Posteado por: mvmspanish | mayo 19, 2010

¿POR QUÉ SEGUIMOS ORANDO?

¿Qué nos impide orar cuando parece que Dios no escucha?

En mi caso, he pensado varias veces en el pasado y dijo: “Gracias Señor, su respuesta fue, y es increíble” Algunos de nosotros probablemente no tendrá respuestas a nuestras oraciones hasta que lleguemos al cielo, pero una cosa estoy seguro es que Dios contesta las oraciones, no importa cuál es la situación actual.

Confirmamos nuestra fe en Dios, orando y esperando. A veces las respuestas llegan muy rápido y otras veces tenemos que esperar. Un indicador clave de la fortaleza de nuestra fe es que podemos seguir esperando delante de Dios cuando la respuesta tarda en llegar.

 Hay un pasaje en la Biblia, donde la mujer cananea se acercó a Jesús y le estaba pidiendo que sanara a su hija que estaba poseída por el diablo, pero “Jesús no contestó una palabra.” Ella seguía llorando, pero Jesús permaneció en silencio.

Cuando por fin habló, sus palabras no fueron alentadores. “He sido enviado sino a las ovejas perdidas de Israel” fue su respuesta. Sin embargo, ella no cedió y sus oraciones fueron contestadas.

Hay dos momentos en que Jesús habla de una gran fe en la Biblia, y esta señora era una. Esto nos da coraje para ser persistente cuando oramos, y no darse por vencido. “Entonces Jesús respondió y le dijo: ¡ mujer, grande es tu fe! Hacer como quiera. Y desde aquella hora su hija quedó curada.” (Mateo 15:28).

Pablo habla de “Orad sin cesar”(1 Tesalonicenses 5:17). Cuando los cristianos oran la perfecta voluntad de Dios, no se para de orar hasta el regreso de Jesús. Es probable que no pueda ver u observar cualquier cambio, las cosas aún pueden empeorar. Sin embargo, no cesamos de orar al Señor con respecto a este problema, que aparentemente parece ser imposible.

En Lucas 18:1-8: Jesús les contó a sus discípulos una parábola para mostrarles que debían orar siempre, sin desanimarse. Les dijo: «Había en cierto pueblo un juez que no tenía temor de Dios ni consideración de nadie.

En el mismo pueblo había una viuda que insistía en pedirle: “Hágame usted justicia contra mi adversario.”  Durante algún tiempo él se negó, pero por fin concluyó: “Aunque no temo a Dios ni tengo consideración de nadie, como esta viuda no deja de molestarme, voy a tener que hacerle justicia, no sea que con sus visitas me haga la vida imposible.”

Continuó el Señor: Tengan en cuenta lo que dijo el juez injusto. ¿Acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará mucho en responderles? Les digo que sí les hará justicia, y sin demora.

¿Si la persistencia de una viuda moviera a un juez terrenal injusto, cuánto más van las oraciones persistentes de un cuerpo entero de creyentes mover a su Señor Jesús, el Juez justo?


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