Posteado por: mvmspanish | agosto 16, 2018

LA ERA DE LA APOSTASIA – 1 Timoteo 4:1

La apostasía significa el abandono de una lealtad previa; es una deserción consciente, en términos bíblicos, es un acto de negarse a seguir obedeciendo a la Palabra de Dios.

A lo largo de la historia de la Iglesia, hemos visto una partida continua de personas y de iglesias de la fe de los apóstoles. Por más trágico que esto haya sido, no debería sorprendernos, porque Pablo nos advirtió que: “El Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos se apartarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1).

Poco después de que nuestro Señor comenzó a edificar Su Iglesia, el apóstol Juan registra una de las primeras ocurrencias de apostasía. “Ellos salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros. Pero salieron, a fin de que se manifestara que no todos son de nosotros” (1 Juan 2:19). Desde entonces, muchos otros cristianos profesos, iglesias, denominaciones y seminarios, que una vez defendieron la verdad y la autoridad de la Palabra de Dios, se han desviado hacia la apostasía. Una de las características interesantes de la apostasía es que no ocurre de la noche a la mañana y, en realidad, se desarrolla a lo largo de un período de tiempo. Sin embargo, ha aumentado de forma constante a un ritmo alarmante en los últimos 120 años.

Centrémonos en algunos signos bíblicos que muestran claramente que la apostasía está ocurriendo.

Primero – La palabra de Dios se descuida como la autoridad suprema de nuestra fe. Las palabras y la sabiduría del hombre se vuelven tan importantes como la Palabra de Dios. La gente comienza a seguir personalidades “cristianas” en lugar de la Palabra de Dios. Los líderes religiosos descartan los planes del Señor para construir su iglesia y crear su propia estrategia. El poder del Evangelio es debilitado y está siendo comprometido por líderes religiosos que están más preocupados por el crecimiento de su iglesia y conquistar un número mayor de seguidores que en predicar la verdad. El evangelismo bíblico es sustituido por los métodos de conversión del hombre y, llevando falsamente a las personas a creer que, por haber realizado algún ritual, o por haber dicho una oración, son salvas. Las iglesias les dan a las personas lo que quieren en lugar de lo que necesitan. La búsqueda de la santidad y la santificación se descuida cuando Dios dice claramente: “Sed santos porque yo soy santo” (1 Pedro 1:16). Las advertencias bíblicas para exponer a los falsos maestros son ignoradas. Los contendientes de la fe son etiquetados como divisivos e intolerantes. Las mujeres pueden enseñar a los hombres.

Segundo – Las Escrituras son torcidas y distorsionadas para sus agendas de interés propio. La verdad se vuelve subjetiva y relativa. El error doctrinal y el pecado son tolerados por líderes religiosos que descuidan su responsabilidad de proteger a las ovejas. Satanás siembra su cizaña con poca resistencia. El Evangelio se vuelve más amplio para atraer a más personas. La predicación expositiva se reemplaza por mensajes atractivos y chistes.

La ignorancia bíblica de aquellos que están sentados en los bancos de la iglesia proporciona un terreno fértil para que los falsos maestros prosperen. La exhortación para luchar fervorosamente por la fe es ignorada (Judas 1:3). La gente honra a Dios con palabras, pero sus corazones están lejos de Él (Mateo 15:8). Los hombres “infalibles” afirman ser sucesores de los apóstoles y son acogidos como hermanos en Cristo. Hombres impíos entran sin ser notados y transforman la gracia de nuestro Dios en libertinaje (Judas 1:4). Los defensores de la fe son expulsados.

Tercero – El entretenimiento impío, las presentaciones teatrales, la danza y las actividades que divierten la atención, reemplazaron al Señor Jesús del foco central de la adoración. Los líderes religiosos están más interesados ​​en entretener las cabras que alimentar a las ovejas. Los mensajes que agradan su oído le dan a la gente lo que quieren en lugar de lo que necesitan (2 Timoteo 4:3). La sana doctrina y la verdad se suprimen por el bien de la unidad ecuménica “universal”. Los corazones se endurecen y el amor a Dios se enfría (Mateo 24:12). El error doctrinal florece y es abrazado con orgullo obstinado. No hay amor por la verdad y no hay discernimiento. La gente no apoya nada y se apasionan por todo. Hay una apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder (2 Timoteo 3:5). La idolatría es practicada y promovida. El pecado y los estilos de vida inmorales son tolerados. Las mujeres son ordenadas como líderes religiosos.

Cuarto – La enseñanza está fuertemente influenciada por las doctrinas de los demonios (1 Timoteo 4:1). Jesús fue removido de la iglesia. La decepción está completa. Signos mentirosos y maravillas, incluyendo apariciones, son aceptados como mensajes celestiales cuando de hecho provienen de Satanás. La idolatría y las oraciones a los muertos son alentadas. Aquellos que proclaman la verdad del Evangelio son condenados con anatema o muerte. La gracia se convierte en licencia para pecar. No hay más evidencia del fruto del Espíritu que es amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y dominio propio (Gálatas 5:22-23). La gracia y el perdón de Dios se venden por un precio. El candelabro de la iglesia fue removido y un cierto juicio aterrador es inevitable.

Tal vez estás en una iglesia o denominación que está cayendo en apostasía. ¿Te usará Jesucristo para luchar fervientemente por la fe y proteger la santidad de Su Iglesia? En estos últimos días de creciente apostasía y decepción, todos necesitamos prestar atención a la advertencia de Pedro y alentar a otros a hacer lo mismo: “Por tanto, amados, sabiendo esto de antemano, estén en guardia, no sea que arrastrados por el error de hombres libertinos, caigan de su firmeza” (2 Pedro 3:17).

La apostasía nos rodea en diversos grados. Como cristianos, debemos estar muy seguros de que nos aferramos a la verdad de la palabra de Dios y resistimos a la Iglesia Emergente, la Nueva Era, el ecumenismo y el secularismo que nos rodea. Necesitamos mantenernos firmes en la palabra de Dios y nunca avergonzarnos de la verdad del Evangelio: “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree, del Judío primeramente y también del Griego” (Romanos 1:16).

Necesitamos advertir a las personas contra la apostasía y la necesidad de avanzar en la fe, dando frutos como ramas atadas a la vid. Hebreos 3:12-13 nos insta a: “Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que los haga apartarse del Dios vivo. Más bien,…anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado.”

La apostasía es un desafío contra Dios porque es una rebelión contra la verdad. Entonces, ¿defenderás la gloria y el honor de nuestro gran Dios y Salvador y protegerás la pureza de Su Evangelio? Que la Palabra de Dios nos exhorte y anime a pelear la buena batalla de la fe (1 Timoteo 6:12), porque la Biblia nos advierte que “en los últimos días vendrán tiempos difíciles” (2 Timoteo 3:1) y muchos tendrán la “apariencia de piedad, pero negará su poder” (2 Timoteo 3: 5). La mejor manera de evitar la apostasía y rechazar las enseñanzas de los apóstatas es leer la Palabra de Dios y estudiarla, porque la mejor manera de identificar la falsificación es conocer la verdad genuina de la Escritura.

 

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