Posteado por: mvmspanish | diciembre 7, 2014

EL SEÑOR SABE TODO ACERCA DE NOSOTROS – Salmo 139:1

Jehová tú me has examinado

“Jehová, tú me has examinado y conocido”. (Salmo 139:1) 

Quizás el atributo más asombroso de Dios es que él sabe todo sobre nosotros. ¡Todo! Él “examina” y “conoce”. 

Ya que Dios es omnisciente y omnipresente, es obvio que nada escapa de su conocimiento consciente de nosotros. Él observa nuestras actividades ordinarias y todo lo que hacemos y conoce nuestros pensamientos más íntimos (v. 2). “Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos” (v. 3). “Pues aún no está la palabra en mi lengua y ya tú, Jehová, la sabes toda.” (v. 4). Eso significa que somos transparentes y no podemos engañarlo de alguna manera. Él sabe lo que vamos a pensar; no podemos esconder nada de Él. Dios sabe lo que solo nosotros sabemos y las cosas que no admitimos a nosotros mismos. 

Además, está en todas partes alrededor de cada uno de nosotros (VV. 7-10), donde estamos o podríamos estar. Llena todo el espacio, y no hay forma de escapar. No podemos escondernos de Dios. Él está dondequiera que vayamos. 

David, el escritor de este salmo está echando un vistazo a sí mismo y su relación con Dios. Él hace un profundo auto-examen, algo que tenemos que hacer también. Tenemos que examinar nuestro comportamiento, nuestros motivos y nuestras prioridades. David Le preguntó, “Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno.” (V. 23-24) 

Es reconfortante saber que Dios nos conoce por nuestro nombre y nos ama. También es importante tener en cuenta que no hay nada que podemos esconder de Dios y que Él nos conoce mucho mejor que nosotros mismos. 

Cuando confesamos nuestros pecados, Dios nos perdona; como Juan escribe, “Él es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad,” (1 Juan 1:9). Y Isaías escribe: “Aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18). No podemos sacar nuestro propio pecado, sólo Dios puede hacer eso. Por lo tanto, necesitamos llevar nuestros pecados ocultos a la luz para que podemos reconocerlos, arrepentirnos de ellos, pedir perdón y lo más importante, es aceptar el perdón de Dios. 

Cuando estamos caminando con Dios podemos esperar que nuestra vida sea diferente porque nuestra culpa y vergüenza se retiran y tenemos un espíritu de alegría y podemos caminar en total comunión in-interrumpida con Dios. 

Físicamente somos la misma persona, pero espiritualmente somos una persona nueva. Pablo dice que somos una nueva creación en Jesucristo – “Por lo tanto, si alguno está en Cristo, es una nueva creación. ¡Lo viejo ha pasado, ha llegado ya lo nuevo!” (2 Corintios 5:17). Por medio de Jesucristo nos ha dado el don del espíritu de Dios, porque “nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo sino el Espíritu que procede de Dios, para que entendamos lo que por su gracia él nos ha concedido.” (1 Corintios 2:12). 

Debemos examinarnos, arrepentirse, pedir perdón y caminar con alegría en espíritu y en verdad con nuestro Señor y Salvador Jesucristo. 


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