Posteado por: mvmspanish | julio 23, 2016

BUSCANDO EL TESORO ESCONDIDO Y LA PERLA DE GRAN VALOR – Mateo 13:44-46

Mateo 13 vs 44-46

44 Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.

45 También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, 46 que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró. (Mateo 13:44-46)

¿Cuál es el significado de las Parábolas del Tesoro Escondido y de la Perla de Gran Valor? 

Jesús acababa de explicar a los discípulos el significado de la parábola del trigo y de la cizaña, y estas dos breves parábolas son una continuación de su discusión del “reino de los cielos.” Él expresó verdades sobre el reino en tres pares de parábolas en Mateo 13:3-23. La semilla y el sembrador; las malas hierbas en el campo (vv. 24-30); la semilla de mostaza (vv. 31-32); el fermento o levadura (v. 33); el tesoro escondido (v. 44) y la perla de gran precio (vv. 45-46).

Las semejanzas de estas dos últimas cortas parábolas dejan claro que enseñan la misma lección; que el reino de los cielos es de un valor incalculable. Ambas parábolas involucran un hombre que vendió todo lo que tenía, para poseer el reino. El tesoro y la perla representan Jesucristo y la salvación que Él ofrece. Y aunque no podemos pagar por la salvación mediante la venta de todos nuestros bienes materiales, una vez que la hemos encontrado, estamos dispuestos a renunciar a todo para poseer la. – “Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe.” (Filipenses 3:7-9)

El reino de los cielos es más valioso que cualquier otra cosa que podemos tener, y una persona debe estar dispuesto a renunciar a todo para conseguirlo. 

El hombre que descubrió el tesoro escondido en el campo fue grandemente bendecido por Dios, no fue un accidente; fue una expresión del amor de Dios y él reconoció su valor cuando lo encontró. A pesar de que la transacción costó al hombre todo, él pagó nada por el propio tesoro de valor incalculable. El tesoro vino gratis con el campo. 

Nada es más precioso que el reino de los cielos; sin embargo, Dios lo da a nosotros como un regalo. 

En ambas parábolas, los tesoros están ocultos, lo que indica que la verdad espiritual es ignorada por muchos y no se puede encontrar por la inteligencia, el poder o la sabiduría del mundo. 

Y Jesús les respondió. “Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14 De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:

Ciertamente oiréis, y no entenderéis; Miraréis, y no veréis en absoluto. 15 Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos han oído pesadamente, Y han cerrado sus ojos, Para no ver nada con sus ojos, Y no oír con sus oídos, Y no entender con el corazón, Y convertirse, Y que yo los sane.

16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.” (Mateo 13:11-17)

Y 1 Corintios 2:14 deja claro que los misterios del reino están ocultas a algunos que no son capaces de escuchar, ver y comprender estas verdades. “Pero el hombre natural no capta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede conocer, porque se han de discernir espiritualmente.”

Los desobedientes cosechan las consecuencias naturales de su rebelde incredulidad, que es la ceguera espiritual. Aquellos cuyos ojos están abiertos por el Espíritu anhelan para discernir la verdad espiritual, al igual que los hombres en la parábola, que entienden su gran valor.

En la siguiente parábola, el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca perlas finas. En contraste con la parábola anterior, Jesús muestra ahora otro aspecto del reino.

Note que el comerciante dejó de buscar perlas cuando él encontró la perla de gran valor. La vida eterna, la herencia eterna, y el amor de Dios a través de Cristo constituyen la perla que, una vez encontrado, hace que la búsqueda adicional sea innecesaria. Cristo realiza nuestras mayores necesidades, satisface nuestros deseos, nos hace rectos ante Dios, nos da la paz y calma nuestros corazones, y nos da la esperanza para el futuro. El “grande precio”, es lo que fue pagado por Cristo por nuestra redención. Él se despojó de Su gloria, dejó Su trono en el cielo y vino a la tierra en forma de un hombre humilde y derramó Su preciosa sangre en la cruz para pagar el castigo por nuestros pecados.

¿Está buscando el tesoro escondido del reino de los cielos y encontrándolo? Nuestra oración es que encuentre a Jesús, para que también participe de esta alegría, y que su vida se transforme para siempre por el gran poder del Espíritu Santo de Dios.


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