Posteado por: mvmspanish | agosto 29, 2019

¿QUÉ DICE LA BIBLIA SOBRE LA HUMILDAD? – Santiago 4:6 y 10

Dios se opone a los orgullosos, pero da gracia a los humildes. Humillaos delante del Señor y Él os exaltará.” (Santiago 4:6 y 10)

Estos versículos nos dicen que si nos humillamos bajo la poderosa mano de Dios, rindiendo nuestra propia voluntad, entonces Él nos dará la gracia que necesitamos para vivir una verdadera vida cristiana, y nos exaltará en Su tiempo.

Andrew Murray llama la humildad de “el lugar de dependencia total de Dios.” Y añade que “la humildad no es tanto una virtud; es la raíz de todo, porque solo asume la actitud correcta ante Dios, y le permite a Él como Dios hacer todo… Es simplemente el sentimiento de rendición total, que surge cuando vemos que Dios realmente es todo, y abrimos el camino para que Él sea todo.”

Ser humilde es tener la misma mentalidad como Jesucristo. Él existió en la forma de Dios, pero no consideró la igualdad con Dios; sino que se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres. Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz(Filipenses 2:7-8).

Jesús es el ejemplo supremo de la humildad. Él no valoró Su importancia personal ni Su honor, sino que se entregó libremente en cada situación para que la voluntad de Dios pudiera cumplirse y Dios pudiera ser glorificado a través de Su vida.

La Biblia dice que cuando somos humildes; estamos libres del orgullo y de la arrogancia. Entonces somos capaces de ser pacificadores sin necesidad de luchar por nuestros derechos; y somos capaces de caminar humildemente en el poder del Espíritu Santo de Dios.

Tenemos que entender que ser un humilde siervo de Cristo requiere que nos sometamos a Su liderazgo, con respecto a lo que debemos hacer, cómo debemos llevar a cabo Su voluntad y dónde nos quiere que sirvamos. No hay espacio para la búsqueda propia o la promoción propia; nuestra única preocupación debería ser la obediencia, con el objetivo de que solo Dios obtenga la gloria.

A veces nos preocupamos por encontrar nuestro propósito en la vida para que podamos obtener un sentido de utilidad y realización personal. Aunque nos beneficiamos de servir al Señor de acuerdo con la forma en que Él nos ha dotado, ese no debería ser nuestro motivo principal. Un espíritu humilde no vela por sus propios intereses, sino que piensa en los demás; esta es la actitud que tuvo Cristo. Él voluntariamente dejó el cielo para tomar forma humana para ir a la cruz, lo cual fue un acto humilde de obediencia al Padre para que pudiéramos ser salvos.

¿Tienes la actitud correcta cuando se trata de seguir a Cristo? Pedro tuvo que renunciar a sus deseos personales y su egoísmo. Pablo tuvo que rendirse y renunciar a su posición entre los fariseos. La humildad en la vida del creyente es la marca de la grandeza, no porque brillamos cuando somos humilde, sino porque cuando nos sometemos a la voluntad de Dios, Él brilla a través de nosotros.

Desde la perspectiva del mundo, la humildad es debilidad. Pero en realidad es fuerza porque requiere el poder sobrenatural del Espíritu Santo para vencer nuestro egocentrismo natural. En lugar de ser un signo de debilidad, en realidad es un signo de la vida de Cristo en nosotros.

Cuando somos humildes, podemos calmar argumentos y no tenemos que ganar cada disputa, recordando que “una respuesta suave aplaca la ira, pero la palabra áspera hace subir el furor” (Proverbios 15:1).

Podemos manejar el tratamiento injusto pacíficamente cuando somos humildes y podemos responderle sin ser vencidos por la amargura. La humildad piadosa significa que no sentimos una necesidad de venganza o represalia; como la Escritura nos instruye, “quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería, maledicencia y toda malicia. Antes sed bondadosos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:31-32).

Cuando somos humildes, nosotros podemos responder a y aprender de la crítica sin ser defensivo, si es merecido o no; podemos perdonar y hablar cortésmente y tiernamente, independientemente de la situación; porque, cuando como creyentes escuchamos a nuestro Padre, Él nos deja saber que debemos examinar nuestros motivos y actitudes antes de hacer cualquier cosa. Incluso si tenemos que ser firmes o tomar acciones fuertes tenemos que recordar que “ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” (Efesios 4:29).

Cuando entendemos y ponemos en práctica lo que la Biblia dice sobre la humildad podemos vivir pacíficamente y humildemente en la vista de Dios y nuestro prójimo.

Y, cuando empezamos a reconocer que no podemos hacer nada valioso aparte del Señor, habremos comenzado a caminar en el camino de la humildad. Cuando renunciamos todos nuestros planes y, en su lugar, aceptemos los de Dios, estamos dejamos atrás nuestro orgullo. Si nos malinterpretan o nos tratan injustamente, pero nos quedamos donde estamos hasta que el Señor nos diga qué decir o dónde movernos, entonces habremos comenzado a vivir la vida humilde que agrada a nuestro Salvador.

Jesús ofrece ser nuestro Maestro para que podamos aprender las lecciones piadosas de la humildad. Recuerde que la humildad es una cualidad que todo creyente en Cristo necesita poseer porque “cuando viene la soberbia, viene también la deshonra; pero la sabiduría está con los humildes (Proverbios 11:2).

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