Posteado por: mvmspanish | diciembre 7, 2017

GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS – EL REY HA NACIDO – Lucas 2:14

“¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” (Lucas 2:14) 

Durante esta época del año cuando celebramos el nacimiento de nuestro Salvador; aunque nadie sabe la fecha exacta del nacimiento de nuestro Señor, debemos exaltar Lo y honrarlo por lo que Él ha hecho; porque en Su encarnación, en el descenso de Su posición majestuosa desde la eternidad pasada, Él fue hecho a semejanza de los hombres a través de una concepción milagrosa y un nacimiento virginal. Jesús nació de una mujer para poder morir por Su pueblo, “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos” (Gálatas 4:4-5). 

El Hijo de Dios entregó Su gloria en el cielo y la adoración de los ángeles para venir a la tierra y ser rechazado por los suyos (Juan 1:11). “Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos” (Isaías 53:3). Su venida a la tierra fue un descenso voluntario de Su posición como el majestuoso Rey del universo para convertirse en esclavo, debido a Su amor por nosotros. Su propósito era que el hombre caído se reconciliara con el Padre, por lo tanto, vino como un siervo sufriente para dar Su vida en rescate por muchos (Mateo 20:28). 

En este gran acto de humildad y amor por nosotros, el Hijo del Hombre fue deshonrado, avergonzado, burlado, golpeado y azotado, y sin embargo permaneció en silencio, “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Filipenses 2:8). Su descenso divino alcanzó su punto más bajo cuando el Hijo del Hombre perfecto y sin pecado se hizo pecado por nosotros, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Corintios 5:21). Mientras colgaba en la cruz, asumiendo los pecados de la humanidad y pagando por ellos, el inmaculado Hijo de Dios clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46).  

Necesitamos entender que Jesús no estaba cuestionando a Dios; Él estaba citando el primer versículo del Salmo 22, una expresión profunda de la angustia que sintió cuando tomó los pecados del mundo, lo que causó que fuera separado de Su Padre. La agonía física fue horrible, pero aún peor fue el período de separación espiritual de Dios. Esto era lo que temía Jesús cuando oró a Dios en el jardín de Getsemaní para si fuera posible, que pase de Él esta copa (Mateo 26:39). 

Después de que el Hijo del Hombre experimentó la profundidad del dolor, la humillación y la muerte, Dios lo levantó gloriosamente de entre los muertos (Mateo 28:6). Su obra perfecta de redención fue terminada, la justicia divina se cumplió y el poder del pecado y la muerte fue derrotado. Cuarenta días después, Jesús ascendió a la gloria del cielo (Hechos 1:9). El siervo sufriente fue levantado para ser el Pastor soberano de Sus ovejas y un abogado para con el Padre (1 Juan 2:1). “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:9-11). 

Como Señor de señores, Su nombre merece toda dignidad, honor, poder y posición; y Dios “lo sentó a su derecha en las regiones celestiales, muy por encima de todo gobierno y autoridad, poder y dominio, y de cualquier otro nombre que se invoque, no solo en este mundo, sino también en el venidero” (Efesios 1:20-21). 

Nuestro Creador y Salvador fue crucificado para ser coronado Rey de reyes. Habiendo “soportado la cruz”, Él “ahora está sentado a la derecha del trono de Dios” (Hebreos 12:2). Nuestro perfecto Sumo Sacerdote, se ofreció a sí mismo como el único sacrificio aceptable, a un Dios perfecto que exige la perfección y luego declaró en victoria: “Consumado es”  (Juan 19:30). 

Como nuestro Sumo Sacerdote, Él puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos (Hebreos 7:25). Después de Su perfecta obediencia a la voluntad de Su Padre, el Señor Jesús regresó a la gloria que tuvo con el Padre antes de que el mundo fuese (Juan 17:5). 

Que Dios nos conceda una mayor comprensión del amor insondable que Jesús tiene para nosotros, para que nuestros corazones se llenen de un mayor amor y lealtad para Él. Y cualquiera que sea el tiempo, que proclamemos siempre las excelencias de Aquel que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable (1 Pedro 2:9). 

Jesús, el Hijo de Dios, nuestro Redentor es el único que merece toda la gloria: “Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén” (1 Timoteo 1:17). ) 

En nuestro ministerio de ‘Mission Venture’ lo serviremos en cualquier momento, en cualquier lugar y haremos cualquier cosa para Él, ¡porque solo Jesús es digno de toda nuestra alabanza y honor! 

¡Hombres y mujeres sabios todavía lo buscan, lo obedecen y lo adoran!

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