Posteado por: mvmspanish | marzo 2, 2017

AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓCON TODA TU ALMA Y CON TODA TU FUERZA – Deuteronomio 6: 5-7

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“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y diligentemente las enseñarás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6: 5-7) 

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón. Ese es el propósito de la vida, y no puede haber mayor. Todo se centra en eso. Esa es la gran lección que se debe aprender en cada hogar, amar a Dios. 

La manera de amar al Señor con todo nuestro corazón es guardar Sus mandamientos, lo que significa obedecer Su palabra y hacer lo que Él dice (Juan 14:15). Todo lo que El nos está hablando a través de Su Espíritu Santo, debemos hacerlo. Hay tantas bendiciones que nos esperan a través de la obediencia y haciendo Su voluntad revelada. Confíe en que el Espíritu Santo guiará cada paso del camino y le ayudará a lograr el propósito de Dios. Porque hacer la voluntad de Dios y obedecer Sus principios significa amarlo con todo nuestro corazón. 

Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma. La forma de hacerlo es renovar conscientemente nuestra mente con la palabra de Dios. Cuando la negatividad, pensamientos o acciones pecaminosas entran en nosotros, hacemos la elección de arrojarlos rápidamente, y renovar nuestra mente, con las Escrituras. Cualquiera que sea nuestra batalla, debemos encontrar una Escritura en relación con ese problema e ir a la guerra contra el enemigo. 

Amar a Dios con toda su alma también se relaciona con nuestra actitud. Si tenemos una mala actitud, entonces debemos pedir inmediatamente al Espíritu Santo que nos ayude a cambiar nuestros pensamientos. Recuerde, si seguimos reflexionando sobre nuestros pensamientos, eventualmente llegarán a ser muy poderosos y se convertirán en una acción real. Podríamos encontrarnos en un arrebato de ira, argumento innecesario, pelea, o hacer algo que más tarde lamentaremos. Así que la clave es reconocer dónde estamos y demoler argumentos y toda pretensión que se pone en contra del conocimiento de Dios, llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo (2 Corintios 10:5). Destruimos argumentos y la pretensión de mal consejo con la Palabra de Dios y obedeciendo al Espíritu Santo. 

¿Qué es el alma? La Biblia dice: “Y el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida, y el hombre se convirtió en alma viviente” (Génesis 2:7). El alma es en esencia el principio de vida, sentimiento, pensamiento y acción en los seres humanos, considerado como una entidad distinta separada del cuerpo, y comúnmente se sostiene ser separable en existencia del cuerpo; la parte espiritual de los seres humanos como distinta de la parte física. 

El alma y el espíritu están conectados, pero separables (Hebreos 4:12). El alma es la esencia del ser de la humanidad; es lo que somos. El espíritu es el aspecto de la humanidad que se conecta con Dios. 

Tenemos que entender que el alma del hombre, es decir, su vida, nunca se dirige a Dios hasta que el espíritu se ha regenerado. El hombre nunca puede amar a Dios ni a las cosas de Dios hasta que nazca de lo alto. Puede tener una conciencia agitada y se sentir muy mal, y aún permanecer muerto en los delitos y en los pecados. Cuando el Espíritu de Dios ilumina el espíritu de un hombre con luz y la vida divina, ese hombre comienza a entregar sus afectos y facultades a Dios. 

El cristiano que está disfrutando de una comunión in-interrumpida con el Señor podrá entonces decir: “Bendice, alma mía, al Señor, y bendiga todo mi ser su santo nombre” (Salmo 103:1). 

Amarás al Señor tu Dios con toda tu fuerza. Amar a Dios “con toda tu fuerza” habla de la máxima expresión de nuestro corazón, alma y mente. Es la expresión externa de lo que está pasando dentro de nosotros al mundo exterior a través de nuestro discurso y acciones físicas.

El Apóstol Pablo nos dice “fortalézcanse con el gran poder del Señor” (Efesios 6:10). Él nos está diciendo que el poder ilimitado y la fuerza de Cristo son la fuente de fuerza para aquellos que le pertenecen. 

Como cristianos, debemos ser fuertes en el poder de Dios. Esto significa que nuestra fuerza no es nuestra; no es humana ni carnal. Nuestra fuerza no es del mundo, pero nuestra fuerza se encuentra en Cristo, en tener una relación vibrante y dinámica con Él. Como Pablo nos dice en Filipenses: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13). En otras palabras, no hay otra fuente que dé al hombre la fuerza para vencer al mundo con sus pruebas, sus tentaciones y su muerte. Es mediante la sumisión a la fuerza de Dios que vencemos el poder de Satanás: “Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes (Santiago 4:7). 

Dios quiere que lo amemos con todas nuestras fuerzas cada momento de cada día. Su Gran Mandamiento para nosotros es “amar”, que es una manifestación de Su propio eminente amor por nosotros, a fin de que al alinearnos con el poder de Dios a través de nuestra total sumisión a Él, que somos capaces de resistir el engaño de Satanás. 

Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón. A medida que crecemos en el conocimiento y la comprensión de quién es Dios, comenzamos a amar las características que lo definen, tales como la sabiduría, la verdad, la rectitud y la pureza (Salmo 11:7, 90:12, Hebreos 1:9, 1 Timoteo 6:11). Pasar tiempo con Dios hace que nuestros corazones tengan hambre de santidad, y sólo encontramos satisfacción en más de Él, porque Él es la encarnación perfecta de todo lo que anhelamos obedecer en Sus mandamientos. 

Y diligentemente las enseñarás a tus hijos. Nuestra primera responsabilidad es mantener Sus palabras en nuestro corazón, pensar en ellas, meditar en ellas, reflexionar sobre ellas. Entonces desde la infancia debemos enseñar diligentemente a nuestros hijos. Diligentemente significa con trabajo duro y perseverancia. Nadie más puede hacerlo por nosotros. El pastor y los maestros de la escuela dominical pueden ayudar, pero la principal responsabilidad es la de los padres, a amar al Señor con todo su corazón y compartir ese amor con sus hijos. 

Nuestros hijos siempre nos observan y modelan nuestras actitudes y comportamientos. Están repitiendo nuestras actitudes acerca de Cristo y Su iglesia. No podemos entrenar a los niños para amar al Señor con todo su corazón si no lo amamos primero. 

El crecimiento espiritual tiene que ocurrir en nuestra propia vida. ¿Tienes una relación íntima de amor con Jesucristo? ¿Es Él la prioridad de tu vida? Jesús dijo: “Buscad primero su reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). 

Las fuertes familias cristianas creen en, valoran la Palabra de Dios y la modelan en sus vidas personales porque lo aman. Moisés amonestó a los hijos de Israel a convertirse en modelos de este amor en sus hogares. Si lo amas, lo obedecerás y enseñarás a tus hijos acerca de nuestro Dios y Creador. Pero recuerda que no podemos dar a nuestros hijos lo que no poseemos. Por lo tanto, debemos tomar este mandamiento de Dios muy seriamente en nuestra propia vida. 

Hablarás de ellas cuando te sientes en tu casa: La Palabra de Dios debe ser una parte integral de nuestra vida en el hogar. ¿Cómo podemos hacer esto? Hablar sobre temas espirituales debe ser parte de la comunicación que tiene lugar dentro de la casa. La oración puede convertirse en un componente de la vida cotidiana de la familia. Mientras la familia se sienta alrededor de la casa discutiendo los asuntos del día, no hay ninguna razón por la cual las cuestiones espirituales no pueden ser tratadas también de una manera educativa. El hogar puede ser un santuario de fe donde la alabanza está continuamente en los labios de todos los miembros de la familia, comenzando con el ejemplo de los padres. 

Hablarás de ellas cuando andes por el camino: Esto implica enseñar a sus hijos cuando vayan a lugares con ellos. Tal vez sea sólo para la tienda de comestibles. O tal vez es una excursión familiar o una caminata. Esas son grandes oportunidades para hablar sobre Dios y la forma en que las otras personas actúan y cómo los cristianos deben actuar. También es una gran oportunidad para señalar la belleza de Dios a través de Su creación. 

Hablarás de ellas cuando te acuestes: Cuando tus hijos se preparan para ir a la cama, tienes una gran oportunidad para tranquilizarlos leyendo la Palabra de Dios. También puedes hablar con ellos acerca de cualquier cosa que está sucediendo en sus vidas y orar con ellos, asegurándoles que Dios está cuidando de ellos. 

Hablarás de ellas cuando te levantes: Esto presenta otra oportunidad de enseñar a nuestros hijos. Enséñeles a comenzar bien el día con el Señor. Una vez más, nuestro ejemplo enseña mucho. Si los niños siempre están de mal humos por la mañana, usted debe ser un ejemplo de cómo empezar el día con un corazón alegre. Recuérdeles: Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13). 

CONCLUSIÓN: 

Si queremos criar hijos piadosos, debemos amar a Dios con fervor y debemos enseñar diligentemente a nuestros hijos. 

Los niños son un regalo de Dios, y Él los ha puesto bajo nuestro cuidado. Por lo tanto, debemos recordar siempre a nuestros hijos quien Dios es, no importa dónde estamos o lo que estamos haciendo. Podemos hablar con nuestros hijos acerca de Dios durante los partidos de fútbol, mientras lavamos la ropa, cuando los llevamos a la escuela, mientras se cepillan los dientes, durante la cena, en el desayuno o en cualquier otro momento. Ellos están bajo nuestro cuidado, nuestra protección, y debemos entrenarlos como Dios nos lo ha mandado. Debemos enseñar a nuestros hijos el respeto y la manera de adorar al único Dios Verdadero.

El Señor está con nosotros para guiarnos y ayudarnos a través de Su Santo Espíritu a criar hijos piadosos; por lo tanto: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas” (Proverbios 3:5-6).

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Responses

  1. Amen que buen mensaje para reflexionar en gran manera bendiciones

  2. Maravilloso. Bendiciones.


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