Posteado por: mvmspanish | julio 5, 2018

TRATANDO CON EL PECADO EN LA IGLESIA – Mateo 18:15-17

“Desháganse de la vieja levadura para que sean masa nueva…” (1 Corintios 5:7) 

Pablo está ordenando a la iglesia en Corinto que se deshaga de la vieja levadura, para que sean masa nueva sin levadura. La levadura en la Biblia está representada por cualquier tipo de pecado. Si pones una pequeña cantidad de levadura en la harina, se extiende por toda la masa (1 Corintios 5:6). Pablo está diciendo simbólicamente que la iglesia debe disciplinar al hombre pecado y si eso no funciona, tenían que expulsar a la persona malvada para que la pureza de la iglesia fuera restaurada y el pecado no se extendiera más (vs. 5:13). 

Este principio se puede observar en una familia. Si los padres no disciplinan de manera consistente e imparcial a un niño desafiante, muy pronto los otros niños aprenderán que no hay consecuencias si desobedecen a sus padres. El pecado del primer hijo se extiende a los demás. Lo mismo sucede en la escuela con un maestro que no aplica la disciplina. Pronto toda la clase está fuera de control. En el nivel del gobierno, si las autoridades no hacen cumplir las leyes, todo el país pronto se convierte en anarquía. 

En la iglesia local, Dios ha dado autoridad a los ancianos piadosos que están viviendo una vida santa (Hebreos 13:17). Parte de su responsabilidad es mantener los estándares de santidad de Dios y hacer todo lo que puedan para mantener a la iglesia pura desde el punto de vista doctrinal y moral. Porque, si no sostenemos los estándares de santidad de Dios, la iglesia no tardará en volverse como el mundo. 

La Escritura es clara en cuanto a que la iglesia debe distinguirse del mundo al estar separada para Dios, que es santo. La iglesia necesita estar dispuesta a distanciarse de este mundo corrupto. Como 1 Juan 2:15 describe: “No amen al mundo ni nada de lo que hay en él. Si alguien ama al mundo, no tiene el amor del Padre.” 

Necesitamos entender que la Biblia es clara en que no podemos amar a nuestros hermanos en Cristo si no tratamos con sus pecados de la manera que Dios lo ordena. Dios nos disciplina para nuestro bien, para que podamos compartir su Santidad… y él castiga a todos los que acepta como su hijo (Hebreos 12:10, Hebreos 12:6). Necesitamos entender que el pecado destruye a las personas y las relaciones; por lo tanto, ser indiferente hacia alguien que está pecando es realmente odiar a esa persona. 

El pecado es como la levadura, se propaga. Es como una enfermedad contagiosa que, si no se atiende, infectará a los demás. Es por eso que Santiago 5:19-20 dice: “Hermanos míos, si alguno de ustedes se extravía de la verdad, y otro lo hace volver a ella, recuerden que quien hace volver a un pecador de su extravío lo salvará de la muerte…” El amor cristiano busca apartar a un pecador de su pecado aplicando el amor de Dios y su Palabra. 

El objetivo en la disciplina de la iglesia nunca es vengativo. No buscamos castigar a las personas o expulsarlas de la iglesia. Nuestro objetivo es restaurar al delincuente. En Gálatas 6:1, Pablo escribe, “hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado”, es decir, debemos hacerlo sin ser arrogantes, pero con cuidado, recordando que la humildad no significa debilidad, sino fuerza bajo el control del Espíritu Santo. 

Algunos podrían preguntar, “¿y si no funciona?” La respuesta es que debemos ser obedientes a Dios y dejarle los resultados a Él. No hay garantía bíblica de que funcione siempre. Jesús dijo, “si tu hermano peca contra ti, ve a solas con él y hazle ver su falta. Si te hace caso, has ganado a tu hermano” (Mateo 18:15).

El objetivo no es “para descargar nuestro descontento” dejando que la persona que está pecando sepa cuán equivocados están. El objetivo es hacer que escuchen lo que dice la Escritura para que vuelvan al Señor, porque la Palabra de Dios es la máxima autoridad.

Jesús dice que si tienes conocimiento del pecado de tu hermano en Cristo, entonces tú eres el que debes ir a él. Antes de ir, debemos orar y pedir la orientación y el discernimiento a nuestro Padre celestial. Necesitamos revisar nuestro propio corazón, para asegurarnos de haber sacado la viga de nuestros propios ojos (Mateo 7:3-5). Y debemos verificar nuestros motivos para asegurarnos de que no vamos a tratar de demostrar que están equivocados y nosotros tenemos razón, porque si ese es el caso, vamos por la razón equivocada. 

También debemos asegurarnos de obtener hechos reales. Si alguien nos cuenta sobre el pecado de otra persona, dígale al informante que vaya directamente a la persona que cometió el pecado siguiendo estos ejemplos bíblicos. No recurrimos a alguien por rumores o chismes, a menos vamos personalmente para descubrir los hechos. Necesitamos ir con gentileza y sabiduría recibida a través de la oración, con el objetivo de restaurar al hermano a Dios y a aquellos a quienes ha perjudicado. Si la persona pecadora sabe que realmente nos preocupamos por ellos, será más probable que escuchen y respondan positivamente. 

Si la persona no nos escucha, Jesús dice que tome dos o tres testigos (Mateo 18:16). Estos pueden ser otros que conocen el problema o pueden incluir líderes de la iglesia. El objetivo es fortalecer la reprensión y hacer que el delincuente se dé cuenta de la gravedad de la situación. El objetivo es llevar al pecador al arrepentimiento y a la restauración. 

Y en último recurso, Jesús dice: Y si rehúsa escucharlos, dilo a la iglesia; y si también rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el pagano y el recaudador de impuestos (Mateo 18:17). 

Si el pecado tiene que hacerse público, si el pecado de alguien está dañando la reputación de la iglesia, la persona necesita ser expuesto y retirado de la confraternidad rápidamente. 

Si después de un tiempo, la persona expresa un arrepentimiento genuino, que implica dolor piadoso por su pecado (2 Corintios 7:10) y se arrepiente y se vuelve a Dios y demuestra su arrepentimiento por sus obras (Hechos 26:20), entonces la iglesia debería ser informado y la persona debe ser perdonada y aceptada de nuevo en la confraternidad. El proceso de restauración debe incluir instrucción para ayudar a la persona a crecer y evitar el pecado en el futuro. 

Una iglesia debe ser una comunidad de pecadores perdonadores que, por la gracia de Dios, están llevando una vida de santidad y obediencia a nuestro Señor. No nos atrevemos a caer en el orgullo espiritual al pensar que somos mejores que un miembro que ha caído en el pecado. Pablo dice que nuestra respuesta al pecado en un miembro de la iglesia debe ser lamento (1 Corintios 5:2). 

Debemos ser conscientes de que si no nos ocupamos de aquellos que se niegan a arrepentirse del pecado como lo ordena el Señor, Su iglesia pronto se mezclará con el mundo y la sal perderá su sabor. El Señor advierte que vendrá y quitará nuestro candelabro (Apocalipsis 2:5). 

Por lo tanto, debemos practicar la disciplina bíblica de la iglesia hacia aquellos que profesan ser cristianos y persisten en el pecado. E, para hacerla santa Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable (Efesios 5:6-7).  

Así que ten cuidado y, cuídense de que nadie los cautive con la vana y engañosa filosofía que sigue tradiciones humanas, la que está de acuerdo con los principios de este mundo y no conforme a Cristo (Colosenses 2:9).

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