Posteado por: mvmspanish | septiembre 30, 2012

Advertencia sobre Anticristos – 1 Juan 2:18-19

Hijitos, ya es el último tiempo. Según vosotros oísteis que el Anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. 19 Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros, porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestara que no todos son de nosotros. (1 Juan 2:18-19)

Para comprender plenamente el mensaje que Dios tiene para Su pueblo, hay que detenerse y analizar el significado de la palabra anticristo. La palabra anticristo es una agrupación de dos palabras, ‘anti’ y ‘Cristo’. Cristo significa el Ungido, el Hijo de Dios y según el diccionario, ‘anti’ significa la palabra ‘opuesto’ o ‘en contra’, así que el anticristo es el contrario de, o lo contrario de Cristo y sus enseñanzas.

En nuestras iglesias hoy, hay anticristos entre nosotros. Hay quienes pretenden conocer a Cristo y seguir sus enseñanzas, pero en realidad no son creyentes verdaderos. Sin embargo, Juan nos enseña que no van a ser capaces de permanecer ocultos para siempre, sino que se revelan como falsos cuando vuelven la espalda a las cosas que la Biblia enseña y adoptan el sistema del mundo y sus ideales y dejan la fianza y el compañerismo que es encontrado con otros creyentes. No es que dejaron de ser cristianos, pero es que nunca fueron cristianos genuinos.

Es una experiencia muy dolorosa en la vida de una comunidad que cree en la Biblia cuando un líder, maestro o pastor supuestamente cristiano decide abandonar su fe e incluso a enseñar en su contra. Este tipo de cosas ocurre con demasiada frecuencia, y es obvio que nos lleva a preguntas difíciles.

¿Puede un verdadero creyente, un maestro de la Palabra, un ganador de almas, de hecho perder su salvación? ¿Puede un cristiano nacido de nuevo regresar y ser un no creyente? ¿Puede uno que ha recibido vida eterna mediante la fe en Cristo realmente no tener vida eterna?

Si es así, ¿qué pasa con las muchas promesas en la Biblia que nos han asegurado que: “vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” (1 Juan 5:13) y: Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” (Juan 10:28)?

La respuesta a esta pregunta problemática se encuentra en nuestro texto – 1 Juan 2:19. Cuando estas personas, que una vez parecieran ser cristianos genuinos se convierten en apóstatas, denunciando la verdad que una vez enseñaban, es porque “no eran de nosotros”, no importa lo que profesaban.

Este hecho implica una seria advertencia. Cuando “cristianos profesantes” caen, suponiendo que realmente han entendido los hechos y evidencias de la fe cristiana: Es imposible que los que una vez fueron iluminados, gustaron del don celestial, fueron hechos partícipes del Espíritu Santo 5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, 6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndolo a la burla” (Hebreos 6:4-6). Una manera de identificar a los falsos cristianos, son los que se llaman ‘cizañas’ en Mateo 13:38.

Es importante, por tanto, para todos los creyentes que profesan “procurar hacer firme vuestra vocación y elección, porque haciendo estas cosas, jamás caeréis” (2 Pedro 1:10). Tenemos que estar “arraigados y edificados en Él” (Colosenses 2:7), y “honren en su corazón a Cristo como Señor. Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza que hay en ustedes” (1 Pedro 3:15).

También se nos dice que – “probar los espíritus para ver si son de Dios, porque muchos falsos profetas han salido por el mundo” (1 Juan 4:1). Debemos preguntarnos: ¿Lo que ellos creen y enseñan cumple con las Escrituras? ¿Pueden probar con la Biblia? ¿Cuando instruyen, hay algún conflicto con las enseñanzas de Jesucristo?

Por lo tanto, tenemos que estudiar las Sagradas Escrituras, para que no se deje engañar por estos falsos anticristos. Nuestra fe debe estar basada y firmemente arraigada. Debe ser firme, sin fluctuar, y sin compromiso y siempre reafirmar que: Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” (2 Timoteo 3:16-17)

 


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