Posteado por: mvmspanish | febrero 13, 2020

EVENTOS CATASTRÓFICOS PASADOS Y FUTUROS – 2 Pedro 3:6-14

En los siguientes versículos leemos sobre eventos catastróficos en la tierra, uno que ya sucedió y dos aún por venir.  

Por la palabra y el agua, el mundo de aquel entonces pereció inundado. 

La primera devastación vino cuando el diluvio cubrió la tierra en los días de Noé, salvando solo a ocho personas justas (Génesis 6:8, Génesis 7:23). Después, Dios le prometió a Noé que nunca más destruiría la tierra por un diluvio (Génesis 9:13); sin embargo, dos eventos más en la Biblia predicen que Dios volverá a devastar la tierra. 

Y ahora, por esa misma palabra, el cielo y la tierra están guardados para el fuego, reservados para el día del juicio y de la destrucción de los impíos. 

Pedro nos dice que el mundo antiguo fue destruido por el agua, así como el mundo actual será destruido por el fuego. Él dice que es “por esa misma palabra.” Lo que quiere decir es que el Antiguo Testamento habla del diluvio en el pasado y advierte sobre la destrucción por fuego en el futuro. 

Pero no olviden, queridos hermanos, que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. 

Pedro no dice que un día son mil años; él dice que un día es como mil años. En otras palabras, está usando lenguaje figurado para exponer su punto. El punto es que el paso del tiempo no tiene relación con la fidelidad de Dios a Sus promesas. Por lo tanto, debemos esperar al Señor con tanta paciencia como lo hicieron los creyentes perseguidos del primer siglo, y como ellos “vivir vidas santas y piadosas mientras esperamos ansiosamente la venida del día de Dios” (versículos 11–12). 

El Señor no tarda en cumplir su promesa, según entienden algunos la tardanza. Más bien, Él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se arrepientan. 

Pedro explica que una razón de la demora en la venida del Señor es que Él está dando a los pecadores pacientemente la oportunidad de arrepentirse. Pero sería un gran error concluir que debido a que se demora, no vendrá en absoluto. Él vendrá; ¡No hay duda de esto! 

10 Pero el día del Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada. 

Cuando Pedro habla del día del Señor, no solo repite las palabras de Jesús en (Mateo 24:42-43), sino que también lo describe en términos de la doctrina del Antiguo Testamento del Día del Señor. 

El Día del Señor es una certeza que recorre todos los libros proféticos del Antiguo Testamento. Iba a venir sin previo aviso. Sería una época en que el universo sería sacudido a sus fundaciones. Sería un tiempo de terror como lo declararon los profetas del Antiguo Testamento como Isaías, Joel y Sofonías. 

  • “¡Miren! ¡Ya viene el día del Señor —día cruel, de furor y ardiente ira—; convertirá en desolación la tierra y exterminará de ella a los pecadores! Las estrellas y las constelaciones del cielo dejarán de irradiar su luz; se oscurecerá el sol al salir y no brillará más la luna…. Por eso haré que tiemble el cielo y que la tierra se mueva de su sitio, por el furor del Señor Todopoderoso en el día de su ardiente ira” (Isaías 13:9-13).
  • “Tiemblen todos los habitantes del país, pues ya viene el día del Señor; en realidad ya está cerca. Día de tinieblas y oscuridad, día de nubes y densos nubarrones” (Joel 2: 1-2).
  • “En el cielo y en la tierra mostraré prodigios: sangre, fuego y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre antes que llegue el día del Señor, día grande y terrible” (Joel 2:30-31).
  • “Ya se acerca el gran día del Señor; a toda prisa se acerca. El estruendo del día del Señor será amargo, y aun el más valiente gritará. Día de ira será aquel día, día de acoso y angustia, día de devastación y ruina, día de tinieblas y penumbra, día de niebla y densos nubarrones…” (Sofonías 1:14-18). 

Cuando encajamos otras profecías, como Isaías 65 y Apocalipsis 20, vemos que cuando Cristo regresa después de los 7 años de tribulación, reinará sobre la tierra en el trono de David por 1,000 años después de que la tierra sea restaurada de la devastación del período de la tribulación. Durante ese tiempo, habrá una paz sin precedentes en toda la tierra. Pero al final de ese tiempo, Satanás liderará una rebelión final y Dios destruirá a Sus enemigos con fuego (Apocalipsis 20:9). Como entendemos, este es el día que provocará la destrucción de los cielos por el fuego, y los elementos se derretirán con el calor de las llamas, de lo que Pedro habla en el versículo 12. 

Aunque Cristo aún no ha regresado en juicio, ese día aterrador vendrá, con consecuencias desastrosas para todos los que no se han arrepentido de sus pecados. El día del Señor vendrá; no hay ninguna duda al respecto y ciertamente sucederá para cada uno de nosotros el día de nuestra muerte, porque: “Está establecido que los seres humanos mueran una sola vez, y después venga el juicio” (Hebreos 9:27). 

No hay reencarnación, donde tienes otra oportunidad de mejorarte. No hay purgatorio, donde si suficientes parientes rezan y encienden velas y dan dinero a la iglesia, eventualmente llegan al cielo. Más bien, tienes una cita para morir y enfrentar a Dios en juicio. 

¿Estás listo para esa cita? 

Pedro continúa: 11 Ya que todo será destruido de esa manera, ¿no deberían vivir ustedes como Dios manda, siguiendo una conducta intachable 12 y esperando ansiosamente la venida del día de Dios? Ese día los cielos serán destruidos por el fuego, y los elementos se derretirán con el calor de las llamas. 

Pedro insta a la necesidad de estar bien con Dios antes de que este día horrible e ineludible venga en todo el mundo al preguntar qué tipo de personas deberíamos ser. Él quiere que los cristianos reflexionen sobre su comportamiento y obedezcan a Dios, a la luz de la realidad del juicio venidero y de la eternidad. Y al hacerlo, alienta a los cristianos a esperar ansiosamente el día de Dios que se refiere al estado eterno. 

Por lo tanto, nuestra vida debería estar marcada por una vida santa y piadosa como un testimonio para aquellos que no conocen al Salvador, y deberíamos contarles a otros acerca de Él para que puedan escapar del terrible destino que les espera a quienes Lo rechazan; mientras esperamos con ansia la anticipación de ” su Hijo a quien resucitó, que nos libra del castigo venidero” (1 Tesalonicenses 1:10). 

Toda la tierra natural en su forma actual, con todo su universo será consumida (Isaías 24:19-20; 34:4) al final; y luego los malvados serán juzgados en el Juicio del Gran Trono Blanco, arrojados al Lago de Fuego, mientras que Sus redimidos entrarán en el estado eterno para estar con el Señor para siempre. 

Sabiendo que el cielo y la tierra pasarán debería darnos un gran deseo de obedecer y agradar a Dios; dándonos cuenta de que este mundo no es nuestro hogar y que “según su promesa, esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva, en los que habite la justicia” (2 Pedro 3:13). 

Jesús nos dice que tengamos las prioridades correctas: “No acumulen para sí tesoros en la tierra. . . . Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo” (Mateo 6:19–20). 

Y Pedro, después de recordarnos la naturaleza temporal de este mundo, dice: “Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con Él.” (2 Pedro 3:14). 

Recuerde: “¡Terrible cosa es caer en las manos del Dios vivo!” (Hebreos 10:31) 

¡Cristo regresará repentinamente e inesperadamente, así que asegúrate de que tu vida esté limpia y lista para Su venida!

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