Posteado por: mvmspanish | noviembre 4, 2010

EL PASTOR Y SU HIJO – Mateo 10:32

El Pastor y su hijo –

Cada domingo por la tarde, después del servicio de la mañana en la iglesia, el Pastor y su hijo de once años salían al pueblo a repartir folletos.

Un domingo, por la tarde, cuando llegó la hora para el pastor y su hijo ir a las calles con el mensaje de Dios, el día era mucho frío, y comenzó a lloviznar.

El muchacho se puso su ropa para frío y le dijo: ‘OK, papá, estoy listo.’

Su papá, el pastor le dijo, ‘¿Listo para qué?’

‘Papá, es hora de salir y de repartir los folletos.’

El papá respondió, ‘Hijo, hace mucho frío afuera y está lloviznando.’

El muchacho da a su papá una mirada sorprendida, preguntando: ‘Pero papá, ¿es que la gente todavía va al infierno, a pesar de que está lloviendo?’

Respondió su papá: “Hijo, yo no voy a ir afuera con este tiempo.”

Con desespero, el niño dijo, ‘Papá, ¿puedo ir? ¿Por favor?’

Su padre titubeó por un momento y luego dijo: ‘Hijo, tu puedes ir. Aquí están los folletos, ten cuidado.  

‘¡Gracias papá!’

Y con eso, él salió en la lluvia. Este muchacho de once años camino por las calles de la ciudad y va puerta a puerta y da a cada uno que encontró en la calle un folleto acerca del Evangelio.

Después de dos horas de andar en la lluvia, él empapado, mojado y con su último folleto se detuvo en una esquina y miró a alguien para darle el último folleto, pero las calles estaban totalmente desiertas.

Luego se volvió hacia la primera casa que vio y comenzó a caminar hacia la puerta y tocó el timbre. Tocó el timbre, pero nadie respondió.

Él lo tocó una y otra vez, pero de todos modos nadie contestó… Él esperó, pero todavía no había ninguna respuesta.

Por último, este muchacho de once años se volvió para irse, pero algo lo detuvo.

Una vez más, se volvió hacia la puerta y sonó el timbre y golpeó con fuerza en  la  puerta  con  su  puño. ¡Él esperó, algo sosteniéndolo allí en el pórtico delantero!

Llamó de nuevo y esta vez la puerta se abrió lentamente.

De pie en la puerta era una señora mayor que parecía muy triste… Y suavemente le preguntó, ‘¿Qué puedo hacer por ti, hijo?’ Con unos ojos radiantes y una sonrisa que ilumina su rostro, le dijo: ‘Señora, lo siento si le molesto, pero sólo quiero decirle que *JESÚS REALMENTE LA AMA * y vine para darle mi  último folleto que le dirá todo acerca de Jesús y SU GRAN AMOR. “

Con eso, le entregó su último folleto y se volvió para irse.

Ella le dice. -¡Gracias, hijo! ¡Dios te bendiga!  

Bueno, el siguiente domingo por la mañana el pastor estaba en el púlpito. Cuando comenzó el servicio, le preguntó como de costumbre: “¿Alguien tiene un testimonio o algo que quiera compartir?

Poco a poco, en la última fila de la iglesia, una señora mayor se puso de pie.

Cuando comenzó a hablar, una mirada radiante y gloriosa brotaba de sus ojos. Nadie en esta iglesia me conoce. Nunca he estado aquí antes, y hasta el domingo pasado no era cristiana. Mi esposo murió hace un tiempo atrás, dejándome totalmente sola en este mundo. El domingo pasado, fue un día particularmente frío y lluvioso, fue aún más en mi corazón que me llevó a creer que ya no tenía ninguna esperanza ni ganas de vivir.

Así que tomé una cuerda y una silla y subí hasta el ático de mi casa. Sujeté la cuerda bien a una viga en la azotea, entonces me subí a la silla y puse el otro extremo de la cuerda alrededor de mi cuello. Parada en la silla, tan sola y con el corazón destrozado estaba a punto de saltar fuera, cuando de repente el toque fuerte del timbre en la puerta me asustó. Yo pensé, ‘voy a esperar un minuto y quien quiera que sea se irá.’

Esperé y esperé, pero el timbre de la puerta parecía cada vez más fuerte y más insistente, y luego la persona que estaba tocando también comenzó a golpear con fuerza…

Me dije a mí mismo otra vez: ‘¿Quién puede ser esto? Nadie toca mi puerta ni vienen a verme.’ Solté la cuerda de mi cuello y fui hasta la puerta principal, a la vez que sonó la campana cada vez más fuerte.

Cuando abrí la puerta y mire casi no podía creer lo que veía, pues frente a mi puerta era el niño más radiante y angelical que jamás había visto en mi vida. Su sonrisa, ¡oh, yo nunca podría describir a ustedes!

Las palabras que salían de su boca hicieron que mi corazón, que ya había muerto, saltara a la vida. Exclamó con voz de querubín, ‘Señora, yo solo vine a decirle que JESÚS REALMENTE LA AMA y vine para darle mi último folleto que le dirá todo acerca de Jesús y SU GRAN AMOR.’

Cuando el pequeño ángel desapareció entre el frío y la lluvia, cerré mi puerta y leí cada palabra de este folleto acerca del Evangelio. Luego me fui a mi ático para quitar la silla y la cuerda. No los necesitaba más.

Ahora soy una hija feliz del REY … Desde que la dirección de la iglesia estaba en la parte posterior de este folleto, he venido aquí para decir GRACIAS al personal angelito de Dios que llegó justo a tiempo, y por hacerlo, salvó mi alma de una eternidad en el infierno.  

No había un ojo seco en la iglesia. Y los gritos de alabanza y honor al REY DE REYES resonó fuera de las vigas del techo de la iglesia. El Pastor bajó del púlpito a la banca del frente donde su hijo estaba sentado.

Él llevó a su hijo en sus brazos y lloró desconsoladamente.

Probablemente la iglesia no tuvo un momento más glorioso, y probablemente este universo nunca ha tenido un padre que estaba más lleno de amor y honor por su hijo, excepto por Uno.

Nuestro Padre también permitió que su Hijo para salir al mundo frío y oscuro. Él recibió a Su Hijo de nuevo con la alegría indecible, y como todo el cielo gritó alabanzas y honor al Rey, el Padre sentó a su Hijo amado, en un trono muy por encima de todo principado y potestad y sobre todo nombre que se denomina.

Recuerde que el mensaje de Dios PUEDE hacer la diferencia en la vida de alguien cerca de usted. Gracias por compartir este maravilloso mensaje con otros.

Extienda Su palabra, y comparta Su bondad y fidelidad.

Mateo 10:32 dice:
‘Quien me reconozca delante de los hombres, yo lo reconoceré delante de mi Padre en el cielo. Pero el que me negare delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre en el cielo.’

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