Posteado por: mvmspanish | julio 25, 2019

TENEMOS UN DIOS AMOROSO DE SEGUNDAS OPORTUNIDADES – Salmo 86:15

Las personas pueden decirnos que han arruinado su vida y destruido la esperanza de que algo bueno venga en su camino; pero eso no es verdad. Cuando estamos desesperados y pensamos que nuestra vida está destruida, es en ese preciso momento donde Dios quiere llamar nuestra atención y hacer algo maravilloso, ¡si Lo permitimos! Cuando le pedimos a Dios que tome el control de la situación, Él nos guiará y comenzaremos a darnos cuenta de que es capaz de hacer muchísimo más que todo lo que podamos imaginarnos o pedir, por el poder que obra eficazmente en nosotros, ¡a él sea la gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos! Amén” (Efesios 3:20-21).

La Biblia está llena de personas que han recibido una segunda oportunidad, e incluso una tercera y una cuarta oportunidad: Jonás, Sansón, Zaqueo, Pedro, el ladrón en la cruz y otros.

David fue la elección de Dios para ser el rey de Israel y uno a quien Dios declaró ser “un hombre conforme a su corazón.” Pero David se acostó con Betsabé, la esposa de uno de sus oficiales más leales del ejército. David mató a su esposo en la batalla y se casó con ella. Dios envió a Natán el profeta para confrontar a David y él se arrepintió (Salmo 51), y Dios perdonó el pecado de David. Aunque el niño nacido de David y Betsabé murió, Dios restauró a la pareja y los hizo padres del gran Rey Salomón, cuyo descendiente fue Jesucristo, como leemos en 2 Samuel 11 y 12.

Uno de los aspectos sorprendentes del carácter de Dios es su increíble paciencia con nosotros. El Salmo 86:15 nos dice: “Pero tú, Señor, eres Dios clemente y compasivo, lento para la ira, y grande en amor y verdad.” Y en Miqueas 7:18 leemos: “¿Qué Dios hay como tú, que perdone la maldad y pase por alto el delito del remanente de su pueblo? No siempre estarás airado, porque tu mayor placer es amar.”

No importa lo que hayamos hecho, Dios nos ama y está ansioso por perdonarnos; sólo tenemos que pedir. Nada es demasiado grande para que Dios lo perdone, porque si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad (1 Juan 1:9).

Dios restaurará un corazón humilde una vez que aceptemos las consecuencias de nuestras malas acciones. Talvez tenemos que devolver algo de dinero, pedir disculpas a alguien, pagar una multa o sanción, recuperar la confianza de otra persona o corregir un problema que ayudamos a crear. Incluso si esto significa admitir que estamos equivocados y nos sentimos avergonzados, estos pasos importantes deben tomarse para obedecer a Dios y aprender a vivir en obediencia a Él. El Salmo 25:9 dice: “Él dirige en la justicia a los humildes, y les enseña su camino.”

Incluso si nos hemos rendido a nosotros mismos, Dios no se da por vencido con nosotros. A lo largo de las Escrituras, el Señor le ruega a Su pueblo que se aparte del orgullo, del pecado y de la rebelión y regrese a Él. Si elegimos no obedecer a Dios y seguir nuestro propio camino, Él nos persigue; Él nunca se da por vencido con nosotros, incluso cuando insistimos tontamente en hacer las cosas a nuestra manera y elegimos desobedecerlo. Él nos permite lidiar con las consecuencias de nuestra desobediencia, pero nunca está lejos, esperando que regresemos a Él. Cuando finalmente dejamos de luchar, reconocemos nuestro pecado y clamamos a Él, Él viene con los brazos abiertos para darnos lo que más necesitamos, ¡Él mismo, porque nos ama! Joel 2:13 nos dice: Vuélvanse al SEÑOR su Dios, porque él es bondadoso y compasivo, lento para la ira y lleno de amor, cambia de parecer y no castiga.

El propósito de Dios es santificarnos, hacernos como Jesús y convertirnos en personas amorosas y maduras; sin embargo, para algunos, estos cambios llevan tiempo. ¡Esta vida es el proceso que nos prepara para la próxima! ¡Así que cuando tropezamos y caemos, no debemos rendirnos! Necesitamos levantarnos y mantener nuestro enfoque en Jesús, ¡incluso si tenemos que cojear por un tiempo! Por tanto, también nosotros, que estamos rodeados de una multitud tan grande de testigos, despojémonos del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos por delante. Fijemos la mirada en Jesús, el iniciador y perfeccionador de nuestra fe. . . . (Hebreos 12:1-2).

Si ha perdido su orientación en la vida y se ha ido en la dirección equivocada, hay buenas noticias, ¡Dios lo está esperando! Te considera demasiado valioso para perder. Como Jesús les dijo a Sus discípulos: Si un hombre tiene cien ovejas y se le extravía una de ellas, ¿no dejará las noventa y nueve en las colinas para ir en busca de la extraviada? Y, si llega a encontrarla, les aseguro que se pondrá más feliz por esa sola oveja que por las noventa y nueve que no se extraviaron. Así también, el Padre de ustedes que está en el cielo no quiere que se pierda ninguno de estos pequeños (Mateo 18:12-14).

Así como Dios es paciente y perdonador, quiere que Sus hijos sean pacientes y perdonen a los demás. “Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia” (Colosenses 3:12). El Señor nos da segundas oportunidades, y debemos dar lo mismo a los demás. Jesús da una advertencia severa a aquellos que se niegan a perdonar, diciendo que si no perdonamos a otros, Dios no nos perdonará (Mateo 6:15; Efesios 4:32; Colosenses 3:13). Si alguien está verdaderamente arrepentido, entonces estamos obligados a perdonar (Mateo 18:21-22).

A veces una persona necesita tocar fondo, porque solo entonces Dios puede trabajar con ellos y llevarlos a sus sentidos. Dios hace todo lo posible para llevarnos al arrepentimiento, ofreciendo perdón y segundas oportunidades (2 Pedro 3:9); pero si continuamos rechazándolo, la oferta se retira y, al morir, no hay más posibilidades (Hebreos 9:27).

Evangelizar y compartir el evangelio es simplemente un pródigo que dice a otro prodigio que la sangre ha sido derramada, que el precio ha sido pagado y que el Padre está esperando y deseando que regrese a casa.

Por favor recuerde que “El gran amor del SEÑOR nunca se acaba, y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!” (Lamentaciones 3:22-23).

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