Posteado por: mvmspanish | mayo 17, 2018

LA DOCTRINA ASOMBROSA DE JESÚS – Mateo 7:28-29

“Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de Su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (Mateo 7:28-29) 

La Biblia dice que estaban “admirados con Su doctrina” (enseñanza). Ellos se quedaron admirados; y quien podría culparlos, ellos realmente nunca habían escuchado a alguien hablar o enseñar como Cristo. 

Las multitudes estaban asombradas de las enseñanzas de nuestro Señor, ya que sus oídos estaban acostumbrados a escuchar a los maestros fariseos de la Ley que eran un mero reflejo de la autoridad, y no muy bueno en eso. Jesús, por otro lado, fue y es la máxima Autoridad. Él posee todo el poder y el conocimiento; ¡y esta diferencia fue extremadamente obvia para Sus oyentes!

Los fariseos eran un mero pretexto, incapaces de cumplir lo que predicaban; ellos estaban recitando pasajes memorizados, mientras que Jesús, que habló el mundo a la existencia, hablaba con autoridad. 

Había muchos ‘rabinos’ que habían dedicado toda su vida a estudiar las Escrituras, pero la enseñanza de Jesús alcanzó a la multitud como especial. Él los recordó de las recompensas por la perseverancia en amar a Dios, Él expuso las palabras de Dios como la base en la cual ellos podían confiar, y luego reveló su significado, contrastando Su autoridad con la enseñanza tradicional. 

Jesús enseñó con una comprensión segura de la intención de la ley, y Él no estaba simplemente recitando lo que las Escrituras decían o citando las opiniones prevalecientes de los escribas; los teólogos profesionales de sus días y la autoridad en materia de “ley religiosa”. Su mensaje era radicalmente diferente de la de ellos y eso dejó a la multitud atónita. 

En Mateo 7:28 encontramos la primera mención de “doctrina” (didache en griego) en el Nuevo Testamento y, como tal, es significativo que se refiera a las doctrinas enseñadas por Cristo en el Sermón de la Montaña. También es significativo que existan otros cuatro versículos que nos dicen que Sus oyentes estaban “admirados con Su doctrina” (Mateo 22:33, Marcos 1:22, 11:18, Lucas 4:32). 

No es de extrañar que Él pudiera hablar con autoridad, pues: “Mi doctrina no es mía“, dijo Él, “sino del que me envió” (Juan 7:16). 

Pablo también pudo enseñar esta asombrosa doctrina porque él tuvo el cuidado de enseñar solamente la Palabra de Dios. Y así también podemos nosotros de la misma manera creer y enseñar sólo en el contexto de la autoridad infalible, doctrinal de la Palabra de Dios. 

Desafortunadamente, hoy se ha puesto de moda, incluso en muchas iglesias evangélicas, evitar la “doctrina” a favor de la “discusión” y el “cristianismo personal”. Este es un gran error y explica en gran parte la creciente secularización de nuestra sociedad y el débil testimonio de la iglesia cristiana. La Biblia nos dice claramente que debemos nos mantener firmes en la palabra confiable, según se enseña, para que podamos dar instrucciones en sana doctrina y también reprender a aquellos que la contradicen – Tito 1:9. 

La doctrina y la enseñanza son lo mismo, y por lo tanto, las palabras de despedida del Señor a Sus discípulos es enseñar “todas las cosas que os he mandado” (Mateo 28:20). Esta es una parte integral de la gran comisión de Cristo. Es imperativo que nosotros, como Pablo, enseñemos “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:27), porque “todo que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios”. Sin embargo, “el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo” (2 Juan 1:9). 

Entonces, ¿por qué debemos estudiar y enseñar la doctrina cristiana? 

  • Porque revela la verdad acerca de Dios, Jesucristo, el Espíritu Santo, las Escrituras, la salvación, la humanidad, el pecado, los eventos futuros (etc.), dándonos una perspectiva correcta del mundo en que vivimos (Juan 17:17; 1 Juan 5:20).
  • Revela la obra de redención de Dios. Es la verdad lo que conduce a la salvación (Juan 8: 31-32).
  • Nos da instrucciones sobre cómo debemos vivir (2 Timoteo 3:16-17).
  • Nos hace conscientes del error y de la enseñanza falsa. Primero debemos conocer la verdad para reconocer el error (2 Timoteo 2:15).
  • Entonces, nos permite defender la verdad contra el error (1 Pedro 3:15, 2 Timoteo 4:3-5).
  • Aumenta y fortalece nuestra fe. (Efesios 4:14) 

¡Y el hecho más importante es que al aplicar la doctrina, nos dará una mayor motivación para vivir una vida santa y dedicada para Él! (Colosenses 2: 6-7). 

Bienaventurados los que guardan Sus testimonios (doctrinas, enseñanzas) y con todo el corazón le buscan (Salmo 119:2).

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