Posteado por: mvmspanish | septiembre 21, 2016

¿QUÉ SIGNIFICA AMAR A DIOS? – Deuteronomio 6:5

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Y amarás a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas. (Deuteronomio 6:5) 

Dios quiere un amor completo de nosotros porque Él nos ama completamente. Y “nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.” (1 Juan 4:19) 

Deuteronomio 7:9 dice: “Conoce, pues, que Jehová tu Dios es el Dios verdadero, Dios fiel, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos, hasta mil generaciones.”

Lo que Dios más quiere de nosotros es nuestro amor y obediencia a Su palabra, y demostramos nuestro amor por Él “… cuando amamos a Dios, y guardamos sus mandamientos.” (1 Juan 5:2). Y “sabemos que hemos llegado a conocerle: si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo he llegado a conocerle, y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; en esto conocemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” (1 Juan 2:3-6)

La fe es necesaria para agradar a Dios, porque “sin fe es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6), y si nuestra fe es genuina y verdadera, vamos a vivir un estilo de vida caracterizado por la justicia, modelando el ejemplo que nos ha dado por Jesucristo. Obedecemos Sus mandamientos, no porque tenemos que hacerlo, sino porque queremos, porque lo amamos. Estamos capacitados para obedecer porque, una vez que creemos en Cristo y somos salvados, somos rehecho. No somos las mismas personas que éramos; como escribió Pablo en 2 Corintios 5:17, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas.” 

Cuando obedecemos al Señor, podemos vivir una vida de alegría, sin vergüenza, profundamente arraigada en el Señor y confiando en nuestra esperanza eterna. “Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17). Nuestra obediencia es realmente parte de nuestra garantía de que realmente conocemos a Dios, porque “sabemos que hemos llegado a conocerle: si guardamos sus mandamientos.” (1 Juan 2:3) 

Cuando los hijos de Dios obedecen a su Padre Celestial, Él es glorificado. Jesús nos dijo que el plan es para que otros puedan “ver sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16). Por supuesto, la realización de “buenas obras” requiere obediencia a Aquel que nos llama a las buenas obras.

El testimonio de la santidad de un cristiano es un testigo fuerte que Dios está obrando en el mundo: Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, y anda en sus caminos (Salmo 128:1). A menudo la Biblia nos dice que Dios bendice y premia la obediencia. Santiago 1:22-25 dice: “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. 25 Mas el que mira atentamente a la ley perfecta, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será dichoso en lo que hace.

Y el Salmo 119:1-2 dice: “Bienaventurados los perfectos de camino, los que andan en la ley de Jehová. Bienaventurados los que guardan sus testimonios, Y con todo el corazón le buscan”. 

Dios es misericordioso. Si no hemos estado viviendo para Él, si no hemos estado siguiendo Sus mandamientos, si hemos estado viviendo en y para el mundo, podemos ser transformados por la sangre de Jesucristo. Podemos pedir perdón a Dios, y Él nos perdonará. Y Él elegirá a olvidar el pecado, como si nunca hubiéramos lo cometido en el primer lugar. Dios es glorificado cuando Él extiende el perdón, porque está escrito: “Este es el pacto que haré con ellos después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, y las inscribiré en sus mentes.” (Hebreos 10:16-17) 

La obediencia es una actitud que tenemos que aprender. No es característica que adquirimos automáticamente cuando llegamos a ser cristianos. Afortunadamente, la Biblia nos da instrucciones claras sobre la manera de obedecer a Dios, y Jesús nos da un ejemplo perfecto de amor y sumisión al Padre. 

Las personas más alegres en el mundo son aquellos que están constantemente tratando de amar a Dios guardando Sus mandamientos y obedeciéndole.

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, 25 al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, dominio y autoridad, ahora y por todos los siglos. Amén.” (Judas 24-25)


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