Posteado por: mvmspanish | septiembre 7, 2017

¿QUÉ SIGNIFICA OBEDECER A DIOS? – Filipenses 2:8

Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. (Filipenses 2:8) 

La obediencia a Dios es una parte esencial de la fe cristiana. Jesús mismo fue obediente hasta la muerte, incluso la muerte en una cruz. 

La Biblia dice que mostramos nuestro amor por Jesús al obedecerlo en todas las cosas: “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Y a los que no obedecían, preguntó: “¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que yo digo?” (Lucas 6:46). 

La obediencia se define como “cumplimiento respetuoso o sumiso a los mandamientos de uno en autoridad”. Y cuando examinamos esta definición en mayor detalle, vemos los elementos de la obediencia bíblica. 

  • Cumplimiento Respetuoso – significa que es nuestra obligación obedecer a Dios, así como Jesús cumplió Su deber al Padre, muriendo en la cruz por nuestros pecados.
  • Sumiso – indica que cedemos nuestras voluntades a la de Dios.
  • Mandamientos – habla de las Escrituras en que Dios claramente delineó Sus instrucciones y, finalmente,
  • De uno en autoridad, que es el mismo Dios, cuya autoridad es total e indiscutible.

Por lo tanto, para el cristiano, la obediencia significa cumplir con todo lo que Dios ha ordenado. Es nuestro deber hacerlo; sin embargo, es importante recordar que nuestra obediencia a Dios no es solamente una cuestión de deber; le obedecemos porque le amamos (Juan 14:23). 

Debemos tener cuidado en reflejar una apariencia de obediencia para enmascarar un corazón pecaminoso. Vivir la vida cristiana no es todo sobre reglas. Los fariseos en el tiempo de Jesús siguieron implacablemente actos de obediencia a la Ley, pero se volvieron hipócritas, creyendo que merecían el cielo a causa de lo que habían hecho. Ellos se consideraban dignos ante Dios, que les debía una recompensa; sin embargo, la Biblia nos dice que, sin Cristo, hasta nuestras obras más justas son como “trapos de inmundicia” (Isaías 64:6). 

Isaías también menciona las leyes hechas por el hombre donde él escribe: “El Señor dice: Este pueblo me alaba con la boca y me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Su adoración no es más que un mandato enseñado por hombres” (Isaías 29:13). 

La obediencia externa de los fariseos carecía de verdadera sumisión, y Jesús expuso su actitud de corazón. Su hipocresía consistía en obedecer la “letra de la ley” mientras violaban el espíritu de la ley, y Jesús les reprendió duramente: ¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que son como sepulcros blanqueados. Por fuera lucen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre. 28 Así también ustedes, por fuera dan la impresión de ser justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad. (Mateo 23:27-28). Los fariseos eran obedientes en algunos aspectos, pero “descuidaron los asuntos más importantes de la ley” (Mateo 23:23). 

Hoy, no estamos llamados a obedecer la Ley de Moisés, que fue cumplida en Cristo (Mateo 5:17). Debemos obedecer la “ley de Cristo”, que es una ley del amor (Gálatas 6:2, Juan 13:34). Jesús declaró que los mayores mandamientos de todos son: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37-40). 

Si amamos a Dios, le obedeceremos. No seremos perfectos en nuestra obediencia, pero nuestro deseo es someternos al Señor y demostrar buenas obras. Cuando amamos a Dios y le obedecemos, naturalmente tenemos amor el uno por el otro. La obediencia a los mandamientos de Dios nos hará luz y sal en un mundo oscuro, insípido y malvado (Mateo 5:13-16). 

Usted podría preguntar: “¿Por qué es tan importante la obediencia a Dios?” 

Porque es absurdo desobedecer a Dios y es una locura adorar a cualquier dios, excepto nuestro Dios Todopoderoso. 

La obediencia demuestra nuestro amor por Dios (1 Juan 5:2-3), demuestra nuestra fidelidad a Él (1 Juan 2:3-6), lo glorifica en el mundo (1 Pedro 2:12), y abre avenidas de bendición para nosotros (Juan 13:17). 

La fe es necesaria para agradar a Dios (Hebreos 11:6), y si nuestra fe es genuina y verdadera, viviremos un estilo de vida caracterizado por la justicia, modelando el ejemplo que nos ha dado Jesucristo. Obedecemos Sus mandamientos, no porque tengamos que hacerlo, sino porque queremos, porque lo amamos. Estamos capacitados para obedecer porque, una vez que creemos en Cristo y somos salvos, somos hechos nuevos. No somos la misma persona que una vez fuimos: “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” (2 Corintios 5:17). 

Cuando obedecemos al Señor, podemos vivir una vida de alegría, sin vergüenza, arraigada profundamente en Él y confiada en nuestra esperanza eterna. “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17). Nuestra obediencia es realmente parte de nuestra seguridad de que realmente conocemos a Dios (1 Juan 2:3). 

Cuando los hijos de Dios obedecen a su Padre Celestial, Él es glorificado. Jesús nos dijo que el plan es que los demás “vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Por supuesto, realizar “buenas obras” requiere obediencia a Aquel que nos llama a las buenas acciones. El testimonio de santidad de un cristiano es un fuerte testimonio de que Dios está obrando en el mundo. 

“Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, y que anda en sus caminos” (Salmo 128:1). La Biblia muchas veces nos dice que Dios bendice y recompensa la obediencia. Santiago 1:22, 25 dice: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos…. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace. 

Dios es perdonador. Si no hemos estado viviendo para Él, si no hemos estado siguiendo Sus mandamientos, si hemos estado viviendo en y para el mundo, podemos ser transformados por la sangre de Jesucristo. Podemos pedir perdón a Dios, y Él lo dará, y olvidará nuestro pecado, como si nunca lo hubiéramos cometido. Dios es glorificado cuando concede perdón, porque está escrito: “Pondré mis leyes en sus corazones, y las inscribiré en sus mentes,…Y nunca más me acordaré de sus pecados e iniquidades.” (Hebreos 10:16-17).

 

 

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