Posteado por: mvmspanish | octubre 16, 2013

JUZGAR VERSUS ADVERTIR – MATEO 7:1 VS EZEQUIEL 33:1-9

Usted no es el Juez - Mateo 7 vs 1

Cuando nos fijamos en lo que Jesús dijo acerca de juzgar a los demás, la respuesta es:”No juzguéis, para que no seáis juzgados.” (Mateo 7:1)

Muchos cristianos son muy críticos, pero espiritualmente no logramos nada con eso. La crítica desalienta la persona que está siendo criticado. El único que puede criticar es Dios a través del Espíritu Santo, y sólo Él nos puede mostrar lo que está mal sin lastimar a nosotros.

Es imposible entrar en comunión con Dios cuando estamos en un estado de ánimo crítico. La crítica sirve para hacernos duro, vengativo y cruel, y nos deja con la idea de que de alguna manera somos mejores que otros.

Si somos discípulos de Jesús, tenemos que trabajar para obtener una naturaleza que no es crítica. Esto es algo que no va a suceder rápidamente y debe desarrollarse durante un período de tiempo. Nunca debemos pensar que somos superiores a otras.

Las cosas que vemos mal en otros, son probablemente las cosas malas que Dios ve en nosotros. Jesús dijo: “¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo, y no le das importancia a la viga que está en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame sacarte la astilla del ojo”, cuando ahí tienes una viga en el tuyo? ¡Hipócrita!, saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás con claridad para sacar la astilla del ojo de tu hermano.” (Mateo 7:3-5)

Cada vez que juzgamos, condenamos a nosotros mismos. Pablo escribe: Ahora bien, tú que llevas el nombre de judío; que dependes de la ley y te jactas de tu relación con Dios; que conoces su voluntad y sabes discernir lo que es mejor porque eres instruido por la ley; que estás convencido de ser guía de los ciegos y luz de los que están en la oscuridad, instructor de los ignorantes, maestro de los sencillos, pues tienes en la ley la esencia misma del conocimiento y de la verdad; en fin, tú que enseñas a otros, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas contra el robo, ¿robas? Tú que dices que no se debe cometer adulterio, ¿adulteras? Tú que aborreces a los ídolos, ¿robas de sus templos? Tú que te jactas de la ley, ¿deshonras a Dios quebrantando la ley? Así está escrito: “Por causa de ustedes se blasfema el nombre de Dios entre los gentiles.” (Romanos 2:17-24)

Tenemos que dejar de tener una vara de medir para otras personas. Siempre hay un hecho que no tenemos ni idea acerca de la situación de cada persona.

Por otro lado, se supone que debemos advertir a la gente. Debemos discernir

Ezequiel 33 vs 1-9 S

el mal, de modo que no noscaigamos en su trampa, y para ayudar a nuestros seres queridos no caer en él también, esto nos hace vigilantes. El mensaje que Dios dio a Ezequiel, que repitió dos veces, describe esta enorme responsabilidad.

Dios dice a Ezequiel, a quien llama el hijo del hombre, a partir de Ezequiel 33:7, “A ti, hijo de hombre, te he puesto por centinela del pueblo de Israel. Por lo tanto, oirás la palabra de mi boca, y advertirás de mi parte al pueblo”.

Cada uno de nosotros, como un cristiano nacido de nuevo, escuchamos la voz del Espíritu Santo que nos habla, que nos ayuda a discernir lo que está bien y qué está mal. Esto no es diferente de lo que está sucediendo aquí. Dios sigue, “Cuando yo le diga al malvado: “¡Vas a morir!”, si tú no le adviertes que cambie su mala conducta, el malvado morirá por su pecado, pero a ti te pediré cuentas de su sangre.” (Ezequiel 33:8)

Aquí es donde la tremenda responsabilidad entra en juego. Cuando sabemos que alguien está haciendo algo que no deben hacer, y no lo decimos algo a ellos, nosotros, en esencia, estamos concordando con su pecado, y la responsabilidad de su sangre, o alma, está sobre nosotros.

“En cambio, si le adviertes al malvado que cambie su mala conducta, y no lo hace, él morirá por su pecado pero tú habrás salvado tu vida.” (Ezequiel 33:9)

Somos en efecto responsables el uno del otro. Debemos tener cuidado con los demás y advertir a los demás del peligro, de modo que cada uno de nosotros puede vivir una vida piadosa. Pero si le decimos a alguien la verdad, y no escuchan, entonces, según a la palabra de Dios, se convierte en su propia responsabilidad.

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