Posteado por: mvmspanish | julio 12, 2018

LA IMPORTANCIA DE TENER UNIDAD EN LA IGLESIA – 1 Corintios 1:10

La unidad es una manifestación vital de una iglesia capacitada por el Espíritu Santo. Es por eso que Pablo dijo a los cristianos de Efeso para esforzarse para “preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz.” (Efesios 4:3). Es por eso que escribió a los Corintios: “Les ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos se pongan de acuerdo (que hablen lo mismo), y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén enteramente unidos en un mismo sentir (de una misma mente) y en un mismo parecer” (1 Corintios 1:10).

En la unidad hay un solo cuerpo, un solo Espíritu, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos (Efesios 4:4-6). Los desafíos que enfrentamos, las batallas espirituales que luchamos, exigen que aceptamos la verdad de que los verdaderos creyentes “son todos uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28).

Pablo pide que los creyentes en la iglesia tengan los mismos pensamientos, tengan el mismo amor, sean uno en espíritu y propósito (Filipenses 2:2). Esencialmente los llamó a ser unificados, a ser uno. 

Donde la división normalmente reinaría, la unidad debe llevarnos a un amor como Cristo, donde los creyentes escuchan y soportan unos a los otros. Jesús dijo: “En esto conocerán todos que son Mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros” (Juan 13:35). 

Debemos entender que Dios hizo a cada creyente único con diferentes funciones, y estas diferencias hacen que el cuerpo de Cristo sea hermoso – Romanos 12:4. La unidad en consecuencia, no significa que todos sean iguales, sino que honremos nuestras diferencias y trabajemos juntos a pesar de ellas – 1 Corintios 12:12-27. 

Aunque tengamos diferentes dones y diferentes llamados, nuestro propósito es glorificar a Dios en todo lo que pensamos, decimos y hacemos (1 Corintios 10:31). Lo glorificamos viviendo en obediencia a Sus mandamientos y dando mucho fruto (Juan 15:8, 10). También Lo glorificamos a medida que nos conformamos más a la imagen de Jesucristo (2 Corintios 3:18) y siendo santo porque Él es santo (1 Pedro 1:16).

La unidad cristiana es expresada por la misión común de los creyentes que es cumplir la Gran Comisión, y hacer discípulos de todas las naciones (Mateo 28:19), y regocijarse porque Cristo está siendo proclamado (Filipenses 1:15-18). 

Para unificarse, los cristianos deben desarrollar las actitudes correctas, y los creyentes deben estar unidos en espíritu. En Filipenses 2:5, Pablo dice que toda persona debe tener la misma “actitud” o “mente” como Cristo. Estar unidos en espíritu significa cuidarnos unos a otros como si nos estuviéramos cuidando a nosotros mismos. Esto significa seguir la regla de oro, de amar a tu prójimo como a ti mismo (Marcos 12:31). Así que cuando los cristianos desarrollan la mente de Cristo, será fácil tener una iglesia unida. 

La unidad cristiana es expresada por la creencia común de los creyentes; creyendo en la inspiración y autoridad de la Escritura; la Trinidad; la plena divinidad y humanidad de Jesucristo; Su muerte sustitutiva en la cruz; Su resurrección corporal; Su segunda venida corporal; y la salvación por la gracia sólo por la fe, aparte de las obras.

Si los creyentes quieren unificarse, deben tener el espíritu correcto. Deben abandonar la ambición egoísta y la vana gloria. Deben practicar la santidad y tener la humildad de un sirviente. 

La unidad cristiana se basa en la redención. Se basa en la comunión que disfrutamos con todos los verdaderos creyentes que, como nosotros, hemos experimentado el perdón de Dios y a quienes se les ha dado la vida eterna. Y la unidad cristiana solo puede ser experimentada por los verdaderos creyentes, aquellos que han llegado a conocer al Padre y al Hijo a través del Espíritu Santo. 

La unidad cristiana se basa en la verdad, pero también se basa en el comportamiento piadoso. En el libro de Apocalipsis en las cartas a las siete iglesias, Jesús advierte acerca de aquellos que toleran la inmoralidad en la iglesia. Pablo también, en su carta a la iglesia en Corinto, dice que: “… no deben relacionarse con nadie que, llamándose hermano, sea inmoral o avaro, idólatra, calumniador, borracho o estafador” (1 Corintios 5:11). Pablo está hablando de aquellos que se llaman a sí mismos cristianos pero que no viven como cristianos. Él no quiere decir que nunca debemos hablar con esas personas o nunca las ayudamos, no, pero él dice que no podemos tratarlas como si fueran verdaderos creyentes. 

Necesitamos entender que la unidad es absolutamente esencial, porque la verdadera iglesia es el “cuerpo de Cristo” (1 Corintios 12:27), y un cuerpo no puede estar en desarmonía consigo mismo. Si la desunión ocurre, esencialmente deja de ser un cuerpo y se convierte en un grupo desarticulado de individuos. Sólo vamos a experimentar la unidad cuando caminamos en el Espíritu y no en la carne, cuando nos apegamos sinceramente a la verdad de la Palabra de Dios y cuando, de corazón, procuramos vivir una vida de santidad que agrada a Él.

Cuando una iglesia hace su trabajo de una manera armoniosa y unificada, y lo hace año tras año mientras toma decisiones como Cristo lo haría, y efectúa ministerios importantes, el mundo se da cuenta. El mundo exterior observa y ve, y las personas se sienten atraídas a Jesús. 

Esto es por lo que Jesús oró fervorosamente, para que sus seguidores sean uno: “Padre, oro para que todos sean uno … para que el mundo crea que tú me enviaste … para que sean uno así como nosotros somos uno…” (Juan 17:20-23). Esto significa que nuestra unidad debe enraizarse en la propia unidad de Cristo con el Padre. 

Una iglesia unificada consecuentemente, es una de las evidencias más fuertes de la verdad del evangelio. Y a través de Él todo el cuerpo, “estando bien ajustado y unido por la cohesión que las coyunturas proveen, conforme al funcionamiento adecuado de cada miembro, produce el crecimiento del cuerpo para su propia edificación en amor” (Efesios 4:16).

La humildad es la base de la santidad, y la santidad trae armonía a la iglesia, lo que resulta en una iglesia saludable llena de amor, alegría, paz y unidad en el cuerpo de los creyentes.

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Posteado por: mvmspanish | julio 5, 2018

TRATANDO CON EL PECADO EN LA IGLESIA – Mateo 18:15-17

“Desháganse de la vieja levadura para que sean masa nueva…” (1 Corintios 5:7) 

Pablo está ordenando a la iglesia en Corinto que se deshaga de la vieja levadura, para que sean masa nueva sin levadura. La levadura en la Biblia está representada por cualquier tipo de pecado. Si pones una pequeña cantidad de levadura en la harina, se extiende por toda la masa (1 Corintios 5:6). Pablo está diciendo simbólicamente que la iglesia debe disciplinar al hombre pecado y si eso no funciona, tenían que expulsar a la persona malvada para que la pureza de la iglesia fuera restaurada y el pecado no se extendiera más (vs. 5:13). 

Este principio se puede observar en una familia. Si los padres no disciplinan de manera consistente e imparcial a un niño desafiante, muy pronto los otros niños aprenderán que no hay consecuencias si desobedecen a sus padres. El pecado del primer hijo se extiende a los demás. Lo mismo sucede en la escuela con un maestro que no aplica la disciplina. Pronto toda la clase está fuera de control. En el nivel del gobierno, si las autoridades no hacen cumplir las leyes, todo el país pronto se convierte en anarquía. 

En la iglesia local, Dios ha dado autoridad a los ancianos piadosos que están viviendo una vida santa (Hebreos 13:17). Parte de su responsabilidad es mantener los estándares de santidad de Dios y hacer todo lo que puedan para mantener a la iglesia pura desde el punto de vista doctrinal y moral. Porque, si no sostenemos los estándares de santidad de Dios, la iglesia no tardará en volverse como el mundo. 

La Escritura es clara en cuanto a que la iglesia debe distinguirse del mundo al estar separada para Dios, que es santo. La iglesia necesita estar dispuesta a distanciarse de este mundo corrupto. Como 1 Juan 2:15 describe: “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre.” 

Necesitamos entender que la Biblia es clara en que no podemos amar a nuestros hermanos en Cristo si no tratamos con sus pecados de la manera que Dios lo ordena. Dios nos disciplina para nuestro bien, para que podamos compartir su Santidad… y él castiga a todos los que acepta como su hijo (Hebreos 12:10, Hebreos 12:6). Necesitamos entender que el pecado destruye a las personas y las relaciones; por lo tanto, ser indiferente hacia alguien que está pecando es realmente odiar a esa persona. 

El pecado es como la levadura, se propaga. Es como una enfermedad contagiosa que, si no se atiende, infectará a los demás. Es por eso que Santiago 5:19-20 dice: “Hermanos míos, si alguno de ustedes se extravía de la verdad, y otro lo hace volver a ella, recuerden que quien hace volver a un pecador de su extravío lo salvará de la muerte…” El amor cristiano busca apartar a un pecador de su pecado aplicando el amor de Dios y su Palabra. 

El objetivo en la disciplina de la iglesia nunca es vengativo. No buscamos castigar a las personas o expulsarlas de la iglesia. Nuestro objetivo es restaurar al delincuente. En Gálatas 6:1, Pablo escribe, “hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado”, es decir, debemos hacerlo sin ser arrogantes, pero con cuidado, recordando que la humildad no significa debilidad, sino fuerza bajo el control del Espíritu Santo. 

Algunos podrían preguntar, “¿y si no funciona?” La respuesta es que debemos ser obedientes a Dios y dejarle los resultados a Él. No hay garantía bíblica de que funcione siempre. Jesús dijo, “si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano” (Mateo 18:15).

El objetivo no es “para descargar nuestro descontento” dejando que la persona que está pecando sepa cuán equivocados están. El objetivo es hacer que escuchen lo que dice la Escritura para que vuelvan al Señor, porque la Palabra de Dios es la máxima autoridad.

Jesús dice que si tienes conocimiento del pecado de tu hermano en Cristo, entonces tú eres el que debes ir a él. Antes de ir, debemos orar y pedir la orientación y el discernimiento a nuestro Padre celestial. Necesitamos revisar nuestro propio corazón, para asegurarnos de haber sacado la viga de nuestros propios ojos (Mateo 7:3-5). Y debemos verificar nuestros motivos para asegurarnos de que no vamos a tratar de demostrar que están equivocados y nosotros tenemos razón, porque si ese es el caso, vamos por la razón equivocada. 

También debemos asegurarnos de obtener hechos reales. Si alguien nos cuenta sobre el pecado de otra persona, dígale al informante que vaya directamente a la persona que cometió el pecado siguiendo estos ejemplos bíblicos. No recurrimos a alguien por rumores o chismes, a menos vamos personalmente para descubrir los hechos. Necesitamos ir con gentileza y sabiduría recibida a través de la oración, con el objetivo de restaurar al hermano a Dios y a aquellos a quienes ha perjudicado. Si la persona pecadora sabe que realmente nos preocupamos por ellos, será más probable que escuchen y respondan positivamente. 

Si la persona no nos escucha, Jesús dice que tome dos o tres testigos (Mateo 18:16). Estos pueden ser otros que conocen el problema o pueden incluir líderes de la iglesia. El objetivo es fortalecer la reprensión y hacer que el delincuente se dé cuenta de la gravedad de la situación. El objetivo es llevar al pecador al arrepentimiento y a la restauración. 

Y en último recurso, Jesús dice: Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el pagano y el recaudador de impuestos (Mateo 18:17). 

Si el pecado tiene que hacerse público, si el pecado de alguien está dañando la reputación de la iglesia, la persona necesita ser expuesto y retirado de la confraternidad rápidamente. 

Si después de un tiempo, la persona expresa un arrepentimiento genuino, que implica dolor piadoso por su pecado (2 Corintios 7:10) y se arrepiente y se vuelve a Dios y demuestra su arrepentimiento por sus obras (Hechos 26:20), entonces la iglesia debería ser informado y la persona debe ser perdonada y aceptada de nuevo en la confraternidad. El proceso de restauración debe incluir instrucción para ayudar a la persona a crecer y evitar el pecado en el futuro. 

Una iglesia debe ser una comunidad de pecadores perdonadores que, por la gracia de Dios, están llevando una vida de santidad y obediencia a nuestro Señor. No nos atrevemos a caer en el orgullo espiritual al pensar que somos mejores que un miembro que ha caído en el pecado. Pablo dice que nuestra respuesta al pecado en un miembro de la iglesia debe ser lamento (1 Corintios 5:2). 

Debemos ser conscientes de que si no nos ocupamos de aquellos que se niegan a arrepentirse del pecado como lo ordena el Señor, Su iglesia pronto se mezclará con el mundo y la sal perderá su sabor. El Señor advierte que vendrá y quitará nuestro candelabro (Apocalipsis 2:5). 

Por lo tanto, debemos practicar la disciplina bíblica de la iglesia hacia aquellos que profesan ser cristianos y persisten en el pecado. E, para hacerla santa Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable (Efesios 5:6-7).  

Así que ten cuidado y, cuídense de que nadie los cautive con la vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas, la que está de acuerdo con los principios de este mundo y no conforme a Cristo (Colosenses 2:9).

Posteado por: mvmspanish | junio 28, 2018

EL CRISTIANO LLENO DEL ESPÍRITU SANTO – 1 Corintios 2:15

“Nosotros que tenemos el Espíritu Santo podemos hacer juicios sobre todas estas cosas. Pero cualquiera que no tenga el Espíritu Santo no puede hacer juicios correctos acerca de nosotros” (1 Corintios 2:15). 

Una persona llena del Espíritu Santo es alguien que nació de nuevo espiritualmente a través de la fe en Cristo y del poder regenerador del Espíritu Santo y que tiene un gran deseo de seguir la guía del Espíritu que habita en nosotros y de comprender y obedecer los preceptos de la Biblia escrita por Él. 

Una persona llena del Espíritu Santo tendrá “la mente de Cristo” (1 Corintios 2:16), y es capaz de juzgar todas las cosas según los estándares espirituales y la revelación bíblica. Ellos “no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu”, sabiendo que “tener la mente espiritual es vida y paz” (Romanos 8:4, 6). Como tal, los creyentes espirituales toman decisiones en oración para buscar la voluntad de Dios; y son “guiados por el Espíritu de Dios” (Romanos 8:14). Y ya que “caminan en el Espíritu”, ellos “no cumplirán los deseos de la carne” (Gálatas 5:16). 

Ellos serán “llenos del Espíritu” (Efesios 5:18) para el servicio cristiano. Además, manifestarán “el fruto del Espíritu” en sus vidas y personalidades, que “es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza” (Gálatas 5:22-23). 

Los que no son cristianos no pueden entender a Dios, y no pueden entender el concepto de que el Espíritu de Dios vive en los creyentes. No esperes que la mayoría de la gente apruebe o entienda su decisión de seguir a Cristo. Todo parece tan tonto para ellos. Así como una persona sorda no puede apreciar la buena música, la persona que rechaza a Dios no puede entender el bello mensaje de Dios. Y sin líneas de comunicación, no podrán escuchar lo que Dios les está diciendo. Por lo tanto, mientras “el que tiene el Espíritu Santo habitando en ellos” es capaz de discernir y evaluar todas las cosas por tales patrones divinos, a menudo se encuentran incomprendidos por sus parientes y conocidos no salvos, porque “el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Corintios 2:14). 

Sin embargo, no debemos permanecer en silencio al compartir el evangelio. No debemos aceptar la excusa del incrédulo de leer, pero no entender. Necesitamos estar disponibles para abrir los ojos de los incrédulos y necesitamos enseñar la verdad de la palabra de Dios a medida que las oportunidades se presentan. La pregunta de alguien puede ser una evidencia de que el Espíritu de Dios los está llevando al punto de tomar una decisión para Cristo. Necesitamos recordar que nadie puede comprender a Dios (Romanos 11:34), esto viene solamente a través de la guía del Espíritu Santo, y una relación íntima con Cristo al pasar tiempo consistentemente en Su presencia y en Su Palabra. Esta es la única manera en que un creyente puede obtener la “mente de Cristo”. 

Filipenses 2:5 declara: “Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús.” Esto significa que Jesús estaba dispuesto a renunciar a Sus derechos para obedecer a Dios y servir a las personas. Como Cristo, debemos tener una actitud de siervo, servir por amor a Dios y a los demás, enseñándoles Su Palabra. 

Así que proclamemos a los que no son salvos: desechen las obras de las tinieblas, y vistámonos con la armadura de la luz (Romanos 13:12), y no penséis en proveer para las lujurias de la carne (Romanos 13:14). 

Junto con eso, debemos “despojarnos del viejo hombre, que se corrompe según los deseos engañosos” y después “revestirse del nuevo hombre, el cual, en la semejanza de Dios, ha sido creado en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22, 24). 

Y finalmente debemos “revestirnos con toda la armadura de Dios para que podemos estar firmes contra las insidias del diablo” (Efesios 6:11). 

Estos elementos de vestimenta espiritual, el poder del Espíritu Santo, la luz de la presencia de Dios, el nuevo hombre en Cristo, la vida de resurrección del Cristo que mora en nosotros, Su justicia y santidad imputadas y toda nuestra armadura espiritual, proporcionan el fundamento para la hermosa vestimenta espiritual. “Habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos,  y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno. . . Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” (Colosenses 3:9-10, Colosenses 3:12-14). 

Un estilo de vida de obediencia trae un conocimiento de la habitación del Espíritu Santo (1 Juan 3:24). Y aquellos llenos por el Espíritu Santo muestran por sus actos a quienes sirven (1 Juan 3:7). “Por lo tanto, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20). 

Recuerde que la fe viene por el oír y el oír por la palabra de Dios (Romanos 10:17); y que deberíamos ser hacedores de la palabra, y no solo oidores, engañándonos a nosotros mismos (Santiago 1:22). 

Una vida llena del Espíritu y un carácter piadoso esperan a aquellos que eligen a Dios antes que a sí mismos.

Posteado por: mvmspanish | junio 21, 2018

JESÚS PREDICA EN LA SINAGOGA EN NAZARET – Lucas 4:18-19

“El Espíritu del Señor esta sobre Mi, porque Me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado para proclamar libertad a los cautivos, y la recuperación de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos; para proclamar el año favorable del Señor.” (Lucas 4:18-19) 

El Señor leyó este hermoso versículo escrito por el profeta Isaías refiriéndose a Sí mismo, predicando en la sinagoga de Nazaret y proclamando: “Hoy se ha cumplido esta Escritura que han oído” (Lucas 4:21). Note que Él vino a predicar el evangelio a los humildes y no a los orgullosos. 

Él también vino a liberar a los cautivos. Esto nos recuerda el año de Jubileo del que se habla en Levítico 25 y se define como el año sabático después de siete ciclos de siete años (49 años). El quincuagésimo año fue un tiempo de celebración y regocijo para los israelitas. 

El año del Jubileo involucró un año de liberación del endeudamiento (Levítico 25: 23-38) y todo tipo de esclavitud (vs. 39-55). Todos los prisioneros y cautivos fueron puestos en libertad, todos los esclavos fueron liberados, todas las deudas fueron perdonadas, y todas las propiedades fueron devueltas a sus dueños originales. Además, todo el trabajo debía cesar por un año, y aquellos obligados por contrato fueron liberados de ellos. Uno de los beneficios del Jubileo fue que tanto la tierra como la gente pudieron descansar. 

El Jubileo presenta una bella imagen de los temas de redención y perdón del Nuevo Testamento. Cristo es el Redentor que vino a liberar a los que son esclavos y prisioneros del pecado – “Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1-2). 

La deuda de pecado que le debemos a Dios fue pagada en la cruz cuando Jesús murió por nosotros: “Y cuando ustedes estaban muertos en sus delitos y en la in-circuncisión de su carne, Dios les dio vida juntamente con Cristo, habiéndonos perdonado todos los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz” (Colosenses 2:13-14), y se nos perdona la deuda para siempre. Ya no estamos más en cautiverio, ya no somos esclavos del pecado, y habiendo sido liberados por Cristo, podemos verdaderamente entrar en el reposo que Dios provee. 

Cuando Cristo citó “para proclamar libertad a los cautivos “, Él realmente expandió e interpretó de la siguiente manera: “Y la recuperación de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18). 

El “cárcel” que Cristo vino a abrir es evidentemente una prisión espiritual, una ceguera de la mente. “Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres” (Juan 8:36), y libres de la esclavitud del pecado se traduce en convertirse en un “real sacerdocio,… pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anuncien las virtudes de Aquél que los llamó de las tinieblas a Su luz admirable” (1 Pedro 2:9). 

Para poner en libertad a los oprimidos también tenía un significado adicional, porque después de Su crucifixión, mientras Su cuerpo estaba en la tumba, Su espíritu descendió al Hades, donde los espíritus de todos los que murieron en la fe estaban esperando por Él, y “cuando ascendió a lo alto, llevo cautiva un gran numero de cautivos. . . ascendió mucho más arriba de todos los cielos, para poder llenarlo todo” (Efesios 4:8, 10). 

La buena noticia es que todavía estamos en el “el año favorable del Señor,” que es el año en que somos restaurados y liberados. Es el año en que aceptamos a Jesús como nuestro Mesías y reconocemos la necesidad de un Salvador y decidimos que vamos a servirlo, alabarlo, adorarlo, honrarlo, buscarlo y obedecerlo por el resto de nuestra vida. 

Jesús nos ungió para ser Su embajador, habitado por el Espíritu para llevar el mensaje de buenas nuevas, mientras ayudamos a cumplir la gran comisión de Cristo. El evangelio está siendo predicado a los pobres, los ciegos están viendo y los cautivos están siendo liberados. ¿Usted creerá, recibirá y será liberado?

Posteado por: mvmspanish | junio 14, 2018

VERDADEROS Y FALSOS DICIPULOS – Mateo 7: 21-23

“No todo el que Me dice: ‘Señor, Señor,’ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos. Muchos Me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?’ Entonces les declararé: ‘Jamás los conocí; apártense de Mi, los que practican la iniquidad.’” (Mateo 7: 21-23) 

De acuerdo con estos versículos, ¿quién entrará al reino? Es “… el que hace la voluntad de Mi Padre en el cielo”. Ahora, ¿qué significa “hacer la voluntad de Dios”? 

Jesús advirtió a Sus discípulos sobre el camino ancho que lleva a la perdición, y siguiendo en el versículo 15, Él advierte sobre el peligro de los falsos profetas que conducen a las personas por ese camino ancho. En los versículos 16 al 20 Él les dice cómo distinguir a un profeta genuino de un falso profeta. Jesús dice que simplemente los conoceremos por sus frutos. Debemos examinarlos muy de cerca, porque cuanto mejor sea la falsificación, más cuidadosamente se debe examinar antes de que sea posible determinar que es falsa. Jesús está diciendo que las doctrinas que enseñan y el carácter de sus vidas revelan si pertenecen a Dios o no. 

Luego, en los versículos 21-23, Jesús refuerza su advertencia diciendo que muchos de los falsos profetas harán y dirán cosas maravillosas e impresionantes – “¿no profetizamos en Tu nombre, y en Tu nombre echamos fuera demonios, y en Tu nombre hicimos muchos milagros?” Hacen algunas cosas muy impresionantes, pero no son de Dios. En el versículo 20, Jesús nuevamente dice: “Así que, por sus frutos los conocerán.” 

Entonces, el contexto de los versículos 21-23 trata con los falsos profetas. Estos falsos profetas pueden decir: “Señor, Señor”, pero no son de Dios. 

Una persona puede llamar a Jesús de Señor y no saber quién es. El título “Señor” no indica que una persona tenga una creencia en Cristo. Antes de que Pablo fuera convertido en el camino a Damasco, él llamó a Jesús de Señor, pero no sabía quién era: “¿Quién eres tú, Señor?” Entonces el Señor dijo: “Yo soy Jesús, a quien usted está persiguiendo” (Hechos 9:3-5). Como vemos, él lo llama de Señor, pero no sabe quién es. 

Muchos también podrían estar llamando a Jesús de Señor en un sentido hipócrita, lo que significa que están llamando lo de Señor, pero realmente no creen en Él. Jesús les llamó de: “¡Hipócritas! Bien profetizó Isaías de ustedes cuando dijo: ‘Este pueblo con los labios Me honra, pero su corazón esta muy lejos de Mi. ‘Pues en vano Me rinden culto, enseñando como doctrinas preceptos de hombres’” (Mateo 15:7-9). Entonces, el hecho de que ellos llaman a Jesús de Señor no significa que ellos crean en quién Él realmente es. 

Debemos recordar lo que dijo Jesús: “sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos”. Jesús está diciendo claramente que solo aquellos cuya vida se caracteriza por la obediencia a todo lo que el Padre ha ordenado tendrán el privilegio de estar con Él por toda la eternidad. Les dijo: “Yo soy el pan de la vida; el que viene a Mí no tendrá hambre, y el que cree en Mí nunca tendrá sed. Pero ya les dije que aunque Me han visto, no creen. Todo lo que el Padre Me da, vendrá a Mí; y al que viene a Mí, de ningún modo lo echaré fuera.  Porque he descendido del cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad del que Me envió. Y ésta es la voluntad del que Me envió: que de todo lo que El Me ha dado Yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final. Porque ésta es la voluntad de Mi Padre: que todo aquél que ve al Hijo y cree en El, tenga vida eterna, y Yo mismo lo resucitaré en el día final” (Juan 6:35-40). 

Ser cristiano es más que solo creer las cosas correctas, debes obedecer, lo que significa oír la Palabra de Dios y actuar de acuerdo. La obediencia bíblica a Dios significa, simplemente, oír, confiar, someterse y rendirse a Dios y a su Palabra. “Entonces Jesús decía a los Judíos que habían creído en El: “Si ustedes permanecen en Mi palabra, verdaderamente son Mis discípulos” (Juan 8:31). 

El Nuevo Testamento enseña que la salvación es por la gracia a través de la fe. La fe es el medio instrumental; la gracia es el medio eficaz de nuestra salvación. Nosotros somos salvos por Jesucristo. Somos salvos por Su gracia a través de la fe. Pero necesitamos entender que Jesús también dijo: “Si ustedes Me aman, guardarán Mis mandamientos” (Juan 14:15). Esto significa que necesitamos ser obedientes. 

Muchas personas piensan que ser salvo significa decir “la oración del pecador” y después vivir la vida como siempre. Ellos creen que algo místico sucede al recitar algunas palabras. 

Necesitamos entender que debemos arrepentirnos y abandonar nuestros pecados y obedecer la palabra de Dios. Mientras seguimos leyendo la Biblia y obedeciendo lo que leemos, la palabra nos lavará y, por la gracia de Dios, se producirán cambios increíbles. La gracia se define como la influencia divina que opera en los seres humanos para regenerar y santificar y para impartir fuerza para soportar la prueba y resistir la tentación; es una virtud de origen divino. 

1 Pedro 1:15-16 nos dice: “sino que así como Aquél que los llamó es Santo, así también sean ustedes santos en toda su manera de vivir. Porque escrito está: “Sean santos, porque Yo soy santo.” 

Y Pablo le escribe al joven Timoteo: “No obstante, el sólido fundamento de Dios permanece firme, teniendo este sello: “El Señor conoce a los que son Suyos,” y: “Que se aparte de la iniquidad todo aquél que menciona el nombre del Señor” (2 Timoteo 2:19). 

El mundo está lleno de falsos profetas que están hablando por espíritus mentirosos. Estos falsos profetas dicen que hablan por el Señor, pero su mensaje no es un mensaje de arrepentimiento y obediencia. Es un mensaje de prosperidad y bendiciones. Ciertamente, somos bendecidos por el Señor, pero nuestro mensaje siempre debe ser un mensaje de alejarse del mundo y volverse hacia el Señor. 

La gente dice: “Yo creo que Jesús es el Señor”, pero usan lenguaje sucia, no quieren oír hablar de arrepentimiento o de parar de hacer el mal, aman todo lo que ese mundo perverso tiene para ofrecer, no se sienten culpables del pecado y no están interesado en las cosas de Dios. ¿Usted piensa que esta persona realmente cree que va al cielo? 

Muchos que se declaran cristianos hacen lo que quieren, no importa qué – fornicar, ver todo tipo de maldad y blasfemia en la televisión, ir al cine a ver películas demoníacas, leer “libros satánicos”, etc., mientras afirman ser salvos. 

Las personas que no son salvas hacen lo que Satanás quiere que ellas hagan. Las personas salvas están bajo los mandamientos del Señor. ¿Cuál es tu posición? O somos obedientes o desobedientes. Los que viven sin tener en cuenta la justicia de Dios, que usan la gracia de Dios como una licencia para pecar, y confían en la gracia para limpiar el pecado, están dando a la gente de la iglesia un nombre falso. Si Jesús no es su Señor y Maestro, Él no es su Salvador. 

La fe salvadora se manifestará en cambio. Si ningún cambio ocurre en la vida de una persona, tenemos muchas escrituras para informarnos de que la verdadera conversión nunca ocurrió. 

No somos salvos por nuestras obras, pero cuando somos salvos; nuestra vida ciertamente reflejará esa decisión por nuestras buenas obras. “Así también la fe por sí misma, si no tiene obras, está muerta” (Santiago 2:17). ¿Usted obedece la palabra de Dios? 

El reino de los cielos no es para aquellos que solamente se dirigen a Jesús como Señor con sus palabras, sino que reconocen a Jesús como su Señor en su comportamiento. Este contraste es aclarado en la versión de Lucas, donde Jesús dice: “¿Por qué ustedes Me llaman: ‘Señor, Señor,’ y no hacen lo que Yo digo?” (Lucas 6:46) 

Si usted no hace la voluntad del Padre, si usted llama a Jesús de Señor, pero no hace lo que Él dice, usted necesita examinar su relación con Él. Si usted sospecha que Jesús no le conoce como este pasaje describe, usted necesita hablar con Él en oración ahora mismo. Pídale a Él para salvarlo y que usted quiere que Él sea el Señor de su vida. 

CÓMO RECIBIR LA VIDA ETERNA

 

Cristo nos libertó para que vivamos en libertad. Por lo tanto, manténganse firmes y no se sometan nuevamente al yugo de esclavitud. (Gálatas 5:1) 

La Biblia nos dice que somos o esclavos del pecado o esclavos de la justicia. Aquellos que son esclavos del pecado no pueden liberarse de él, pero una vez que somos liberados de la pena y del poder del pecado por creer en Su sacrificio expiatorio en la cruz y hacemos de Jesús el Señor de nuestra vida, nos convertimos en un tipo diferente de esclavo y encontramos la completa paz y la verdadera libertad en Cristo. 

¿Por qué, entonces, muchos de los llamados ‘cristianos’ continúan viviendo como si todavía estuvieran en esclavitud? Es porque están, y los con falsa fe no reconocen su propia esclavitud al pecado. El pecado es la última causa del mal, del sufrimiento y de la falta de libertad. Entonces, ¿qué es lo que Dios quiere que hagamos acerca del pecado? ¿Por qué nos ordena arrepentirnos, y qué es el arrepentimiento? 

La Biblia muestra que el arrepentimiento es una decisión significativa, personal y transformadora, porque el arrepentimiento se caracteriza por una comprensión de la seriedad del pecado, un profundo deseo de ser perdonado y un compromiso determinado de cambiar nuestro comportamiento y nuestros pensamientos para dejar de pecar. El arrepentimiento es una rendición incondicional a Dios y tratar de hacer lo que Dios nos dice. 

Si no nos arrepentimos, no podremos ser perdonados o recibir el don de la vida eterna, y en vez de eso, recibiremos la pena de muerte que merecemos. Pero si nos arrepentimos y nos sometemos a Dios, Él perdonará y proveerá la ayuda que necesitamos para cambiar, y nos preparará para la vida eterna (Hechos 3:19). 

Pablo dice a los Efesios con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad. (Efesios 4:22-24). 

Un verdadero cristiano se da cuenta de que ha sido crucificado Cristo (Gálatas 2:20) y que ha renacido como una completa nueva criatura (2 Corintios 5:17). La vida cristiana es una de muerte para sí y renacer para “vivir una vida nueva” (Romanos 6:4), y esa nueva vida se caracteriza por la obediencia a Jesús que nos salvó. 

Es vital que fortalezcamos la nueva naturaleza liberada, alimentándonos continuamente con la Palabra de Dios y, a través de la oración, para obtener el poder que necesitamos para escapar al deseo de volver a la vieja vida pecaminosa. Entonces nos daremos cuenta de que nuestro nuevo estatus como esclavos de Cristo es la única verdadera libertad, e invocaremos Su poder para “no permitir que el pecado reine en su cuerpo mortal, cediendo a los deseos pecaminosos” (Romanos 6:12). 

Jesús dijo: “En verdad les digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado; y el esclavo no queda en la casa para siempre; el hijo sí permanece para siempre. Así que, si el Hijo los hace libres, ustedes serán realmente libres” (Juan 8:34-36). La libertad en Cristo es la única forma verdadera de libertad, porque provee una libertad duradera más allá de esta vida. Por otro lado, aquellos con la falsa fe confían en su propia justicia o religión para salvarlos, y no sólo en Cristo. 

Una persona que ha experimentado la verdadera libertad en Cristo está llamada a vivir como Su siervo. El apóstol Pablo fue un ejemplo de esto, ya que muchas de sus cartas comenzaron con la presentación de sí mismo como un “siervo de Cristo Jesús” (Romanos 1:1). La verdadera libertad proviene de conocer a Cristo a través de la fe genuina, que viene por estudiar Su palabra y por consecuencia obedeciendo Sus mandamientos. 

Recuerde, el pecado esclaviza a las personas causando la muerte espiritual y la eternidad a parte de Dios. Conocer a Cristo proporciona libertad del control del pecado, y la vida eterna con Él.

Somos liberados para servir a Cristo porque la palabra de Cristo es la verdad que verdaderamente nos libera cuando permanecemos en ella. Cuando realmente creemos en Cristo, Él nos da el deseo de agradarle y nos da la capacidad de obedecerlo mientras caminamos por el Espíritu que vive en nosotros. Él nos da oportunidades diariamente para decir no al pecado y al egoísmo y para servir a otros con amor. 

Las palabras más bellas que un cristiano quiere oír de Jesús es: “Bien, siervo bueno y fiel” (Mateo 25:21), pero primero asegúrate de que es realmente salvo. Los incrédulos nunca oirán esas palabras, porque “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Y reconozca que Jesús no es solo tu Salvador; Él también pregunta: “¿Por qué me llamas ‘Señor, Señor’ y no haces lo que digo?” (Lucas 6:46). 

Y las palabras más devastadoras que alguien creyendo ser un cristiano jamás oirá son: “¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!” Porque “no todo el que me dice: “Señor, Señor”, entrará en el reino de los cielos, sino solo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?” Entonces les diré claramente: “Jamás los conocí” (Mateo 7:21-23). 

Por favor, sepan que un verdadero cristiano nacido de nuevo tiene libertad en Cristo, porque las Escrituras nos dicen: “Por tanto, ahora no hay condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte” (Romanos 8:1-2).

Posteado por: mvmspanish | mayo 31, 2018

¿ESTÁ DIOS TRATANDO DE LLAMAR TU ATENCIÓN? – Salmo 119: 67

Antes que fuera afligido, yo me descarrié, pero ahora guardo Tu palabra. (Salmo 119:67) 

Para llamar nuestra atención, Dios permitirá el sufrimiento, la adversidad, la enfermedad, la angustia, las pruebas y las tribulaciones en nuestra vida. 

Tu vida puede ser un desastre tras otro, principalmente a causa de tu desobediencia a Dios. De hecho, Dios siempre está tratando de llamar nuestra atención, pero a veces no escucharemos hasta que tengamos que pasar por momentos difíciles o dolorosos. 

Dios nos ama, y ​​no quiere que pasemos nuestra vida de una crisis a otra, sino que quiere que construyamos nuestra vida sobre una base sólida fundada en la verdad de Su Santa Palabra. Si Dios no nos amara, no se molestaría en tratar de llamar nuestra atención. 

Él quiere que comprendamos que lo necesitamos. Necesitamos el perdón de Dios, Su guía y dirección en la vida. No fuimos creados solo para esta vida, sino para la eternidad, y el deseo de Dios es que estemos con Él para siempre en el cielo, por eso envió a su Hijo para enseñarnos y para pagar el precio en la cruz por nuestros pecados. Jesús vino al mundo para unirnos con el Padre. La Biblia dice: “Porque también Cristo murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18). 

Dios usó tragedia para traer gente a Sí mismo. Antes de aceptar el llamado de Dios, Jonás huyó de Nínive y entró en un barco, esperando que eso le alejara de lo que Dios le llamaba a hacer. Después de que el barco salió de la costa, una tempestad muy mala vino y comenzó a lanzar el barco. Todos los hombres estaban con mucho miedo y ellos pronto se dieron cuenta que Jonás era la causa, y él fue arrojado a las aguas tempestuosas, con la esperanza de apaciguar a un Dios airado. Jonás entonces es tragado por una ballena y, mientras en el vientre de la ballena, finalmente recupera los sentidos y acepta su ‘llamada.’ 

Quizás algo radical, trágico te haya sucedido: malas noticias de un médico, un accidente o un roce con la muerte. O tal vez algo más ha llamado tu atención. 

Dios quiere lo mejor para nosotros. Por esta razón, Él nos disciplinará si persistimos en el pecado, y administrará corrección si deshonramos Su nombre y Sus mandamientos que están en la Biblia. Él dice: “Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Sé, pues, celoso y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:19). 

Por favor, comprendan que, “Aunque el Señor os ha dado pan de escasez y agua de opresión, si usted confía y le obedecen, tus oídos oirán detrás de ti una palabra: Este es el camino, andad en él, ya sea que vayáis a la derecha o a la izquierda” (Isaías 30:20-21), y “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo, y si por los ríos, no te anegarán; cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama te abrasará” (Isaías 43:2). 

Si tratamos de encubrir nuestra desobediencia y rebelión, Dios quitará nuestra sensación de paz y alegría, y el Espíritu Santo nos mantendrá bajo profunda convicción hasta que nos humillemos y nos arrepintamos de nuestro pecado y rebelión. Algunas personas tienen una tendencia a exhibir un espíritu continuamente rebelde y desobediente; por lo tanto, estas personas pueden tener que ser castigadas constantemente con pérdidas y, a veces, dolor crónico para evitar que destruyan sus vidas y causen más deshonra a nuestro Santo Dios. 

Recuerda siempre que Dios te ama: “Porque yo sé los planes que tengo para vosotros” —declara el Señor— “planes de bienestar y no de calamidad, para daros un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11). 

A través de pruebas y tribulaciones, esperamos que seamos más sabios y finalmente veremos las cosas bajo una luz diferente. Conoceremos la diferencia entre cosas que son realmente valiosas y aquellas que carecen de valor, y agradecemos al Señor al darnos cuenta de que: “Bueno es para mí ser afligido, para que aprenda tus estatutos” (Salmo 119:71). 

Al igual que el salmista, también debemos aprender que la palabra de Dios es esencial para nuestro crecimiento espiritual y nuestra vida, ya que sin ella vagaremos y sufriremos muchas aflicciones evitables. 

El sufrimiento y la aflicción nos ayudan a aprender las ordenanzas de Dios, nos enseñan cómo obedecer Su Palabra y nos ayudan a no olvidar Su Palabra, sino a afirmarla, aplicarla y obedecerla. No fue hasta después de que el salmista estuvo afligido que él cambió su curso en la forma correcta de mantener la palabra de Dios, y nosotros no somos diferentes de él. 

El dolor del salmista lo llevó de vuelta al Señor, y donde una vez él se sirvió a sí mismo y lo que asumía cierto a sus propios ojos, ahora obedece a la Palabra de Dios. 

Para muchos que son tercos, desobedientes y resentidos, es en problemas, crisis, dolores, luchas y sufrimientos donde el verdadero crecimiento espiritual sucede. Entonces: “Guarda los mandatos del Señor tu Dios, andando en sus caminos, guardando sus estatutos, sus mandamientos, sus ordenanzas y sus testimonios…, para que prosperes en todo lo que hagas y dondequiera que vayas” (1 Reyes 2:3). 

¿Podría ser que Dios está tratando de llamar tu atención? ¿Cuánto dolor y pérdida tendrá que soportar hasta que entregue por completo su espíritu desobediente a Él y comience a obedecer Su Santa Palabra?

Posteado por: mvmspanish | mayo 24, 2018

EL SEÑORÍO DE JESUCRISTO – Lucas 6:46

“¿Por qué ustedes Me llaman: ‘Señor, Señor,’ y no hacen lo que Yo digo?” – Lucas 6:46 

Es vital entender que Jesucristo vino a la tierra para reconciliarnos con el Padre; Él murió en la cruz para salvarnos de una eternidad en el infierno y para darnos el regalo gratuito de la salvación. Es fundamental comprender que cuando lo aceptemos como nuestro Salvador también debemos hacer de Él el Señor de nuestra vida. 

Muchos dicen: “Jesús es mi Salvador, pero aún no lo he hecho el Señor de mi vida”. Por favor, comprenda que las únicas personas listas para Su regreso son aquellas que diariamente buscan someter cada área de su vida a Su Señorío. La obediencia es la marca de un verdadero cristiano y si no estás seguro, examínese para ver si usted está en la fe (2 Corintios 13:5), porque aquellos que están listos para el regreso de Cristo buscan seguirlo como Señor. 

Pablo dijo: “no se pertenecen a sí mismos, porque, han sido comprados por un precio. Por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios” (1 Corintios 6:19-20). 

El señorío enseña que una verdadera profesión de fe estará respaldada por evidencia de fe. Si una persona realmente está siguiendo al Señor, entonces ella obedecerá las instrucciones del Señor. Una persona que vive en pecado intencional e impenitente obviamente no ha elegido seguir a Cristo, porque Cristo nos llama a salir del pecado y nos lleva a la rectitud. De hecho, la Biblia enseña claramente que la fe en Cristo dará como resultado una vida cambiada (2 Corintios 5:17, Gálatas 5:22-23). 

Para estar listo para la venida de Jesús, debemos vivir en la expectativa de su inminente retorno, como Él declara: “Bienaventurados aquellos siervos a quienes el Señor, al venir, halle velando” (Lucas 12:37), y Él continúa, “Ustedes, también, queden alertas, porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no esperan” (Lucas 12:40). 

Si usted está esperando un invitado, especialmente un invitado importante, usted vive de manera diferente. Su casa estará impecable; todas las camas estarán hechas. Su patio estará limpio y usted podrá incluso tener algunas flores dentro de la casa. Usted quiere que las cosas estén limpias y presentables, porque usted está esperando un invitado especial. 

Entonces, si usted está esperando al Rey de los reyes y al Señor de los señores, ¿cómo debes vivir su vida? ¿Usted se sentiría cómodo si Él viniera mientras usted está mirando un programa de televisión inapropiado y tiene revistas indeseables en su mesa? Jesús dice que debemos estar listos inmediatamente para abrir la puerta a Él cuando Él venga (Lucas 12:36). No deberíamos tener que gritar: “Espere un momento”, mientras apagamos la televisión y escondimos un montón de cosas embarazosas en el armario. 

Así que para prepararse para el regreso de Cristo, asegúrese de que Él es su Maestro, en servirle cada día, y vivir como si esperas Su volver en cualquier momento. 

Podemos preguntarnos: ¿estoy viviendo sólo para hoy, sin consideración por el retorno del Maestro y por la responsabilidad que Él exigirá? Usted está imprudentemente colocándolo fuera de su mente pensando: “Tengo tiempo.” Jesús dice que debemos ser “como hombres que están esperando por su maestro cuando regrese.” Debemos vivir cada día con la expectativa de que un día “el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dio” (1 Tesalonicenses 4:16), y que seremos bendecidos cuando el Maestro nos encuentre listos cuando Él venga por nosotros. 

Aquí hay algunos puntos para pensar: 

  • El arrepentimiento es un cambio de mente, de vivir en pecado y rechazar a Cristo, a aceptarlo y rechazar el pecado (Hechos 3:19). El arrepentimiento genuino ocurre cuando una persona se somete al señorío de Cristo, resultando en un cambio de conducta (Hechos 26:18-20). 
  • La fe es creer en Jesucristo, no en una promesa, en una oración o un credo (Juan 3:16). La fe debe involucrar un compromiso personal con Cristo (2 Corintios 5:15). Es más que estar convencido de la verdad del evangelio; es un abandono de este mundo y un seguimiento del Maestro. La verdadera fe siempre produce una vida cambiada (2 Corintios 5:17). La persona interior es transformada por el Espíritu Santo (Gálatas 2:20), y el nacido de nuevo tiene una naturaleza nueva (Romanos 6:6). 
  • Los que se someten al señorío de Cristo siguen a Jesús: “Mis ovejas oyen Mi voz; Yo las conozco y Me siguen” (Juan 10:27). Ellos aman a sus hermanos (1 Juan 3:14), obedecen a los mandamientos de Dios (1 Juan 2:3), hacen la voluntad de Dios (Mateo 12:50), permanecen en la Palabra de Dios (Juan 8:31), y  guardan la Palabra de Dios (Juan 17:6). 

Las Escrituras enseñan que Cristo exige la rendición incondicional a Su voluntad (Romanos 6:17-18). Aquellos que viven en rebelión a la voluntad de Dios no tienen vida eterna, porque “Dios resiste a los soberbios pero da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). 

Por favor, comprenda que aquellos que realmente creen en Cristo lo amarán, y los que amamos, deseamos agradar (Juan 14:23). Si una persona no está dispuesta a obedecer a Cristo, él proporciona evidencia de que su “fe” es sólo en nombre (1 Juan 2:4). Una persona puede reivindicar a Jesús como Salvador y pretender obedecer por un tiempo, pero si no hay cambio de corazón, su verdadera naturaleza acabará manifestándose. Este fue el caso de Judas Iscariote. Por otro lado, un creyente genuino puede tropezar y caer, pero perseverará en la fe (1 Corintios 1:8), y éste fue el caso de Simón Pedro. 

Ahora, un “creyente” que se aparta por completo del Señor muestra claramente que nunca nació de nuevo (1 Juan 2:19), porque un pecador que se niega a arrepentirse no es salvo, porque no puede aferrarse a su pecado y el Salvador al mismo tiempo. Y un pecador que rechaza la autoridad de Cristo en su vida no tiene una fe salvadora, ya que la verdadera fe abarca una rendición total a Dios. Por lo tanto, el evangelio requiere algo más que tomar una decisión intelectual o pronunciar una oración; el mensaje del evangelio es un llamado al discipulado. Las ovejas seguirán a su Pastor en obediencia sumisa y lo harán el Señor de su vida. 

No debemos dar falsas esperanzas a los pecadores no arrepentidos; más bien, declaremos todo el consejo de Dios: “Tienes que nacer de nuevo” (Juan 3:7) y advertirles que Jesús dijo: “No todo el que Me dice: ‘Señor, Señor,’ entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de Mi Padre que está en los cielos” (Mateo 7:21).

Posteado por: mvmspanish | mayo 17, 2018

LA DOCTRINA ASOMBROSA DE JESÚS – Mateo 7:28-29

“Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de Su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (Mateo 7:28-29) 

La Biblia dice que estaban “admirados con Su doctrina” (enseñanza). Ellos se quedaron admirados; y quien podría culparlos, ellos realmente nunca habían escuchado a alguien hablar o enseñar como Cristo. 

Las multitudes estaban asombradas de las enseñanzas de nuestro Señor, ya que sus oídos estaban acostumbrados a escuchar a los maestros fariseos de la Ley que eran un mero reflejo de la autoridad, y no muy bueno en eso. Jesús, por otro lado, fue y es la máxima Autoridad. Él posee todo el poder y el conocimiento; ¡y esta diferencia fue extremadamente obvia para Sus oyentes!

Los fariseos eran un mero pretexto, incapaces de cumplir lo que predicaban; ellos estaban recitando pasajes memorizados, mientras que Jesús, que habló el mundo a la existencia, hablaba con autoridad. 

Había muchos ‘rabinos’ que habían dedicado toda su vida a estudiar las Escrituras, pero la enseñanza de Jesús alcanzó a la multitud como especial. Él los recordó de las recompensas por la perseverancia en amar a Dios, Él expuso las palabras de Dios como la base en la cual ellos podían confiar, y luego reveló su significado, contrastando Su autoridad con la enseñanza tradicional. 

Jesús enseñó con una comprensión segura de la intención de la ley, y Él no estaba simplemente recitando lo que las Escrituras decían o citando las opiniones prevalecientes de los escribas; los teólogos profesionales de sus días y la autoridad en materia de “ley religiosa”. Su mensaje era radicalmente diferente de la de ellos y eso dejó a la multitud atónita. 

En Mateo 7:28 encontramos la primera mención de “doctrina” (didache en griego) en el Nuevo Testamento y, como tal, es significativo que se refiera a las doctrinas enseñadas por Cristo en el Sermón de la Montaña. También es significativo que existan otros cuatro versículos que nos dicen que Sus oyentes estaban “admirados con Su doctrina” (Mateo 22:33, Marcos 1:22, 11:18, Lucas 4:32). 

No es de extrañar que Él pudiera hablar con autoridad, pues: “Mi doctrina no es mía“, dijo Él, “sino del que me envió” (Juan 7:16). 

Pablo también pudo enseñar esta asombrosa doctrina porque él tuvo el cuidado de enseñar solamente la Palabra de Dios. Y así también podemos nosotros de la misma manera creer y enseñar sólo en el contexto de la autoridad infalible, doctrinal de la Palabra de Dios. 

Desafortunadamente, hoy se ha puesto de moda, incluso en muchas iglesias evangélicas, evitar la “doctrina” a favor de la “discusión” y el “cristianismo personal”. Este es un gran error y explica en gran parte la creciente secularización de nuestra sociedad y el débil testimonio de la iglesia cristiana. La Biblia nos dice claramente que debemos nos mantener firmes en la palabra confiable, según se enseña, para que podamos dar instrucciones en sana doctrina y también reprender a aquellos que la contradicen – Tito 1:9. 

La doctrina y la enseñanza son lo mismo, y por lo tanto, las palabras de despedida del Señor a Sus discípulos es enseñar “todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:20). Esta es una parte integral de la gran comisión de Cristo. Es imperativo que nosotros, como Pablo, enseñemos “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27), porque “todo que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios”. Sin embargo, “el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo” (2 Juan 1:9). 

Entonces, ¿por qué debemos estudiar y enseñar la doctrina cristiana? 

  • Porque revela la verdad acerca de Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo, las Escrituras, la salvación, la humanidad, el pecado, los eventos futuros (etc.), dándonos una perspectiva correcta del mundo en que vivimos (Juan 17:17; 1 Juan 5:20).
  • Revela la obra de redención de Dios. Es la verdad lo que conduce a la salvación (Juan 8: 31-32).
  • Nos da instrucciones sobre cómo debemos vivir (2 Timoteo 3:16-17).
  • Nos hace conscientes del error y de la enseñanza falsa. Primero debemos conocer la verdad para reconocer el error (2 Timoteo 2:15).
  • Entonces, nos permite defender la verdad contra el error (1 Pedro 3:15, 2 Timoteo 4:3-5).
  • Aumenta y fortalece nuestra fe. (Efesios 4:14) 

¡Y el hecho más importante es que al aplicar la doctrina, nos dará una mayor motivación para vivir una vida santa y dedicada para Él! (Colosenses 2: 6-7). 

Bienaventurados los que guardan Sus testimonios (doctrinas, enseñanzas) y con todo el corazón le buscan (Salmo 119:2).

Posteado por: mvmspanish | mayo 10, 2018

ADVERTENCIA EN CONTRA DE JUZGAR A OTROS – Romanos 2:1-4

Por lo cual no tienes excusa, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas, pues al juzgar a otro, a ti mismo te condenas, porque tú que juzgas practicas las mismas cosas. Sabemos que el juicio de Dios justamente cae sobre los que practican tales cosas. ¿Y piensas esto, oh hombre, tú que condenas a los que practican tales cosas y haces lo mismo, que escaparás del juicio de Dios? ¿O tienes en poco las riquezas de Su bondad y tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? (Romanos 2:1-4) 

El capítulo uno de Romanos retrató una imagen moral deplorable del mundo gentil; el mal, la idolatría, la perversión sexual y el libertinaje de todo tipo. 

Ahora vemos a Pablo dirigiéndose a los judíos que pensaban que eran mejores que los gentiles y estaban juzgándolos. Él comienza a dirigirse a los judíos sin mencionarlos por nombre, pero diciendo a los supuestos moralistas que: “¡Ustedes son tan culpables como ellos!” 

Aunque los “moralistas” pueden no entregarse a manifestaciones groseras del pecado como algunos hacen, todas las personas tienen pensamientos, motivos y actitudes que a veces desagradan a Dios. El argumento de Pablo es que incluso los “buenos pecadores” que juzgan a los demás son condenados. Necesitamos recordar lo que la Biblia nos dice que: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros” (1 Juan 1:8); y que todos “pecamos y estamos destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23). 

Los judíos habían disfrazado su piedad a través de “guardar la Ley”. Si hubieran sido honestos, habrían confesado que la Ley era imposible de cumplir y acogieron la oportunidad de servir a Dios fielmente y no de manera hipócrita. 

Los judíos habían condenado con precisión las prácticas descritas por Pablo en Romanos, capítulo uno, pero también practicaban las cosas que ellos estaban condenando. Eso era hipocresía de la más alta orden. Ellos agradecieron a Dios que ellos no eran gentiles, y después actuaban como los gentiles que ellos menospreciaban. 

Necesitamos recordar que muchos judíos estiman a los fariseos; Jesús, sabiendo que las multitudes enfrentarían peligro espiritual si siguieran a estos maestros en sus acciones, los reprendió severamente: “¡Ay de ustedes, escribas y Fariseos, hipócritas, que recorren el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacen hijo del infierno dos veces más que ustedes!” (Mateo 23:15). Y Él los llamó de “¡Serpientes, generación de víboras!” (Mateo 23:33). 

Los judíos asumieron que, debido a que eran el pueblo elegido de Dios, escaparían de Su ira, tal como muchos piensan hoy. En el Antiguo Testamento, resistieron los pronunciamientos y advertencias de los profetas, sintiendo que la calamidad nunca llegaría, a pesar de que no estaban guardando los mandamientos de Dios. Sintieron que como hijos de Abraham, Dios de alguna manera los necesitaba; pero estaban equivocados. Es tan fácil sentir superioridad espiritual hacia lo demás debido a nuestra herencia espiritual o por nuestra pretensión de obedecer a Dios. 

Cuando Pablo escribe esto, es posible que él haya mirado su propia vida, ya que una vez que él fue culpable de lo mismo. Antes de conocer a Cristo, él era una de esas personas orgullosas e farisaicas que miraban a las personas “malas” que lo rodeaban. Pero cuando se encontró con Jesús en su camino a Damasco para matar a los cristianos, empezó a entender a través de la habitación del Espíritu Santo que él era culpable de los mismos pecados que estaba juzgando en los demás. 

Todos tenemos una tendencia a criticar en otros los pecados que excusamos en nosotros mismos. Debemos ser conscientes de que nuestros propios pecados, a los que estamos ciegos, no distorsionan nuestro juicio sobre los demás.

Sabemos que el juicio de Dios justamente cae sobre los que practican tales cosas. (Romanos 2: 2). 

Dios juzga sobre la base de la verdad, la condición real de la persona. Él juzga, la forma en que realmente son las cosas, no la forma en que aparecen; y un día, nosotros personalmente le responderemos. 

¿Y piensas esto, oh hombre, tú que condenas a los que practican tales cosas y haces lo mismo, que escaparás del juicio de Dios? ¿O tienes en poco las riquezas de Su bondad y tolerancia y paciencia, ignorando que la bondad de Dios te guía al arrepentimiento? (Romanos 2: 3-4). 

A veces nos podemos preguntar: ¿Por qué Dios no juzga a los adúlteros, los pervertidores de menores, los asesinos, los pedófilos, etc.? Cuando deberíamos enfocarnos en nosotros mismos y reflexionar, “¿Por qué Dios no me juzgó todavía por las cosas que hice y de las que aún no me he arrepentido ni cambiado?” 

Dios retarda Su juicio porque es bondadoso y paciente y quiere darnos tiempo para arrepentirnos. Pero si nos negamos a arrepentirnos, el juicio vendrá; podemos contar con eso. 

Recuerde que la bondad, la tolerancia y la paciencia de Dios no son una oportunidad para pecar; ¡es un llamado para arrepentirse! El arrepentimiento significa que examinamos nuestra mente y corazón primero antes de juzgar a alguien más. Dios es paciente: Él usó a Noé para llamar a las personas perversas a arrepentirse; Noé predicó y enseñó sobre el amor y el perdón de Dios, Su ira y juicio por cientos de años. Ninguna persona se arrepintió – 7 mil millones de personas se volvieron más perversas y malvadas todos los días en que vivían. Ellos eran tan malos y rebeldes que Dios tuvo que matar a todos ellos en el diluvio y Él salvó sólo a 8 personas; Noé y su familia. 

El punto en estos versículos se hace muy claro: si el moralista es tan culpable como el pecador obvio, ¿cómo escaparán del juicio de Dios? En la primera venida de Jesús, el carácter amoroso de Dios se reveló con gran énfasis; en la segunda venida de Jesús, el juicio justo de Dios será revelado claramente. 

Jesús enseñó: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” (Mateo 7:1-2). 

Entonces, ¿dónde te encuentras?

 

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