Posteado por: mvmspanish | octubre 19, 2017

LECCIONES DEL RICO INSENSATO – Lucas 12: 17-20

“Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te van a reclamar la vida. ¿Y quién se quedará con lo que has acumulado?'” (Lucas 12:20) 

Este versículo da la advertencia de Dios a las personas cuya preocupación dominante es la acumulación de posesiones materiales. Tal persona es, por el propio testimonio del Señor, un necio. 

Pero antes de que el hombre en esta parábola se convirtiera en un insensato codicioso, primero se convirtió en un individuo egocéntrico interesado solo en sus propios deseos. En los versículos que comprenden su monólogo en (Lucas 12:17-19), él usó los pronombres personales “yo” y “mi” no menos de once veces. 

Y él pensaba dentro de , diciendo: “¿Qué haré (yo), porque (yo) no tengo donde guardar mis frutos?” 18 Y dijo: “Esto (yo) haré: derribaré mis graneros y (yo) los edificaré más grandes, y allí (yo) guardaré todos mis frutos y mis bienes; 19 y (yo) diré a mi alma: ‘Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; descansa, come, bebe y regocíjate.’” 

“Mi” es el pronombre del diablo. Fue Satanás quien primero dijo “yo.” “Subiré al cielo, exaltaré mi trono por encima de las estrellas de Dios:. . . Seré como el Altísimo” (Isaías 14:13-14). La codicia egoísta de Lucifer trajo la rebelión y el pecado a la hostia angélica, y luego a los seres humanos. Desde su caída, él ha usado este mortal pecado de egocentrismo para alejar a los hombres de Dios y guiarlos hacia todo tipo de pecados angustiosos. 

Debemos recordar que la codicia y la avaricia se mencionan en los Diez Mandamientos porque es una advertencia a uno de los principales problemas humanos. Donde la codicia está involucrada, nunca hay suficiente y existe el deseo constante de querer más.

Este hombre asume que su vida consiste en la abundancia de las cosas que posee; los cultivos son suyos y proveerán para su bienestar durante muchos años por venir, así que él cree. Y él va a disfrutar de la vida y va a comer, beber y festejar. 

“Pero Dios le dijo: “¡Necio! Vas a morir esta misma noche. ¿Y quién se quedará con todo aquello por lo que has trabajado?” (v. 20) 

La necedad y el egoísmo del hombre rico se ven porque él no piensa en su “cuerpo”, que es mortal, y que su vida puede terminar en cualquier momento. 

También no considera las necesidades de los demás, porque las necesidades de los pobres él ni siquiera toma en consideración. Él piensa sólo en sí mismo como se denota por el número de “yo” y “mi” en estos versículos. Ni una vez él agradece y glorifica a Dios por la abundancia de la cosecha. 

Este hombre vive como si Dios no existiera, y Dios no es un factor en su vida o en las decisiones que él hace. Él no busca el consejo Santo y él no ora. Él racionaliza y determina que mantendrá todo, y luego lo consumirá en auto-indulgencia. En su mente, su tierra, sus bienes y su vida están bajo su control. La tendencia es que una persona exitosa está más enfocada en el momento y ven su seguridad solamente en su riqueza. 

Tenemos que tener mucho cuidado cómo vivimos, ya que nunca sabemos cuándo se terminará nuestro tiempo aquí en la tierra. 

Jesús continúa explicando que quien almacena riquezas terrenales pero no es rico en su relación con Dios es un necio, como este rico insensato. (v. 21) 

Si nuestros planes para el futuro se centran sólo en uno mismo y no en Dios y en las necesidades de los demás, no somos diferentes que el rico insensato. Es prudente planear, pero debemos hacerlo con sabiduría y con la ayuda de Dios a través de la dirección del Espíritu Santo mediante la oración y la lectura de la Biblia. 

El granjero rico es un necio no porque es rico o porque guarda para el futuro, sino porque parece vivir solamente para sí mismo, y porque cree que él puede preservar su vida con sus abundantes posesiones.  

La lección de la parábola es que el hombre rico no preparó para la vida eterna y no se dio cuenta que todo es creado por Dios. Él no tenía ninguna relación con el Dios vivo. En su planificación el no tuvo ningún respeto por el Dios que lo creó y le había dado las posesiones y la administración de la tierra. 

Esta parábola nos enseña que las riquezas terrenales no son la respuesta a nuestra seguridad eterna. Lo importante es que seamos ricos espiritualmente para heredar la vida eternal. 

Tenemos que asegurarnos que nuestro corazón esté en el lugar correcto como Jesús dijo: “No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. 20 Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. 21 Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.” (Mateo 6:19-21)

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