cuánto más los impíos y los pecadores!” Y refuerza el punto de que si el pecador justificado se salva solo con gran dificultad, sufrimiento, dolor y pérdida, ¿cuál será el fin de los impíos?

El cristiano superficial, ¿piensa cuánto pecado puedo cometer y no ser juzgado? Mientras un verdadero cristiano nacido de nuevo anhela honrar a Jesús en todo lo que dice y hace y quiere que Jesús sea el centro de atención, en cada momento que vive.

Como vemos, el deseo de Dios es que Su pueblo aprenda a caminar en santidad y comunión con Él (Romanos 8:29). Como cualquier padre amoroso haría, Dios traerá consecuencias desagradables sobre Sus hijos por la rebelión. Él espera a los que ha redimido por la sangre de Su Hijo para establecer el ejemplo para el resto del mundo. Si la iglesia no está buscando la santidad, el mundo no ve la necesidad de cambiar su estilo de vida; por lo tanto, el juicio comienza en la casa de Dios, con Sus propios hijos, mientras Él nos enseña a vivir como Cristo.

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Posteado por: mvmspanish | junio 26, 2019

GUÁRDENSE DE LOS ÍDOLOS – 1 Juan 5:21

El apóstol Juan escribe: “Queridos hijos, guardaos de los ídolos.(1 Juan 5:21)

De acuerdo con el diccionario de Webster, la definición de idolatría es “la adoración de ídolos o la devoción excesiva, o la reverencia por alguna persona o cosa.” Un ídolo es cualquier cosa que reemplaza al único Dios verdadero. Lo que atesoramos más que a Dios, lo que impulsa nuestros pensamientos y acciones, se convierte en un ídolo, y estos ídolos embotan nuestro corazón y nos alejan de Dios.

La idolatría se extiende más allá de la adoración de imágenes y dioses falsos. Es una cuestión del corazón, asociada con el orgullo, el egocentrismo, la avaricia, la glotonería y el amor por las posesiones. Jesús dijo: Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas (Mateo 6:24).

Dado que un ídolo puede ser cualquier cosa que tome el lugar de Dios como el enfoque y la prioridad más importante en nuestra vida, echemos un vistazo a algunas cosas que son o pueden convertirse en ídolos en nuestra vida.

EL ORGULLO, por definición, es una opinión excesivamente alta de uno mismo. Esto resulta en que el estado de la persona, sus necesidades, deseos, grandeza e imagen pública sean su principal interés y preocupación, independientemente de cómo afecta a otros.

Las personas orgullosas piensan que son importantes o superiores por lo que son, lo que tienen o lo que han hecho. El orgullo es cuando tomamos el crédito por nuestros logros y olvidamos que Dios es el que nos ha dado nuestra capacidad. Dios odia este tipo de orgullo y tarde o temprano habrá consecuencias como vemos en lo que le sucedió al rey Nabucodonosor en Daniel 4:28-37.

Si no reconocemos que el orgullo es un ídolo y una tentación constante y no nos arrepentimos de él, no creceremos espiritualmente a la medida que Dios quiere para nosotros. Así dice el Señor: “No se gloríe el sabio de su sabiduría, ni se gloríe el poderoso de su poder, ni el rico se gloríe de su riqueza; pero si alguien se gloría, gloríese de esto: De que Me entiende y Me conoce, pues Yo soy el Señor que hago misericordia, derecho y justicia en la tierra, porque en estas cosas Me complazco,” declara el Señor (Jeremías 9:23-24).

EL EGOÍSMO proviene del mundo, de la carne y del diablo, e impide en gran medida nuestro crecimiento espiritual porque todo el énfasis de las Escrituras está en nuestras relaciones con Dios y con los demás.

El deseo de ser primero; el anhelo de tener más no son las características de una persona bajo el control del Espíritu Santo; de hecho, lo opuesto es verdad. Las Escrituras nos dicen: Si tienen celos amargos y ambición personal en su corazón, no sean arrogantes y mientan así contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural, diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala” (Santiago 3:14-16).

Solo a través de la entrega a nuestro Padre podemos liberarnos del ídolo del yo y el egoísmo, y al hacerlo, encontrar la libertad de ser todo lo que Dios creó para que seamos; hombres y mujeres de propósito destinados para glorificar a nuestro Dios Creador.

LA AVARICIA podría describirse como un deseo insaciable de tener más dinero o posesiones para la auto-gratificación, mientras se ignora a Dios, la eternidad y la necesidad de los demás. Pablo dice que “la raíz de todos los males es el amor al dinero” (1 Timoteo 6:10).

La avaricia pone un valor incorrecto en las cosas temporales. Trata las cosas temporales como si ellas, y nosotros, perduremos en la tierra para siempre. Pero, de hecho, podríamos morir hoy o todas nuestras posesiones nos podrían ser quitadas instantáneamente, como leemos en el ejemplo bíblico en la parábola del rico insensato en Lucas 12:13-21.

EL EGOCENTRISMO, es una persona autocentrada que está excesivamente preocupada consigo misma y con sus propias necesidades. Son egoístas y tienden a ignorar las necesidades de los demás y sólo hacen lo que es mejor para ellos.

Jesús aborda el núcleo del pecado de egocentrismo con esta clara declaración: “Si alguien quiere venir en pos de Mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y que Me siga” (Mateo 16:24). Negarse a uno mismo significa dejar ir las cosas materiales que se usan para gratificar a uno mismo. Negarse a sí mismo es dejar de lado los deseos egoístas y la seguridad terrenal y, en cambio, centrarse en los intereses de Dios (Mateo 6:33); significa literalmente pasar del egocentrismo a centrarse en Dios donde el yo ya no está a cargo y Dios está, con Cristo gobernando nuestros corazones.

Todos tenemos una tendencia hacia el egocentrismo, que es otra práctica de adoración de ídolos. La cuestión es, ¿qué permitiremos tener control de nuestras vidas? ¿La carne o el espíritu? (Romanos 13:14; 1 Pedro 2:11; 1 Juan 2: 15-16)

LA GLOTONERÍA Comer y beber no es contrario a la voluntad de Dios. Sin embargo, el propósito que impulsa nuestro deseo de comer y beber puede ser. Si estamos comiendo y bebiendo en exceso con el fin de escapar de las dificultades de la vida, somos glotones. No debemos sustituir el comer y el beber por la dependencia de Dios para sostenernos en los momentos difíciles. El propósito de comer y beber es sostener nuestros cuerpos y no hacer que la comida o la bebida sean un ídolo que domine nuestros sentidos.

Dios nos ha bendecido al llenar la tierra con alimentos deliciosos, nutritivos y placenteros. Debemos honrar la creación de Dios al disfrutar estos alimentos y comerlos en cantidades apropiadas. Dios nos llama a controlar nuestros apetitos, en lugar de permitirles que nos controlen. Las Escrituras nos advierten que “su fin es perdición, cuyo dios es su apetito y cuya gloria está en su vergüenza, los cuales piensan sólo en las cosas terrenales (Filipenses 3:19).

EL AMOR A LAS POSESIONES – La Biblia es clara acerca de las posesiones materiales. Si son una prioridad más alta en nuestra vida, que Dios; ¡necesitamos arrepentirnos! Dios nos da bendiciones para que podamos ser una bendición para otros, no para mantener un estilo de vida lujoso en beneficio de nuestra codicia.

Necesitamos ser recordados de que la vida no es sobre el aquí y ahora, sino sobre la eternidad. No podemos llevar nuestras cosas al cielo, pero definitivamente podemos usarlas para beneficiar a los demás mientras todavía estamos vivos. Jesús dijo: Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?” (Mateo 16:26)

Y en otra ocasión Él nos advirtió: “No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; sino acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban;  porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón” (Mateo 6:19-21).

Los ídolos no son sólo hechos de materiales como piedra, madera, etc. Las personas que no conocen la palabra de Dios también hacen de personas su dios, como adorar a sus líderes, músicos y artistas. En la Biblia, vemos donde las personas trataron de hacer un dios, un ídolo de Herodes; y Dios mató a Herodes con una muerte muy vergonzosa y dolorosa frente a ellos. Dios mostró a estos ateos, adoradores de ídolos, lo estúpidos que eran, porque “el día señalado, Herodes, vestido con ropa real, se sentó en la tribuna y les arengaba. Y la gente gritaba: ¡Voz de un dios y no de un hombre es ésta! Al instante un ángel del Señor lo hirió, por no haber dado la gloria a Dios; y murió comido de gusanos. Pero la palabra del Señor crecía y se multiplicaba” (Hechos 12:21-24).

Nuestros corazones y mentes deben centrarse en Dios y en tener un corazón bondadoso hacia los demás. Por eso, cuando se le preguntó cuál es el mandamiento más grande, Jesús respondió: “Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39). Cuando amamos al Señor y a los demás con todo lo que hay en nosotros, no habrá espacio en nuestros corazones para la idolatría.

Por tanto, mis queridos hermanos, huyan de la idolatría.
1 Corintios 10:14

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Posteado por: mvmspanish | junio 20, 2019

PARA UN PADRE PENSAR – Proverbios 17:6

Corona de los ancianos son los nietos, y la gloria de los hijos son sus padres.(Proverbios 17:6)

Un buen padre es aquel que proporciona y siempre está ahí cuando el niño lo necesita. 1 Timoteo 5:8 nos dice que “… si alguien no provee para los suyos, y especialmente para los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo.

Vivimos en un día en el que muchos hombres han abandonado su responsabilidad de proveer para sus esposas e hijos. Pero ser un buen padre es más que simplemente llevar a casa un salario y satisfacer las necesidades físicas de sus hijos. No es suficiente ser un buen padre de acuerdo con los estándares del mundo; porque, también necesitan ser los líderes espirituales en sus hogares.

Actualmente estamos sufriendo de una falta de “paternidad” en el mundo. Los padres están renunciando a sus responsabilidades y dejan que los niños sean criados únicamente por su madre, abuela, pariente o el sistema estatal. Y mientras estos hacen lo mejor que pueden, un padre no puede ser reemplazado.

La Biblia enseña que, “la gloria de los niños son sus padres”, sin embargo, esto no sucede automáticamente. Requiere un padre que considere su responsabilidad de dirigir a su familia y que busque cumplir con esa responsabilidad no solo por un día, una semana o un año; pero busca hacer todo lo posible ante Dios a lo largo de su vida.

La Biblia nos dice que los hombres deben educar a sus hijos en la disciplina e instrucción del Señor (Efesios 6:4) y la advertencia es no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten (Colosenses 3:21). Los mensajes bíblicos a los padres con frecuencia reflejan la necesidad social muy real de disciplina familiar y liderazgo piadoso en el hogar; Enseña al niño el camino en que debe andar, y aun cuando sea viejo no se apartará de él (Proverbios 22:6). Recordando que la corrección es buena y traerá a un niño a sus sentidos al eliminar sus pensamientos tontos (Proverbios 22:15). Cada padre que ama a sus hijos establece reglas. Necesitamos enseñar a nuestros hijos que hay límites, reglas y regulaciones.

Cuando un padre establece límites, el carácter de su hijo se fortalece. Nuestros niños necesitan saber que hay una diferencia entre lo que el mundo dice que está bien y lo que Dios dice que está bien. Necesitan saber que hay un Dios omnipotente, omnisciente, omnipresente, inmutable que nos ha dado un estándar de conducta para vivir. La Biblia enseña que guardar los mandamientos y las normas de Dios invitan a las bendiciones de Dios y que violarlos invita a Su disciplina.

Aunque este versículo ciertamente implica un liderazgo piadoso, el enfoque inmediato está en los niños. ¡Se nos dice que los niños, reciben la “gloria” de sus padres! Entonces, ¿cómo sucede esto?

Cuando este versículo habla de la gloria, en el sentido bíblico, se centra en el valor, la dignidad o la reputación de la persona. Por ejemplo, las Escrituras enseñan que el Señor Jesús “vendrá en la gloria de Su Padre” (Mateo 16:27; Marcos 8:38), y que la reputación de Dios Padre fue conferida a Cristo Jesús: “Porque El recibió honor y gloria de Dios Padre(2 Pedro 1:17).

Entonces, los padres necesitan aprender este principio crítico. Su reputación se refleja en sus hijos. Su comportamiento en el trabajo se considera un indicador del potencial de sus hijos. Lo que usted dice o hace en momentos de pasión sin control se transmitirá a sus hijos; para el bien o para el mal. El dictado común “como padre, como hijo” es reconocido a través del tiempo y de la cultura como una medida precisa de la existencia humana.

También debemos recordar que el viejo dicho de que las acciones hablan más alto que las palabras es tan cierto cuando se trata de enseñar a nuestros hijos. El ejemplo que vivimos tiene mucho más influencia sobre ellos que cualquier cosa que podamos decir. Los niños aprenden por lo que ven a sus padres haciendo.

El Señor advierte que “la iniquidad de los padres” será pasada sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación (Éxodo 34:7). ¿No sería mucho mejor que los niños recibieran la gloria de su vida justa que la vergüenza de su iniquidad? (Salmo 89:45)

Entonces sigamos el hermoso ejemplo que la Biblia nos da en Deuteronomio 6:5-9 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes. Y las atarás como una señal a tu mano, y serán por insignias entre tus ojos. Y las escribirás en los postes de tu casa y en tus puertas.”

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