Posteado por: mvmspanish | abril 20, 2017

SEA VUESTRA PALABRA SEMPRE CON GRACIA – Colosenses 4:6

La fidelidad en nuestro comportamiento cristiano debe ser seguida por la consistencia en nuestro discurso. Pablo no sólo habla aquí de predicar el evangelio, sino nuestra conversación en general. El discurso de los creyentes debe estar siempre lleno de gracia, como lo fueron las palabras de Cristo (Lucas 4:22). 

Si sufre persecución, estrés, dificultad o injusticia, ya sea con su cónyuge, hijos, creyentes o incrédulos – en todas las circunstancias los creyentes deben hacer un discurso lleno de gracia un hábito. 

Hablar con gracia significa decir lo espiritual, sano, apropiado, bondadoso, sensible, complementario, suave, veraz y amoroso. Pablo escribió en Efesios 4:29 que: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” 

Los creyentes también deben saber cómo responder a cada persona. Deben saber cómo decir lo correcto en el momento adecuado. En palabras de Pedro, deben “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros (1 Pedro 3:15). 

El discurso y las acciones del nuevo hombre o mujer nacidos de nuevo son de vital importancia, porque a diferencia de los impíos, que dicen: “Nuestros labios son nuestros; ¿quién es señor de nosotros?” (Salmo 12:4); nosotros como creyentes debemos hacer eco de la oración del salmista en el Salmo 141:3: “Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios.” 

Nuestro discurso debe ser amable, debe ser una bendición para los demás, con la intención última de llevarlos a Cristo, porque, la gracia de Dios nos ha cambiado. 

Tenemos que darnos cuenta sin embargo, que nuestro discurso no siempre es amable. Incluso después de convertirnos en cristianos podemos cometer errores cometiendo mal uso de nuestra lengua. En Santiago 3:9-12, Santiago señaló cómo algunos cristianos usaron su discurso para maldecir a otros. Él escribió: “Con la lengua bendecimos a nuestro Señor y Padre, y con ella maldecimos a las personas, creadas a imagen de Dios. 10 De una misma boca salen bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así. 11 ¿Puede acaso brotar de una misma fuente agua dulce y agua salada? 12 Hermanos míos, ¿acaso puede dar aceitunas una higuera o higos una vid? Pues tampoco una fuente de agua salada puede dar agua dulce.”

A pesar de que nuestro discurso debe estar lleno de gracia, debemos estar conscientes porque a veces, el mal intentará atropellarnos. En Hechos 4 el Sanedrín les dijo a Pedro y Juan que no hablaran ni enseñaran en el nombre de Jesús. Pero ellos respondieron: “Juzgad si es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios; 20 porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído” (Hechos 4:19-20).

Ellos defendieron la verdad y eso es lo que también debemos hacer. Sus palabras al Sanedrín, aunque contencioso, apelaron a los líderes judíos la comprensión de una gran verdad que el Antiguo Testamento claramente enseñó, que la gente debía obedecer a Dios antes que a los hombres. Fue un enfrentamiento, pero los dirigió a una de sus creencias más profundamente arraigadas. 

Por lo tanto, como Jesús, los apóstoles y todas las personas honestas debemos tener el coraje de exponer y reprender a los hipócritas que viven vidas pecaminosas y abusivas y destruyen la verdad. “Porque hay aún muchos contumaces, habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión, 11 a los cuales es preciso tapar la boca; que trastornan casas enteras, enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene. …13 Este testimonio es verdadero; por tanto, repréndelos duramente, para que sean sanos en la fe” (Tito 1:10-11, 13). 

Sí, debemos ser corteses pero necesitamos resistir el mal y hablar la verdad de Dios en amor. Nuestra intención es ser una bendición para aquellos con quienes entramos en contacto; porque nuestras palabras y acciones revelan nuestra gentileza. 

Nuestro gran objetivo es ganar a otros para Jesús y señalarlos a Él, porque la gente necesita a Jesús. No se dan cuenta de la profundidad de su pecado y cómo su pecado los pone en peligro del infierno. Ellos piensan que son buenos en sí mismos y piensan que son lo suficientemente buenos y que son dignos del cielo. Piensan que pueden ganar su camino al cielo; pero no pueden. Necesitamos decirles acerca de Jesús, cómo Él vino y murió en nuestro lugar; y que si creen en Él tendrán vida eterna. 

Qué privilegio nos ha dado Dios como cristianos para ser una bendición para los demás a través de nuestras palabras y acciones. Qué poderosa herramienta es nuestro discurso, por lo tanto, usémosla para la gloria de Dios. 

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