“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que maneja con precisión la palabra de verdad” (2 Timoteo 2:15).

El mayor trabajo dado a los seres humanos es el de ganar almas. Es la obra que Cristo mismo vino al mundo para hacer. La parte de Jesús fue revelar el amor de Dios y luego redimir a los hombres perdidos; el buscar a los perdidos, Él cometió a Sus discípulos. Él es el único Salvador, pero los mensajeros humanos deben contar la historia de Su gracia y llevar a los hombres a Él.

Así que echemos un vistazo a algunos requisitos vitales que un maestro de escuela dominical o un maestro de Biblia debe tener:

Deben ser llamados, ungidos y designados por Dios.

Deben ser nacidos de nuevo y estar llenos del Espíritu Santo, lo que significa que deben venir a Cristo, antes de que puedan enseñar acerca de Cristo. Las personas no están listas para que se les confíe el cuidado de las almas, hasta que su propia alma sea salvada y estén siguiendo a Cristo.

Deben tener un profundo conocimiento de Cristo; no es suficiente saber acerca de Él, una persona debe amarlo y conocerlo. Una relación personal con Cristo es una calificación necesaria para cualquier persona que considere ser un maestro, o que se le permita enseñar.

Un posible maestro debe estar familiarizado con las Escrituras y debe ser un estudiante diligente de la Palabra. Deben presentar el verdadero Carácter de nuestro Santo Dios, Su creatividad, pureza, compasión, poder, juicio e ira justa.

Un maestro necesita poder enseñar una sana doctrina y ser espiritualmente maduro. “No debe ser un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo” (1 Timoteo 3:6).

Un maestro de la Biblia eficaz no solo les dice a los estudiantes lo que necesitan saber, sino que también lo demuestra con su propia vida a través de acciones, palabras y actitudes tanto dentro como fuera del aula. Si un maestro no es una persona piadosa, no está capacitado para enseñar y dar orientación vital a las personas necesitadas.

Si un maestro no sabe cómo manejar a su propia familia, no sabrá cómo encargarse de enseñar la palabra de Dios a los demás. La disciplina y el respeto a Dios deben comenzar en el hogar.

Aquellos que tienen la responsabilidad de enseñar la Palabra de Dios, interpretando el significado de un pasaje de las Sagradas Escrituras a una clase de niños, jóvenes o cualquier otra persona, deben tomarse un tiempo para prepararse, para que la enseñanza sea clara, interesante e inspiradora. Las mentes jóvenes son muy impresionables y sus corazones están abiertos a influencias que darán forma a toda su vida. Por lo tanto, esta extraordinaria responsabilidad requiere la preparación más cuidadosa y minuciosa.

Los maestros deben hacer que Dios sea real para sus alumnos. Aquellos que están siendo enseñados deben inspirarse por nuestra enseñanza para ayudarlos a vivir con fe y esperanza al aprender a obedecer los mandamientos de Dios. Nadie puede enseñar más de Cristo de lo que ellos mismos saben a través de la cercanía personal y la amistad con Cristo. Por lo tanto, es una responsabilidad seria convertirse en un maestro para los niños o para cualquier otra persona. La Biblia nos dice que: “Hermanos míos, que no se hagan maestros muchos de ustedes, sabiendo que recibiremos un juicio más severo” (Santiago 3:1)

Cada maestro necesita mantener el hábito de la lectura diaria de la Biblia como un ejercicio devotional. Los grandes hombres de la Biblia eran todos amantes de la Palabra de Dios. Al pueblo de Israel se le enseñó a leerlo continuamente, a esconderlo en sus corazones y a meditarlo día y noche (Deuteronomio 6:6-9). Job estimó las palabras de la boca de Dios más que la comida necesaria. Sabemos dónde María aprendió las dulces lecciones que hicieron su vida tan llena, ella se sentó a los pies del Maestro y escuchó las palabras de Jesús, y Sus palabras la transformaron.

Es muy importante que aquellos que guían a los jóvenes en cosas espirituales tengan una rica experiencia del amor de Cristo. Todo maestro debe ser un amigo íntimo de Cristo, viviendo para Él, y aprendiendo de Su Santa Palabra, ansioso de ser enseñado y guiado por el Espíritu Santo, porque es la voluntad de Dios para nosotros, que debemos dar mucho fruto.

Nadie está listo para enseñar hasta que tengan un conocimiento razonable del camino de la salvación. ¿Cómo puede alguien enseñar a otros lo que no han aprendido? ¿Cómo puede alguien guiar pies inexpertos a lo largo de caminos por los que nunca han caminado? ¿Cómo puede un maestro guiar a sus alumnos hacia un Salvador que no ha encontrado para sí mismo? ¿Cómo puede aclarar las mentes ansiosas e curiosas, las verdades sobre la vida que él mismo nunca ha aprendido por experiencia?

Un maestro debe conocer las verdades de la Biblia e interpretarlas correctamente si debe enseñar, o es  permitido a enseñar.

Un maestro debe ser santo de corazón y de vida. Él o ella deben estar completamente bajo la influencia del Espíritu y deben estar llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios (Efesios 3:19). Un maestro debe estar lleno del Espíritu Santo; esto lo convertirá en una nueva persona (2 Corintios 5:17) y lo preparará para ser un exitoso ganador de almas.

Los creyentes más maduros están mejor equipados para enseñar y equipar a los miembros de la iglesia. También tienen más experiencia en lidiar con las tentaciones y tensiones de la vida cristiana. Y, son más conscientes de sus propios defectos, por lo que es menos probable que se vuelvan arrogantes. Por estas razones, una persona que es nueva en su fe no debe recibir autoridad espiritual sobre los demás.

Es muy triste ver a una persona convertirse y apenas empezar a entender el Evangelio, y en poco tiempo están enseñando la escuela dominical o un estudio bíblico.

El nombramiento apresurado de un nuevo creyente pasa por alto los requisitos de carácter, ya que toma tiempo que los frutos de la santificación se hagan evidentes (2 Pedro 1:3-11). Recuerda que la autoridad viene con la humildad y la humildad viene con el tiempo. 

¿Cómo está su iglesia eligiendo pastorear su rebaño?

 

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Pedro cita este versículo del Antiguo Testamento de Proverbios 3:34 sobre la persona orgullosa, al igual que Santiago (4:6). En contraste, la palabra “humilde” es una cualidad que Dios honra. 

Primero debemos entender que existe una diferencia entre el tipo de orgullo que Dios odia, que es “el orgullo y la arrogancia, la mala conducta y el lenguaje perverso” (Proverbios 8:13) y el tipo de orgullo que podemos sentir por un trabajo bien hecho (Gálatas 6:4) o el tipo de orgullo que expresamos sobre el logro de un ser querido (2 Corintios 7:4). 

Dios odia el orgullo que proviene de la justicia propia o la presunción porque es un obstáculo para buscarlo.

El Salmo 10:4 explica que los orgullosos están tan consumidos con ellos mismos que sus pensamientos están lejos de Dios: “El malvado levanta insolente la nariz, y no da lugar a Dios en sus pensamientos.” Este tipo de orgullo arrogante es lo opuesto al espíritu de humildad que Dios busca: “Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos” (Mateo 5:3). Los “pobres de espíritu” son aquellos que reconocen su total empobrecimiento espiritual y su incapacidad para venir a Dios aparte de Su gracia divina. Los orgullosos, por otro lado, están tan cegados por su orgullo que creen que no necesitan a Dios.

A lo largo de las Escrituras se nos dice acerca de las consecuencias del orgullo. Proverbios 16:18 nos dice que “Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la arrogancia de espíritu.” Satanás fue expulsado del cielo debido al orgullo (Isaías 14:12-15). Él tuvo la orgullosa audacia de intentar reemplazar a Dios mismo como el legítimo gobernante del universo. Pero Satanás será arrojado al Lago de Fuego en el juicio final de Dios.

El orgullo ha impedido que muchas personas acepten a Jesucristo como su Salvador. Admitir el pecado y reconocer que en nuestra propia fuerza no podemos hacer nada para heredar la vida eterna es un obstáculo constante para las personas orgullosas.

¿Por qué el orgullo es tan pecaminoso? El orgullo nos está dando crédito por algo que Dios ha realizado. El orgullo es tomar la gloria que pertenece solo a Dios y reivindicarlo para nosotros mismos. El orgullo es esencialmente la auto-adoración. Necesitamos ser conscientes de que cualquier cosa que realizamos en este mundo no hubiera sido posible si no fuera por el hecho de que Dios nos haya permitido y sostenido.

Por el contrario, el hombre humilde recibe la gracia de Dios, mientras que el hombre orgulloso se opone a Dios.
El humilde cede sus derechos a Dios, mientras que el orgulloso exige sus derechos. La persona humilde pasa por alto las ofensas y espera la vindicación de Dios, mientras que la orgullosa busca la auto-justificación y la venganza.

El orgulloso está obsesionado en elogiarse a sí mismo; mientras que el humilde deja que los elogios y el reconocimiento vengan de los demás. “No te jactes de ti mismo; que sean otros los que te alaben” (Proverbios 27:2).

En Gálatas 1:10 vemos a los orgullosos buscando la aprobación de los hombres, mientras que los humildes desean la aprobación de Dios: “¿Qué busco con esto: ganarme la aprobación humana o la de Dios? ¿Piensan que procuro agradar a los demás? Si yo buscara agradar a otros, no sería siervo de Cristo.”

Los orgullosos perciben la humildad como una debilidad, mientras que los humildes perciben la humildad como fuerza. Jesús dijo: “Por tanto, el que se humilla como este niño será el más grande en el reino de los cielos” (Mateo 18:4).

Las personas humildes comprenden su total dependencia de Dios y se rinden a Él y a Su voluntad. Las personas orgullosas son egoístas, egocéntricas y auto-dependientes de su propia fuerza y ​​ sabiduría.

Las personas humildes no tienen que demostrarse o defenderse constantemente; un fuerte contraste con las personas orgullosas que están obsesionadas con demostrar que siempre tienen la razón.

Dios dijo que el que Él estima es “a los pobres y contritos de espíritu, a los que tiemblan ante mi palabra” (Isaías 66:2). ¿Qué mejor ejemplo tenemos que Jesucristo? Él era manso y humilde de corazón y “Se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, ¡y muerte de cruz!” (Filipenses 2:8).

La esperanza de los orgullosos es humillarse y tener fe en el Salvador. Confiesa tu orgullo, reciba Su perdón y viva para Su gloria. Dios nos está llamando a arrepentirnos del pecado de la autosuficiencia y a comenzar a confiar en Él.

 

Posteado por: mvmspanish | octubre 25, 2018

CÓMO SABER LA VOLUNTAD DE DIOS PARA NUESTRA VIDA – Romanos 12: 2

Muchas personas se preguntan por qué nacieron y cuál es el propósito para su vida. Dios quiere revelar Su propósito y plan para nuestra vida. Él quiere guiar nuestra vida y no sólo dejamos vivir sin propósito, si lo buscamos y lo dejamos.

Primero necesitamos entender que al principio Dios creó a Adán y Eva para tener una relación con Él y esa relación se rompió cuando lo desobedecieron y cometieron pecado. Sin embargo, en Su amor infinito, Dios envió a su Hijo Jesucristo para enseñarnos y morir por nosotros, para que pudiéramos una vez más reconciliarnos con el Padre. ¿Por qué? Porque Dios nos ama y desea una relación con nosotros y eso sólo puede suceder cuando recibimos Jesucristo como nuestro Salvador y lo hacemos el Señor de nuestra vida.

Dios nos dio la Biblia inspirada por el Espíritu Santo, la cual podemos llamar nuestro manual de instrucciones básicas antes de dejar la tierra. En consecuencia, necesitamos entender que una de las promesas más reconfortantes de la Biblia es que Dios nos ama y Él sabe lo que es mejor para nosotros. Él quiere guiarnos de maneras que son ciertas para nosotros. La Biblia dice: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6).

Y el Salmo 119:105 nos dice que: “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”

Dios nos guía hablando a nuestra conciencia. Pablo afirmó que los creyentes reciben la guía de Dios a través del ministerio del Espíritu Santo y nos dice: “Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu” (1 Corintios 2: 9-10). Él proclama al creyente que el Espíritu puede iluminar los “ojos de su corazón” (Efesios 1:18).

La cosa más importante que debemos hacer primero es arrepentirnos de nuestro pecado y confiar en Cristo. Si no hemos dado el primer paso, entonces todavía no hemos aceptado la voluntad de Dios para nuestra vida.

Una vez que recibimos a Cristo por la fe, somos hechos hijos de Dios (Juan 1:12) y Él desea guiarnos en Su camino (Salmos 143:10). La voluntad de Dios es cognoscible, pues Romanos 12:2 dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Cuando la mente del cristiano es renovada según las cosas de Dios, entonces ellos pueden conocer Su perfecta voluntad. Dios nos ama tanto y quiere capacitarnos para hacer Su voluntad en todas las áreas de nuestra vida.

Entonces, ¿cómo descubrimos la voluntad de Dios para nuestra vida?

¡El primer paso es querer hacer Su voluntad! Con demasiada frecuencia, no buscamos realmente la voluntad de Dios; nosotros hacemos lo que creemos que es mejor, sin consultarlo. Podemos decidir, por ejemplo, hacer algo excitante o desafiante, y automáticamente asumir que debe ser la voluntad de Dios, aunque no sea. O decidimos hacer algo y luego pedimos a Dios que bendiga nuestros planes, aunque ellos no sean de Él.

El segundo paso es buscar Su voluntad. ¿Cómo hacemos esto? Una manera es a través de la oración, pidiéndole que nos guíe mientras tomamos decisiones. Dios también nos guía a través de Su Palabra, la Biblia y Él puede guiarnos a través de circunstancias, o a través de un consejero piadoso.

Cuanto más consistentemente practicamos la comunicación con Dios, más Él puede guiarnos para que podamos ver claramente el próximo paso que debemos tomar.

Sin embargo, debemos ser cuidadosos, porque es posible, por supuesto, asumir que estamos viviendo una vida dirigida por Dios cuando simplemente estamos siguiendo nuestras propias inclinaciones e impulsos como la Biblia nos advierte: Hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte” (Proverbios 16:25).

Si caminamos íntimamente con el Señor y realmente deseamos Su voluntad para nuestra vida, Dios colocará Sus deseos en nuestro corazón. La clave es querer la voluntad de Dios, no la nuestra. “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4).

A veces, conocer la voluntad de Dios requiere paciencia. Es natural querer saber toda la voluntad de Dios a la vez, pero no es así como Él trabaja. Muchas veces, Él prueba nuestra fe al revelar las cosas paso a paso a medida que Él ve nuestra confianza y fe crecer en Él.

Mientras caminamos con el Señor, obedeciendo Su Palabra y confiando en Su Espíritu, llegamos a conocerlo, y eso nos ayuda a conocer Su voluntad y encontramos la guía de Dios fácilmente disponible. “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11).

Dios tiene un plan asombroso y sorprendente para cada uno de nosotros, y nos está llamando continuamente a seguirlo y hacer Su voluntad. Él quiere tener una relación cercana con nosotros, como la de un padre amoroso con sus hijos, y Su voluntad para nosotros incluye llamarnos a ser fieles, tener un espíritu de discernimiento, un corazón agradecido y hacer el bien a los demás, entre otras cosas. El resultado de la obediencia no solo nos bendecirá con una vida agradable a Dios, sino que nos llevará a Su familia y, finalmente, a un hogar eterno con Él.

 

¿Qué dice la Biblia acerca de los tatuajes y honrar a nuestro cuerpo?

La Biblia nos advierte contra los tatuajes en Levítico 19:28 “No se hagan heridas en el cuerpo por causa de los muertos, ni tatuajes en la piel. Yo soy el Señor.”

Hoy en día, el tatuaje se ha convertido en una práctica aceptada en nuestra sociedad. Sin embargo, solo porque la sociedad apruebe algo, no lo hace correcto ante los ojos de Dios. Nuestra sociedad en general también aprueba el aborto y el divorcio; sin embargo, la Biblia deja claro que Dios no aprueba estas cosas.

Hay personas cristianas dedicadas y sinceras que se hicieron tatuajes antes de aceptar a Cristo como su Salvador; no estaban informados sobre lo que dice la Biblia cuando se hicieron el tatuaje. Necesitamos recordar que nuestro pasado está bajo la sangre de Jesús y que los pecados y errores del pasado no impedirán que lo sirvamos, porque solo un corazón duro e impenitente nos mantiene atados a la vieja vida. Así que este artículo es para advertir a aquellos que están considerando hacerse un tatuaje.

Recuerda que solo porque algo sea popular no significa que sea correcto. Veamos por qué:

Los tatuajes tienen sus “raíces” en la brujería. Muchos hoy en día, incluidos los jóvenes, están haciendo estas mismas cosas debido a algunas influencias diabólicas de la brujería en sus vidas que desconocen. No se dan cuenta de que participar de estos puede abrir la puerta a las malas influencias en sus vidas. Los videos viles, la música rock depravada, los juegos satánicos de Internet y las películas violentas están llenas de tendencias perversas para destruir a todos los que puedan. Los tatuajes satánicos y otros ritos de culto están abriendo las puertas para que muchos de nuestros niños se vuelvan demonizados.

La gente no se da cuenta de que exhibir una marca o símbolo satánico puede abrir la puerta para un ataque satánico que permita la entrada del enemigo en sus vidas.

Muchos tatuajes tienen temas malignos y de brujería que se presentan como rostros de demonios, calaveras, signos satánicos, imágenes vulgares, etc. Estas cosas lastiman el espíritu humano, al igual que las exhibiciones satánicas de cualquier tipo. Muchos tatuajes son obviamente satánicos y tienen una apariencia diabólica, mientras que otros pueden ser flores u nombres u objetos de apariencia inocente, pero es el espíritu detrás de este compromiso es lo que lo hace peligroso.

Algunas personas se oponen a usar las escrituras del Antiguo Testamento como una referencia a los tatuajes ya que el Nuevo Testamento no habla de estas cosas. Sin embargo, en el Nuevo Testamento se nos dice que glorifiquemos a Dios en nuestros cuerpos. Esto incluye no marcar nuestros cuerpos con tatuajes, ya que los principios en la Biblia claramente nos dicen que es incorrecto profanar nuestros cuerpos. Debemos recordar que Dios sigue siendo el mismo Dios tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento y nunca cambia.

1 Corintios 3:16-17 dice: “¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, él mismo será destruido por Dios; porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo.”

Cuando el Señor creó al hombre y la mujer y los colocó en el Jardín del Edén junto con Sus otras creaciones; “Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno” (Génesis 1:31). Cuando el Señor creó el cuerpo humano, pronunció que lo que creó fue muy bueno. El Señor desea que nuestros cuerpos sean un reflejo de Su propia santidad, ya que dijo: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza” (Génesis 1:26). Cuando las personas se tatúan sus cuerpos, están desafiando lo que el Señor dijo que era muy bueno y la forma en que lo hizo. Nunca debemos marcar nuestros cuerpos ya que, como cristianos, nuestros cuerpos es el templo del Espíritu Santo y debemos honrarlo y no profanarlo.
“¿Acaso no saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo que está en ustedes, el cual tienen de Dios, y que ustedes no se pertenecen a sí mismos? Porque han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20). Como vemos los tatuajes no honran ni glorifican a Dios.

¿Qué pasa con los humanos que los hace insatisfechos con la forma en que el Señor los hizo a cada uno de ellos? Hay muchas personas hoy en día que también están insatisfechas con su género sexual y quieren cambiarlo de cómo Dios las creó. Esta es la rebelión total contra Dios.

Lamentablemente, la mayoría de las personas no están contentas con la forma en que se ven, por lo que buscan formas que les hagan sentirse mejor con ellas mismas o que los demás las acepten haciendo cosas que la Biblia condena. Muchos, en su estado actual de orgullo, un día van a arrepentirse de lo que hicieron.

En el libro de Apocalipsis, la Biblia enseña que las personas grandes y pequeñas, ricas y pobres, libres y esclavas, serán forzadas a recibir una marca en su mano derecha o en su frente, para que puedan realizar negocios de compra y venta. Con esto en mente, ¿será esto algún tipo de tatuaje? ¿Está el mundo siendo condicionado para aceptar el plan del anticristo?

La razón por la cual tantas personas están siendo engañadas sobre esta cuestión, así como otras, es que hay una falta de conocimiento de la Palabra de Dios y una falta de discernimiento en el cuerpo de Cristo. Oseas 4:6 dice: “Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento.”

Muchos no han sido enseñados ni fundamentados en la Palabra de Dios porque; la iglesia ha fallado en su responsabilidad de enseñar y ha permitido que las influencias del mundo den forma a nuestra sociedad. Un gran número de “padres cristianos” también han fracasado en su responsabilidad, ya que han estado demasiado involucrados en perseguir sus sueños, en lugar de criar a sus hijos de acuerdo con la disciplina e instrucción del Señor, como se indica en Efesios 6:4

Si usted, por ignorancia, recibió un tatuaje o permitió que sus hijos la tengan, usted debe orar contra cualquier mal o hechicería que pueda haber ocurrido en las circunstancias en que el tatuaje fue recibido. Algunas personas reciben tatuajes antes de ser “nacidas de nuevo” y después de ser tocadas por el Señor, les gustaría que nunca lo hubieran hecho. El Señor te ama, así que ore y pídele al Señor que elimine cualquier influencia espiritual indicada por el tatuaje y Él lo hará.

Como cristianos verdaderamente nacidos de nuevo, debemos reflejarlo en esta tierra. Jesús no tenía tatuajes en su cuerpo. Las únicas cicatrices en su cuerpo son aquellas colocadas allí por aquellos que lo crucificaron. Ellos no fueron auto-infligidos, pero a causa de nuestros pecados, Él voluntariamente fue a la cruz y murió por nosotros. El odio por Él colocó los clavos en sus manos y perforó Su lado. Él colgó en la cruz y sangró y murió, recibiendo el castigo de nuestros pecados para que usted y yo pudiéramos ser perdonados; Él fue sepultado y resucitado de los muertos para que pudiéramos tener la vida eterna en el cielo con Él.

El mensaje para el cristiano es que nuestros cuerpos pertenecen a Dios, no a nosotros mismos, y que debemos honrar y reflejar la gloria de Dios.

Además, tenga cuidado, la Biblia dice que la rebelión es como la brujería. Su tatuaje o perforación es sólo un símbolo externo de lo que fue plantado en su corazón. La verdad es que el tatuaje o la perforación indican un verdadero problema espiritual. Piense bien: ¿Cuál será, el camino de Dios o su camino? ¿Importa lo que dice la Biblia?

Absolutamente: “Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:1-2).

Recuerde, una forma en que los cristianos se adhieren a este mandato es abstenerse de identificarse externamente con cualquier signo visible que los vincule con el mundo, sus religiones falsas y su comportamiento inmoral. Un cristiano debe vivir en el mundo, pero no convertirse en parte del mundo. Esto incluye señales o marcas externas que nos identificarían como seres del mundo; más allá de meras impresiones físicas en el cuerpo.

Dios dijo: “Sé santo, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16). “Santo” significa estar separado, apartado y se refiere en las Escrituras a una separación del pecado y del mundo. Esto incluye entregarnos a Dios en todos los aspectos, incluido lo que hacemos con nuestros cuerpos. Y por último, 1 Juan 2:15 dice: “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre.”

Si eres cristiano y te hiciste un tatuaje después de ser salvo, arrepiénte te, pide perdón a Dios y no lo vuelvas a hacer.

Posteado por: mvmspanish | octubre 11, 2018

TENIENDO CONFIANZA ANTES DE SU VENIDA -1 Juan 2:28

“Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados.” (1 Juan 2:28)

Juan indica que hay dos posibilidades cuando Jesucristo regrese: o tendremos confianza cuando Él se manifieste, o estaremos avergonzado de nuestro comportamiento cuando Él regrese.

Hay muchos que, por un tiempo, profesaron conocer a Jesucristo, pero después se alejaron, mostrando que su fe no era una fe salvadora genuina (1 Juan 2:19). Ellos le han negado Su lugar que le corresponde como el Señor Soberano y, en cambio, volvieron a especulaciones absurdas que los hinchan de orgullo en su supuesto conocimiento. Su negación de Cristo significa que se avergüenzan de Él, así que, cuando Él venga, Él se avergonzará de ellos (Marcos 8:38). Muchos se ocultarán con temor y vergüenza cuando lo vean en Su gloria (Apocalipsis 6:15-17). Pero para aquellos que permanecen en Cristo, ellos tendrán confianza cuando Él venga.

Permanecer en Él significa vivir con rectitud, y debido a que Dios es justo, aquellos que verdaderamente nacieron de Él serán justos en la forma en que viven sus vidas; porque, cuando nacemos de Él, Él nos concede “todo cuanto concierne a la vida y a la piedad” (2 Pedro 1:3).

Efesios 4:22-24 también explica que: “En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos,  y renovaos en el espíritu de vuestra mente,  y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” Esa nueva vida en nosotros produce piedad, o una vida justa, por lo tanto: “Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (1 Juan 3:9).

Vivir con rectitud es un proceso de crecimiento de por vida en obediencia a la Palabra de Dios. No sucede instantáneamente o sin contratiempos y luchas; pero si nacemos de nuevo, aprenderemos a evaluar cada pensamiento, motivo y actitud por la Palabra de Dios. Trataremos de complacer al Señor, comenzando con nuestro pensamiento y acciones, como Él nos advirtió en Marcos 7:20-23: “Lo que sale de la persona es lo que la contamina. Porque de adentro, del corazón humano, salen los malos pensamientos, la inmoralidad sexual, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, el engaño, el libertinaje, la envidia, la calumnia, la arrogancia y la necedad. Todos estos males vienen de adentro y contaminan a la persona.”

Si verdaderamente has nacido de nuevo, el fruto del Espíritu Santo crecerá en tu carácter, “amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad,  humildad y dominio propio” (Gálatas 5:22-23), y te disciplinarás a ti mismo con el propósito de la piedad (1 Timoteo 4:7). Naturalmente, todo esto se hace en dependencia del Espíritu Santo, pero debemos participar activamente en el proceso de vivir, “por el Espíritu, y no cumplirás el deseo de la carne” (Gálatas 5:16).

Debemos permanecer en Cristo tan completamente que seríamos como una rama que crece de la vid, haciendo así posible el “fruto” (Juan 15:4-5). Debemos continuar en Su Palabra tan a fondo que nuestras oraciones estarán sincronizadas con Su voluntad (Juan 15:7) y nuestra conducta estará sincronizada con Sus mandamientos (1 Juan 3:24). Permanecer en Él significa estar en casa con Él y ser un extranjero en este mundo.

“Hijitos” implica que permanecer en Cristo es simple, no algo que necesitamos un grado de seminario para comprender o practicar. De hecho, Jesús dijo, “Les aseguro que a menos que ustedes cambien y se vuelvan como niños, no entrarán en el reino de los cielos” (Mateo 18:3). 

Hágase estas preguntas básicas: 

  • ¿Paso un tiempo constante y regular a solas con el Señor en la Palabra?
  • ¿Confío en Dios al acercarme en oración a Su trono de gracia en todas mis pruebas?
  • ¿Memorizo y medito en la Palabra de Dios, aplicándola a mi vida?
  • ¿Soy fiel como administrador de todo lo que Dios me ha confiado, manteniendo la integridad y negándome a ser codicioso?
  • ¿Estoy creciendo en santidad, desarrollando el fruto del Espíritu al caminar en el Espíritu?
  • ¿Estoy confesando, y abandonando el pecado?
  • ¿Estoy trabajando para mantener relaciones, especialmente con mi familia? Esto incluye comunicación sincera y amorosa; escuchando; siendo bondadoso, teniendo paciencia; perdonando y siendo humilde.

Cuando las pruebas llegan a nuestra vida, debemos acercarnos activamente al Señor y depender de Él como nunca hemos tenido que hacer en otras ocasiones. Si no lo hacemos activamente, nos enojaremos y amargaremos y nos alejaremos de Dios. Esta es la razón por la que Pedro escribe a los creyentes que sufren: “Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes. Practiquen el dominio propio y manténganse alerta. Su enemigo el diablo ronda como león rugiente, buscando a quién devorar. Resístanlo, manteniéndose firmes en la fe, sabiendo que sus hermanos en todo el mundo están soportando la misma clase de sufrimientos. Y, después de que ustedes hayan sufrido un poco de tiempo, Dios mismo, el Dios de toda gracia que los llamó a su gloria eterna en Cristo, los restaurará y los hará fuertes, firmes y estables. A él sea el poder por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Pedro 5:7-11)

Entonces, ¿estás listo para el regreso de Jesucristo? Si no, ¿por qué no empezar hoy? Quédese solo con el Señor y confiese todo pecado conocido a Él. Acepte Su perdón gratuito. Cambie su agenda diaria para dedicar tiempo a su Creador y Salvador y, a medida que lo haga, usted crecerá en confianza anticipando Su venida.

Recuerde que el estilo de vida de permanecer en Cristo mientras estamos en esta tierra construye la relación santificada con Cristo que vamos a disfrutar por toda la eternidad.

Posteado por: mvmspanish | octubre 5, 2018

HUMILLÁNDONOS ANTE DIOS – 2 Crónicas 7:14

“Si mi pueblo, que lleva mi nombre, se humilla y ora, y me busca y abandona su mala conducta, yo lo escucharé desde el cielo, perdonaré su pecado y restauraré su tierra.” 2 Crónicas 7:14

Esta promesa fue originalmente dada a la nación de Israel. Sin embargo, el dicho que sigue inmediatamente a la referencia a “mi pueblo” es uno que abre esta promesa a más que el pueblo judío y dice: “que lleva mi nombre.” Esta redacción se usa para describir a todos los que se han convertido en parte de la familia de Dios. 

La Biblia dice en 2 Timoteo 3:16 que “toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia.”

También tenemos la seguridad en Romanos 15:4 de que “todo lo que se escribió en el pasado (el Antiguo Testamento) se escribió para enseñarnos, a fin de que, alentados por las Escrituras, perseveremos en mantener nuestra esperanza.

Por lo tanto, es importante que apliquemos los principios de 2 Crónicas 7:14 a nuestro propio tiempo, nación, iglesia y familia, como lo hicieron los antiguos israelitas. Necesitamos entender que los principios por los cuales Dios gobierna siguen siendo los mismos; y no cambian.

Sí, estas son las palabras de Dios habladas a Salomón, rey de Israel. Del mismo modo, la “tierra” referida era la tierra de Israel. Cuando los israelitas pecaron contra el Señor, Él enviaría las plagas mencionadas en el versículo 13. Pero si respondían humillándose, orando, buscando el rostro de Dios y apartándose de sus malos caminos, Dios los escucharía desde el cielo, perdonaría su pecado y sanaría su tierra.

¿Pueden los cristianos encontrar alguna aplicación apropiada de este texto? ¡Absolutamente! Pablo citó ejemplos de rebelión en el Antiguo Testamento en la historia de Israel que provocaron el castigo de Dios; notó que también servían como advertencias para los cristianos que vivían bajo el nuevo pacto. Pablo dijo: “Todo eso les sucedió para servir de ejemplo, y quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos” (1 Corintios 10:11).

El apóstol Pedro, hablando a un grupo de cristianos del primer siglo, dijo esto: “Ustedes antes ni siquiera eran pueblo, pero ahora son pueblo de Dios” (1 Pedro 2:10). Hoy, los seguidores de Jesucristo son el pueblo de Dios. Los cristianos son aquellos “que lleva mi nombre.” Por lo tanto, es apropiado que apliquemos hoy día también las verdades eternas de 2 Crónicas 7:14, porque es crucial para todos los cristianos, humillarnos, orar, buscar el rostro del Señor y apartarnos de nuestros caminos malvados, pidiéndole que oiga del cielo, perdone nuestros pecados y traiga sanación espiritual a las iglesias ineficaces y enfermas de nuestra tierra.

En 2 Crónicas 7:14, notamos tres preceptos que Dios pide constantemente en todas las Escrituras: Humildad, hambre y santidad.

El primer requisito para tal curación espiritual es la humildad. “Si mi pueblo, que se llama por mi nombre, humillarse,” porque es vital que el cristiano practique la justicia, ame la fidelidad y camine humildemente con su Dios (Miqueas 6:8). Todo ser humano redimido debe dar toda la gloria a Jesús por la salvación.

El segundo requisito para la curación espiritual es el hambre. “… ore y busque mi presencia.” Jesús exhortó a Sus seguidores a “tener hambre y sed de justicia” (Mateo 5:6). Todos los cristianos harían bien en aumentar su hambre de piedad.

El requisito final para la curación espiritual es la santidad, “… abandona su mala conducta.” La santidad viene por medio del arrepentimiento del pecado. Arrepentirse significa confesar nuestros pecados y alejarnos de ellos; que a su vez, conduce a la verdadera santidad.

Estos tres énfasis de 2 Crónicas 7:14, humildad, hambre y santidad, son muy necesarios entre los cristianos de hoy, porque necesitamos que la armonía y la salud espiritual entren en nuestra vida. El hecho de que 2 Crónicas 7:14 fue escrito a Israel hace miles de años no significa que los cristianos no puedan beneficiarse de sus advertencias obedeciendo sus preceptos.

Recuerde que Dios habla con Su pueblo. Que es el creyente “Mi pueblo…”, y no con las personas corriendo por ahí que piensan que son cristianas, pero en realidad no lo son. De hecho, la Biblia dice: “Examínense para ver si están en la fe; pruébense a sí mismos. ¿No se dan cuenta de que Cristo Jesús está en ustedes? ¡A menos que fracasen en la prueba!” (2 Corintios 13:5)

También hay muchos que están viviendo una vida doble. Ellos hacen un buen desempeño en la iglesia y dicen todas las cosas correctas, pero están viviendo una vida completamente contradictoria a lo que la Biblia dice acerca de cómo un cristiano debe vivir. Jesús preguntó: “¿Por qué me llamas, Señor, Señor, y no hace lo que yo digo?” (Lucas 6:46)

Un despertar espiritual comienza con el pueblo de Dios. Comienza con aquellos que verdaderamente han nacido de nuevo y tienen hambre y sed de la justicia.

Buscamos la justicia cuando perseguimos el carácter de Cristo y deseamos la santidad más que el placer carnal. Evitamos la tentación de hacernos justos cuando entendemos que la verdadera justicia comienza con la humildad piadosa: “Dios dirige en la justicia a los humildes, y les enseña su camino” (Salmos 25:9). Recordamos que Jesús dijo: “separados de mí no pueden ustedes hacer nada” (Juan 15:5). Cuando pasamos tiempo en la presencia de Dios, nos volvemos más conscientes de nuestro propio pecado y rebelión; entendiendo que el orgullo y la auto-justicia son imposibles en la presencia de un Dios Santo. La búsqueda de la justicia comienza cuando un corazón humilde busca la presencia continua de Dios (Santiago 4:10, 1 Pedro 5:6).

Como vemos, el corazón humilde y creyente conduce a un estilo de vida de acción justa aceptable para Dios. Por lo tanto, debemos pedirle que: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu” (Salmo 51:10).

 

Posteado por: mvmspanish | septiembre 27, 2018

¿AMAR A DIOS O AL MUNDO? – 1 Juan 2:16

“Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, la codicia de los ojos, y la soberbia de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo” (1 Juan 2:16).

La mundanalidad es una cuestión del corazón. Si tu corazón está fascinado con el mundo, amarás las cosas del mundo. Si tu corazón está cautivado por el amor de Dios, serás atraído hacia Él y hacia las cosas que Le agradan. Sin embargo, la única forma en que nuestros corazones pueden transformarse para que amemos a Dios es mediante el nuevo nacimiento sobrenatural de arrepentirse, creer, comprometerse y confiar en Él.

Este pasaje identifica tres puntos clave que, si no se controla y desprotege, atrapa a una persona en un estilo de vida pecaminoso.

Primero, los deseos de la carne; en otras palabras, la sensualidad, que es una reacción corporal y emotiva a los apetitos carnales que nunca puede agradar a Dios (Romanos 8:8) y está en constante guerra con el Espíritu de Dios: “Porque el deseo de la carne es contra el espíritu, y el del espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que querríais” (Gálatas 5:17).

Se nos dice: “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor” (2 Timoteo 2:22).

Por lo tanto, rendirse a los deseos de la carne no es amar al Padre, sino al mundo.

En segundo lugar, la codicia de los ojos, que es una estimulación de la ilusión orientada al intelecto e impulsada por la imaginación que tomará el control del comportamiento si no se lo restringe cuidadosamente. Jesús dijo: La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es sencillo, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas”  (Mateo 6:22-23).

Y en tercer lugar, la soberbia de la vida que es un deseo de dominación egocéntrico e impulsado por el ego que no tiene otro factor ético o limitante que la alabanza de los hombres, porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios (Juan 12:43).

Cualquier relación de amor debe ser atendida, y eso es cierto de nuestra relación con el Padre. También es cierto que el enemigo trata de atraernos del amor del Padre con todas las tentaciones del mundo.

Si miramos Génesis 3:6, vemos mucha similitud en cómo Satanás tentó a Eva. Ella vio que la fruta prohibida era buena para comer, lo que era un llamado a los deseos de la carne. Ella vio “que era una deleite para los ojos”, apelando a la codicia de los ojos. También vio “que el árbol era deseable para hacerla sabia”. Esto, a su vez, atrajo la soberbia de la vida.

Todos luchamos contra estas tentaciones con frecuencia, y algunos fallan con bastante frecuencia. Pero el punto de Juan es que si seguimos cediendo a los deseos de la carne, la codicia de los ojos y la soberbia de la vida como nuestra forma de vida, no estamos manteniendo el amor por el Padre; más bien, estamos manteniendo el amor por el mundo. La gente mundana se revuelca en estas cosas; los hijos de Dios pelean con ellos a menudo.

Entonces, ¿cómo mantenemos nuestro amor por el Padre? Necesitamos obedecer y amar al Padre con nuestros ojos en la eternidad con Él y no separados de Él (1 Juan 2:17). 

Lo contrario de amar al mundo significa amar al Padre y obedecerle; “haciendo la voluntad de Dios.” La voluntad de Dios aquí se refiere a obedecer Sus mandamientos como se revela en Su Palabra. Como dijo Jesús: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Juan 14:15). “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor” (Juan 15:10).

Una razón clave para obedecer los mandamientos de Dios es el conocimiento que obtenemos de las Escrituras acerca de la naturaleza temporal de este mundo y sus concupiscencias, en contraste con la promesa eterna del cielo: “Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre” (1 Juan 2:17).

Si amamos el mundo o las cosas en el mundo, los perderemos todos al morir. Todo por lo que vive la persona mundana se ha ido en un instante y no significa nada a la luz de la eternidad. Incluso si hemos alcanzado nuestros deseos mundanos, ¿de qué sirven en la muerte? Pero, si hacemos la voluntad de Dios, ¡permaneceremos con Él en el cielo por toda la eternidad!

Recuerda que darnos estos poderes “mundanos” puede otorgarnos placeres por “un tiempo” (Hebreos 11:25), y cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios (Santiago 4:4).

Que nuestro Señor Jesús nos conceda que permanezcamos armados contra nuestro enemigo el diablo con Su armadura completa para que podamos tomar nuestra posición contra los planes del diablo; y podemos ser capaz de mantenernos firme (Efesios 6:11, 13).

 

Posteado por: mvmspanish | septiembre 20, 2018

EQUIPADO PARA SERVIR A DIOS – Josué 1:1-9

“Después de la muerte de Moisés, siervo del Señor, el Señor habló a Josué, hijo de Nun, y ayudante de Moisés, y le dijo: “Mi siervo Moisés ha muerto. Ahora pues, levántate, cruza este Jordán, tú y todo este pueblo, a la tierra que Yo les doy a los Israelitas” (Josué 1:1-2).

Aquí vemos a Dios animando a Josué en su nuevo papel como líder de Israel. Estos versículos presentan un plan para el éxito de Josué y de los israelitas en hacerse cargo de la Tierra Prometida y prosperar allí.

Como vemos, Dios claramente llamó a Josué a esta posición de liderazgo.

Josué fue uno de los dos únicos hombres de la generación más antigua de israelitas que aún vivían cuarenta años después de la partida de Israel de Egipto (Números 14:29-30, Deuteronomio 1:34-38). Durante esos cuarenta años había adquirido mucha experiencia valiosa como ayudante de Moisés.

En los primeros días del viaje, Josué se desempeñó como comandante militar, defendiendo a su pueblo contra los amalecitas, que atacaron a los débiles y enfermos en la retaguardia de las filas de Israel (Éxodo 17:8-16, Deuteronomio 25:17-19). Cuando Moisés ascendió al Monte Sinaí para recibir los mandamientos de Dios, Josué lo acompañó en parte y no estuvo involucrado en el pecado de adorar el becerro de oro (Éxodo 24:13; 32:17). Josué fue uno de los doce que exploraron la tierra de Canaán (Números 13:8); él y Caleb fueron los únicos dos de los doce que dieron un informe positivo y se resistieron a las demandas del pueblo de nombrar un nuevo líder y regresar a Egipto (Números 14:1-9). Y al final de los cuarenta años en el desierto, Dios lo eligió como el sucesor de Moisés (Números 27:18-23).

Como vemos, cuando los israelitas llegaron a las orillas del Jordán, Josué había aprendido algunas lecciones importantes. Y del mismo modo, cuando Dios nos elige para una tarea, nos da las experiencias que necesitaremos para llevarlo a cabo; y estas experiencias nos enseñan valiosas lecciones. 

  • Sin la presencia de Dios, Josué no podría tener éxito y nosotros tampoco.
  • En el entorno protector de la presencia de Dios, Josué podría ser “fuerte y valiente” como podemos también nosotros.
  • Al obedecer la palabra de Dios, los israelitas podían disfrutar la medida completa de bendición que Dios les había destinado, y nosotros podemos también.
  • Para llevar a cabo los mandamientos de Dios, los israelitas necesitarían estudiarlos, memorizarlos y aplicarlos, como deberíamos también.

Estos versículos proporcionan una instrucción valiosa para el pueblo de Dios a través de las edades. Nos recuerdan que Dios nos liberó de la esclavitud del pecado y nos hizo Sus siervos. Él nos ha dado el regalo de la salvación y nos ha asignado una misión que cumplir (Mateo 28: 9-20), brindándonos experiencias que nos ayudarán a llevar a cabo nuestras partes de esa misión. En el camino, tendremos “ríos” para cruzar; sin embargo, debido a que Dios está con nosotros, podemos caminar por esos ríos con coraje y vivir victoriosamente, enfocando nuestros ojos en Él y en el propósito que tiene para Su reino eterno. Dios le dice a Josué varias veces que sea fuerte y valiente. 

Si Dios nos ha llamado a liderar, significa que también nos ha dado valor y fortaleza para dirigir. Cuando Dios nos llama a ser líderes, nos hace una promesa tal como lo hizo con Josué. Él promete darnos todo lo que necesitamos para tener éxito y cumplir Su voluntad.

Necesitamos entender que la forma correcta de conducir es guiar por la fe. Hebreos 11:1 nos dice que “la fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” Y, Hebreos 11:6 nos muestra la importancia de la fe con esta verdad, que, “sin fe es imposible agradar a Dios. Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que El existe, y que recompensa a los que Lo buscan.”

La fe nunca es un riesgo y, desde luego, no es un salto hacia lo desconocido. La fe es creer en las promesas de Dios, y es en esta seguridad que obtenemos valor y fortaleza.

El Señor explicó lo que Josué debía hacer para tener éxito al traer a la gente a la Tierra Prometida: “Cuídate de hacer conforme a todo lo que está escrito en ella” (v. 8). La obediencia es de suma importancia porque los métodos de Dios no siempre se entenderán hasta después de que haya total obediencia.

Cuando la gente se acercó a Jericó, el Señor le dio a Josué una orden muy extraña; marcha alrededor de la ciudad una vez al día durante seis días, luego siete veces en el séptimo día. Entonces grita y las paredes caerán (Josué 6:3-5).

Si Josué no hubiera seguido las instrucciones de Dios, no habría tenido éxito. Al igual que Josué, debemos confiar en el Señor y obedecer valientemente sin importar lo que Él requiera de nosotros. Él nunca nos dará una abundancia de tareas en las que no tenemos tiempo para meditar en Su Palabra; y mientras nos enfocamos en Él y avanzamos en obediencia, estaremos equipados para todo lo que Él nos llame a hacer.

Pero asegúrese de pedir y seguir la guía del Señor. “Si a alguno de ustedes le falta sabiduría, que se la pida a Dios, quien da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada. Pero que pida con fe, sin dudar…. “ (Santiago 1:5-6). Y asegúrate de estar preguntando con el espíritu correcto. “Señor, muéstrame Tus caminos, enséñame Tus sendas” (Salmo 25:4), y Él lo hará.

Asegúrate de que tus motivos estén por encima de todo reproche y sigue la voz de Josué: “En cuanto a mí y a mi casa, serviremos a Jehová” (Josué 24:15).

Recordando para: “Nunca se apartar de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas” (Josué 1:8-9).

Posteado por: mvmspanish | septiembre 13, 2018

LOS FESTIVALES DE OTOÑO DE ISRAEL – Levítico 23:23-44

Los tres festivales de otoño de Israel, la Fiesta de las Trompetas, el Día de la Expiación y la Fiesta de los Tabernáculos, se agrupan dentro de un período de tres semanas.

Nos brindan una oportunidad anual de ver un retrato tridimensional de nuestro Mesías, Jesús, mientras miramos a través de esa ventana y lo vemos a través de los ojos creyentes.

Hay tres razones clave para que cada creyente, judío o gentil, estudie las Fiestas de Otoño. Primero, el estudio de estas fiestas nos abre los ojos y profundiza nuestra comprensión del Nuevo Testamento. Como Pablo enfatiza en su carta a Colosenses 2:16-17, estos días santos judíos nos señalan a nuestro Mesías; y la esencia misma de cada festival está muy saturada con Cristo.

Segundo, estos días santos son muy importantes para Dios. En Levítico 23, donde el calendario de estos festivales se presenta formalmente a Israel, se los menciona específicamente como: “Estas son las fiestas que yo he establecido, y a las que ustedes han de convocar como fiestas solemnes en mi honor. Yo, el Señor, las establecí” (Levítico 23:2).

Según la Biblia, el primero de los Días Santos de Otoño en el calendario de Israel, la Fiesta de las Trompetas, se debe observar simplemente como “una conmemoración con toques de trompeta, una fiesta solemne en honor al Señor” (Levítico 23:24). El pueblo judío tradicionalmente lo llama de Rosh Hashaná (literalmente, “cabeza del año”) y se lo observa como el Año Nuevo judío. Esto sirve como el comienzo de un período de 10 días llamado “Días de temor” que concluye con el Día de la Expiación. Para los judíos observantes, este período solemne sirve como una ocasión para el autoexamen, la introspección y la reflexión, ya que Dios considera anualmente el destino de cada judío.

Muchas oraciones en Rosh Hashaná se recitan para que Dios recuerde al pueblo judío con bondad, misericordia y salvación, basándose en el mérito almacenado a través de Isaac. La oración dice: “Recuerden la atadura de Isaac en misericordia a su simiente.” Los eventos de Génesis 22 son un excelente ejemplo de lo que las Escrituras llaman “una sombra de lo que vendrá” (Colosenses 2:16-17). Isaac era un tipo profético, una imagen, del Mesías, y tanto Yeshua (Jesús) como Isaac fueron los hijos de la promesa. Ambos tuvieron nacimientos milagrosos. Ambos eran hijos obedientes y dispuestos que estaban preparados y listos para dar sus vidas a petición de su Padre.

Como vemos, ambos hijos incluso llevaron la madera para su propio sacrificio. Ambos tenían Padres que estaban preparados para matarlos para cumplir un propósito mayor. Abraham estaba dispuesto a sacrificar a su único hijo; también Dios estaba dispuesto a sacrificar a Su único Hijo; pero Dios no le exigió a Abraham lo que Él exigió de Sí mismo. El Señor proporcionó un sacrificio sustituto para el hijo de Abraham, un carnero atrapado en la espesura. Pero no había sacrificio alternativo para el Hijo de Dios; y Jesús se convirtió en el Cordero obediente de Dios, muriendo por el pecado del mundo.

Los 10 días de asombro concluyen con el día de la expiación, Yom Kippur. Este día santo ilumina la misión de Jesús como un sacrificio satisfactorio para eliminar el pecado e ilustra Su ministerio de resurrección como nuestro gran Sumo Sacerdote.

El término bíblico, Yom Kippur, se puede traducir como “El día de las coberturas”. No indica la eliminación de los pecados, solo una cobertura de los pecados. Según las Escrituras, la cobertura del pecado es sangre, el símbolo de la vida (Levítico 17:11). Sin sangre, no puede haber expiación. Solo el Sumo Sacerdote de Israel podría actuar como el representante y llevar la sangre del sacrificio a la Divina Presencia en el Lugar Santísimo en este día sagrado.

Dios le dio a Israel el sistema de sacrificio para restaurar su relación fracturada por el pecado; para cubrir el pecado sobre una base anual. Por supuesto, esta cobertura anual solo duró mientras las personas no pecaron nuevamente. De hecho, después del Día de la Expiación, los sacrificios levíticos diarios y semanales comenzaron de inmediato.

Sin derramamiento de sangre dentro del ritual de sacrificio del Templo, no puede haber expiación, sin embargo, la carta del Nuevo Testamento a los Hebreos describe a Jesús como el cumplimiento final de Yom Kippur. Hebreos 9-10 deja en claro que Jesús es ahora nuestro gran Sumo Sacerdote. Este sacerdote no tuvo primero que hacer expiación por Sus propios pecados antes de representar a la gente, porque no tenía pecado. Además, los sumos sacerdotes iban y venían cuando eran reemplazados o morían. Jesús, como el Sumo Sacerdote resucitado, servirá para siempre. Nuestro Sumo Sacerdote sin pecado fue también el sacrificio perfecto. El solo hecho de que los sacrificios de animales fueran repetibles demostró que eran insuficientes (Hebreos 10:1-4). El sacrificio de Jesús es una ofrenda perfecta sacrificada una vez por todo y la completa erradicación del pecado.

Con la muerte de Jesús, los pecados ya no se cubren más. Ahora son eliminados a través del sacrificio de nuestro Mesías, que ha creado la verdadera expiación entre Dios y Su pueblo, tanto judíos como gentiles. 

*****

Ahora la Fiesta de Tabernáculos o Sucot (cabañas) de una semana, cae cinco días después del Día de la Expiación. La época más sombría del año se contrasta rápidamente con la más celebratória.

Bíblicamente, fue el tercer y último período de peregrinación (junto con la Pascua y Pentecostés), cuando se ordenó a Israel que se reuniera en la ubicación central de la adoración, el Tabernáculo y más tarde, el Templo. Se estableció principalmente como una fiesta agrícola, un período para la recolección de las personas y los cultivos de Israel. El elemento esencial de esta fiesta es su tocayo, la Sukkah, la forma singular de Sucot. Esta es la cabaña temporal de tres paredes que está construida en el patio trasero o el patio de casas judías. Aunque el mandato bíblico es vivir en estos puestos durante siete días, la mayoría de los judíos de hoy cumplen ese mandato al comer al menos una comida diaria dentro de la Sucá; y algunos judíos particularmente observadores dormirán en ellos también.

La conexión mesiánica que derivamos de la Fiesta de los Tabernáculos es que el Mesías ha venido a vivir con Su pueblo. El capítulo inicial del evangelio de Juan proclama que “el Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros. Y hemos contemplado su gloria” (Juan 1:14).

¡Aquí vemos dónde el apóstol describe a Jesús como “habitando” entre nosotros, enfatizando al Mesías como el Tabernáculo de Dios! Y leemos en el libro de Zacarías, cuán crucial será para todas las naciones observar adecuadamente este día santo en el futuro reino milenario, la era mesiánica (Zacarías 14:16-19).

Juan también ofrece un hermoso retrato del gran recogimiento de Dios de Su cosecha en el libro de Apocalipsis: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios” (Apocalipsis 21:3).  La historia, tal como la conocemos, culminará con Dios, Él mismo, convirtiéndose en nuestra Sukkah eterna.

Yo testifico a todos los que oyen las palabras de la profecía de este libro: si alguien añade a ellas, Dios traerá sobre él las plagas que están escritas en este libro. Y si alguien quita de las palabras del libro de esta profecía, Dios quitará su parte del árbol de la vida y de la ciudad santa descritos en este libro. (Apocalipsis 22:18-19)

Esta seria advertencia en el último capítulo de la Biblia fue dada por el glorificado Señor Jesús mismo; por lo tanto, debe tomarse muy en serio.

Aunque la advertencia en Apocalipsis 22:18-19 se aplica específicamente al Libro de Apocalipsis, su principio debe aplicarse a toda la Palabra revelada de Dios. Debemos tener cuidado de manejar la Biblia con reverencia para no distorsionar su mensaje.


Moisés dio una advertencia similar en Deuteronomio 4:1-2, donde advirtió a los israelitas que debían escuchar y obedecer los mandamientos del Señor, sin agregar ni quitar de Su Palabra revelada. Proverbios 30:5-6 contiene una advertencia similar a cualquiera que agregue algo a las palabras de Dios: será reprendido y se demostrará que es un mentiroso.
En el Salmo 119:89 leemos que la palabra de Dios está establecida para siempre en el cielo. A lo largo de la historia, se transmitió gradualmente a los hombres en la Tierra a través de profetas llamados por Dios, y 2 Timoteo 3:16 declara que: Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia. Las palabras de Dios son una extensión de Dios mismo que son inspiradas por Dios, que ofrecen sabiduría perfecta para la vida y la información necesaria para encontrar la vida eterna en Jesucristo (Juan 3:16; Efesios 2:8-9).

Hebreos 4:12 nos recuerda: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos. Penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón.” Necesitamos entender que ya sea que los hombres lo crean o no, la Biblia es la inerrante Palabra de Dios. En Hebreos 1:1 leemos que: Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas. Ellos fueron los que Dios escogió para escribir Sus enseñanzas y mandamientos para Su pueblo y para nosotros.

Este testimonio y advertencia final de Cristo a aquellos que profesan ser Sus seguidores es un mandato claro para no agregar (Apocalipsis 22:18) o quitar de las “palabras” inspiradas de la Biblia. Hay muchas personas en los diversos cultos que siguen a algún líder que piensa que han recibido alguna nueva palabra inspirada de Dios. Eso es muy imprudente; sin embargo, hay muchos falsos profetas, es decir, sacerdotes, pastores, evangelistas, misioneros, etc., en denominaciones que presuntuosamente eligen o explican los versículos de la Biblia que consideran anticientíficos u ofensivos de alguna manera. Eso es muy peligroso y muy tonto, para aquellos cuyos nombres no se encuentran “en el libro de la vida” pues serán “arrojados al lago de fuego” (Apocalipsis 20:15).

Es cierto que dos cristianos pueden interpretar ciertos pasajes de diferentes maneras. Pero no estarán demasiado lejos si creen que la Biblia es la Palabra de Dios inspirada e inerrante, especialmente si realmente creen que Dios puede decir lo que quiere decir. Los autores de la Biblia ocasionalmente usan lenguaje figurativo, por supuesto, en cuyo caso cualquier símbolo generalmente se explica en contexto. Cuando el escritor claramente intenta ser entendido literalmente, como en el primer capítulo de Génesis, por ejemplo, es peligroso imponer algún significado metafórico en el pasaje debido a consideraciones externas. Esto parece ser lo que Pablo llamó “adulterando la palabra de Dios con engaño” (2 Corintios 4:2).

Por lo tanto, esta advertencia se da específicamente a aquellos que distorsionan el mensaje del Libro de Apocalipsis. Jesús mismo es el Autor de la Revelación y el dador de la visión al apóstol Juan (Apocalipsis 1:1). Como tal, concluye el libro con una confirmación de Su testimonio de la finalidad de las profecías contenidas en Apocalipsis. Estas son Sus palabras, y advierte contra la distorsión de cualquier manera, ya sea a través de adiciones, sustracciones, falsificaciones, alteraciones o malas interpretaciones intencionales. La advertencia es explícita y terrible. Las plagas de Apocalipsis vendrán sobre cualquier persona culpable de alterar de alguna manera las revelaciones en el libro, y aquellos que se atrevan a hacerlo no tendrán parte en la vida eterna en el cielo.

 

 

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