Posteado por: mvmspanish | septiembre 12, 2019

CÓMO VIVIR UNA VIDA QUE ES AGRADABLE A DIOS – Gálatas 5:16-17

Así que les digo: Vivan por el Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa. 17 Porque esta desea lo que es contrario al Espíritu, y el Espíritu desea lo que es contrario a ella. Los dos se oponen entre sí, de modo que ustedes no pueden hacer lo que quieren. (Gálatas 5:16-17) 

El primer paso para los creyentes en agradar a Dios es estar seguros de que estamos caminando por el Espíritu, no por los deseos de la carne, y esto solo puede suceder cuando aceptamos el sacrificio por el pecado que Él nos proveyó por la muerte de Jesucristo en la cruz. 

Pablo explica la diferencia entre la naturaleza pecaminosa y la naturaleza de aquellos regenerados por el Espíritu. El que vive en pecado tiene su mente establecida en deseos pecaminosos, mientras que aquellos regenerados por Cristo tienen una mente completamente nueva que está controlada por el Espíritu y desea vivir de acuerdo con la dirección del Espíritu Santo. La mentalidad pecaminosa es muerte, mientras que la mentalidad que proviene del Espíritu es vida y paz. La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo. Los que viven según la naturaleza pecaminosa no pueden agradar a Dios (Romanos 8:6-8).

Como vemos, agradar a Dios es una cuestión de vivir de acuerdo con Sus preceptos y mandamientos, como dijo Jesús: Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos (Juan 14:15). Requiere renunciar a nuestra voluntad, negar nuestro deseo natural de honor y aprobación, y tener nuestra mente fija en el Señor para mantener nuestros pensamientos puros en todo momento del día. 

¡Piensa sobre esto! Si Jesús entrara donde usted está actualmente, ¿se avergonzaría de lo que estaba haciendo o viendo? Si está haciendo algo que lo avergonzaría si otros lo vieran, es una clara indicación de que lo que está haciendo no le agrada a Dios. Sin embargo, cuando somos honestos con Dios acerca de nuestras debilidades, Él puede ayudarnos a superarlas si somos sinceros y queremos realmente cambiar. 

Los cristianos tienen la responsabilidad de dar muerte a su vieja naturaleza a través de la rendición diaria, o de lo contrario no pueden vivir una vida agradable a Dios. Aquellos que escuchan al Espíritu Santo no pensarán en cumplir los deseos de la carne, porque sus pensamientos están ocupados con la Palabra de Dios, Sus caminos y propósitos. 

La Biblia nos dice en Filipenses 4:8: Por último, hermanos, consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca elogio. Entonces, ¿qué domina tus pensamientos?

La vida que agrada a Dios está continuamente buscando conocer a Dios mejor y requiere un corazón obediente para que vivan de manera digna del Señor, agradándole en todo. Esto implica dar fruto en toda buena obra, crecer en el conocimiento de Dios (Colosenses 1:10). También requiere fe porque sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan (Hebreos 11:6). 

La Palabra dice que debemos ser imitadores de Dios, como hijos amados (Efesios 5:1). Así como Cristo, en Su perfección absoluta, vivió para agradar a Dios, debemos seguir Su ejemplo pasando tiempo en oración y estudiando la Palabra.

Jesucristo vivió una vida perfecta haciendo todo para la gloria de Dios. El apóstol Pablo buscó hacer lo mismo siguiendo el ejemplo de Cristo y también podemos imitar a Cristo al seguir obedientemente Sus pasos (1 Pedro 2:21) y al mostrarle amor y agradecimiento al ser fieles a Sus enseñanzas y mandamientos.

Recuerde atesorar cada día. No viva en el arrepentimiento constante del pasado o el miedo al futuro. Trate cada día como un regalo de Dios que realmente es, porque cada día es otra oportunidad para crecer en fe y comprensión. Le agradarás a Dios simplemente buscándolo día a día; como dijo el salmista: 

“Por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida. Aleja de tu boca la perversidad; aparta de tus labios las palabras corruptas. Pon la mirada en lo que tienes delante; fija la vista en lo que está frente a ti. Endereza las sendas por donde andas; allana todos tus caminos. No te desvíes ni a diestra ni a siniestra; apártate de la maldad.”

(Proverbios 4:23-27)

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